Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 9
Al llegar al hospital, Cintia no dudó en pedir ayuda de inmediato. Los paramédicos llegaron rápidamente y se llevaron a Diego a la sala de emergencias. Cintia se quedó en la sala de espera, sumida en una profunda preocupación. La apariencia de Diego era alarmante; se notaba que no se encontraba bien. A pesar de haber tenido una conversación previa en la que ambos expresaron sus puntos de vista, Cintia no estaba de acuerdo con la decisión de involucrar a una tercera persona en su relación. Sin embargo, decidió abandonar el lugar, sin entender completamente las razones que llevaron a Diego a sentirse así.
Diego, por su parte, no quería perder a ninguna de las dos personas que amaba, y ahora que las cosas se habían complicado, sentía que ya las había perdido. Su dolor emocional se manifestaba físicamente, y el malestar en su pecho se intensificaba cada vez que pensaba en esa situación dolorosa.
Los médicos lo atendieron de manera urgente y rápida, ya que estaba sufriendo un infarto. La gravedad de su estado requería atención inmediata, y el tiempo era un factor crucial en ese momento crítico.
Durante el vuelo, Selena experimentó una sensación inusual, como si un escalofrío recorriera su cuerpo. Aunque esa extraña sensación la inquietó un poco, decidió que podría deberse a la tensión del viaje y optó por cerrar los ojos e intentar dormir un rato.
Mientras tanto, en el hospital, Cintia tomó la iniciativa de llamar a la madre de Diego para informarle sobre lo ocurrido. En cuestión de poco tiempo, Dolores llegó al hospital, ansiosa por conocer la situación. Sin embargo, no fue hasta tres horas después que finalmente aparecieron los médicos. Un doctor se acercó buscando a los familiares de Diego.
Al ver al doctor, Dolores y Cintia se acercaron rápidamente para escuchar lo que tenían que decir. El doctor les explicó con seriedad la delicada condición de salud de Diego. Les advirtió que era crucial que él no recibiera ningún tipo de sorpresas, ni buenas ni malas noticias, ya que podrían impresionarlo negativamente y afectar aún más su estado. La preocupación en sus rostros reflejaba la gravedad de la situación y el deseo de proteger a Diego en un momento tan crítico.
Con lágrimas en los ojos, Dolores observó a Cintia, quien le preguntó al doctor por qué había sucedido aquello con Diego. El médico, con un aire de comprensión, le explicó diversas posibles causas, sugiriendo que tal vez Diego había recibido una noticia terrible o que algún problema personal o laboral podría haber desencadenado el infarto que lo había afectado.
Cintia, agradecida por la información, se acercó a Dolores y la ayudó a sentarse, ya que estaba devastada por la situación de su hijo. La preocupación y el dolor por la salud de Diego la abrían hecho sentir muy mal. En ese momento, Dolores, con una profunda angustia, le preguntó a Cintia qué podría haber llevado a su hijo a ese estado tan crítico de salud.
Cintia la miró con compasión, sus ojos llenos de lágrimas, y dijo con voz temblorosa: Señora, creo que sé lo que pudo haber sucedido.
Dolores miró a Cintia con preocupación y le pidió: Dímelo, Cintia, ¿qué fue lo que sucedió?. Con tristeza y dolor en sus ojos, Cintia comenzó a relatarle todo lo que había ocurrido entre Diego, Selena y ella. Dolores, atónita, no podía creer lo que estaba escuchando. Interrumpió a Cintia diciendo: Pero, ¿quién es esa tal Selena? Yo solo sabía que mi hijo estaba contigo y que esto ha estado ocurriendo desde hace tres meses.
Cintia, dispuesta a aclarar la confusión, le explicó que Diego había mantenido una relación con Selena durante el mismo tiempo que había estado con ella, es decir, tres años. Asombrosamente, ninguna de las dos había sospechado de la existencia de la otra hasta ese fatídico día. Con el corazón pesado, Cintia continuó su relato, revelando que los padres de Selena la habían obligado a casarse. Y, que que había decidió alejarse. No quería una relacuon así. Quizás todo este dolor y la presión que sufrió lo llevaron a la grave situación que terminó con su infarto, concluyó Cintia, sintiendo que había compartido una carga que también pesaba en su pecho.
Dolores reflexionaba sobre su hijo Diego, quien había estado involucrado durante tres años con dos mujeres sin que ninguna de ellas lo sospechara. Mientras pensaba en la situación, se preguntaba cómo era posible que Diego pudiera amar a dos mujeres con tanta intensidad, llegando incluso a causar un gran estrés en su corazón, al punto de temer un infarto. Después de unos momentos de contemplación, dirigió su mirada hacia Cintia y le preguntó con cierta preocupación: ¿Y dónde está Selena? ¿No le avisaste que no está aquí? Parece que a ella no le importa mi hijo.
Cintia, visiblemente incómoda, respondió: No lo sé, señora. Le reitero que sus padres la obligaron a casarse. Es posible que ahora esté de luna de miel con su esposo.
Dolores, sintiendo el peso de la situación y la angustia de Cintia, tomó sus manos con ternura y le dijo: Cariño, sé que esto debe ser muy duro para ti. Lo siento mucho por todo lo que está ocurriendo.
Cintia, con la voz entrecortada por la emoción, expresó: Es muy doloroso para mí. Diego es el amor de mi vida, y no puedo creer que esto esté sucediendo. Verlo en este estado me duele muchísimo más. No quiero que le pase nada malo.
Dolores, con gratitud en su mirada, respondió: Gracias por amar tanto a mi hijo. Te agradezco profundamente por haberlo traído al hospital y por estar aquí, a pesar de todo lo que ha sucedido entre ustedes.
Cintia, sintiendo una ligera sonrisa en medio de su angustia, aseguró: Mi amor por Diego nunca me permitiría dejarlo solo con todo este dolor. No pensé que su situación fuera tan grave, pero lo llevé al médico sin dudarlo.
Dolores, con un tono de súplica en su voz, le pidió: Por favor, no lo dejes solo. Ayúdame.