Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 2
Ella no supo cuánto tiempo había pasado.
Quizás unas horas.
Quizás un día.
Quizás una semana.
O tal vez...
Una vida entera.
No tenía cuerpo.
No sentía frío ni calor.
No podía mover las manos ni los pies.
Ni siquiera sabía dónde estaba.
Solo existía.
Su conciencia flotaba en una especie de oscuridad silenciosa, hasta que, de repente, comenzaron a aparecer imágenes frente a ella.
Primero fueron borrosas.
Luego más claras.
Y entonces la vio.
Una niña.
Tenía el cabello castaño oscuro, perfectamente peinado, y unos ojos claros que parecían demasiado inocentes para la expresión que llevaba en el rostro.
La pequeña estaba frente a otros niños.
Uno de ellos había cometido un error y ella se burlaba de él.
—¿Eso es lo mejor que puedes hacer?
La niña cruzó los brazos y soltó una risita.
Después humilló a otra.
Luego ordenó a una sirvienta que hiciera algo por ella simplemente porque podía.
La mujer que observaba aquellas escenas desde aquella extraña oscuridad abrió los ojos de sorpresa.
[¡Pero mira esta pequeña villana!]
La escena cambió.
La niña creció un poco.
Seguía siendo hermosa.
Elegante.
Bien vestida.
Y completamente insoportable.
Sus padres eran duques, pero pasaban gran parte del tiempo viajando debido a sus responsabilidades diplomáticas.
Así que la niña prácticamente crecía sola.
No completamente sola, claro.
Tenía dos primos mayores que ocasionalmente la visitaban.
El mayor se llamaba Francis.
Era un muchacho tranquilo, serio y completamente enamorado de los libros.
Podía pasar horas leyendo sobre historia, guerras antiguas, tratados, familias nobles y acontecimientos políticos.
Cuando llegaba a la mansión, lo primero que hacía era buscar la biblioteca.
[¡¿Este muchacho vino a visitar a su prima o a casarse con un libro?]
El otro primo era Frank.
Y ese era completamente diferente.
Frank entrenaba con la espada cada vez que podía.
Cuando no entrenaba...
Huía de sus clases.
Y cuando no hacía ninguna de las dos cosas, estaba intentando conquistar a alguna muchacha.
[¡Ah, este sí que tiene prioridades!]
La mujer no pudo evitar reírse.
Pero pronto dejó de hacerlo.
Porque comprendió algo.
Nadie estaba realmente prestándole atención a aquella niña.
Francis tenía sus libros.
Frank tenía sus entrenamientos, sus aventuras y sus futuras conquistas.
Sus padres estaban constantemente viajando.
Y los adultos de la casa parecían demasiado ocupados para detenerla.
Así que la pequeña hacía lo que quería.
Y nadie le decía que estaba mal.
La escena cambió nuevamente.
La niña creció.
Ya no era tan pequeña.
Su comportamiento tampoco mejoró.
Al contrario.
Se volvió más arrogante.
Más orgullosa.
Más prepotente.
Si alguien se equivocaba frente a ella, se burlaba.
Si un sirviente hacía algo que no le gustaba, lo trataba con desprecio.
Si otro noble no le daba la razón, utilizaba la posición de su familia para hacerlo retroceder.
Y cada vez que alguien intentaba ponerle límites, ella encontraba una manera de escapar.
[Esto no necesita una conversación...]
La mujer observó la escena con una expresión cada vez más seria.
[¡Esta muchacha necesita una buena corrección!]
Con el tiempo, Francis se convirtió en conde siendo todavía muy joven.
Sus responsabilidades aumentaron.
Ya no podía visitar la mansión con tanta frecuencia.
Frank, por su parte, parecía haber convertido la búsqueda de una esposa en una misión de Estado.
Así que tampoco aparecía demasiado.
Y aquella muchacha quedó cada vez más sola.
Pero en lugar de buscar compañía...
Se encerró todavía más en su orgullo.
Su soledad alimentó su arrogancia.
Su arrogancia alimentó su prepotencia.
Y su prepotencia terminó convirtiéndola en una verdadera tirana.
La mujer observaba todo aquello desde aquella extraña oscuridad.
Y cuanto más veía, más le molestaba.
[¿Nadie va a decirle nada?]
La muchacha caminaba por los pasillos de la mansión con la seguridad de quien creía que todo le pertenecía.
[¿Nadie va a enseñarle modales?]
La escena cambió otra vez.
La muchacha ya era una joven.
Hermosa.
Elegante.
Rica.
Poderosa.
Y completamente insoportable.
La mujer suspiró.
[Definitivamente esta muchachita necesita una lección.]
Por primera vez desde que había muerto, sintió algo parecido a la indignación.
No sabía dónde estaba.
No sabía por qué podía ver la vida de aquella joven.
No sabía qué significaban aquellas imágenes.
Pero sí sabía una cosa.
Había conocido demasiada gente que utilizaba su posición para pisotear a los demás.
Y aquella muchacha no necesitaba que alguien la adorara.
Necesitaba que alguien le enseñara a respetar.
[Alguien tiene que bajarle esos humos.]
La mujer cruzó los brazos, aunque en realidad no tenía cuerpo para hacerlo.
Y entonces apareció una última imagen.
La joven estaba sola.
Completamente sola.
Rodeada de riquezas, sirvientes y lujos...
Pero sola.
Por primera vez, la mujer dejó de verla únicamente como una pequeña villana.
También vio a una muchacha que nunca había aprendido a relacionarse con los demás.
Una niña que había crecido sin límites.
Sin compañía.
Sin alguien que le dijera "eso está mal".
Sin alguien que se sentara a su lado y le enseñara que tener poder no significaba tener derecho a humillar a los demás.
La mujer suspiró.
[Está bien...]
[Quizás no necesita solamente una corrección.]
[Quizás necesita que alguien le enseñe a vivir.]
Y justo cuando terminó de pensar aquello...
Sintió algo.
Un tirón.
Como si alguien la estuviera arrastrando desde aquella oscuridad.
Su conciencia comenzó a hundirse.
Las imágenes desaparecieron.
La luz apareció de golpe.
Y antes de perder completamente el conocimiento, tuvo un último pensamiento.
[Espero que esta mocosa esté preparada... porque si la veo le enseñaré a golpes a respetar]
Dos bombas sexuales🤭👏👏