Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.
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Capítulo 16
Capítulo 16 — El precio de estar juntos
Mateo permaneció sentado frente a su computadora durante varios minutos, mirando el correo de la universidad.
Revisión de documentación de beca.
Volvió a leerlo.
Después lo leyó una tercera vez.
No entendía qué había ocurrido.
Su beca estaba en orden.
Sus calificaciones eran buenas.
Había entregado todos los documentos solicitados cuando ingresó a la universidad.
Entonces, ¿por qué estaban revisando nuevamente su situación?
Mateo cerró la computadora.
No quería sacar conclusiones antes de hablar con alguien.
Y sabía exactamente con quién necesitaba hablar.
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Alexander lo encontró afuera de la biblioteca.
—Mateo.
—Hola.
Alexander se acercó.
—¿Qué pasó?
Mateo le mostró el teléfono.
—Me llegó esto.
Alexander leyó el correo.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Cuándo llegó?
—Hace unos minutos.
—¿Ya habías recibido algo parecido?
—No.
Alexander volvió a leerlo.
—Esto no me gusta.
—A mí tampoco.
—Voy a averiguar qué pasa.
Mateo negó con la cabeza.
—No.
Alexander lo miró.
—¿Por qué no?
—Porque si tu padre está detrás de esto, no quiero que parezca que estás usando a tu familia para solucionar mis problemas.
Alexander dio un paso hacia él.
—Mateo, esto no es tu problema solamente.
—Sí lo es.
—No.
Alexander bajó la voz.
—Si mi padre está haciendo algo, es por mí.
Mateo lo miró.
—Y precisamente por eso tengo miedo.
Alexander se quedó callado.
—No quiero que pierdas cosas por estar conmigo —continuó Mateo.
Aquella frase hizo que Alexander sintiera algo dentro del pecho.
—¿Por estar contigo?
Mateo se dio cuenta de lo que había dicho.
—No quise decir…
—Sí quisiste.
Mateo bajó la mirada.
Alexander sonrió ligeramente.
—No me molesta.
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Daniel y Sophie llegaron en ese momento.
—¿Todo bien? —preguntó Daniel.
Mateo guardó el teléfono.
—Sí.
Sophie lo observó.
—No parece.
Alexander respondió:
—A Mateo le están revisando la beca.
Daniel frunció el ceño.
—¿Otra vez?
—Eso parece —dijo Mateo.
Sophie cruzó los brazos.
—¿Y por qué?
—No lo sé.
Daniel miró a Alexander.
—¿Crees que tu padre…?
Alexander no respondió.
Pero su silencio fue suficiente.
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Horas después, Alexander llegó a la oficina de su padre.
Richard estaba revisando documentos.
—¿Fuiste tú?
Richard levantó la mirada.
—¿De qué hablas?
—La beca de Mateo.
Richard cerró lentamente la carpeta.
—No sé de qué estás hablando.
—No me mientas.
Richard lo observó.
—Cuida tu tono.
—No voy a cuidar mi tono cuando estás metiéndote con la vida de otra persona.
Richard se levantó.
—La universidad tiene sus propios procedimientos.
—¿Y casualmente empezaron a revisar a Mateo justo después de que tú comenzaste a investigarlo?
Richard permaneció callado.
Alexander apretó los puños.
—Déjalo en paz.
—Alexander…
—No.
Richard lo miró seriamente.
—No estás entendiendo.
—Entiendo perfectamente.
—No sabes nada de ese chico.
—Sé suficiente.
—¿Qué sabes?
Alexander respondió:
—Sé cómo me trata.
Richard frunció el ceño.
—Eso no es suficiente.
—Para mí sí.
Richard se acercó.
—Te estás involucrando demasiado.
Alexander sostuvo su mirada.
—Porque me importa.
El despacho quedó en silencio.
Richard pareció sorprendido.
Alexander también.
Nunca había hablado así de alguien frente a su padre.
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Cuando salió de la oficina, Alexander encontró a Ethan en el pasillo.
—¿Todo bien?
—No.
Ethan miró hacia el despacho de Richard.
—¿Mateo?
Alexander asintió.
Ethan suspiró.
—Nuestro padre puede ser muy difícil.
—No quiero que le haga daño.
—Entonces tendrás que enfrentarlo.
Alexander lo miró.
—¿Tú nunca lo hiciste?
Ethan sonrió con tristeza.
—Muchas veces.
—¿Y qué pasó?
—Aprendí que ganar una discusión con él no siempre significa ganar.
Alexander permaneció callado.
Ethan puso una mano sobre su hombro.
—Solo asegúrate de saber qué estás dispuesto a perder.
⸻
Mateo acudió a la reunión con la universidad esa tarde.
La oficina era pequeña y silenciosa.
Una funcionaria revisó varios documentos.
—No estamos diciendo que haya un problema con tu beca.
Mateo respiró un poco más tranquilo.
—Entonces ¿qué está pasando?
—Estamos realizando una revisión administrativa.
—¿Por qué?
La mujer dudó.
—Algunos documentos requieren actualización.
Mateo frunció el ceño.
—¿Cuáles?
La funcionaria le explicó lo que necesitaba presentar.
Nada parecía imposible.
Pero Mateo sabía que cualquier error podía poner en peligro su beca.
—¿Tengo cuánto tiempo?
—Una semana.
Mateo asintió.
—Está bien.
Salió de la oficina.
Pero la preocupación no desapareció.
⸻
Cuando llegó al pasillo, encontró a Alexander esperándolo.
—¿Cómo salió?
—No sé.
—¿Qué dijeron?
Mateo le explicó.
Alexander escuchó atentamente.
—Una semana.
—Sí.
—Vamos a resolverlo.
Mateo lo miró.
—No quiero que lo hagas por mí.
—No voy a hacerlo por ti.
—Entonces ¿qué vas a hacer?
Alexander sonrió.
—Estar contigo.
Mateo se quedó callado.
Alexander extendió la mano.
Mateo la tomó.
Caminaron juntos.
⸻
Más tarde, Daniel y Sophie se encontraron solos en la cafetería.
—¿Has hablado con Michael? —preguntó Daniel.
—Sí.
—¿Y?
—Me invitó a salir este fin de semana.
Daniel bajó la mirada.
—¿Vas a ir?
Sophie tardó en responder.
—No sé.
Daniel levantó la mirada.
—Deberías ir.
—¿Por qué?
—Porque te gusta.
Sophie lo observó.
—¿Y si no me gusta tanto como pensé?
Daniel sonrió.
—Entonces lo descubrirás.
Sophie permaneció callada.
—¿Y tú? —preguntó.
—¿Yo qué?
—¿Has pensado en decirle a la persona que te gusta lo que sientes?
Daniel soltó una pequeña risa.
—No.
—¿Por qué?
—Porque podría cambiar todo.
Sophie bajó la mirada.
—Sí.
Ambos permanecieron en silencio.
Ninguno dijo lo que ambos estaban pensando.
⸻
El sábado por la mañana, Mateo estaba en su casa revisando documentos.
Carlos entró a la habitación.
—¿Todo bien?
Mateo levantó la mirada.
—Sí.
Carlos lo observó.
—No parece.
Mateo dudó.
—La universidad está revisando mi beca.
Carlos frunció el ceño.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—¿Hay algún problema con tus calificaciones?
—No.
—¿Con los documentos?
—Tampoco.
Carlos se sentó junto a él.
—Entonces no te preocupes antes de tiempo.
Mateo sonrió.
—Eso intento.
Carlos lo miró.
—¿Alexander sabe?
Mateo asintió.
—Sí.
—¿Y qué dijo?
—Que me va a ayudar.
Carlos permaneció pensativo.
—¿Es buen muchacho?
Mateo sonrió.
—Sí.
—Entonces asegúrate de que también él sepa que puede contar contigo.
Mateo lo miró.
—¿Por qué dices eso?
Carlos sonrió.
—Porque cuando alguien comienza a importarnos, también tenemos que aprender a estar cuando las cosas se complican.
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Ese mismo día, Alexander llegó a casa de Mateo.
Lucas abrió la puerta.
—Hola.
Alexander sonrió.
—Hola.
—Pasa.
Alexander entró.
—¿Mateo?
—En su habitación.
Lucas lo miró con una sonrisa.
—Está esperando que vengas.
Alexander soltó una risa.
—Gracias.
Subió las escaleras.
Mateo salió de su habitación.
—Hola.
—Hola.
Alexander levantó una carpeta.
—Traje algunas cosas que podrían ayudarte con la documentación.
Mateo la tomó.
—Gracias.
—No hice nada especial.
—Para mí sí.
Alexander lo miró.
—¿Quieres que me quede?
Mateo sonrió.
—Sí.
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Pasaron la tarde juntos.
Mateo organizó los documentos.
Alexander lo ayudó a revisar cada uno.
Lucas apareció varias veces con alguna excusa para molestarlos.
—¿Quieren algo de comer?
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
—¿Y si traigo pizza?
Mateo levantó la mirada.
—Entonces sí.
Lucas sonrió.
—Lo sabía.
Se fue.
Alexander se rio.
—Tu hermano es divertido.
—A veces.
—Me cae bien.
Mateo lo miró.
—A él también le caes bien.
—¿En serio?
—Sí.
Alexander sonrió.
—Eso es importante.
Mateo lo observó.
—¿Por qué?
Alexander bajó la mirada.
—Porque quiero conocer a las personas que son importantes para ti.
Mateo sintió un pequeño golpe en el pecho.
—Alexander…
—¿Sí?
—Gracias.
Alexander lo miró.
—No tienes que agradecerme.
Mateo tomó su mano.
—Sí tengo.
Se quedaron mirándose.
Esta vez ninguno apartó la mirada.
Alexander acercó lentamente su rostro.
Mateo no se movió.
Pero justo cuando parecían estar a punto de besarse, escucharon una voz.
—¡Mateo!
Ambos se separaron inmediatamente.
Era Lucas.
—Mamá dice que la cena está lista.
Mateo cerró los ojos.
Alexander soltó una carcajada.
—Perfecto momento.
Mateo se rio.
—Vamos.
⸻
Después de cenar, Alexander regresó a casa.
Pero cuando entró, encontró a Richard esperándolo.
—¿Dónde estabas?
Alexander lo miró.
—Con Mateo.
Richard permaneció callado.
—¿En su casa?
—Sí.
—Entiendo.
Alexander frunció el ceño.
—¿Qué quieres?
Richard tomó un documento.
—La revisión de su beca no fue casualidad.
Alexander sintió que la sangre le hervía.
—¿Qué hiciste?
—Solo pedí que revisaran información disponible.
—¡No tenías derecho!
Richard mantuvo la calma.
—Quería saber cuánto dependía de esta universidad.
Alexander dio un paso hacia él.
—¿Y ahora qué?
Richard lo miró fijamente.
—Ahora sé que tiene mucho que perder.
Alexander sintió miedo.
—No vuelvas a acercarte a él.
Richard respondió:
—Eso dependerá de ti.
⸻
Esa noche, Mateo recibió un mensaje.
Alexander: Tenemos que hablar.
Mateo respondió inmediatamente.
Mateo: ¿Qué pasó?
Los tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Finalmente llegó el mensaje.
Alexander: Mi padre fue quien provocó la revisión de tu beca.
Mateo quedó inmóvil.
Leyó el mensaje una y otra vez.
Después escribió:
Mateo: ¿Por qué?
Alexander tardó en responder.
Alexander: Porque quiere demostrarme que puede afectar tu vida.
Mateo sintió un escalofrío.
Y entonces llegó otro mensaje.
Alexander: Y creo que esto apenas comienza.
Mateo dejó el teléfono sobre la cama.
Por primera vez, comprendió que acercarse a Alexander no solo significaba enfrentarse a sus propios sentimientos.
También significaba entrar en un mundo donde el dinero y el poder podían cambiar la vida de una persona con una sola llamada.
Y ahora ese mundo había puesto los ojos sobre él.