¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.
Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.
Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.
Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.
Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.
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La noticia que cambió el semestre
Capítulo 18
La noticia que cambió el semestre
Después del malentendido con Adrián, Gabriel y Valeria hicieron una promesa: jamás permitirían que una duda creciera en silencio.
La confianza no se recuperaba de un día para otro, pero ambos estaban dispuestos a reconstruirla con pequeños gestos.
Aquella semana, la facultad volvió a llenarse del ruido habitual. Los estudiantes caminaban de un lado a otro con libros bajo el brazo, repasando conceptos para los exámenes finales.
Como cada mañana, Gabriel esperaba a Valeria en la entrada.
Cuando la vio acercarse, levantó el vaso de café que llevaba en la mano.
—Esta vez llegué antes que tú.
Valeria sonrió.
—Es un milagro.
Él le dio un beso en la frente.
—Buenos días, futura doctora.
—Buenos días, futuro médico.
Daniel apareció justo detrás de ellos.
—¿Podrían dejar de ser tan tiernos antes de las ocho de la mañana?
Lucía le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Déjalos.
Si algún día consigues novia, nos entenderás.
—Primero necesito sobrevivir a Fisiología —respondió Daniel, provocando las risas del grupo.
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Durante la primera clase, el profesor de Anatomía entró con una carpeta en la mano.
Su expresión era distinta.
Esperó a que todos guardaran silencio.
—Tengo un anuncio importante.
Los estudiantes se miraron entre sí.
—La facultad realizará una competencia académica entre semestres. Los mejores estudiantes representarán a la universidad en un congreso nacional de medicina.
El salón estalló en murmullos.
—Cada profesor propondrá candidatos según su rendimiento y compromiso.
Daniel abrió mucho los ojos.
—Eso suena difícil.
—Y emocionante —respondió Mariana.
El profesor continuó.
—Los nombres seleccionados se anunciarán mañana.
Valeria sintió un ligero nerviosismo.
Gabriel tomó discretamente su mano debajo del pupitre.
—Tranquila.
Ella sonrió.
—Solo quiero hacerlo bien.
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Al día siguiente, el ambiente era de expectativa.
Todos estaban reunidos en el auditorio cuando el decano comenzó a leer la lista.
—Por segundo semestre...
Hubo un breve silencio.
—Valeria Morales.
Ella abrió los ojos con sorpresa.
Lucía fue la primera en abrazarla.
—¡Lo lograste!
Camila comenzó a aplaudir con entusiasmo.
Daniel levantó los brazos.
—¡Nuestra representante!
Valeria buscó a Gabriel entre la multitud.
Él sonreía con un orgullo que no podía ocultar.
Unos segundos después, el decano continuó.
—Por primer semestre...
Gabriel Herrera.
Ahora fue Valeria quien corrió a abrazarlo.
—¡Sabía que ibas a quedar!
Gabriel rió.
—Y yo sabía que tú también.
Todo el grupo celebró la noticia.
Por un momento, sintieron que el esfuerzo de tantas noches sin dormir había valido la pena.
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Esa tarde decidieron reunirse en la cafetería.
Daniel levantó su vaso de jugo.
—Propongo un brindis.
—¿Por qué? —preguntó Sofía.
—Porque nuestros amigos van a representar a la facultad.
Todos levantaron sus vasos.
—¡Salud!
Las risas llenaron el lugar.
Sin embargo, mientras todos conversaban, Adrián se acercó a la mesa.
—Valeria.
Ella levantó la mirada.
—Quería felicitarte.
Te lo mereces.
Gabriel observó la escena.
Esta vez respiró profundamente antes de hablar.
—Gracias, Adrián.
Seguro será una buena competencia.
Adrián sonrió.
—Lo será.
Nos vemos en los entrenamientos.
Cuando se alejó, Valeria miró a Gabriel.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque elegiste confiar en mí.
Él tomó su mano.
—Te prometí que lo haría.
Y pienso cumplir mi palabra.
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Al caer la tarde, Gabriel y Valeria caminaron hasta el parque.
Era ya una costumbre terminar allí los días importantes.
El cielo estaba pintado de tonos anaranjados y el viento movía suavemente las ramas de los árboles.
—¿Estás feliz? —preguntó Gabriel.
Valeria asintió.
—Muchísimo.
Pero también tengo miedo.
—¿Del congreso?
—De no estar a la altura.
Gabriel sonrió.
—¿Recuerdas el primer día que hablamos?
Ella rió.
—Claro.
—Ese día dudabas de ti.
Hoy una universidad entera reconoce tu esfuerzo.
No dejes que una voz en tu cabeza sea más fuerte que todos los hechos.
Valeria lo miró con los ojos brillantes.
—Siempre sabes cómo devolverme la confianza.
—Porque solo te recuerdo lo que tú olvidas.
Ella apoyó la cabeza en su hombro.
Durante unos minutos permanecieron en silencio, contemplando el atardecer.
Entonces Gabriel habló.
—¿Sabes qué es lo más bonito de todo esto?
—¿Qué?
—Que la vida nos unió en una materia que parecía un fracaso...
Y ahora nos permite cumplir nuestros sueños juntos.
Valeria sonrió y entrelazó sus dedos con los de él.
—Tal vez el destino nunca se equivocó.
Tal vez solo estaba escribiendo nuestra historia de una forma que ninguno de los dos podía entender al principio.
A unos metros, Daniel, Lucía, Camila, Sofía y Mariana los observaban desde una banca.
Daniel sonrió.
—Mírenlos.
Cada día parecen más enamorados.
Lucía respondió con una sonrisa.
—Y creo que apenas estamos leyendo el comienzo de su historia.
Ninguno de ellos sabía que el congreso nacional no solo pondría a prueba sus conocimientos como futuros médicos.
También pondría a prueba la fuerza de su amor, su confianza y la capacidad de mantenerse unidos cuando el destino, una vez más, decidiera pasar lista.