Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 1
Ella siempre había sido así.. alegre, jovial, pícara y atrevida. Tenía una personalidad que podía llenar una habitación incluso antes de abrir la boca. Era desinhibida, orgullosa y, para qué mentir, a veces un poquito vulgar.
Pero jamás había tenido vergüenza de serlo.
Sonreía cuando quería salirse con la suya, coqueteaba cuando le convenía y, si una sonrisa no bastaba, siempre podía recurrir a los golpes.
Y vaya que sabía dar golpes.
Todavía recordaba una de sus mejores anécdotas.
Una tarde, mientras conversaba tranquilamente con su amiga, descubrió que el novio de esta había intentado seducirla a escondidas.
Al principio se quedó mirándolo con una ceja levantada.
—¿Tú me estás coqueteando?
El hombre, lejos de sentirse avergonzado, había tenido el descaro de sonreírle.
—Solo digo que, si tú estuvieras con alguien como yo...
⸺¿Qué?
⸺Es que me acerque a ella, solo para conocerte, en realidad las cosas entre ella y yo están mal..
No alcanzó a terminar.
El primer golpe le borró la sonrisa.
El segundo lo hizo retroceder.
Y cuando finalmente terminó en el suelo, ella se quedó mirándolo con las manos en la cintura.
—¿Sabes qué es lo peor?
había dicho, conteniendo la risa
—Que ni siquiera eres guapo.
Su amiga había llegado justo a tiempo para ver al desgraciado sentado en el suelo, con la nariz sangrando y una expresión de absoluto desconcierto.
Ella, en cambio, estaba muerta de risa.
[¡Mira que intentar engañar a mi amiga conmigo! ¡Qué imbécil!]
Al final, el hombre había terminado en el hospital.
Y ella había tenido que ir a declarar lo ocurrido mientras intentaba no reírse cada vez que recordaba la cara del idiota.
Había sido un momento glorioso.
Ahora, sin embargo, todo aquello parecía pertenecer a otra vida.
Porque precisamente en ese mismo hospital se encontraba ella.
Sentada sobre una cama, con una hoja de papel entre las manos.
Era un papel delgado.
Tan delgado que resultaba absurdo pensar que algo tan pequeño pudiera contener una noticia capaz de cambiarlo todo.
Lo leyó nuevamente.
El diagnóstico.
Las palabras que había intentado evitar.
La cantidad aproximada de tiempo que le quedaba.
Pocos días.
Ella permaneció en silencio durante unos segundos.
Luego soltó una pequeña carcajada.
—Qué mala suerte.
[¿En serio? ¿Después de todo lo que he sobrevivido, esto es lo que me va a tumbar?]
No lloró.
No gritó.
No preguntó por qué a ella.
Simplemente dejó el papel sobre la cama y miró hacia la ventana.
Había vivido como había querido.
Había amado, reído, peleado, cometido errores y defendido a quienes consideraba importantes.
Y ahora iba a morir.
Bueno...
¿Qué podía hacer al respecto?
Nada.
Así que decidió disfrutar hasta el último día.
Nadie de sus amigos sabía la verdad.
Cuando hablaba con ellos, seguía siendo la misma de siempre.
La mujer ruidosa.
La que hacía bromas.
La que se metía en problemas.
La que no dudaba en enfrentarse a cualquiera cuando alguien necesitaba ayuda.
La que sus amigos llamaban cariñosamente una fiera.
Y ella prefería que la recordaran así.
Como una mujer que había vivido con fuerza.
No como alguien consumiéndose lentamente en una cama de hospital.
No quería sus miradas llenas de lástima.
No quería que sus amigos lloraran frente a ella.
No quería escuchar frases como "todo estará bien" cuando ambas partes sabían que no era cierto.
Mucho menos quería que la recordaran débil, triste y desarreglada.
Así que incluso cuando su cuerpo comenzó a fallarle, ella siguió siendo ella.
Hasta el último momento.
El día que finalmente tuvieron que hospitalizarla porque su cuerpo ya no respondía como antes, apenas pudo mover los brazos.
Una enfermera entró para revisarla y se quedó mirándola.
Ella respiró con dificultad.
—Oiga...
—¿Sí?
—¿Me puede maquillar?
La enfermera parpadeó.
—¿Qué?
Ella hizo un esfuerzo por levantar una ceja.
—Que me maquille.
—¿Ahora?
—Sí, ahora.
La enfermera intentó contener una sonrisa.
—¿Y para qué quieres maquillarte si hoy solo debes descansar? Lo siento, pero no puedes salir del hospital.
Ella la miró con absoluta seriedad.
⸺Sé que voy a morir, y por favor no me mire asi..
La enfermera la miro sorprendida en sus años de experiencia no habia conocido a nadie asi.
—Porque si me voy a morir, quiero irme bien arreglada.
La enfermera soltó una risita.
Entonces ella agregó, con una sonrisa descarada..
—Quiero irme pa'l otro mundo, bien perra, bien diva.
La enfermera no pudo contenerse y comenzó a reír.
Ella también.
Durante unos minutos, aquella habitación dejó de parecer un lugar triste.
Las otras enfermeras que escucharon la conversación se acercaron, curiosas, y terminaron riéndose con ellas.
—Esta mujer...
—¡Pero si ni muriéndose pierde el humor!
—Déjenme tranquila
protestó ella, riéndose
—Una tiene estándares, seguramente me vendrán a ver, y quiero que digan wow.. ¡que estilo!
Las enfermeras rieron nuevamente.
Y finalmente, ellas hicieron lo que les pidió.
Le arreglaron el cabello.
Le maquillaron el rostro.
Un poco de base, algo de color en las mejillas, sus ojos cuidadosamente delineados y los labios pintados.
Ella se miró en el pequeño espejo que le acercaron.
Su cuerpo estaba agotado.
Su rostro estaba pálido.
Pero sus ojos seguían siendo los mismos.
Vivos.
Desafiantes.
Orgullosos.
Sonrió.
[Así está mejor.]
Una de las enfermeras acomodó las sábanas y le preguntó si necesitaba algo más.
Ella negó lentamente con la cabeza.
—No.
Miró hacia la ventana.
Afuera, el mundo continuaba como si nada.
La gente caminaba.
Los autos pasaban.
Alguien seguramente estaba discutiendo por una tontería.
Alguien estaría enamorándose.
Alguien estaría riendo.
La vida continuaba.
Y ella, por primera vez, sintió que no tenía nada más que pedir.
Había vivido.
Había sido feliz.
Había sido un desastre muchas veces.
Había llorado.
Había amado.
Había defendido a otros.
Había golpeado a un idiota que definitivamente se lo merecía.
Y había reído muchísimo.
Cerró los ojos.
Una última sonrisa apareció en sus labios.
[Qué vida tan loca...]
Su respiración se volvió cada vez más lenta.
Los sonidos de la habitación comenzaron a alejarse.
Las voces se volvieron distantes.
El mundo perdió sus colores.
Y finalmente...
Todo se volvió oscuridad.
Dos bombas sexuales🤭👏👏