NovelToon NovelToon
El Despertar De La Flor De Plata

El Despertar De La Flor De Plata

Status: En proceso
Genre:Cambio de Imagen / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Bestia
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

En un mundo salvaje donde las hembras son escasas, codiciadas y acumulan harenes de múltiples esposos para asegurar la supervivencia de la especie, Lin Mei (la antigua "hembra perezosa y fea") toca fondo tras intentar forzar al guerrero oso Boran a amarla. Al borde de la muerte tras un intento de suicidio, su cuerpo es ocupado por Mei, una brillante estudiante de agronomía y medicina alternativa del mundo moderno.

Decidida a no ser el juguete ni el parásito de nadie, Mei revoluciona la Tribu de la Roca con conocimientos de higiene, agricultura y costura. Su transformación física y mental la convierte en la hembra más hermosa y deseada del continente. Mientras rechaza los lamentos del arrepentido Boran, Mei desafía las leyes del mundo de las bestias al entregar su corazón a uno solo: Kaelen, el imponente y devoto líder de los leones, demostrando que en un mundo de poligamia, el verdadero poder radica en elegir a quién amar.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 19

La mañana del sexto sol de la Luna Blanca se levantó con una claridad engañosa. El viento furioso de los días anteriores había amainado, dejando en su lugar un frío seco y cortante que transformaba el aire en agujas invisibles al respirar. La nieve, compactada por las bajas temperaturas, crujía como vidrio molido bajo las botas improvisadas de tela y cuero que Mei había diseñado para su equipo de recolección.

A pesar del éxito de la Casa del Hilo, un problema logístico urgente acechaba los planes de la joven agrónoma: las reservas de ortiga gigante del río bajo se habían agotado casi por completo. Para mantener los telares activos y cumplir con los trueques de mantas que los cazadores de la Roca solicitaban con desespero, Mei necesitaba materia prima.

—La vaguada del sur es el único lugar protegido donde los tallos de ortiga no se han quebrado por el peso del hielo —explicó Mei, ajustando la correa de su cesta de mimbre mientras contemplaba el grupo que la acompañaría—. Está cerca del límite territorial con la Tribu del León, lo que significa que debemos movernos rápido, en silencio y sin separarnos. Sora, tú lideras la retaguardia. Nila y Maya, manténganse cerca de mí.

Maya, que se había unido definitivamente al grupo tras ver cómo la medicina de Mei salvaba a las crías de los nidos bajos, asintió con determinación. Su túnica de piel ya lucía parches de tela de ortiga en el pecho y las mangas, un símbolo silencioso pero contundente de su cambio de lealtad.

El grupo, compuesto por ocho hembras de la Roca, descendió por la ladera trasera de la colina alta, evitando la plaza central donde los guerreros de Boran intentaban desollar los restos aprovechables del mamut podrido. A medida que se internaban en el bosque bajo hacia el sur, el paisaje cambiaba; los pinos ancestrales daban paso a formaciones de piedra caliza y sauces llorones cuyos ramajes congelados parecían cascadas de cristal.

Después de una hora de marcha forzada, llegaron a la vaguada. El lugar era un microclima protegido: un hundimiento natural del terreno donde la nieve no era tan profunda y donde, efectivamente, cientos de tallos de ortiga gigante se alzaban, rígidos por la escarcha pero con sus fibras internas intactas.

—Perfecto —dijo Mei, arrodillándose y sacando su lasca de piedra afilada—. Corten desde la base, limpien las hojas secas con cuidado de no romper el tallo principal y agrúpenlas en fardos de diez. Tenemos menos de dos horas antes de que la luz del sol comience a decaer y el frío se vuelva insoportable.

Las hembras se distribuyeron por el terreno con la eficiencia de un equipo bien entrenado. El sonido del corte de las lianas y el murmullo de las conversaciones bajas rompían la quietud del bosque congelado. Mei trabajaba a la vanguardia, seleccionando las plantas cuyas fibras eran más largas y flexibles, ideales para la urdimbre de las túnicas que planeaba confeccionar a continuación.

Sin embargo, la paz del bosque no duró mucho.

Un crujido sordo proveniente de los matorrales altos de la ladera este hizo que Mei detuviera su lasca en el aire. Sus sentidos, refinados por semanas de supervivencia en este entorno salvaje, captaron una vibración extraña. No era el andar pesado de un oso ni la fluidez elegante de las patrullas de Kaelen. Era un movimiento errático, pesado y cargado de una hostilidad desesperada.

—¡Atrás! —ordenó Mei en un susurro firme, levantándose de inmediato y extendiendo un brazo para detener a Sora—. Junten las cestas y pónganse de espaldas contra la pared de piedra. Ahora.

Antes de que las recolectoras pudieran reaccionar del todo, la maleza congelada se rompió con violencia. Tres figuras colosales emergieron de las sombras del bosque. Eran machos de la Tribu de la Roca, pero no formaban parte de los cazadores respetuosos que frecuentaban la Casa del Hilo. Eran los seguidores más leales y brutales de Boran, liderados por Karg, un oso pardo tuerto cuya reputación de crueldad era conocida en toda la aldea baja.

Karg avanzó con paso pesado, sosteniendo una pesada maza de madera con puntas de piedra incrustadas. Sus ojos marrones estaban inyectados en sangre y su pelaje lucía descuidado, síntoma del hambre y el desespero que azotaba a la facción alta de la tribu.

—Vaya, vaya... miren lo que encontramos en los límites de la tribu —gruñió Karg, su aliento espeso formando una densa nube blanca—. Las traidoras del nido bajo, recolectando hierbajos mientras los verdaderos guerreros pasan hambre. Y miren a la paria... vistiendo ropas que parecen de los dioses mientras nuestra hembra principal, Talia, tiembla de frío en su cueva.

—Este territorio está bajo la protección del dictamen del jefe Gorik, Karg —replicó Mei, dando un paso al frente para cubrir a las mujeres, su Traje de Ortiga permitiéndole una postura perfectamente equilibrada—. El jefe nos otorgó el derecho de recolectar y administrar los recursos para la Casa del Hilo. Si interfieres con nuestro trabajo, violas la ley del consejo.

Karg soltó una carcajada ronca que sonó como piedras chocando. Los dos guerreros que lo acompañaban se distribuyeron en abanico, cerrando la única vía de escape de la vaguada.

—¡El jefe Gorik está viejo y chocho! —rugió Karg, golpeando el suelo con su maza—. Sus leyes no llenan nuestros estómagos ni calientan nuestros nidos. Boran nos envió a buscar comida real, y si no la hay, nos llevaremos lo que ustedes tienen. Esa cesta de ahí tiene raíces de papa. Y tú, paria... nos entregarás esa túnica que llevas puesta. Talia la quiere, y lo que los machos de la Roca quieren, lo toman por la fuerza.

—¡No la tocarás! —gritó Maya, dando un paso al frente con su estaca de madera afilada en alto—. ¡Lin Mei nos salvó de la fiebre! Si intentas robarle, toda la aldea baja se levantará contra ustedes.

Karg no respondió con palabras. Con un movimiento rápido e insultante, lanzó un revés con su enorme mano izquierda que golpeó el hombro de Maya, derribándola sobre la nieve compacta. Las hembras ciervo gritaron de terror, acurrucándose contra la pared de piedra.

Mei sintió que una oleada de fría adrenalina recorría su sistema. La negociación había terminado; estaba frente a un espécimen primitivo que solo entendía el lenguaje de la dominación física. Evaluó el terreno en una fracción de segundo: Karg era masivo, pero su ojo tuerto le restaba percepción de profundidad en el lado izquierdo, y el peso de su maza lo volvía lento en los movimientos de recuperación.

—Karg —habló Mei, su voz bajando a un tono gélido que desconcertó al guerrero—. Te di la oportunidad de retirarte. Ahora, asumirás las consecuencias de tu ignorancia.

Karg rugió, levantando su maza con ambas manos para descargar un golpe descendente que pretendía aplastar a la joven agrónoma. Pero Mei no era una hembra de este mundo que se congelaba por el pánico. Esperó el momento exacto en que la maza comenzaba su trayectoria de caída y, con la agilidad que le otorgaba su pantalón de tela, se deslizó hacia la izquierda, justo en el punto ciego del ojo muerto de Karg.

La maza impactó contra el suelo congelado con un estruendo sordo, levantando fragmentos de hielo y tierra. Antes de que el guerrero pudiera recuperar el equilibrio, Mei avanzó un paso, utilizó el impulso de su propio cuerpo y clavó la lasca de piedra afilada que sostenía en su mano directamente en la coyuntura del codo derecho de Karg, cortando los tendones con la precisión de un cirujano.

Un rugido de puro dolor rasgó el silencio de la vaguada. La maza cayó de las manos de Karg mientras la sangre roja, caliente y espesa, comenzaba a brotar, manchando la blancura inmaculada de la nieve. El gigante retrocedió tres pasos, sosteniéndose el brazo herido con el rostro desencajado por la sorpresa y la furia. No podía creer que una hembra, a la que consideraban una paria débil, lo hubiera lisiado en un solo movimiento.

—¡Mátenla! ¡Mátenla a ella y quédense con las demás! —aulló Karg, cayendo de rodillas sobre la escarcha.

Los otros dos guerreros osos, saliendo del estupor de ver a su líder herido, levantaron sus lanzas de piedra y se abalanzaron sobre Mei. La agrónoma se colocó en posición de defensa, sabiendo que sus posibilidades contra dos machos alfa en combate directo eran mínimas si lograban acorralarla.

Sin embargo, el destino del valle tenía otros planes.

Un rugido colosal, un trueno salvaje que hizo temblar la nieve de las copas de los pinos, congeló el movimiento de los atacantes. Desde lo alto de la colina que delimitaba la vaguada, una silueta dorada saltó al vacío con una gracia letal e imponente.

Kaelen cayó de pie en medio del campo de batalla, levantando una nube de polvo blanco. No llevaba su túnica de gala; sus músculos dorados estaban cubiertos de pintura de guerra negra en el pecho y los brazos, y sus ojos ámbar brillaban con una furia posesiva que paralizó el corazón de los osos. Detrás de él, seis guerreros de la Tribu del León emergieron de la maleza con sus lanzas de bronce apuntando directamente a los cuellos de los agresores.

—Parece que los cerdos de la Roca no solo tienen el cerebro podrido por la carne muerta, sino que también son sordos —ronroneó Kaelen, su voz una vibración de muerte que hizo que los dos guerreros osos bajaran sus armas instintivamente—. Les advertí en la cueva del consejo que la flor de plata estaba bajo mi mirada. Y tocar lo que es mío es el error más corto que cometerá un macho en toda su vida.

Kaelen no esperó una respuesta. Con un movimiento de una velocidad aterradora, atrapó al guerrero oso más cercano por el cuello con su mano izquierda, levantándolo del suelo como si fuera un cachorro indefenso, y lo arrojó contra las rocas de la vaguada, dejándolo inconsciente en el acto. El otro guerrero retrocedió, cayendo de espaldas junto a un Karg que continuaba sangrando sobre la nieve.

El líder de los leones se giró despacio hacia Mei. Su mirada furiosa se suavizó sutilmente al notar que la joven estaba de pie, con la lasca de piedra manchada de sangre en su mano derecha y su Traje de Ortiga intacto. Una sonrisa de orgullo salvaje se dibujó en sus labios perfectos.

—Te defendiste sola, mi pequeña flor —dijo Kaelen, su barítono profundo acariciando el aire frío—. Cortaste al oso más grande de la facción de Boran como si fuera una liana del río. Eres una guerrera perfecta.

—Llegaste a tiempo, Kaelen —respondió Mei, regulando su respiración y guardando la lasca en su cinturón—. Pero esto cambia las cosas. La sangre de la Roca ha sido derramada en tu territorio. Boran usará esto como una declaración de guerra.

Kaelen caminó hacia ella, ignorando los quejidos de Karg en el suelo. Se detuvo a escasos centímetros de Mei, permitiendo que el calor magnético de su cuerpo disipara el frío de la vaguada. Extendió una mano y, con delicadeza, limpió una pequeña salpicadura de sangre ajena que había quedado en la mejilla de la joven.

—Que lo intente —sentenció el león, sus ojos ámbar brillando con una fijeza letal—. La Roca ya está agrietada por dentro, Lin Mei. Tú tienes el control de sus mujeres y su supervivencia, y yo tengo el control de sus límites. Boran no es más que un cadáver que aún camina. La primera escarcha de sangre ha caído, y el lienzo de este invierno se pintará con el color de nuestro imperio.

Mei miró a las hembras de la tribu, que ahora ayudaban a Maya a levantarse, observando a Kaelen no con el terror del pasado, sino con la certeza de que el líder de los leones era el único escudo real contra la locura de sus propios machos. El tablero político del valle se había roto definitivamente, y la Casa del Hilo estaba a punto de convertirse en la fortaleza de una nueva era.

1
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
,🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰👏
Victoria Avon Chang
ME GUSTA LA TRAMA ES NUEVA PARA MI POR LAS TRIBUS DE BESTIAS
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
,🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰👏
Yarelis Armas Pérez
q tipo de hembra es mei ? una osa ?

zorra ? ¿ q animal ?
Yarelis Armas Pérez: ahora me quedare con la duda 😗😗😗

bueno a seguir leyendo
total 2 replies
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Victoria Avon Chang: Ne encanta la trama Autora gracias
total 1 replies
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰👏
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play