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BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rocío Vega, empresaria de moda de 24 años, arrastra la culpa de llevar seis años distanciada de su hermana. Cuando esta fallece trágicamente dejando huérfanos a Lucas (5 años) y Mía (3 años), el mundo de Rocío da un vuelco total.
En la notaría se encuentra con Mario Alva, el atractivo y frío CEO de una corporación de cruceros de lujo. Para su sorpresa, el testamento incluye una cláusula ineludible: para mantener la custodia de los niños y evitar que vayan a un orfanato, deben convivir juntos bajo el mismo techo.
El choque entre la empresaria que regala sueños y el magnate de alta mar es inmediato. Pero entre crisis médicas nocturnas e inspectores judiciales, las defensas caen. La paciencia de Mario empezará a sanar los traumas del pasado de Rocío, encendiendo un deseo irrefrenable.
Sin embargo, una sombra acecha: la muerte de sus hermanos no fue un accidente y alguien en la naviera los vigila. ¿Podrán salvar a los niños y descubrir que la cláusula más estricta era la del amor?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 1. UN DOLOR PUNZANTE Y UNA HERENCIA INESPERADA

El frío de los hospitales se te mete en los huesos y ya no te abandona. Apenas habían pasado dos horas desde que me despedí de mi hermana y de mi cuñado en aquella sala aséptica, donde la luz fluorescente parpadeaba con un zumbido monótono que me taladraba la cabeza. Sus cuerpos inertes descansaban sobre camillas de metal, cubiertos por sábanas blancas que borraban cualquier rastro de las personas llenas de vida que alguna vez fueron. Ya estaban preparados para el traslado a la funeraria. El siguiente paso sería la incineración. Una despedida rápida, limpia y definitiva para una tragedia que de limpia no tenía nada.

Sentía un dolor punzante en el centro del pecho, tan profundo y afilado que casi no podía respirar. Cada bocanada de aire me quemaba la garganta. No era solo la muerte; era el peso muerto de seis años de silencio. Seis años sin hablar con mi hermana. Quince años atrás, cuando nuestros padres fallecieron en aquel maldito accidente de coche, yo apenas contaba con cinco años y ella tenía dieciocho. De la noche a la mañana, mi hermana dejó de ser una adolescente para convertirse en mi madre improvisada. Vivimos juntas y en armonía durante trece años, pero el faro comenzó a parpadear cuando llegó mi adolescencia. Con las hormonas a flor de piel, nos empezó a costar entendernos. Llegaron las primeras discusiones, los portazos, los malentendidos. En mitad de esa tormenta, mi hermana conoció a Víctor, se enamoraron y se casaron enseguida. Para mí, la llegada de Víctor fue la gota que colmó el vaso. Actuaba como si fuera mi padre y mi hermana mi madre, y yo era muy rebelde.

El punto de no retorno llegó cuando estaba a punto de cumplir los diecisiete años. Se desató una de las peores discusiones. Yo quería irme de fiesta con mis amigos toda la noche y ellos no me lo permitieron, alegando que mientras estuviera bajo su techo tendría que acatar sus normas. Esa frase marcó un antes y un después. Al día siguiente me busqué un trabajo de media jornada y, en cuanto alcancé la mayoría de edad a los dieciocho, empaqué mis maletas y me independicé sin que mi hermana pudiera evitarlo.

 Con el tiempo, la distancia física se transformó en un abismo emocional. Me fui alejando cada vez más, construyendo una muralla de indiferencia alrededor de mi nueva vida como empresaria. Llegué al extremo cruel de no asistir a su boda y, peor aún, de no conocer a sus hijos. Mis propios sobrinos eran unos extraños para mí. Nunca volví a hablar con ella. Aunque muchas veces, a altas horas de la noche mientras revisaba los inventarios de mis tiendas de moda virtuales, sostuve el teléfono con las manos temblorosas deseando marcar su número. Quería pedirle perdón. Quería decirle que ahora entendía que solo intentaba cuidarme, que su severidad era solo el miedo a fallarle a la memoria de nuestros padres. Pero el orgullo siempre ganaba la batalla. Ahora me encontraba en este hospital, destruida por la culpa, con las lágrimas secas en las mejillas y la certeza desgarradora de haber perdido a la única familia que me quedaba en el mundo. El "lo siento" se había quedado atrapado en el pasado para siempre.

Al día siguiente, el panorama en la funeraria no fue más alentador. El edificio olía a flores marchitas y a cera quemada, un aroma dulzón que me revolvía el estómago. Me encontraba completamente sola, sentada en el último banco de una sala fría, asistiendo a la cremación de mi hermana y mi cuñado. No había amigos íntimos ni otros familiares directos que me acompañaran en ese último adiós; el aislamiento que yo misma había provocado me pasaba la factura en el momento más oscuro. Cuando el proceso terminó y me entregaron las cenizas, sentí que una parte de mi propia historia se convertía también en polvo.

Con el corazón hecho pedazos y la mente nublada por el cansancio, me dirigí al despacho de su abogado. Había sido citada de urgencia para la apertura del testamento. Nada, absolutamente nada en mi intuición o en mi experiencia de vida, me hacía presagiar en ese instante cómo mi existencia iba a dar un vuelco de ciento ochenta grados de la noche a la mañana. Creía que iba a firmar papeles burocráticos, a cerrar cuentas y a poner fin a un capítulo doloroso. Qué equivocada estaba.

El ascensor del imponente edificio corporativo ascendió en un silencio sepulcral hasta la planta 16. Las paredes de cristal mostraban la ciudad de fondo, un monstruo de asfalto que seguía moviéndose ajeno a mi dolor. La cita con el letrado estaba programada para las 13:00 horas en punto. El reloj digital de mi muñeca marcaba las 12:50 cuando salí del ascensor, mis tacones resonando contra el suelo de mármol pulido como un metrónomo nervioso.

Me acerqué al mostrador de recepción, donde una secretaria de aspecto impecable y sonrisa ensayada me recibió. Me identifiqué con voz pastosa, carraspeando para recuperar el tono. Al escuchar mi nombre, su expresión cambió sutilmente a una de sobria cortesía. Me pidió que la siguiera a través de un pasillo flanqueado por puertas de madera oscura. Se detuvo ante la sala de juntas principal, abrió la puerta con delicadeza y me indicó que pasara.

—Espere aquí, por favor. El abogado no tardará en llegar —dijo antes de cerrar la puerta a mis espaldas, dejándome atrapada en un silencio denso.

Al cruzar el umbral, el aire se me atascó en los pulmones. Me llevé una sorpresa mayúscula. La sala no estaba vacía. Sentado en una de las imponentes sillas de cuero negro, al extremo de una mesa de cristal kilométrica, había un hombre que no había visto en mi vida.

Era joven, calculé que no pasaría de los treinta años, y vestía un traje de corte impecable que gritaba sofisticación y poder. Tenía una mandíbula cuadrada, el cabello oscuro perfectamente peinado y unos ojos profundos que se clavaron en mí en cuanto entré. A pesar de la rigidez de su postura, se notaba en su rostro un cansancio idéntico al mío: las mismas ojeras marcadas, la misma mirada perdida de quien ha pasado la noche en vela procesando una desgracia.

Nos dedicamos un saludo tenso, un simple asentimiento de cabeza acompañado de un murmullo inaudible por parte de ambos. Ninguno de los dos intentó iniciar una conversación. El ambiente estaba demasiado cargado de una solemnidad incómoda. Nos quedamos allí sentados, separados por metros de cristal brillante, suspendidos en el tiempo, a la espera de que el abogado entrara por esa puerta y desvelara el misterio que nos había reunido en ese piso dieciséis. El silencio entre nosotros era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo, sin saber que ese hombre desconocido estaba a punto de convertirse en el eje central de mi nuevo destino.

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Cliente anónimo
Muy linda la historia de amor de Mario y Rocio y su resilencia, además de la protección a sus sobrinos
Carolina Molnár
Excelente historia...
Helizahira Cohen
Excelente novela 👍 muy buena, creo que no la han leído pero fue Excelente
Helizahira Cohen
Esta muy buena, interesante
Helizahira Cohen
se equivoco al irse y abandonar todo pero era una chica que no sabía nada y la hermana una adolescente que asumió el rol de mamá, no supieron manejarlo y se perdieron los mejores años de sus vidas
Helizahira Cohen
Empezó muy bien
EM
muy linda
Zulema Neme
Pobres Niños perder.a sus Padres y Enfrentar a su tía que no visito por tantos años a s Madre Enferma 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏. Dios los Consuele Angelitos ❤️❤️❤️
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