En una ciudad donde cada persona nace con un reloj invisible que marca el tiempo que le queda de vida, Akira, un joven reservado de 18 años, descubre que una misteriosa chica llamada Hana tiene algo imposible: su reloj está detenido.
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La Fotografía que No Debería Existir
Akira no regresó a casa inmediatamente después de la desaparición de Hana.
Permaneció durante largos minutos sobre el puente.
Solo.
Inmóvil.
Mirando el lugar exacto donde ella había desaparecido.
Las palabras seguían resonando en su mente.
"Por favor... no me olvides otra vez."
Otra vez.
Aquella palabra lo perseguía.
¿Por qué seguía hablando como si se conocieran desde antes?
¿Por qué sentía que cada encuentro con ella despertaba recuerdos enterrados?
Y sobre todo...
¿Por qué desaparecía cuando llegaban las siete?
Aquella noche apenas durmió.
Las imágenes iban y venían dentro de su cabeza.
Un campo lleno de flores.
Una niña corriendo.
Una risa.
Un nombre.
Hana.
Siempre Hana.
Cuando despertó, tomó una decisión.
Debía investigar.
Aunque sonara absurdo.
Aunque pareciera imposible.
Necesitaba descubrir quién era realmente aquella chica.
Después de clases fue directamente a la biblioteca municipal.
Era un edificio antiguo que guardaba registros de la ciudad desde hacía décadas.
El lugar estaba casi vacío.
Solo algunos estudiantes y ancianos ocupaban las mesas.
Akira caminó hasta el mostrador.
—Disculpe.
La bibliotecaria levantó la vista.
—¿Sí?
—¿Tienen archivos de periódicos antiguos?
—Claro.
¿De qué año?
Akira dudó.
No tenía ninguna pista.
—Hace... unos diez años, quizás.
La mujer arqueó una ceja.
—Eso es bastante amplio.
—Lo sé.
La bibliotecaria suspiró.
—Al fondo.
Sección histórica.
Pasó horas revisando documentos.
Fotografías.
Noticias.
Eventos locales.
Nada.
Absolutamente nada.
Comenzaba a pensar que estaba perdiendo el tiempo.
Entonces encontró un artículo amarillento.
Pequeño.
Escondido entre varias páginas.
Su corazón se detuvo.
"Trágico accidente en el festival de verano."
La noticia relataba que una niña había caído al río durante una tormenta repentina.
Los equipos de rescate tardaron horas en encontrarla.
No había sobrevivido.
Akira sintió un escalofrío.
Porque junto al artículo había una fotografía.
Una fotografía antigua.
Y la niña de la imagen era Hana.
El mundo pareció quedarse en silencio.
Akira observó la fotografía una y otra vez.
No podía equivocarse.
Era ella.
Más joven.
Tal vez de ocho años.
Pero era ella.
Los mismos ojos.
La misma sonrisa.
El mismo rostro.
Sus manos comenzaron a temblar.
—No puede ser...
La fecha estaba claramente impresa.
Doce años atrás.
Doce años.
Si aquello era real...
Hana debería estar muerta.
Algo llamó su atención.
En la fotografía había otra persona.
Un niño.
La imagen estaba parcialmente dañada, pero aún podía distinguirse.
Un niño de cabello oscuro.
Sonriendo junto a Hana.
Tomados de la mano.
Akira sintió un fuerte dolor en la cabeza.
Una punzada repentina.
Como si algo intentara romper una puerta cerrada dentro de su memoria.
Imágenes comenzaron a aparecer.
Fragmentos.
Pedazos de un pasado olvidado.
—¡Hana, corre más rápido!
—¡Akira, espérame!
La voz era clara.
Demasiado clara.
Akira se llevó ambas manos a la cabeza.
Respiraba con dificultad.
Aquella voz...
La había escuchado antes.
Porque era la suya.
La bibliotecaria se acercó preocupada.
—¿Te encuentras bien?
Akira se puso de pie rápidamente.
—Sí.
Debo irme.
Ahora.
Tomó una fotografía con su teléfono y salió corriendo.
Necesitaba ver a Hana.
Necesitaba respuestas.
El cielo comenzaba a teñirse de naranja cuando llegó al puente.
Por primera vez, Hana ya estaba allí esperándolo.
Como si supiera que vendría.
Ella sonrió.
Pero la sonrisa desapareció al ver la expresión de Akira.
—¿Qué ocurrió?
Sin decir una palabra, él le mostró la fotografía.
El rostro de Hana perdió todo color.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Dónde encontraste eso?
—Dime la verdad.
—Akira...
—¡Dímela!
El viento comenzó a soplar con fuerza.
Las luces de la ciudad empezaban a encenderse.
Y por primera vez desde que se conocieron, Hana parecía completamente vulnerable.
—Yo...
Su voz tembló.
—Estoy muerta.
El mundo se congeló.
Akira sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
Aunque ya lo sospechaba...
Escucharlo era diferente.
Mucho más doloroso.
—Morí hace doce años.
Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Hana.
—Y tú estabas conmigo aquel día.
Akira sintió cómo algo se rompía dentro de él.
Porque en ese instante, un recuerdo completo regresó.
Un festival.
Luces.
Fuegos artificiales.
Una tormenta.
La mano de Hana soltándose de la suya.
Y un grito desesperado.
—¡HANA!
La visión desapareció.
Pero el recuerdo permaneció.
Era real.
Todo era real.
Y entonces comprendió por qué ella había dicho aquella frase.
"¿Todavía me recuerdas?"
Porque una vez la había conocido.
Porque una vez habían sido inseparables.
Y porque él la había olvidado.
Mientras ella había esperado doce largos años para volver a encontrarlo.