reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Episodio 1: La muerte que cambió mi destino
Lucía siempre había vivido una vida sencilla, de esas que no llaman la atención pero que, en el fondo, tenían una paz que muchos envidiarían, creció en un pequeño pueblo rodeado de campos, donde el trabajo era duro pero honesto, donde el sol marcaba el ritmo del día y la tierra respondía solo a quienes sabían entenderla, y ella… la entendía muy bien, desde pequeña aprendió a sembrar, a cosechar, a cuidar cada detalle, y con el tiempo su cuerpo se volvió fuerte, resistente, aunque su apariencia seguía siendo hermosa, con su cabello rosado atado sin mucho cuidado, ojos verdes llenos de vida y una piel suave que contrastaba con el esfuerzo diario.
Muchos hombres la miraban, claro que sí, pero no como una mujer con la que quisieran casarse, sino como alguien difícil, alguien que hablaba directo, que no se comportaba como esperaban, alguien a quien llamaban “marimacho” sin mucho disimulo, pero a ella nunca le importó demasiado, no era alguien que necesitara validación, vivía tranquila con sus padres, trabajaba, ayudaba en casa y por las noches se perdía en lo único que realmente la sacaba de ese mundo: los libros.
Le gustaban las historias románticas, pero no las típicas, le gustaban las que dolían, las que terminaban mal, las que mostraban hasta dónde podía llegar una persona por amor, y entre todas esas historias hubo una que se le quedó marcada, una que terminó odiando más de lo que le gustó, “Las flores que se marchitan”, una novela donde la protagonista llevaba su mismo nombre, Lucía, pero que en todo lo demás… era completamente distinta a ella.
Esa Lucía era una marquesa que se casaba con el duque Kilian, un hombre perfecto a simple vista, cabello negro, ojos rojos, una presencia dominante que podía hacer que cualquiera se sintiera pequeño, y ella se enamoraba antes del matrimonio, ignorando incluso la advertencia de su amiga que le decía que no lo hiciera, que ese hombre ya tenía a alguien especial, su “luna blanca”, una mujer llamada Nieves, de cabello blanco, ojos rosados, una belleza que parecía irreal, pero Lucía no escuchó, pensó que podía cambiarlo, pensó que podía hacerlo amarla.
El día de la boda fue suficiente para romper esa ilusión, Kilian no la miró con amor, ni siquiera con interés, solo le dejó claro que ese matrimonio era un contrato y que no debía meterse en su vida, y aun así ella no se rindió, intentó acercarse, intentó ganarse su atención, pero solo recibió rechazo, indiferencia y humillación, hasta el punto en que una noche, desesperada, intentó forzar una situación con un afrodisíaco, creyendo que así podría al menos crear un vínculo, pero lo único que consiguió fue una bofetada y el desprecio absoluto de él.
Pasaron dos años de esa forma, dos años donde ella se fue rompiendo poco a poco, hasta que un día él apareció con una propuesta inesperada, tener un hijo, y ella aceptó, porque aún lo amaba, porque aún tenía esperanza, y esa noche, que para ella fue especial, para él no fue más que un trámite, una forma de obtener un heredero, nada más, y cuando quedó embarazada creyó que algo cambiaría, pero no fue así, el desprecio volvió, la indiferencia también, y cuando el niño nació, se lo arrebató sin dudar, llevándolo con su amante, dejándola completamente vacía.
Lo que siguió fue peor, la amante tomó su lugar, la acusaron, la expulsaron y terminó muriendo en la calle, sola, olvidada, como si nunca hubiera tenido nada.
Lucía cerró ese libro con molestia.
—Si fuera yo… jamás terminaría así.
Fue lo último que dijo sobre esa historia.
Porque al día siguiente, mientras trabajaba como siempre, no vio el tractor a tiempo, no escuchó la advertencia, solo sintió el impacto y luego… nada, oscuridad total, silencio absoluto, como si todo hubiera terminado ahí.
Pero no terminó.
Cuando volvió a abrir los ojos, el mundo ya no era el mismo, el aire era distinto, el lugar era distinto, y su cuerpo… definitivamente no era el suyo, lo primero que sintió fue una sensación extraña en el vientre, una presencia leve pero constante, algo que no pertenecía a su vida anterior, se incorporó lentamente, confundida, y al verse en el espejo lo entendió todo, cabello verde, ojos grises, piel pálida, una belleza delicada que no le resultaba familiar, y antes de que pudiera reaccionar, los recuerdos llegaron, no como fragmentos, sino completos, la vida de la duquesa, su matrimonio, su sufrimiento, su caída… todo.
—Estoy… dentro de la novela…
Murmuró con incredulidad, pero lo que la dejó sin aliento fue otra cosa, su mano bajó lentamente hasta su vientre y lo sintió con claridad.
—Dos meses…
El punto exacto donde la historia comenzaba a destruirla.
Pero esta vez…
No sería igual.