Ella llegó con una misión, destruirlo, el solo quiere deshacerse de ella lo más pronto posible, ¿como es que ninguno está siguiendo el plan?
Amor, venganza, secretos y mucha acción, envuelven la vida de Enzo Alame y Ariadna Moretti
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Capitulo 12
Alonso ahora estaba confundido pues según su información, Enzo debía estar irritado ese día, ya que, de acuerdo a la última junta directiva, Ariadna entraría oficialmente a trabajar desde ese momento.
Había sido justo por esa razón que Alonso como buen amigo que es apenas llego a la empresa y sabiendo que seguramente Enzo ya debería haber llegado como todos los días decidió ir a verlo para saber cómo estaba, pero contrario a lo que imaginaba, este se encontraba bastante alegre, incluso se podría decir que más de lo normal, lo que llamo su atención.
- ¿A qué te refieres? – Consulto Enzo sin dejar de lado su buen humor, haciendo que Alonso estuviera aún más curioso por la extraña actitud de su amigo esa mañana.
- Creí que hoy se integraba a la empresa la señorita Moretti. – Comento Alonso casualmente, como quien habla de algo trivial, pero sin perder de vista ni un momento la reacción de Enzo por lo que algo rápidamente llamo su atención y es que en cuanto dijo eso, pudo ver como los ojos de su amigo brillaron con mayor intensidad.
- Así es. – Confirmo. – Justo me acaban de informar de recepción, que llego hace un momento. – Expuso Enzo con tal tranquilidad y hasta un toque de emoción, que ahora Alonso se encontraba completamente perdido, sin entender cuando era que su amigo había cambiado de opinión y le hacía feliz que ella se incorporara a la empresa, si hacia menos de una semana había hecho un escándalo por eso.
- ¿Y eso te alegra? – Indago Alonso.
- Claro que no. -Respondió Enzo de inmediato, pero, aunque negara no perdía la pequeña sonrisa en sus labios.
Enzo pudo ver la total confusión en la cara de Alonso, por lo que decidió explicar.
- Veras. – Dijo ampliando su sonrisa. – Lo que sucede es que le prepare un pequeño regalo de bienvenida. – Anuncio con gran satisfacción.
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- Pero, ¿Qué? – Cuestiono Ariadna con un grito contenido. – ¿Qué significa esto? – Cuestiono cuando vio el espacio lleno de documentos, cajas, mesas y sillas apiladas.
La recepcionista solo pudo sentir lastima por Ariadna, pero ella solo estaba cumpliendo órdenes.
- Vera señorita Moretti, el presidente dijo que, como socia de la empresa, usted debía tener todo un piso a su disposición es por ello que ya que el piso 11 estaba vacío se le asigno. – Explico con algo de pena.
- Claro. – Fue lo único que pudo decir Ariadna, mientras seguía observando a su alrededor con una mezcla de incredulidad, aflicción y mucha ira, pero como no se podía dejar vencer tan pronto solo pudo hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para decir. – Supongo que el departamento de limpieza me puede ayudar a organizar esto, ¿no es así? – Cuestiono con voz controlada.
- Por supuesto. – Se apresuro a responder la recepcionista.
- Perfecto. – Comento Ariadna aliviada.
- Es solo que. – Agrego la chica con algo de nervios, los cuales de inmediato alertaron a Ariadna de que definitivamente algo no estaba bien y en cuanto escucho las siguientes palabras de la mujer lo confirmo. – Hoy todo el departamento de limpieza tiene el día libre. – Expuso casi con lastima, haciendo que ella solo cerrara los ojos evitando asesinar a alguien. – Pero mañana a primera hora estarán aquí para limpiar. – Agrego rápidamente la chica al ver la expresión de quien según sabe también vendría a ser su jefa, solo que todo parece indicar que no se lleva muy bien con el jefe mayor.
- Gracias. – Fue todo lo que dijo Ariadna, pues en el fondo ella sabe que la chica no tiene la culpa, bueno que en realidad nadie más que Enzo es el culpable de todo. – Puedes volver a tu trabajo. – Indico, no tenía caso mantenerla allí más tiempo.
- Está bien, Con permiso. – Dijo la chica y se marchó, aunque en verdad le deba mucho pesar con Ariadna quien se quedó en ese lugar sombrío, sucio y muy desorganizado.
- Maldito seas Enzo Alame. – Murmuro Ariadna para sí misma en cuanto la recepcionista se fue, dejándose caer pesadamente en una silla.
Mientras Ariadna solo podía soltar insultos hacia el presidente de la compañía, este se encontraba muy tranquilo en su oficina, contando su gran hazaña.
- No te lo puedo creer. – Comento Alonso incrédulo, jamás pensó que su amigo que siempre había sido bien portado, pudiera ser tan infantil en realidad. – En verdad les diste todo el día libre a los miembros del departamento de limpieza, ¿no te parece exagerado? – Cuestiono.
- Por supuesto que no. – Respondió divertido Enzo. – Esto es solo el comienzo. – Anuncio con emoción.