Valeria Wiranata creía saberlo todo sobre su vida: un matrimonio estable, un hogar donde creció, una familia que la aceptó. Pero la noche de Año Nuevo, todo se derrumba cuando descubre a su esposo Adrián en la cama con su propia hermanastra, Ámbar.
Divorciada y despojada de todo, Valeria se enfrenta a una verdad todavía más devastadora: la familia que la crió jamás la quiso. Roberto Kusuma, el hombre al que llamó padre durante años, solo la acogió por interés. Patricia, su madrastra, la trató como sirvienta. Y Ámbar, la hija consentida, le robó al marido sin remordimiento alguno.
Cuando la vida de Valeria parece tocar fondo, aparece Dominic Alexander: el CEO más temido del mundo empresarial, frío como un témpano ante todos... excepto ante ella. Dominic no solo le ofrece un puesto como directora de una empresa recién adquirida, sino que empieza a desmantelar, una por una, las vidas de quienes la lastimaron.
Pero Dominic guarda un secreto: conoce a Valeria desde la infancia. Y sabe algo sobre su verdadero origen que cambiará para siempre el tablero de poder.
Detrás de cada movimiento corporativo hay una jugada personal. Detrás de cada acto de venganza, un acto de amor. Y detrás de la mujer que todos subestimaron, se esconde la heredera de una de las fortunas más grandes del país.
NovelToon tiene autorización de Moena Elsa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Ernesto Wiranata
Un hombre de mediana edad que se había resignado a la soltería hasta el ocaso de sus días.
Conocía a Dominic desde hacía mucho: el padre de Dominic era amigo de toda la vida de Wiranata.
A diferencia de la familia Alexander, que favorecía los matrimonios por conveniencia, Ernesto Wiranata pensaba distinto.
Para Wiranata, el matrimonio era algo sagrado. Marido y mujer debían respetar ese vínculo, y Dominic compartía ese principio. Eso los había acercado como si fueran padre e hijo.
Hasta que Dominic conoció a Valeria, nunca supo la razón por la que Wiranata no se había casado.
Wiranata siempre cambiaba de tema cuando la conversación con Dom se desviaba hacia su estado civil.
* * *
Dominic había organizado a propósito este encuentro entre Ernesto Wiranata y Valeria, quien casualmente llevaba el mismo apellido que el hombre al que consideraba como un segundo padre.
—Dime, hija, ¿qué eres de Dom? Para que este témpano se haya tomado la molestia de traerte aquí... —dijo Wiranata con una sonrisa amable.
—Resulta que soy empleada del señor Dom —respondió Valeria.
—¿Empleada? —Wiranata miró a Dominic.
—Tranquilo, tío —Dominic le aseguró a Wiranata que no habría problema alguno. Wiranata conocía de sobra a la familia Alexander.
—Valeria, ¿dónde vives? —preguntó Wiranata, volviéndose hacia ella.
—No creo que mi empleada viva debajo de un puente —intervino Dominic.
¿Tengo que contestar eso? Mi domicilio no tiene nada que ver con el trabajo, pensó Valeria.
Wiranata le dio unas palmaditas en el hombro.
—Tranquila, no hace falta que respondas. Seguro que Dominic le dio un lugar decente a su empleada —dijo con prudencia.
Valeria sonrió con timidez.
—Por cierto, Dom, me enteré de que adquiriste la empresa Wijaya. Roberto Kusuma es un desastre en los negocios. Un inepto que no debería estar al frente de nada —comentó Wiranata.
Dominic miró de reojo a Valeria.
—Así es, tío. Y la dirección de Wijaya se la encargué a Valeria —explicó.
—¿De verdad? —Wiranata se volvió hacia ella.
—Sí, señor —respondió Valeria con brevedad.
—Roberto Kusuma es el padre de Valeria —le informó Dominic.
—¿En serio? —Wiranata se sorprendió.
—Usted conoce la reputación de Roberto Kusuma, ¿no, tío? —la pregunta de Dominic no necesitaba respuesta.
Había un pasado oculto entre Wiranata y Roberto.
—¿Quién no conoce a ese hombre arrogante? —dijo Wiranata con franqueza.
—Perdona, Valeria. Pero es la verdad.
Valeria guardó silencio. Lo que Wiranata decía era cierto.
—Disculpen, voy al tocador —pidió permiso Valeria.
* * *
—¿Se enojó? —preguntó Wiranata.
—Valeria no se lleva bien con su padre. Quédese tranquilo, tío —le explicó Dominic.
—¿Cómo es posible? —se extrañó Wiranata.
—¿Curiosidad? —Dominic se rio.
El hombre mayor le dio un puñetazo amistoso en el brazo.
—Hay algo que usted debería saber, tío —Dominic midió sus palabras.
Wiranata lo miró con seriedad.
—El segundo apellido de Valeria es Wiranata —dijo Dominic, grave.
Wiranata arqueó las cejas.
—Lo que me pregunto es por qué su apellido no es Kusuma ni Wijaya. ¿O acaso usted me está ocultando algo, tío?
—Maldición. ¿Por qué no se lo preguntas a la dueña del nombre? —replicó Wiranata, molesto.
—¿No quiere contarme?
Wiranata soltó un largo suspiro.
—Es una historia larga —dijo. Dominic escuchó con atención.
En ese momento Valeria regresó.
—¿Interrumpo? —al ver a los dos hablando tan serios, dudó en acercarse.
—Siéntate aquí —Dominic le señaló la silla vacía a su lado.
—Algún día te contaré todo, Dom —Wiranata volvió a suspirar. Dominic asintió en silencio.
Dominic lo consideraba como un hijo propio.
Sin que nadie se lo pidiera, Dominic llevaba tiempo investigando por su cuenta. Pero todo era confuso cuando intentaba conectar a Valeria con Ernesto Wiranata.
Wiranata se fijó de pronto en el anillo que Valeria llevaba en el dedo.
—Qué bonito tu anillo, hija —la elogió.
Valeria se miró la mano.
—Ah, este. Me lo dejó mi madre, que en paz descanse —le contó.
—¿Cómo dijiste que se llamaba tu madre? ¿Isabel Wijaya? —Valeria asintió.
Ese anillo era una pieza única, hecha por encargo. Y Wiranata había sido quien lo mandó fabricar.
—¿Es esta tu madre? —preguntó Wiranata, mostrándole una foto en su teléfono.
Valeria la observó.
—No... no es ella, señor —el rostro de la foto no se parecía a su madre.
—Ah, bueno. Quizá soy yo el que se ilusiona de más —dijo Wiranata, resignado.
Dominic callaba, observando.
* * *
Bruno arrancó el auto en cuanto Valeria se bajó en la entrada de la empresa Wijaya.
Valeria caminó con su taconeo rítmico de siempre, directo a su oficina.
—Señora Valeria —la saludó una mujer que parecía estar esperándola a propósito.
—¿Sí? —Valeria frunció el ceño. No conocía a aquella mujer, que debía tener más o menos la edad de su madre.
Una bofetada le cruzó la cara, dejándole una marca rojiza en la mejilla. Valeria trastabilló, tomada por sorpresa.
—¿Hay algún problema, señora? —respondió Valeria con educación.
La mujer se cruzó de brazos.
—Recuerda cuál es tu lugar. No eres digna de estar al lado de mi hijo —declaró.
Valeria todavía no sabía quién tenía enfrente.
—Señora, puedo hacer que la saquen de aquí ahora mismo. No tiene derecho a agredirme.
—No hace falta modales para tratar con mujeres como tú —la mujer la miró con desdén.
Valeria también cruzó los brazos.
—Puedo denunciarla, señora —dijo Valeria.
Sin venir a cuento, llega y me abofetea. Está loca, maldijo por dentro.
—Adelante, si te atreves. Mi hijo me defenderá —respondió la mujer con plena seguridad.
—Señora, no la conozco. Le pido que se retire. La salida está por allá —Valeria señaló la puerta.
—Atrevida. ¿Me estás echando? —la furia le ardía en los ojos.
Valeria iba a irse. Si le seguía la corriente, aquello no iba a terminar nunca.
La mujer la sujetó de ambos brazos.
—¿A dónde vas? No he terminado de hablar —le espetó.
—Disculpe, estoy ocupada, señora. Si tiene algo importante que comunicar, la recepción puede tomar nota. Con permiso —Valeria se soltó con fuerza y se marchó.
—Hay cada cosa en esta vida —murmuró, tocándose la mejilla que le ardía.
* * *
—Señor Dom, hubo un incidente —Bruno le acercó el teléfono.
—Maldición —maldijo Dominic.
—Vamos a Wijaya —ordenó.
—Señor, estamos a punto de llegar a las oficinas centrales —le informó Bruno.
—Da la vuelta.
Bruno no cuestionó la orden.