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Esposa Por Decreto

Esposa Por Decreto

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Amor prohibido / Amor-odio / Completas
Popularitas:62.8k
Nilai: 5
nombre de autor: cinthya Verónica Sánchez Pérez

Gabriel lo tiene todo apellido fortuna y un magnetismo por las mujeres implacable sin embargo detrás de esa fachada de hombre frío déspota y mujeriego se esconde el trauma de la muerte de su madre, su padre lo obligó a esconder bajo una armadura de desconfianza su tristeza y dolor.
para él las personas solamente son piezas de ajedrez y el amor una debilidad que no se puede permitir.
pero el juego cambia cuando es obligado a casarse con Sara.

NovelToon tiene autorización de cinthya Verónica Sánchez Pérez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

fingir

En palabras de Sara.

Cuando Carmen me dijo que saldríamos por fin, estaba contenta, por lo menos vería a gente y podría caminar, aparte de ver a Sofi y a mis padres.

— ¿ Que usará señora?— Me pregunto Carmen con una sonrisa abriendo el armario.

— Algo lindo que pueda usar para no llamar demasiado la atención.— dije Suspirando.

A las siete de la noche, terminé de arreglarme. Carmen me había ayudado a ajustar el corset.Al mirarme al espejo, mis manos —ya completamente sanas y suaves otra vez

No había visto en días a Gabriel, aunque eso me había dado tranquilidad también me ponía algo impaciente, aunque no entiendo por qué seguramente debió de estar trabajando o bebiendo con otros hombres adinerados.

Caminé hacia la planta baja. Al asomarme al descanso de la gran escalera, lo vi.

Gabriel estaba al pie de los escalones, vestido con un traje de gala negro que lo hacía ver aún más alto e imponente de lo habitual. Tenía un reloj de bolsillo en la mano y la mandíbula apretada en un gesto de evidente impaciencia.

Comencé a bajar los peldaños despacio, sosteniendo la falda con una soltura estudiada. A mitad de la escalera, Gabriel alzó la vista.

—Llegas tarde, Sara —dijo, con esa voz baja y cortante que usaba para marcar distancia, mientras me ofrecía el brazo de manera rígida—. El carruaje lleva diez minutos esperando afuera.

—Buenas noches para ti también, Gabriel —le respondí con una calma exasperante—. No te preocupes. Un de la Vega nunca llega tarde, solo se hace esperar. Vámonos.

Al subir a la carreta desvíe la mirada de inmediato a la ventana quería evitar pelear con Gabriel esa noche.

—Necesito que te comportes, ahora eres una de la vega.— me dijo Gabriel con su tono exasperante de siempre.

—Te recuerdo que sigo siendo una Juárez, Gabriel, y en mi familia la educación no es algo que tengamos que ensayar —le respondí sin apartar los ojos de la ventana, viendo cómo los árboles de la entrada de la hacienda se desdibujaban con la velocidad del carruaje.

Giré la cabeza despacio para mirarlo. Gabriel estaba sentado frente a mí, con las piernas ligeramente abiertas y la espalda recta, impecable en su traje negro. Mantenía los brazos cruzados sobre el pecho y me observaba con una fijeza que me erizó la piel. Su mirada no era la de siempre.

—No me provoques, Sara —advirtió, bajando aún más la voz, logrando que sonara como un rugido sordo—. Sabes perfectamente a lo que me refiero. Esta noche va a estar toda la región ahí. No quiero numeritos de rebeldía, vas a estar a mi lado todo el tiempo y sonreirás.

— Quieres que finja que nuestro matrimonio es un sueño jaja, Eso es lo que quieres? Por qué puedo fingir ser la mejor esposa— dije riendo con ironía.

— Si Sara eso es lo que quiero, por dios eres insoportable..— me dijo Gabriel con fastidio y mirándome como si de verdad me odiara y realmente no entendía cuál era su problema conmigo no le había hecho realmente nada para su mal humor y para que no me soportara de tal manera.

—¿Que no me soportas? Qué novedad —le respondí, cruzándome de brazos y recostándome contra el respaldo del asiento, manteniendo la barbilla en alto—. No te preocupes, Gabriel, no tengo intenciones de dejar en mal tu preciado apellido. Sé perfectamente qué cubierto usar y cómo sostener una copa sin perder la compostura.

El carruaje comenzó a disminuir la velocidad. El tintineo de los arreos de otros caballos y el bullicio de la música y las risas nos indicaron que habíamos llegado a la hacienda de don Aurelio. A través del cristal, alcancé a ver el destello de las antorchas y los carruajes elegantes alineándose frente a la gran entrada. Mi corazón dio un vuelco de emoción pura; por fin iba a ver rostros conocidos, a mi hermana, a mis padres. Iba a salir de mi encierro.

El carruaje se detuvo por completo. Gabriel se acomodó el saco negro con un movimiento seco, recuperando al instante esa postura impecable y altiva del patrón de la Vega. El lacayo abrió la portezuela, dejando entrar la brisa fresca de la noche.

Gabriel me ayudó a bajar del carruaje y tome su brazo y bajo mis dedos pude sentir sus músculos.

—Camina despacio, Sara o caerás.—me susurró al oído con voz ronca, sin mirarme, manteniendo la vista fija en la gran escalinata de la hacienda de don Aurelio—. Y no te sueltes.

—No me voy a caer, Gabriel, puedes aliviar el agarre —le respondí en el mismo tono bajo, intentando aflojar un poco la presión, pero él solo incrementó la fuerza, obligándome a apegarme más a su cuerpo. Su olor a tabaco y madera me inundó los sentidos, acelerándome el pulso a mi pesar.

A nuestro alrededor, los murmullos de la alta sociedad local no tardaron en aparecer. "Los recién casados", "La hija de los Juárez", "Míralos, qué elegante pareja". Gabriel ensayó una sonrisa perfecta y aristocrática, saludando con la cabeza a los terratenientes con esa soberbia que le salía tan natural. Yo mantuve la barbilla en alto y sonreí con la gracia que mi madre me había enseñado, aunque por dentro me divirtiera ver el tremendo esfuerzo que hacía mi marido por ocultar su mal humor.

Cuando los grandes portones de madera se abrieron de par en par para dejarnos entrar al gran salón de gala, el brillo de las lámparas de cristal y el eco del vals me deslumbraron por un segundo. El lugar estaba lleno.

A lo lejos, cerca de los ventanales que daban al patio interior, divisé la silueta de mi madre y, justo a su lado, la cabellera de Sofía. Una bocanada de aire fresco me llenó el pecho; la idea de correr hacia ellas y olvidarme del hombre de piedra que me sostenía del brazo fue casi irresistible. Di un pequeño paso instintivo hacia esa dirección, pero Gabriel me frenó en seco, tirando de mí hacia su costado con un movimiento brusco que nadie más notó.

—Primero saludaremos a los anfitriones, mi amor —me dijo Gabriel y me saco de mis pensamientos enseguida, en verdad me había llamado amor.?

Tuvimos que cumplir con el protocolo. Gabriel intercambió halagos falsos y estrechó manos con una hipocresía impecable, mientras yo me limitaba a asentir y a fingir que era la mujer más dichosa del mundo. Sin embargo, su brazo alrededor de mi cintura no cedía; al contrario, sus dedos se enterraban firmemente en la seda de mi vestido, pegándome a él cada vez que un hombre se acercaba a saludarnos.

La prueba de fuego llegó una hora después, cuando la música cambió a un vals más lento y Gabriel se vio obligado a soltarme un momento para hablar de negocios de tierras con un grupo de inversores.

Aproveché el descuido para encaminarme hacia donde Sofía y mis padres se encontraban, pero antes de que pudiera dar diez pasos, un hombre joven, de porte elegante y uniforme pulcro, me interceptó con una sonrisa galante.

—Buenas noches, señora de la Vega. Si no me equivoco, es usted la hermosa Sara Juárez, ahora la joya de la región —dijo, haciendo una elegante reverencia. Se presentó como Julián, el hijo menor de un terrateniente vecino—. Me enteré de su matrimonio, una verdadera lástima para todos los solteros que soñábamos con conocer a la bella maestra. ¿Me concedería el honor de esta pieza?

Iba a negarme educadamente para ir con mi hermana, pero al mirar de reojo hacia el grupo de Gabriel, vi que él estaba caminando alejándose de su grupo con aquella mujer que estaba llorando el día de nuestra boda tomada de su brazo, si el podía estar con sus amantes yo podía bailar con quién me diera la gana.

—Será un placer, don Julián —le respondí con mi sonrisa más encantadora, aceptando su mano.

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Cliente anónimo
Me encantan las historias muchas gracias a todos los escritores
Nuvia Rodriguez
Única,felicidades
Ester Gonzáles Rodriges
Muy bonita novela, mil gracias y bendiciones para usted
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Antes las mujeres eran poco menos que objetos e incubadoras, sin voz ni voto, tristemente en la actualidad, muchas quieren volver a ser eso, un mueble.😞🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Eudy Brito
Muy hermosa en verdad. La amé de principio a fin
Eudy Brito
Que hermoso detalle pero Sara no se las va a poner tan fácil 🤭🤭🤭🤭
Miriam Colín
Me encanto la historia.
Rocio Raymundo
excelente novela de principio a fin me fascino la novela muy buena éxitos escritora.
Rocio Raymundo
que bello hasta que formaron su hogar su familia ❤️❤️
Kim Nava
que bello🥰
Kim Nava
ven que les costaba
no se hubieran perdido un año separados para de brutos 🤭
Paula Giaccaglia
tardó, se hizo rogar pero me encantó
Paula Giaccaglia
hermoso, POR FIN!!!!!!, AHORA TODO ROMÁNTICO POR FAVOR 🥰
Paula Giaccaglia
me encantó!!! y que siga el romance, convivencia, ella como maestra, boda con fiesta en la capilla del convento, que Julián también desaparezca
Sakura
hermosa
Carolina Jaimes
Me encanta
Elizabeth Fernández
Tardo mucho para actualizar me gusta la serie ojalá se den una oportunidad 👏
Claudia Torres
me encanta vamos a ver q pasa con esas dos parejitas......ojalá no sigan con los malos entendidos y se amén con total plenitud ❤️🙏😘💕
Claudia Torres
q emoción por fin q aclaren todos los malos entendidos y se den una oportunidad para salvar su matrimonio muy bien escritora te felicito mil bendiciones ❤️💪💘💝🙏
Kim Nava
chale su primera vez y luego luego quedar embarazada por que no se cuidaron
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