Luciana Sandoval dio sus ojos para que Kael no perdiera el trono el reino y este prometió amarla. Pero, con la llegada de Eloisa al palacio, la vida de Luciana cambia y Kael siempre esta de lado de Eloisa.
Y lo peor de todo, es cuando Luciana, es abandonada en el bosque por Kael despues de ser inculpada por Eloisa y encuentra su final al caer por un acantilado, pero, no todo acaba ahí, porque, otra alma posee el cuerpo de Luciana y aunque no pueda ver, logra salir del bosque, siendo salvada por una bruja quien la lleva a la mansión del rey Vampiro, Ceres Valentine, el cual, siente una curiosidad por Luciana, al notar que su ceguera, no la vuelve una mujer débil, y justo por esto, le propone casarse con él, así, su abuela no lo seguirá presionando y él, la ayudará a obtener la venganza que ella busca en nombre de la verdadera Luciana.
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Capitulo 15- Rose...
Al anochecer, llegaron a Rose, donde los sirvientes salieron a recibir la llegada de Ceres, todos estaban acomodados en dos filas y al ver bajar al albino, hicieron una reverencia. Ceres tras bajar, sujeto la mano la Luciana para ayudarla con los escalones. Ella lleva puesta una capa que con la oscuridad cubre parte de su rostro.
Los sirvientes se miran entre si, sorprendidos por la presencia de aquella persona que había bajado de la mano del rey. Elias camina tras pareja, y se detiene antes de entrar.
—lleven todas las maletas a la habitación de su majestad.— ordena Elias.
Los sirvientes obedecen de inmediato, mientras que Ceres guía a Luciana hacía su habitación. Al entrar, esta era casi del doble de tamaño a la que ocupa en el mansión del campo. Luciana se quita la capa y camina con cuidado hasta llegar a la cama donde toma asiento.
Poco después tocan a la puerta, siendo los sirvientes quienes entrar a la habitación para dejar las maletas y notan a la pelirroja sentada en la cama del rey. Apenas salen de la habitación, empiezan a murmurar entre si, preguntándose quien era la joven.
—ellos ya hablan...— comenta Luciana.
—eso esta bien, quiero que mi abuela se enteré esta misma noche.— responde Ceres.
—solo espero no venga a interrumpir mi sueño.—
Luciana se quita los zapatos y se pone de pie para quitarse el vestido, sin importar que Ceres observe como queda solo con un camisón, total, el albino ya vio de más la noche de la boda. Y si, Ceres no perdió detalle al ver a su esposa en paños menores, pero no dijo nada, solo disfruto la vista.
Al otro lado del palacio, la noticia llegó a oídos de la abuela reina, el rey había regresado, pero, los sirvientes vieron a una mujer en su habitación.
—¿una mujer?, ¿quien es?, ya he elegido a su futura esposa, no puede traer a nadie.— grita la anciana.
—no dijo nada su majestad...pero, incluso sus maletas fueron dejadas en la habitación de él.— responde la doncella.
—aunque sea tarde ve, dile a mi nieto que quiero verlo.— ordena la mujer mayor.
Pero, minutos después la doncella regreso sin el albino, solo le dio el mensaje de este, y era que, si quiere verlo será hasta la mañana porque esta cansado y quiere dormir. Por supuesto la anciana estaba furiosa.
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En la habitación de Ceres, este, lejos de dormir, estaba ocupado en otra cosa, y es que había tenido que aguantarse durante todo el viaje. Y ahora, estaba ahí en la cama, disfrutando se sentir y ver como Luciana mueve las caderas encima suyo, la joven sabía como hacerlo disfrutar, causando que dejará escapar un jadeo al sentir como lo recibía el interior de la pelirroja, mientras sus manos se ocupaban de amasar esos redondos glúteos, ayudándole con el ritmo de sus movimientos.
—manzanita...eres exquisita...— murmura.
Ceres se queja cuando Luciana clava las uñas en su pecho.
—no lo arruines usando ese apodo.— se queja la pelirroja.
—pero te queda bien...—
Apretó con fuerza el trasero de la joven y empujo hacía arriba hundiéndose en ella con fuerza, lo que hizo que la pelirroja dejará escapar un jadeo. Ceres continua con ese movimiento, siguiendo el ritmo de Luciana. Ambos sentían el placer recorrer sus cuerpos, las estocadas eran profundas, aumentando el placer en sus cuerpos hasta que, alcanzan el clím*x.
Por supuesto, eso era solo el inicio de la noche, porque, Ceres cambió de posición, empujando a Luciana sobre la cama y comenzó a moverse de nuevo entre sus piernas, Luciana se aferra a la sábana, arqueando la espalda por la descarga de placer que recorre su cuerpo tan pronto empiezan los movimientos debido a su sensibilidad de el recién alcanzado clím*x. Luciana no pudo contener su voz, dejaba salir sus gem*dos en cada estocada, su cuerpo se estremecía ante el movimiento en su interior y al sentir el cosquilleo en su piel cuando Ceres se inclino para saborear sus sen*s. Una dos, y más estocadas, hasta alcanzar de nuevo el extas*s del placer.
Ya en la madrugada, Luciana dormía con la respiración aun algo agitada. Ceres quien aun no concilia el sueño, observa el rostro de la pelirroja, aun con la venda cubriendo parte de su rostro, este no dejaba de ser hermoso. Ceres apartó un pequeño mechón que caía sobre su mejilla y sonrió. Aunque al darse cuenta de este gesto mejor apartó la mirada y se acostó dándole la espalda.
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A la mañana siguiente, Ceres acudió a la residencia de su abuela, con Luciana a su lado, al caminar por los pasillos hacía el ala de la abuela reina, todos se fijaban en la presencia de la pelirroja y notaban la venda cubriendo sus ojos.
Al llegar a la sala, la anciana ya estaba sentado en el sofá, degustando del té de la mañana. Ceres saludo haciendo una leve inclinación ante la mujer, y pudo notar que la anciana estaba acompañada de una joven, y otra mujer mayor.
—que bueno que has vuelto, justo a tiempo. Esta es la marquesa Diane Duval y su hija, la señorita Celia Duval. La señorita ha demostrado gran educación, así que he de...
—saludos señorita, señora.— interrumpe Ceres.— Ceres Valentine...— toma la mano de Luciana.— ella es la señorita Luciana Sandoval, hija del duque Sandoval de Holwin, mi esposa.
Luciana sonríe por cortesía y hace una reverencia.
—un gusto conocerla, abuela reina.— saluda con amabilidad.
La mujer anciana se sobresalta al escuchar la presentación y la marquesa mira confundida a la abuela reina, mientras que Celia aprieta las manos en su vestido.
—¿que significa esto, majestad?— pregunta la marquesa dirigiéndose a la abuela reina.— usted aseguro que mi hija sería la esposa del rey.
—¡Ceres!, ¿como que esposa?, ¿esa mujer?— señala a Luciana.—¿de que tontería estas hablando?, no puedes bromear...ya he decidido que te casaras con la señorita Duval.
—abuela, usted insiste cada año que yo me case, y se enoja porque no lo hago, pero ahora que lo he hecho, también se enoja.— se defiende el albino.
—porque te has casado con quien sabe que mujer...— observa a Luciana.— ¿porque trae eso en los ojos?
—abuela, hablemos, sin intrusos.— Ceres les dirigió una mirada afilada a las dos Duval.— salgan.
—pero...su majestad yo...
Celia quería intervenir.
—que se vayan.— ordena con firmeza.
Las dos mujeres tuvieron que salir acompañadas por las doncellas. Ceres dio un paso sin soltar la mano de Luciana y la hizo sentarse en el sofá individual.
—como dije abuela, me he casado, con quien yo he elegido. Esa señorita no tiene oportunidad.— asegura Ceres.
—no lo aceptó...además...una licantropo...y eso en sus ojos...
—soy ciega, perdí mi vista por ayudar a quien no lo merecía, pero, eso no impide que lleve una vida normal.— responde Luciana con calma.
—¿ciega?, ¿como podrías llevar una vida normal así?, ¿y cuando tengas hijos?, no puede una ciega llevar la corona de reina.— niega la anciana.
—abuela, yo mejor que nadie, conozco las capacidades de mi esposa. Y esa señorita Duval, ni en belleza la supera.— responde Ceres.
—tú...no...no lo aceptó. Ya hice el compromiso con el marques Duval, no puedo faltar a mi palabra.—
—y yo, no puedo separarme de mi esposa, nos unimos con un pacto de sangre.—
Ceres levanta la mano y en su dedo anular brilla aquella marca roja. La anciana casi salta al ponerse de pie.
—¿que has hecho?, un pacto de sangre te une de por vida...acabas de arruinar tu vida...— mira a Luciana.— tú...tú eres la causante.
Luciana solo se encoge de hombros.— yo no fui quien sugirió el pacto, fue, su majestad quien quiso casarse de esa forma como prueba de su amor por mi.— sujeto la mano del albino.
Y la anciana noto algo de inmediato, Luciana sujeto la mano de Ceres de inmediato, sin tantear primero buscando, como lo haría una persona ciega. La anciana observa de nuevo a la pelirroja, preguntándose si no solo es una actuación para molestarla.
—es como ella dijo abuela. Yo quise el pacto...quería demostrarle, que yo si estoy dispuesto a vivir a su lado por siempre.—
Ceres se inclina un poco besando el dorso de la mano de la pelirroja. La anciana solo estaba en silencio, aun molesta por la noticia que acababa de recibir y preocupada por como le explicará todo al marques Duval.
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