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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

NovelToon tiene autorización de Andres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Embate de la Zarina

La mañana del lunes en la sede del Grupo Soler no trajo el sol habitual, sino una lluvia gris que parecía reflejar el estado de las finanzas globales. En las pantallas de la sala de crisis, los puntos rojos se multiplicaban como una infección. Isabella Volkov no había perdido el tiempo. Tal como prometió en su llamada, los suministros de tierras raras de Asia central habían sido retenidos en la aduana de Rotterdam, y el contrato de transporte marítimo con la flota de *Zhen-Hua* había sido cancelado unilateralmente citando "razones de seguridad nacional".

—Es un estrangulamiento quirúrgico —dijo el Sr. Castillo, cuya palidez habitual se había acentuado—. Sin esos componentes, la producción de nuestras nuevas prótesis neurales se detendrá en menos de cuarenta y ocho horas. Los inversores ya están empezando a preguntar por qué no tenemos un Plan B.

Valeria, sentada a la cabecera de la mesa, no parecía preocupada. Estaba estudiando un mapa de rutas comerciales alternativas que Adrián Thorne había preparado durante la noche.

—El Plan B no es una ruta diferente —dijo Valeria, su voz sonando clara y firme—. El Plan B es una fuente diferente. Castillo, quiero que prepares el avión privado. Nos vamos a Ginebra esta misma noche.

—¿Ginebra? —Bravo arqueó una ceja—. ¿Qué hay en Ginebra que Isabella no controle?

—El Consejo de Estándares Tecnológicos —respondió Valeria—. Y, lo más importante, el Sr. Hans Van der Berg. El único hombre que Isabella Volkov no ha podido comprar porque él posee el cincuenta por ciento de las minas de litio en el Círculo Ártico que ella tanto desea.

Adrián entró en la sala, luciendo su abrigo de viaje y una expresión de resolución. —El vuelo está listo, Valeria. Van der Berg aceptó la reunión, pero solo nos dará quince minutos entre dos conferencias de la ONU.

—Quince minutos es todo lo que necesito —dijo ella, levantándose—. Castillo, quédate aquí y mantén la fachada de que estamos desesperados. Quiero que el mercado vea que estamos "buscando soluciones" en los lugares equivocados. Que Isabella crea que su bloqueo está funcionando.

El vuelo a través del Atlántico fue un interludio de calma tensa. Valeria y Adrián trabajaron en la propuesta para Van der Berg, analizando cada detalle de la tecnología de Aether Neural. No se trataba solo de vender un producto; se trataba de vender una visión que Isabella no podía ofrecer.

—Van der Berg es un purista —explicó Adrián mientras sobrevolaban los Alpes—. No le importa el dinero; tiene más del que puede gastar en diez vidas. Le importa el legado. Si cree que Isabella va a convertir su tecnología en un arma o en un monopolio opresivo, nos apoyará.

—Entonces le mostraremos lo que ella le hizo a mi padre —dijo Valeria, mirando por la ventanilla hacia las cumbres nevadas—. Le mostraremos que Isabella no busca socios, busca esclavos.

Llegaron a Ginebra bajo una neblina fría que olía a lago y a diplomacia antigua. El encuentro tuvo lugar en un hotel histórico, en una sala con paneles de madera que habían escuchado secretos desde la época de la Liga de las Naciones. Hans Van der Berg era un hombre de ochenta años, con una espalda tan recta como un mástil y ojos que parecían leer el alma de quienes tenía enfrente.

—Señorita Soler —dijo Van der Berg, sin levantarse de su silla—. Su padre fue un hombre que respeté mucho. Una lástima su accidente. ¿Qué le hace pensar que yo debería arriesgar mis suministros árticos para salvar a una empresa que, según los periódicos, está al borde del colapso emocional y financiero?

Valeria se sentó frente a él, ignorando el protocolo que sugería esperar a ser invitada. —No estoy aquí para pedirle que me salve, señor Van der Berg. Estoy aquí para ofrecerle la oportunidad de que su nombre sea recordado no solo por extraer minerales de la tierra, sino por lo que esos minerales pueden hacer por la humanidad cuando se combinan con la tecnología adecuada.

Desplegó sobre la mesa una serie de planos y simulaciones holográficas generadas por su tablet. —Isabella Volkov quiere sus minas para alimentar su maquinaria industrial tradicional. Yo quiero sus tierras raras para alimentar la primera generación de interfaces neuronales que eliminarán la parálisis en el ochenta por ciento de los pacientes accidentados en el mundo. El Proyecto Fénix.

Van der Berg se ajustó las gafas y miró las simulaciones. —¿Aether Neural? Pensé que esa empresa era solo un rumor de laboratorio.

—Ya no es un rumor. Es propiedad del Grupo Soler y Thorne Enterprises. Y aquí —Valeria deslizó una carpeta de cuero— tiene la evidencia de que Isabella Volkov intentó asesinarme para obtener esta tecnología antes de que pudiera ser liberada al público de forma gratuita bajo licencia abierta.

El anciano tomó la carpeta. Mientras leía los detalles del plan del Doctor Ríos y la implicación de Julián, su rostro se endureció hasta parecer tallado en piedra.

—Esta mujer no tiene límites —susurró Van der Berg—. Alberto siempre me dijo que ella era peligrosa, pero esto... esto es barbarie.

—Ella cree que el mundo es suyo porque nadie tiene el valor de decirle que no —dijo Valeria—. Yo le he dicho que no tres veces en una semana. Y ahora estoy aquí para pedirle que usted sea el cuarto.

Van der Berg cerró la carpeta y miró a Adrián, luego a Valeria. —Si firmo este contrato de suministro exclusivo con ustedes, Isabella vendrá tras mis activos en el Mar del Norte. Intentará hundir mis barcos, literal o financieramente.

—Si ella lo intenta —dijo Adrián, interviniendo con una voz firme—, Thorne Enterprises pondrá su flota de escolta a su disposición. Y el Banco Continental bloqueará cualquier intento de adquisición hostil de sus acciones. Ya no estamos operando como empresas aisladas, Hans. Somos una alianza de supervivencia.

Van der Berg se quedó en silencio durante un minuto que pareció una eternidad. El tic-tac de un reloj de péndulo en la esquina era el único sonido en la sala.

—Quince minutos —dijo el anciano, mirando su reloj—. Me habéis hecho perder veinte.

Valeria sintió un frío en el estómago, pensando que lo habían perdido.

—Y en esos cinco minutos extra —continuó Van der Berg con una leve sonrisa—, me habéis convencido de que aún queda gente con agallas en este negocio. Señorita Soler, tiene su suministro. Mi flota empezará a cargar sus contenedores en el puerto de Oslo esta misma noche. Usaremos la ruta del norte, fuera del alcance de las aduanas que Isabella controla.

Valeria sintió un alivio tan profundo que tuvo que sujetarse al borde de la mesa para que no se notara su temblor. —Gracias, señor Van der Berg. Mi padre estaría...

—Tu padre estaría orgulloso de que no te hayas convertido en una víctima —la interrumpió el anciano—. Ahora, salid de aquí antes de que Isabella se entere de que hemos hablado. Ella tiene oídos incluso en las paredes de este hotel.

Al salir al vestíbulo, Valeria y Adrián caminaron con una renovada energía. El bloqueo de la Zarina acababa de sufrir su primera gran brecha.

—Lo logramos, Valeria —susurró Adrián, rodeando su cintura con el brazo mientras esperaban al coche—. El suministro está asegurado.

—Es solo el principio, Adrián. —Valeria miró hacia la calle, donde un coche negro con los cristales tintados estaba estacionado de forma inusual—. Isabella no se quedará de brazos cruzados. Ella sabe que hemos venido a Ginebra.

En ese momento, el teléfono de Valeria vibró. Era un mensaje de texto de un número desconocido, pero la imagen adjunta hizo que se le helara la sangre. Era una foto de Martha, su ama de llaves, saliendo del mercado en la ciudad, con un punto de mira rojo reflejado en su espalda.

Debajo de la foto, un solo mensaje: *"Hans es viejo y su palabra es humo. Mis reglas son de carne y hueso. Regresa a casa antes de que las cenizas de tu mansión sean lo único que te quede de tu padre"*.

Valeria apretó el teléfono hasta que sus nudillos se pusieron blancos. El juego psicológico de Isabella había terminado. Ahora era una amenaza directa contra la única familia que le quedaba.

—¿Qué pasa? —preguntó Adrián, notando su cambio de expresión.

Valeria le mostró la pantalla. Adrián maldijo en voz baja y sacó su radio para dar órdenes a su equipo de seguridad en la mansión.

—Vamos al aeropuerto —dijo Valeria, y su voz era la de una mujer que acababa de cruzar un punto de no retorno—. Isabella cree que amenazando a Martha me hará retroceder. No sabe que acaba de darme la única razón que me faltaba para no solo derrotarla, sino para borrar su nombre de la historia.

El viaje de regreso a casa no fue una celebración. Fue una carrera contra el tiempo. Valeria no durmió. Pasó las horas coordinando con Sebastián una red de protección total sobre sus empleados y propiedades. Ya no se trataba de negocios. Se trataba de guerra.

Al aterrizar, Valeria se dirigió directamente a la mansión. Martha estaba sana y salva, bajo la custodia de diez guardias de élite de Thorne Enterprises, pero el miedo en sus ojos era real.

—Estoy bien, niña —dijo Martha, intentando sonreír mientras abrazaba a Valeria—. Solo era un hombre con una cámara, eso es lo que me dijo Sebastián.

—No volverá a pasar, Martha. Te lo prometo. —Valeria se separó y miró a Sebastián—. Quiero que encuentren al fotógrafo. Y no quiero que lo entreguen a la policía. Quiero que lo traigan aquí. Tenemos que enviarle un mensaje a Isabella que no pueda ignorar.

Esa noche, Valeria se sentó en su despacho, mirando el contrato firmado por Van der Berg. Era una victoria, sí, pero el precio estaba subiendo. Isabella Volkov había cruzado la línea de lo corporativo a lo personal.

Pero lo que Isabella no sabía era que Valeria Soler ya había muerto una vez. El miedo a la muerte, a la pérdida, al dolor... todo eso se había quedado en aquel ático de la Torre Soler en su otra vida.

Lo que quedaba ahora era una magnate con un mapa del futuro y una voluntad de hierro que no se detendría ante nada.

—Isabella... —susurró Valeria al aire nocturno—. Has cometido el error de amenazar lo que amo. Ahora vas a aprender por qué los antiguos decían que no hay furia comparable a la de alguien que ha regresado de entre los muertos.

Tomó su pluma y firmó la orden de compra hostil de la subsidiaria de transportes de Volkov en el Mediterráneo.

El contraataque real acababa de comenzar.

Continuará...

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