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EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

Status: Terminada
Genre:Completas
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Claudia (26 años) es la implacable CEO de Índigo Gastronómica, un imperio culinario de más de cien restaurantes. Para ella, el amor es una pésima inversión con retorno negativo; prefiere los negocios limpios y los encuentros carnales sin ataduras. Héctor (30 años) es el arrogante y codiciado líder de una constructora multimillonaria, un mujeriego empedernido convencido de que jamás sentará cabeza.
Ninguno imaginó que una fría traición familiar los encerraría en un crucero de lujo por las Bahamas. Tras una noche de alcohol, juego y choques de ego, despiertan con una resaca monumental y una farsa legal: están casados ante la ley internacional por un plan maquiavélico de sus padres.
Incomunicados en alta mar, firman una tregua para salvar sus acciones. Pero de regreso a la ciudad, la convivencia forzada en el ático, un rival desquiciado buscando venganza y un inesperado embarazo de esa noche salvaje destruirán todas sus reglas. ¿Podrá el orgullo resistir al deseo?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 17. LA ENTREGA DE LAS ARMAS

El trayecto de regreso en el Mercedes negro fue completamente diferente a todos los anteriores. Ya no había discusiones, ni un silencio cargado de hostilidad. Había una vibración nueva, profunda y densa, que hacía que mis manos temblaran levemente sobre el vestido azul medianoche. Héctor no había soltado mi mano derecha en todo el camino. Sus dedos largos mantenían un agarre firme y protector, dándome una seguridad que jamás pensé recibir de un hombre.

Cuando el ascensor privado nos dejó en el vestíbulo del ático, entramos en silencio. Me quité los tacones de aguja con un suspiro de alivio, dejándolos a un lado de la entrada. Héctor se quitó la chaqueta del esmoquin, la arrojó sobre uno de los sofás de cuero y se aflojó la pajarita negra, mirándome con esos ojos grises que seguían fijos en mí, esperando a ver cómo reaccionaba mi orgullo tras el colapso en la fiesta.

Caminé directamente hacia mi habitación de invitados, pero no para escondirme. Abrí el cajón de la mesita de noche, aparté los informes financieros de Índigo y tomé la pesada llave vintage de hierro forjado que él me había dejado días atrás. Regresé al salón principal, donde Héctor me esperaba apoyado en la barra de granito.

Me detuve a un paso de él. Le tomé la mano derecha, abrí su palma y deposité el frío metal negro de la llave en el centro de su mano. Luego, cerré sus dedos sobre ella.

—Gracias, Héctor —susurré, mirándolo directamente a los ojos, dejando caer por primera vez todas mis barreras de CEO—. No solo por frenar a Richard, sino por recordarme quién soy. Llevo años construyendo una muralla de hierro para que nadie note a la chica insegura del pasado, pero hoy... hoy me sostuviste cuando sentí que me caía. Un hombre que se viste por los pies, eso fue lo que demostraste ser. Aquí tienes tu llave. Ya no hay jaulas entre nosotros, Héctor. He decidido confiar en ti.

Héctor miró la llave vintage en su mano y luego me miró a mí. Una sonrisa lenta, desprovista de cualquier burla o arrogancia, apareció en su rostro. Era una sonrisa llena de una ternura tan genuina que me derritió por dentro. Guardó la llave en el bolsillo de su pantalón de sastre y dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que su respiración rozó mi frente.

—No tienes que agradecerme nada, Claudia —dijo con su voz profunda, rodeándome la cintura con suavidad, atrayéndome hacia su pecho caliente—. Nadie vuelve a pisotearte mientras yo esté cerca. Eres mi mujer, y no voy a permitir que un fantasma del pasado intente apagar la luz de la fiera más brillante que he conocido. Si abriste la jaula, prepárate, porque no pienso dejarte ir.

Nos quedamos abrazados en mitad de la penumbra del ático, escuchando el latido de nuestros corazones compasados. El matrimonio de papel empezaba a teñirse de un amor real, un pacto forjado no por las leyes de los hombres, sino por el respeto y la piel.

Mientras tanto, a cuarenta pisos de abajo, en la penumbra del estacionamiento subterráneo del Palacio de Cristal, el ambiente era muy diferente.

Richard caminaba a pasos agigantados hacia su coche, con el rostro completamente desfigurado por la rabia, la humillación y el alcohol. Se aflojó la corbata con un tirón tan violento que rompió uno de los botones de su camisa. El eco de los murmullos y las risas de los empresarios que habían presenciado su humillación pública seguía resonando en sus oídos como una burla insoportable. Héctor de la Vega lo había rebajado a la nada frente a los inversores que tanto necesitaba para salvar su propia empresa de consultoría. Y Claudia... Claudia lo había mirado con una lástima que le quemaba las entrañas.

Golpeó el capó de su auto con el puño cerrado, soltando un grito de pura frustración que resonó en las paredes de concreto del estacionamiento.

—¡Maldito seas, de la Vega! ¡Maldita seas tú también, Claudia! —bramó entre dientes, sus ojos inyectados en sangre fijos en la oscuridad—. ¿Se creen intocables porque tienen un imperio de restaurantes y una constructora? Se creen que han ganado. Pensaban que me iba a quedar de brazos cruzados mientras me arrastraban por el suelo de esa gala.

Richard sacó su teléfono del bolsillo con manos temblorosas y buscó un número de contacto que tenía guardado bajo el nombre de "Contactos Ocultos". Era el número de un ex-proveedor de carne que Claudia había despedido y demandado el año pasado por intentar estafar a las sedes norte de Índigo Gastronómica, un hombre con tanto resentimiento hacia ella como él mismo.

Escuchó el tono de llamada mientras subía a su auto y cerraba la puerta con un golpe violento. Al tercer tono, una voz áspera respondió al otro lado del auricular.

—¿Hola?

—Soy Richard —dijo, su voz saliendo como un susurro cargado de veneno—. Sé que odias a Claudia tanto como yo. Y sé que tienes información confidencial sobre las rutas de distribución de sus restaurantes. Quiero proponerle un negocio. Vamos a hundir Índigo Gastronómica desde los cimientos. Voy a hacer que esa maldita arrogante me ruegue de rodillas que la perdone, y voy a arrastrar el apellido de los de la Vega por el lodo. Esto no se va a quedar así. Les juro por mi vida que me las van a pagar todas juntas.

Cortó la llamada, arrojó el teléfono en el asiento del copiloto y encendió el motor del coche, acelerando a fondo para salir del estacionamiento hacia la noche de la ciudad. El villano de nuestra historia acababa de firmar un pacto oscuro, un plan de venganza que amenazaba con desatar una tormenta perfecta sobre el recién nacido romance del ático.

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Doris Torre
excelente novela 👍
Faby Mena
Estoy impresionada por la escritura y trama de esta novela. muchas felicitaciones.
Isabella Varela
EXCELENTE NOVELA ,FELICITACIONES A LA AUTORA, BUENA TRAMA ,SIN EXCESO DE VIOLENCIA ,PERSONAJES MUY RECURSIVOS ( PROTAGONISTA)
Violette Hernandez
jajajaja eso les paso por calientes y con el ego inflado
Violette Hernandez
interesante 🤔🧐 aunque ella ya es ceo de sus restaurantes y él aunque es ceo la empresa y negocios son de su padre, una desventaja 😌
Graciela Zugarramurdi
Muy linda novela,espero ansiosa los proximos capitulos ,incluido el final
EM
que bello🥰
Perla Arbos
Excelente historia!!!. Felicitaciones!!!
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