NovelToon NovelToon
ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Héroes / Venganza / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Pólux es un dios inmortal del Olimpo. Cástor, su hermano gemelo, es mortal y vive entre humanos. Desde que fueron separados, solo tienen un pacto: una vez al mes deben encontrarse bajo el árbol que ambos consideran sagrado.

Pero un día, Cástor no aparece.

Pólux siente que el vínculo que los une está herido y desciende a la Tierra. Lo encuentra inconsciente en un hospital, víctima de años de humillaciones, abusos y una conspiración que casi le cuesta la vida.

Entonces toma su lugar en la academia humana.

Nadie sospecha que el estudiante que regresó no es Cástor.

Es Pólux.

Y mientras descubre quién destruyó a su hermano, los culpables aprenderán demasiado tarde que meterse con un mortal es una cosa…

metérsete con el hermano de un dios es otra.

Porque Cástor podía perdonarlos.

Pólux no.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL QUE VOLVIÓ NO ES ÉL

La mañana llegó gris y fría. Pólux se detuvo frente al espejo del cuarto que su hermano habitaba. La imagen que le devolvía el cristal no era la de un dios olímpico con túnica blanca y corona de laurel. Era Cástor.

El mismo rostro sereno, el mismo cabello oscuro un poco desordenado, el mismo lunar en la mandíbula izquierda que solo ellos dos conocían. Llevaba la ropa que Cástor usaba siempre: camisa oscura, pantalón vaquero desgastado y una mochila azul llena de cuadernos y lápices. Si alguien lo veía pasar, juraría que era el mismo chico de siempre.

Pero Pólux no era Cástor.

Al mirarse a los ojos, la dulzura y la timidez de su hermano habían desaparecido. En su lugar ardía una luz dorada, contenida, pesada como una tormenta a punto de estallar.

—Perfecto —murmuró para sí mismo, ajustándose la postura—. Ahora soy él.

Salió de la habitación y bajó las escaleras. En la sala lo esperaban los que decían ser sus padres adoptivos: Elena, de mirada fría y gesto severo, y Javier, que miraba el reloj con impaciencia, como si cada segundo a su lado fuera una pérdida de tiempo. No se acercaron para abrazarlo. No preguntaron cómo se sentía tras haber estado a punto de morir.

—Llegas tarde —dijo Elena, sin levantar la vista de su móvil—. No hagas esperar al director.

Pólux se detuvo en el último escalón. Su voz fue suave, igual que la de Cástor, pero tenía un peso que hizo que ambos se quedaran inmóviles.

—¿Me habéis esperado? —preguntó—. Pensé que no os importaba si llegaba o no.

Javier frunció el ceño, molesto.

—No hables así. Somos tus padres.

—¿Lo sois? —Pólux dio un paso hacia ellos—. ¿Lo erais cuando volvía a casa con las ropas rotas y no preguntabais qué me había pasado? ¿Lo erais cuando pasaba horas encerrado aquí sin que nadie me dirigiera la palabra? ¿O solo sois mis padres cuando os conviene serlo?

Elena se puso de pie, con la cara roja de indignación.

—Cómo te atreves… Nosotros te dimos un techo, comida, educación…

—Me disteis lo justo para no sentiros culpables —la interrumpió él, sin alzar la voz—. Y nada más.

El silencio cayó sobre la sala. Ninguno de los dos supo qué responder. Estaban acostumbrados a que Cástor bajara la cabeza, a que aceptara los insultos y el desprecio sin decir nada. Este chico que tenía su rostro… no era el mismo.

—Vámonos —dijo Pólux, pasando entre ellos como si fueran muebles—. No quiero hacer esperar al director.

Llegaron a la academia Mont Horton. El edificio era imponente, de paredes grises y ventanales grandes, lleno de estudiantes que hablaban y reían sin saber que un dios caminaba entre ellos. Al entrar, el ruido se apagó poco a poco. Cástor —o quien tenía su rostro— había estado a punto de morir al caer de la azotea. Todos lo daban por muerto. Y ahí estaba, caminando por el pasillo principal, erguido, con una calma que no era normal.

Al fondo, apoyados contra las taquillas, estaban los tres que lo habían empujado al límite: Morton, Ricardo y Álex. Se quedaron quietos al verlo. Morton soltó una risa burlona, aunque su voz temblaba un poco.

—Mira quién volvió —dijo, acercándose—. El fantasma del piso de arriba. ¿Ya se cansó de fingir que estaba muerto?

Pólux se detuvo. No miró a los demás. Solo miró a Morton a los ojos.

—No fingí nada —respondió con calma—. Pero pronto desearás que hubiera permanecido muerto.

La respuesta fue tan fría, tan ajena al chico que conocían, que los tres se quedaron sin palabras. Pólux siguió caminando, sin esperar su reacción. Los estudiantes se apartaban a su paso, como si una sombra pesada lo acompañara. Nadie se atrevía a hablar. Nadie entendía qué había cambiado. Pero todos sentían lo mismo: el chico débil ya no estaba. Y lo que había venido en su lugar… era mucho más peligroso.

Pólux llegó a la puerta de la dirección, se detuvo un instante y miró hacia el cielo, como si hablara con alguien que no estaba allí.

—Descansa, hermano —susurró—. Ahora yo me encargo.

Entró. La puerta se cerró tras él.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play