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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9

La tarde del domingo trajo un silencio tenso tras los excesos del fin de semana en el club de campo. Helena caminaba por la terraza cubierta de la casa de huéspedes, sosteniendo una copa de té helado que no tenía intención de beber. El viento fresco rozaba sus piernas desnudas, pero su mente estaba varada a kilómetros de allí: en la oscuridad de la bodega, en la fuerza implacable de los brazos de Leonardo levantándola contra la pared de piedra y en el sabor a licor y obsesión que aún creía sentir en la lengua.

Sus labios continuaban levemente hinchados, una marca invisible pero indeleble de lo que había ocurrido a oscuras.

—Helena.

La voz sonó apresurada, casi en un susurro clandestino. Helena se giró despacio para encontrar a Mateo saliendo de entre los cipreses del jardín lateral. Traía el cabello ligeramente despeinado y la camisa de lino arrugada en las mangas, una imagen inusual para el siempre impecable prometido de su hermana. Tenía los ojos desorbitados, inyectados en sangre por la falta de sueño y la rabia contenida.

Helena parpadeó, reajustando la máscara de indiferencia que solía usar. Este era el momento. El instante exacto por el que había iniciado todo este juego perverso.

—Mateo —dijo ella, manteniendo la voz serena y fría—. Si mi hermana te ve aquí, va a...

—No me importa Victoria —la interrumpió él, acortando la distancia entre ellos con pasos rápidos e impulsivos. Se detuvo a menos de un metro, con la respiración agitada—. No me importa lo que piense ella, ni lo que piensen tus padres, ni la maldita prensa.

Helena arqueó una ceja, sintiendo un extraño desapego mientras lo observaba.

—Estás ebrio o estás perdiendo el juicio —murmuró ella, dando un pequeño paso hacia atrás para marcar distancia.

—Estoy perdiendo la cabeza, pero por tu culpa —confesó Mateo, extendiendo una mano para intentar tocarle el brazo, aunque Helena esquivó el contacto con elegancia—. No puedo más, Helena. Verte este fin de semana... ver cómo ese tipo te toca, cómo te mira, cómo te pasea frente a todos como si fueras de su propiedad... me está matando por dentro.

El anzuelo estaba completamente tragado. El pez había mordido la carnada hasta el fondo. Helena debería haber sentido una corriente de triunfo salvaje recorriendo sus venas; debería haberse regocijado al ver al hombre que le rompió el corazón arrastrándose a sus pies. Pero en lugar de eso, solo sintió una aridez fría en el pecho. Una indiferencia aplastante.

—Leonardo es mi pareja, Mateo —contestó ella, usando deliberadamente la palabra que sabía que le perforaría el orgullo—. Deberías acostumbrarte.

—¡No es tu pareja, Helena! —estalló él en un susurro sofocado, pasándose las manos por la cara con desesperación—. Sé que lo estás haciendo para castigarme. Sé que estás furiosa porque me comprometí con Victoria, pero tienes que entender que fue por los negocios de las familias, por la presión de mi padre... Yo no la amo a ella. Nunca la he amado como te amo a ti.

Las palabras que Helena había soñado escuchar durante meses sonaron de pronto huecas, artificiales, lamentables. Mateo dio un paso más, acorralándola levemente contra la barandilla de la terraza.

—No voy a casarme —soltó él, clavando sus ojos desesperados en los de ella—. Voy a cancelar la boda. Hablaré con tu hermana esta misma semana. Solo dime que si lo hago, vas a dejar a Leonardo y vas a volver conmigo. Dime que esto era solo un plan para recuperar lo nuestro.

Ahí estaba. La victoria absoluta. El objetivo final de todo su drama, servido en bandeja de plata. Helena solo tenía que decir que sí, ver la boda de su hermana venirse abajo y recuperar al hombre que creía el amor de su vida.

Sin embargo, mientras miraba el rostro suplicante de Mateo, la mente de Helena se negó a quedarse allí. En su cabeza no estaba el recuerdo de los besos tímidos de Mateo ni sus promesas a medio gas en los pasillos de las fiestas. En su cabeza resonaba la voz ronca de Leonardo en la penumbra: «No me gusta compartir lo que firmo con mi nombre». Recordó la presión brusca de las manos de Leonardo en sus caderas, la forma en que él la miraba como si fuera capaz de quemar el mundo entero con tal de no dejarla ir.

Comparado con la tormenta oscura, violenta y adictiva que era Leonardo de la Torre, Mateo se veía dolorosamente pequeño. Un hombre débil que se doblaba al menor temblor.

—Llegas tarde, Mateo —dijo Helena con una frialdad que la sorprendió a sí misma.

El rostro de Mateo se descompuso de pánico.

—¿De qué hablas? Helena, por favor... Sé que te dio miedo la intensidad de este fin de semana, pero él te está manipulando. Leonardo no es un hombre para ti, es peligroso.

—Lo que sea que sea Leonardo, es diez veces más hombre de lo que tú jamás serás —respondió ella, sin pestañear.

Antes de que Mateo pudiera reaccionar o tocarla, una sombra alta y pesada se proyectó sobre la terraza. El ambiente se volvió denso al instante, bajando la temperatura varios grados.

Leonardo salió de las puertas de cristal de la casa de huéspedes. Traía los puños de su camisa negra remangados y una copa de cristal fino en la mano. No parecía sorprendido ni enfadado; su rostro era la máscara de un depredador que acaba de ver a su presa caer exactamente en la trampa que le había tendido.

—Espero no estar interrumpiendo una conversación privada —dijo Leonardo, su voz grave resonando como un trueno distante en el silencio de la tarde.

Mateo se dio la vuelta de golpe, palideciendo drásticamente. Dio dos pasos hacia atrás, poniendo distancia instintivamente.

—De la Torre... —balbuceó Mateo, intentando recomponer la postura, aunque el temblor de sus manos lo traicionaba—. Solo le estaba diciendo a Helena que...

—Sé perfectamente lo que le estabas diciendo —lo cortó Leonardo, caminando con una lentitud aterradora hasta quedar al lado de Helena. Deslizó su armadura de brazo alrededor de la cintura de ella, pegando la cadera de Helena a la suya en un gesto abiertamente posesivo—. Las paredes de este lugar son delgadas, Mateo. Y tu desesperación es bastante ruidosa.

Helena sintió el calor abrasador de la palma de Leonardo atravesar la tela delgada de su top. Involuntariamente, se inclinó hacia el cuerpo de él, buscando ese refugio peligroso que la hacía sentir extrañamente a salvo y expuesta al mismo tiempo. El contraste entre la firmeza de Leonardo y la debilidad de Mateo era desolador.

—Esto no tiene nada que ver contigo —intentó encararlo Mateo, aunque la voz le tembló.

—Todo lo que tenga que ver con Helena me pertenece a mí —sentenció Leonardo. Sus ojos grises, fríos como la escarcha, se clavaron en el novio de Victoria—. Deberías volver a la casa principal. Tu prometida te está buscando para elegir la cristalería de la recepción. No querrás llegar tarde a tu propia condena, ¿o sí?

El veneno implícito en las palabras de Leonardo destruyó los últimos vestigios de valor de Mateo. Con una última mirada cargada de celos, impotencia y dolor dirigida hacia Helena, se dio la vuelta y se alejó casi corriendo por el sendero del jardín.

Cuando quedaron a solas, el silencio de la terraza volvió a volverse pesado, cargado de una tensión sexual sofocante. Helena dejó escapar el aire que no sabía que estaba reteniendo, pero no se movió del agarre de Leonardo.

—Obtuve lo que quería —murmuró Helena, alzando la cara para mirarlo. El rostro de él estaba a escasos centímetros del suyo—. Mateo quiere cancelar la boda. Dijo que va a dejar a mi hermana. Gané.

Leonardo sonrió. Fue una sonrisa lenta, oscura, que no llegó a sus ojos grises. Su mano apretó la cintura de ella con una fuerza que le sacó un pequeño jadeo a Helena.

—¿En serio ganaste, dulce Helena? —susurró él, bajando la cabeza hasta que sus labios rozaron la curva de la oreja de ella, erizándole la piel de todo el cuerpo—. Porque no veo que estés corriendo tras él. Ni veo que estés sonriendo.

El pulgar de Leonardo subió a su mentón, obligándola a sostenerle la mirada.

—Tu ex mordió el anzuelo, es verdad —continuó él en un susurro ronco, devorándole los labios con la mirada—. Pero tú olvidaste la regla más importante de nuestro juego: ahora la que está atrapada en mi red eres tú. Y yo no tengo ninguna intención de soltarte.

Al sentir la presión de los labios de Leonardo reclamando los suyos en un beso breve, pero aplastante, Helena comprendió la terrible verdad: había ganado la batalla contra Mateo, pero acababa de perder la guerra contra su propia alma.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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