Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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UNA PIEDRA PARA LA PUERTA
NARRADOR
Colter se comportó como un caballero y bajó las bolsas de las compras. Incluso las colocó donde su esposa pretendía.
Ella estaba asombrada y maravillada. ¿Se le habrían pegado los buenos modales suyos a ese salvaje?
--Bueno, Charlotte. Llegó el momento de cobrar mi favor y lo que pretendo es algo que me va a complacer profundamente
A ella se le empezó a borrar la sonrisa.
--No tendré relaciones contigo
Él arqueó una ceja.
--Tampoco estoy interesado en eso. Si lo estuviera dormirías conmigo. Quiero que cumplas con una tradición que tiene toda mujer de campo en estas tierras
Ella lo miró completamente confundida. Tal como si le hubiera hablado en chino.
--Ven aquí-- Él la tomó de la mano
El contraste fue brutal. Ella estaba blanca como la nieve, él tostado. Las manos de ella súper suaves, las de él ásperas debido al trabajo.
Pero antes de quejarse por lo descuidadas que tenía sus manos se mordió la lengua porque él la había llevado a comprar sus preciadas fragancias textiles.
Él la condujo a una puerta que estaba al lado de la cocina. Prendió una luz allí adentro. Después él le soltó la mano y le puso en sus brazos una bolsa blanca que pesaba cinco kilogramos.
--¿Qué pretendes que haga con esto?
Colter se cruzó de brazos en el umbral de la puerta.
--No es esto, es harina. Lo que quiero es que hagas pan cada día mientras estés aquí
Ella abrió su boca sorprendida.
--¿Pan? Yo nunca hice pan
--Perfecto. Aprenderás. Yo no nací montado a caballo y como verás también aprendí a hacerlo
--Pero...
--Sin peros. Manos a la obra. Si no lo intentas tiraré todos tus perfumes
--No serías capaz
--Pruébame y compruébalo tu misma
--¿Cómo pretendes que aprenda si no puedo ver tutoriales en mi teléfono?
--Yo te enseñaré
--¿Sabes amasar?
--Se hacer de todo
Entonces, él salió del rancho y fue a supervisar el trabajo de los peones y ella se quedó analizando su nueva actividad, de pie y con una bolsa de harina.
--Bueno. No puede ser tan difícil hacer pan-- Dijo para darse ánimos
Mientras tanto su esposo estaba con los peones mirando a sus animales y anotando algunos materiales que necesitaba para arreglar uno de los corrales y cambiar el alambrado.
Había tramos donde el alambre tenía electricidad porque de no tenerlo, las vacas escapaban rompiendo todo a su paso. Ya le había pasado. Pero, con el ganado en crecimiento tenía que mantener todo bajo control para no sufrir importantes pérdidas.
Así fue que cuando él volvió al rancho y después de ducharse, reemplazó sus camisas laborales por una camiseta de manga corta y empezó a preparar todo para amasar.
Charlotte lo miraba con atención. Él no era bueno para explicar, pero si podía demostrarle con el ejemplo. Aunque desvió la atención a sus brazos...
--Puedes dejar de mirarme los brazos y concentrarte en lo que estoy haciendo-- Ella sintió pena al verse descubierta
--Es que es raro verte así sin una camisa horrenda y arrugada
--Me da igual si te gustan mis camisas o no. Soy yo quien las usa. ¿Qué pasó con tu camisa?
Allí se dio cuenta de que ella ya no estaba usando la misma camisa, sino que se había puesto una blusa de manga larga.
--El botón decidió irse de paseo. Tal vez engordé y necesite un talle más-- Se miró la cintura
Colter suspiró. Enseñarle algo a ella era más difícil que lidiar con un caballo salvaje. Se distraía constantemente, miraba todo excepto lo que tenía que ver.
--Charlotte, ¿Entendiste algo o encontrarás la receta mirándote la cintura?
--Lo entendí todo perfectamente
Él asintió sin estar convencido.
--Muy bien. Mañana harás pan por la mañana. Tal vez así dejes de crear distracciones tan temprano
Ella notó que él dejaba la masa reposar y que luego iba a lavarse las manos.
--Cuando aumente su tamaño la meteré al horno-- Le dijo
--Tu eres el experto, así que si tu lo dices-- se encogió de hombros
Luego de alrededor de una hora, Colter separó la masa en partes iguales y formó bollos. Después los puso en una fuente y los metió al horno.
Al cabo de varios minutos el aroma que inundaba la cocina no se comparaba al de ningún aromatizante de tela. A ella se le hizo agua la boca.
Cuando él sacó la fuente, había panes esponjosos y dorados en ella.
--Mañana es tu turno. No lo olvides
--Claro que no. Lo haré bien
---+---
Llegó la mañana. Colter se fue a trabajar y su esposa... intentó recordar exactamente cuánto de cada cosa le había agregado a la preparación del día anterior.
--Si tan solo no le hubiera estado mirando los brazos... pero bueno... con razón tiene tanta fuerza, parecen de gym...
--Concéntrate. Deja de pensar-- Se dijo en voz alta
Varios minutos más tarde, ella miraba la masa que había hecho y la dejó en un bowl tal como había hecho su marido. Fue a limpiar su habitación, después el baño, luego lavó los pisos.
Volvió a mirar la masa una hora más tarde. No parecía haber crecido mucho.
Esperó media hora más. No creció.
--Que queden bien-- Imploró separando la masa
Al meterlos al horno esperó. El olor a pan inundó la cocina. Creyó que le estaban saliendo bien. Error.
Colter llegó cuando ella los sacó del horno. Estaban intactos.
Entonces cuando se enfriaron un poco, ella le puso uno sobre la mesa donde él estaba sentado.
Él lo miró. No era muy grande. Después de todo no le importaba el tamaño, sino el sabor y no perder los dientes en el proceso.
Lo levantó. Estaba pesado. Intentó partirlo una vez. Luego dos. Después tres.
Charlotte lo miró y también al pan que parecía a prueba de balas.
--Bueno... No está mal. No sé puede comer, pero sirve como piedra para sostener la puerta
--Exageras. Solamente te estás burlando de mí
--Prueba tú
Lo intentó. Claro que si. Era una roca.
--No lo haré más-- Cruzó los brazos enfadada, roja de vergüenza
--Tiraré tus amados perfumes
--Bien, pero si no me sale bien será tu culpa
--¿Mía? No prestaste atención
--Lo hice
--Esto es tan duro como una piedra, Charlotte. No sé cómo se hace un pan tan duro. Deberías darme la receta tú
Ella tiró los panes. Todavía pensaba en los brazos de su marido y también en el botón de la camisa junto a la posibilidad de haber aumentado de peso.
Tenía que reivindicarse y aprender si o si, por sus amados perfumes y para que él dejara de burlarse.