Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.
Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.
Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.
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Capítulo 24
Gio
Después de dar un ultimátum para que Mia dejara nuestros territorios, sentí que la confianza de mis compañeros aumentaba.
Sin embargo, sentí que algo estaba extraño, algunos parecían aéreos e incluso yo me sentía perdiendo la concentración.
Tenía el instinto de desconfiar de cualquier reacción adversa, en las calles comí cosas dudosas cuando estaba con hambre, cosas que me hicieron mal y cualquier reacción diferente ya me dejaba en alerta.
Esa desconfianza me hizo ir al hospital y pedir algunos analgésicos fuertes, el entrenamiento en la mafia me enseñó eso, analgésicos fuertes podrían cortar el efecto de sedantes.
Tomé y entregué para algunos compañeros, después les di las instrucciones de cómo actuar.
En seguida, fui hasta el apartamento de Mia y la busqué.
—Mia, yo nunca te desterraría de verdad, yo le prometí a tu hermano que cuidaría de ti. Ven conmigo, voy a mantenerte segura.
Me quedé observando la reacción de ella y ella no conseguía mirar en mis ojos, como imaginé, ella está actuando bien extraño.
La ayudé con las cosas de ella y la llevé para mi apartamento.
—Mira, quédate a gusto aquí, yo solo voy a mantenerte encerrada para que ningún hombre te vea. ¿Entendiste, no es? Entiende que yo hice aquello contigo solo para conquistar la confianza de ellos.
—¿Tú realmente no estás con rabia?
—No estoy, tú eres como una hermanita para mí y yo siempre voy a cuidar de ti. —hice una caricia en la cabeza de ella, así como yo hacía en el pasado.
—¡Qué bueno que me perdonaste, Gio! Yo estaba desesperada. —ella me abrazó y yo sentí mi cuerpo quedar rígido, pero me contuve y di algunos toquecitos leves en la espalda de ella.
—Todo lo que necesites será entregado aquí, es solo enviarme mensaje. No te preocupes, cerré las puertas solo para que nadie te vea por aquí, cuando yo me torne Don, no necesitará más esconderse.
—Pero tú dijiste… —ella me miró desconfiada — Tú hablaste que la Donna sería Savanna.
—Sí, Savanna será la Donna. Pero ella es obsesionada por mí, ella va a aceptarte. Ahora déjame dormir, estoy sintiéndome muy soñoliento, creo que he trabajado demasiado.
Fui para mi cuarto inmediatamente, antes que ella hiciera más preguntas y yo acabase teniendo que inventar más mentiras.
Cerré la puerta y sabía, ella no iría a desconfiar, ya que desde que ella intentó besarme yo ya estaba cerrando la puerta de mi cuarto. Y sobre salir de aquí, espero que ella no desconfíe que está cerrada de verdad, pero si desconfía, aun así no va a atreverse a salir, ella está en nuestros territorio y los hombres saben que ella es una mujer desterrada. Si alguien la encuentra, ella sabe que puede sufrir las consecuencias.
Después de encerrarme en el cuarto salí por la ventana y fui para nuestra central, donde Ferdinando estaba esperándome.
—¿Y entonces? ¿Alguien apareció?
—Sí, aparecieron algunos hombres intentando infiltrarse, pero gracias a tus analgésicos los hombres quedaron en alerta y los agarraron.
—¡Ótimo! Vamos a mantener eso en secreto. ¿Ya reunió los hombres que pedí?
Ferdinando asintió brevemente y apuntó para la sala de reuniones.
Miré para aquellos hombres corajudos, dispuestos a dar la vida por la mafia De Luca y sentí algo diferente en el pecho, orgullo de trabajar con ellos.
—Señores, lo que Ferdinando dijo es verdad. Será una misión suicida. Yo necesito probar si Mia es realmente una traidora entre nosotros y si ella lo es, ella va a delatarnos. Entonces los Santinnis estarán preparados para recibirnos. Pero esa misión es esencial para derrotar de vez a los Santinnis, ustedes saben el plan.
Los hombres se entremiraron y después miraron para mí.
—Gio, pero si es una misión suicida, ¿porque tú también vas?
—Porque yo coloqué a ustedes en eso. No puedo ser un cobarde y esconderme mientras la vida de ustedes puede ser tomada.
—¿Pero y el resto del plan?
—El plan continua. Yo soy un soldati De Luca, así como ustedes. Fui entrenado para ser una herramienta para la mafia. Si algo acontece conmigo, seré substituido. Ya dejé todo el plan detallado con Ferdinando, va a dar cierto.
Una tensión estaba en el aire, pero yo estaba cierto de eso. Si Mia estaba enviando informaciones para los Santinnis e incluso intentó darnos sedativos para conseguir libertar a Donatello, la culpa era mía y yo tenía que arreglar eso, ni que fuese usando mi sangre.
En el día siguiente intenté actuar como si estuviera derrotado y desesperado.
—¡Mia, algo aconteció! Estamos acabados, los Santinnis libertaron a Donatello. Alguien nos traicionó.
Ella abrió los ojos y pareció un poco nerviosa.
—¿Quién podría traicionar? ¿Todos los soldatis no son muy leales? Parece que esa lealtad era mentira.
—Sí, realmente. Por eso junté solo los hombres de más confianza y pedí para que ellos invadiesen el Puerto de cargas de drogas. Si conseguimos ese Puerto, estaré más próximo de traer a Savanna de vuelta. Ellos irán para allá esta noche y voy a pasar la noche en vigilia. No me llames.
Salí, con una sonrisa sarcástica en el rostro. Mencioné a Savanna solo para probarla. Si ella era realmente la informante, no iría a resistir a la chance de intentar estropear mis planes de traer a Savanna de vuelta.