Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
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Capítulo 10 La Trampa Dentro de la Trampa
Elena se quedó congelada en la cama, con la mirada fija en la manija de la puerta. Alguien la movía despacio, intentando abrir. Contuvo la respiración. La llave estaba echada, pero el corazón le golpeaba fuerte contra las costillas.
—¿Elena? —La voz de Rodrigo sonó baja al otro lado—. ¿Estás despierta?
Ella no contestó. Apretó las sábanas con las manos y esperó. Pasaron unos segundos eternos.
—Solo quería ver si necesitabas algo —insistió él.
Otro intento con la manija. Luego, un suspiro. Los pasos se alejaron por el pasillo.
Elena soltó el aire lentamente. Se quedó sentada en la oscuridad hasta que escuchó la puerta de la habitación principal cerrarse. Solo entonces se permitió mover. Tenía la garganta seca y las manos frías.
No durmió casi nada.
A la mañana siguiente, apenas llegó a la oficina, Samuel la llamó.
—Tengo noticias —dijo el abogado sin rodeos—. Las firmas de los documentos falsos que Camila preparó son una chapuza. No es tu firma. Cualquiera con un perito lo nota.
Elena se dejó caer en la silla de su escritorio.
—Eso es bueno, ¿no?
—Demasiado fácil —respondió Samuel—. Y hay algo peor. Hay un tercer cómplice. Un notario que validó todo. Héctor Salas. El tipo firmó como testigo y autentificó los documentos falsos.
Elena sintió que el estómago se le caía.
—¿Quién carajos es Héctor Salas?
—Estoy investigando. Pero el nombre aparece conectado con varios negocios de Luciano Moretti. Inversiones antiguas, sociedades. No sé si es coincidencia o…
—O si Luciano también está metido —completó ella con voz tensa.
Se quedó callada, con la mandíbula apretada. Justo cuando pensaba que tenía un aliado, aparecía esto. El suelo se movía otra vez.
—Necesito confirmar antes de acusar a nadie —dijo Samuel—. Pero ten cuidado. Si Luciano está involucrado, acabas de meter a un lobo en el gallinero.
—Entendido. Mantenme al tanto.
Colgó y se quedó mirando la pared de su oficina. Tenía ganas de tirar el teléfono contra la pared. ¿Era posible que Luciano también estuviera jugando? ¿O era solo una conexión vieja que no significaba nada?
Pasó el resto del día con la cabeza en otra parte. Firmó papeles, atendió reuniones y fingió que todo estaba normal cuando Rodrigo le mandó un mensaje cariñoso. Cada vez le costaba más sonreírle.
A las ocho de la noche, ya en la habitación de huéspedes con la puerta cerrada con llave, no aguantó más. Marcó el número de Luciano.
Él contestó al segundo timbre.
—Elena —dijo con esa voz grave que ya empezaba a reconocer—. ¿Todo bien?
Ella fue directo al grano.
—Necesito saber algo y necesito que me digas la verdad.
Silencio del otro lado. Largo.
—Pregunte.
Elena respiró hondo. Tenía el pecho apretado.
—¿Conoce a un notario llamado Héctor Salas?
El silencio que vino después fue peor. Demasiado largo. Demasiado pesado.
—¿De dónde sacó ese nombre? —preguntó Luciano finalmente. Su tono había cambiado. Ya no sonaba cálido.
Elena cerró los ojos. Sintió un nudo en la garganta y una presión en el estómago.
—Apareció en unos documentos —respondió sin dar más detalles—. Documentos que me interesan mucho.
Luciano tardó en contestar. Ella casi podía escucharlo pensando al otro lado de la línea.
—Héctor Salas trabajó conmigo hace años —dijo por fin—. En algunos negocios. Pero ya no tengo relación con él. ¿Por qué lo pregunta, Elena? ¿En qué mierda se metió?
Ella no contestó inmediatamente. Tenía la mano apretada alrededor del teléfono y la respiración agitada.
—Elena —insistió Luciano, más serio—. Si Salas está involucrado en algo contra usted, necesito que me lo diga. Ahora.
Ella se mordió el labio. No sabía si confiar. No sabía si podía permitirse confiar.
Y justo en ese momento, escuchó un ruido afuera. Pasos otra vez en el pasillo.
Rodrigo.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.