Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
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Capitulo 9:El rumor
La mañana siguiente comenzó de una manera extraña.
Seo-yeon apenas había entrado al instituto cuando notó que varias personas la miraban.
Dos chicas cuchichearon al verla pasar.
Un grupo de chicos se quedó en silencio.
Min-ah apareció a su lado.
—No mires ahora.
—¿Por qué?
—Porque todo el mundo está hablando de ti.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿De mí?
—Y de Ji-ho.
—¿Qué pasó?
Min-ah le mostró su teléfono.
Había una fotografía tomada la noche anterior.
Seo-yeon y Ji-ho aparecían caminando juntos bajo el mismo paraguas.
El título decía:
“¿La nueva pareja del instituto?”
Seo-yeon abrió los ojos.
—¿Quién publicó esto?
—No sé.
—¡Ni siquiera estamos saliendo!
Min-ah sonrió.
—Eso tendrás que explicárselo a todo el instituto.
Seo-yeon suspiró.
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Cuando entró al aula, Ji-ho ya había visto la fotografía.
Min-jae estaba muerto de risa.
—Esto es increíble.
—Borra eso —dijo Ji-ho.
—No puedo. Ya lo vio medio instituto.
Do-yun miró la pantalla.
—¿Quién la tomó?
Ji-ho no respondió.
Miró hacia Seo-yeon.
Ella estaba claramente molesta.
Se acercó.
—¿Estás bien?
—¿Tú qué crees?
—Puedo hacer que la borren.
—¿Cómo?
—Conozco a quien maneja la cuenta.
Seo-yeon lo miró.
—Hazlo.
Ji-ho tomó su teléfono.
—Listo.
Min-jae levantó una ceja.
—¿Tan rápido?
—Sí.
—Eso significa que la foto no era el problema.
Ji-ho lo miró.
—¿Qué quieres decir?
Min-jae sonrió.
—Nada.
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Durante el recreo, Seo-yeon se sentó sola en el patio.
Ji-ho apareció con dos bebidas.
—Toma.
Ella la recibió.
—Gracias.
—¿Sigues molesta?
—Un poco.
—Lo siento.
Seo-yeon lo miró sorprendida.
—¿Tú disculpándote?
—No te acostumbres.
Ella sonrió.
—Eres insoportable.
—Pero aceptaste la bebida.
—Eso no significa nada.
—Claro.
Se sentaron juntos.
Durante unos minutos hablaron de cosas sin importancia.
Exámenes.
Profesores.
La universidad.
Hasta que Ji-ho preguntó:
—¿A qué universidad quieres ir?
Seo-yeon pensó.
—Todavía no estoy segura.
—¿Te gustaría estudiar fuera?
—Quizás.
—¿Dónde?
—No sé. Tal vez Estados Unidos. O Inglaterra.
Ji-ho la observó.
—¿Te irías tan lejos?
—Si encuentro algo que realmente quiera hacer, sí.
Él bajó la mirada.
Por alguna razón, imaginarla lejos le produjo una sensación incómoda.
—¿Y tú?
—Mi padre quiere que estudie administración.
—¿Y tú qué quieres?
Ji-ho tardó unos segundos.
—No lo sé.
Seo-yeon sonrió.
—Entonces tenemos algo en común.
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Desde el otro lado del patio, Ha-rin los observaba.
Min-jae se acercó.
—¿Vas a seguir mirando?
—No sé de qué hablas.
—Sí sabes.
Ha-rin bajó la mirada.
—Ji-ho está cambiando.
—¿Y eso te molesta?
Ella no respondió.
Min-jae dejó de sonreír.
—Ha-rin.
—Estoy bien.
—No parece.
Ella se alejó.
Pero antes de entrar al edificio, recibió un mensaje.
“Sé lo que viste aquella noche.”
Ha-rin se quedó inmóvil.
Llegó otro.
“Y sé lo que estás ocultando.”
Su rostro perdió el color.
Miró alrededor.
Nadie parecía observarla.
Guardó rápidamente el teléfono.
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Esa tarde, Seo-yeon se encontraba en la biblioteca cuando escuchó una voz.
—¿Buscas algo?
Era Ji-ho.
—No.
—Eso significa que sí.
Seo-yeon cerró el libro.
—Estoy intentando entender lo que pasó ayer.
Ji-ho se sentó frente a ella.
—Yo también.
—Hay demasiadas cosas que no tienen sentido.
—Lo sé.
—La carpeta desapareció. Las luces se apagaron. Alguien estaba allí.
Ji-ho asintió.
—Y alguien tomó una fotografía de nosotros.
Seo-yeon lo miró.
—¿Crees que todo está relacionado?
—Sí.
—¿Incluso los rumores?
Ji-ho permaneció callado.
—No estoy seguro.
Seo-yeon lo observó.
—Hay algo que no me estás contando.
Ji-ho sostuvo su mirada.
—Sí.
Ella esperaba que continuara.
Pero él no dijo nada.
—¿Qué?
—Todavía no puedo decírtelo.
Seo-yeon se levantó.
—Entonces no me pidas que confíe en ti.
Se marchó.
Ji-ho permaneció sentado.
Sabía que estaba perdiendo su confianza.
Y, por primera vez, comprendió que la apuesta no solo podía hacerle perder a Seo-yeon.
También podía destruirla.
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Esa noche, alguien dejó un sobre frente a la puerta de la casa de Seo-yeon.
No tenía remitente.
Dentro había una fotografía.
Seo-yeon la sacó lentamente.
Era una imagen antigua de su padre.
Y junto a él estaba la madre de Ji-ho.
En la parte posterior había una frase escrita a mano:
“Pregúntale a tu padre qué ocurrió aquella noche.”
Seo-yeon levantó la mirada.
Esta vez no podía seguir ignorándolo.
Necesitaba respuestas.