Ignorada por años , viví en la sombra de mi hermana mayor desde que tengo memoria, solamente porque creían que ella sería la luna de la Manada.
NovelToon tiene autorización de Andreiina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
11
La luz del amanecer se filtraba de manera lúgubre a través de los altos ventanales del gran salón de ceremonias, arrojando haces pálidos sobre un escenario que parecía sacado de una pesadilla política. Ninguno de los presentes había abandonado el edificio en toda la noche. El tiempo se había detenido en una atmósfera de tensión asfixiante, marcada por ojeras profundas, ropa arrugada y un silencio denso que pesaba más que las armaduras de los guerreros.
En el centro del salón continuaba el debate furioso. Los padres de Selene, con el rostro desencajado por la humillación y el cansancio, exigían una solución inmediata que salvara el honor de la familia. Damián, el hermano mayor y futuro Beta, caminaba de un lado a otro con los puños apretados, mascullando amenazas contra el joven heredero que había osado romper el sagrado lazo de la manada. Por su parte, el Alfa gobernante y los ancianos del consejo discutían acaloradamente sobre las catastróficas consecuencias legales y dinásticas que traería consigo el rechazo de la compañera destinada.
Selene permanecía sentada en un sillón de terciopelo, con la mirada perdida en el vacío y el rostro bañado en un llanto silencioso que ya no expresaba dolor, sino una rabia fría y destructiva. Nadie prestaba atención a lo que ocurría fuera de ese círculo de poder. Nadie recordaba que en esa misma casa existía alguien más.
Las grandes puertas de madera del salón se abrieron con un chirrido seco y pausado.
El sonido hizo que las discusiones cesaran de inmediato. Todas las cabezas se giraron con molestia hacia la entrada, esperando ver a algún sirviente o mensajero rezagado. En su lugar, lo que vieron los dejó completamente perplejos.
Valerie cruzó el umbral con una calma absoluta. Llevaba puesta una sencilla chaqueta oscura, una mochila de lona colgando de un solo hombro y una maleta ligera en la mano derecha. A sus dieciséis años, con la barbilla en alto y una expresión gélida e imperturbable, caminó con paso firme por el centro del salón, ignorando por completo las miradas de desconcierto y desprecio que de inmediato se posaron sobre ella.
—¿Qué demonios haces aquí, Valerie? —espetó su madre con voz ronca y temblorosa, poniéndose de pie de un salto mientras la señalaba con el dedo—. Este no es lugar para niñatos ni para tus estupideces. ¡Largo de aquí antes de que pierda la paciencia!
—Mira nada más, el cero a la izquierda ha decidido aparecer para recordarnos lo inútil que es —murmuró Damián con una sonrisa torcida de desprecio, cruzándose de brazos—. Vete a tu habitación, Valerie. Nadie tiene tiempo para tus payasadas hoy.
Valerie no se detuvo. Ni siquiera parpadeó ante las palabras de su familia. Su loba interior se movía en su mente con la elegancia serena de un depredador que sabe que tiene el control absoluto de la situación. Continuó caminando hasta detenerse justo frente a la tarima elevada donde el Consejo de Ancianos y el Alfa gobernante observaban la escena con los ojos entrecerrados.
El Alfa mayor frunció el ceño profundamente, con la autoridad emanando de cada poro de su piel cansada.
—Muchacha —intervino el Alfa con una voz grave que retumbó en el salón—. Estás pisando un terreno reservado para asuntos de alta jerarquía de la manada. Tu presencia aquí es una falta de respeto. Sal de inmediato o aténgase a las consecuencias disciplinarias.
En lugar de retroceder, Valerie sacó de los bolsillos de su chaqueta tres sobres blancos perfectamente sellados y rotulados con una caligrafía impecable. Con un movimiento deliberado, levantó la mano y depositó los sobres sobre la mesa principal, justo frente a los ancianos más veteranos del consejo.
—No he venido a interrumpir sus patéticas disputas de poder —habló Valerie por primera vez. Su voz sonó clara, firme, desprovista del temblor o la timidez que todos le conocían desde niña. El tono cortante heló el ambiente—. He venido a cumplir con un trámite legal.
Un murmullo de sorpresa recorrió las primeras filas. Selene levantó la vista lentamente, mirándola con una mezcla de incomprensión y asco.
El anciano principal del consejo, un lobo de cabello totalmente blanco y mirada anciana pero aguda, bajó la vista hacia el sobre que tenía enfrente. Frunció el ceño con desconfianza, tomando el papel con manos temblorosas pero firmes. Deslizó el dedo por el borde y extrajo la carta redactada durante la madrugada.
—¿Qué es esto, niña? —inquirió el anciano, desplegando el documento.
—Es mi renuncia formal a los dominios territoriales de la Sombra Plateada —respondió Valerie sin vacilar, sosteniéndole la mirada al anciano sin apartar los ojos ni un solo segundo—. Léala en voz alta para que todos los presentes, incluidos mis padres y el consejo, entiendan los términos legales bajo los cuales me marcho.
El patriarca del consejo ajustó su postura, comenzó a leer el contenido del pergamino digital impreso y, a medida que sus ojos recorrían las líneas, su rostro experimentó una metamorfosis radical: del desdén inicial pasó a la sorpresa, y de la sorpresa a una tensa y absoluta incredulidad.
"...Dado que mi naturaleza, reconocida públicamente por esta misma comunidad y por la propia familia principal durante dieciséis años, carece por completo de lobo y de reconocimiento oficial dentro de la jerarquía, jamás he prestado juramento de lealtad a la Sombra Plateada..."
Las palabras del anciano resonaron en el gran salón como campanadas fúnebres. Los padres de Valerie abrieron los ojos de par en par, con el color abandonando sus rostros a una velocidad vertiginosa.
"...Una humana sin rango, sin vínculo y sin manada no está sujeta a las leyes de destierro ni a las obligaciones de obediencia territorial. Por lo tanto, ejerzo mi derecho inalienable a marcharme en absoluta libertad, sin deudas de sangre ni compromisos pendientes con este clan..."
Cuando el anciano terminó de leer la última línea, el silencio que invadió el salón fue tan profundo que se podía escuchar el crujir de las brasas en la chimenea lejana. Nadie se atrevía a decir una sola palabra. La laguna legal era perfecta, inquebrantable e inapelable ante las estrictas leyes de los ancianos lobos. Al haber sido tratada sistemáticamente como un error biológico sin valor, jamás se le había exigido jurar lealtad, lo que la convertía jurídicamente en una civil libre de marchar a donde quisiera.
—Esto... esto es absurdo —logró articular el padre de Valerie, dando un paso al frente con el rostro contraído por la furia—. ¡Tú llevas nuestra sangre! ¡No puedes simplemente redactar un papel e irte como si nada! ¡Eres parte de la Sombra Plateada!
Valerie giró ligeramente la cabeza hacia su padre, y por primera vez en dieciséis años, le devolvió una mirada cargada de una fría y absoluta indiferencia que lo hizo callar de golpe.
—¿Ahora soy parte de la familia? —respondió Valerie con una sonrisa cínica, imperceptible en la comisura de sus labios—. Curioso, porque durante toda mi vida se encargaron de recordarme con cada mirada y cada insulto que yo no era más que un error, una sombra que sobraba en la mesa. No pueden reclamar mi lealtad a conveniencia, padre. Las leyes de los ancianos son claras.
El anciano del consejo miró fijamente al Alfa gobernante y luego al documento firmado. Con un suspiro pesado, asintió lentamente, reconociendo la validez innegable del escrito.
—La carta es legalmente impecable... —murmuró el anciano con pesar—. Al no poseer lobo registrado ni haber prestado juramento de iniciación, no está sujeta a nuestra jurisdicción territorial. Es libre de marcharse.
El padre de Valerie dio un paso en falso, sintiendo que el suelo se le abría bajo los pies, no por afecto hacia su hija, sino por la vergüenza pública y la ruptura definitiva de la fachada familiar. Selene, por su parte, apretó los dientes con tanta fuerza que sus labios se volvieron blancos, observando con rabia impotente cómo la supuesta "inútil" de la familia los abandonaba con la cabeza en alto, pisoteando el orgullo de los Bertucci en su propio momento de debilidad.
—Que tengan una excelente vida resolviendo sus propios desastres —dijo Valerie con voz firme y serena.
Dando media vuelta con una gracia natural que jamás le habían visto, ajustó la correa de su mochila al hombro, sostuvo su maleta de viaje y comenzó a caminar hacia la salida del gran salón. Nadie se atrevió a detenerla. Los guardias se apartaron a su paso, intimidados por el aura invisible pero imponente que ahora la rodeaba.
Cruzó las pesadas puertas de madera del salón, dejando atrás los muros de piedra, las jerarquías asfixiantes y las ruinas de una manada que se desmoronaba en su propia arrogancia. En su mente, su loba blanca de ojos violeta emitió un aullido triunfal, mientras Valerie daba el último paso fuera de la mansión, dirigiéndose directamente hacia el mundo exterior y hacia su nuevo destino al otro lado del océano.
como que su apellido es BETUCCI , si en el capítulo 8 en email que recibió de la universidad dice textualmente:
"Estimana Valerie Petrov"
🙄🙄🙄🤔🤔🤔
"LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA...AYYYY DIOS!"