Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
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Capitulo 16: No me mientas
—No puedes seguir ocultando cosas.
La voz de Seo-yeon sonó más seria de lo que Ji-ho esperaba.
Estaban sentados frente al río, después de haber hablado sobre la fotografía.
Ji-ho la miró.
—Lo sé.
—Entonces dime qué está pasando.
Él bajó la mirada hacia sus manos.
—Mi padre sabe más de lo que dice.
—¿Sobre tu madre?
—Sí.
—¿Y sobre mi padre?
Ji-ho asintió.
—También.
Seo-yeon respiró profundamente.
—¿Crees que nuestros padres hicieron algo malo?
—No lo sé.
—¿Y por qué siento que todos saben algo menos nosotros?
Ji-ho sonrió con tristeza.
—Porque probablemente sea así.
Seo-yeon se quedó callada.
Después apoyó su cabeza sobre su hombro.
—Entonces lo descubriremos.
Ji-ho giró ligeramente hacia ella.
—¿No tienes miedo?
—Sí.
—¿Y aun así quieres seguir?
—Sí.
Él tomó su mano.
—Gracias.
—No me agradezcas todavía.
—¿Por qué?
—Porque si descubro que me estás mintiendo, voy a ser la primera en irme.
Ji-ho sintió un peso en el pecho.
La mentira de la apuesta volvió a aparecer en su cabeza.
—No quiero perderte.
Seo-yeon levantó la mirada.
—Entonces no me pierdas.
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Al día siguiente, los rumores habían aumentado.
Alguien había publicado otra fotografía de ellos.
Esta vez estaban tomados de la mano.
Min-ah abrió los ojos al verla.
—Ahora sí, todo el instituto cree que son pareja.
Seo-yeon suspiró.
—Ni siquiera sé qué somos.
—¿Y él?
Seo-yeon sonrió.
—Tampoco.
—Entonces pregúntale.
—No es tan fácil.
Min-ah la miró con complicidad.
—Te gusta.
Seo-yeon se quedó callada.
—¿Verdad?
—Quizás.
—Eso significa que sí.
Seo-yeon de río.
—No sé qué siento todavía.
Pero en el fondo sabía que algo estaba cambiando.
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En el patio, Ji-ho hablaba con Min-jae y Do-yun.
—¿Ya se lo dijiste? —preguntó Min-jae.
—No.
—¿Hasta cuándo piensas esperar?
—No lo sé.
Do-yun negó con la cabeza.
—Esto va a explotar.
Ji-ho lo sabía.
La apuesta había comenzado como un juego.
Ahora se había convertido en algo mucho más serio.
—Voy a terminarla —dijo finalmente.
Min-jae lo miró sorprendido.
—¿Qué?
—La apuesta.
—¿Estás seguro?
Ji-ho asintió.
—Sí.
—¿Y el dinero?
—No me importa.
Min-jae permaneció callado.
—Entonces hazlo antes de que sea demasiado tarde.
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Esa tarde, Ji-ho buscó a Seo-yeon.
La encontró en las escaleras.
—¿Podemos hablar?
Ella asintió.
Ji-ho se sentó a su lado.
—Tengo algo que decirte.
Seo-yeon lo miró.
—Te escucho.
Él respiró profundamente.
—Cuando nos conocimos...
Se detuvo.
Su teléfono comenzó a sonar.
Era su padre.
Ji-ho rechazó la llamada.
Volvió a mirar a Seo-yeon.
—Continúa —dijo ella.
—Hay algo que...
El teléfono volvió a sonar.
Esta vez Ji-ho apagó el dispositivo.
—No importa.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Él tomó su mano.
—Solo quería decirte que eres importante para mí.
Seo-yeon sonrió.
—Tú también eres importante para mí.
Ji-ho sintió una mezcla de felicidad y culpa.
Había estado a punto de confesarlo.
Pero todavía no podía.
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Esa noche, Ji-ho recibió una llamada de Min-jae.
—¿Dónde estás?
—En casa.
—Ven afuera.
—¿Por qué?
—Encontré algo.
Ji-ho salió.
Min-jae le entregó un sobre.
—Lo encontré entre las cosas de mi padre.
Ji-ho lo abrió.
Dentro había una copia de un informe del accidente.
Leyó las primeras líneas.
Después se quedó completamente quieto.
—¿Qué pasa? —preguntó Min-jae.
Ji-ho levantó la mirada.
—Este informe fue modificado.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque aquí aparece el nombre del conductor.
Min-jae miró el documento.
—¿Quién?
Ji-ho tragó saliva.
—Alguien borró su nombre.
—¿Y eso qué significa?
Ji-ho observó la fecha.
—Que alguien falsificó el informe después del accidente.
Entonces encontré una segunda hoja escondida.
En ella aparecía una anotación escrita a mano:
“El único testigo que queda es Ha-rin.”
Ji-ho sintió un escalofrío.
Ahora entendía por qué Ha-rin tenía tanto miedo.
Y también comprendí que, si quería descubrir la verdad, primero tendría que encontrarla.