Lina es una mujer de 30 años, ella muere en un atentado después de su divorcio y enterarse de algunas cosas, sin embargo, ella transmigra a un mundo antiguo, donde la dueña anterior de su cuerpo es una concubina de bajo rango, muy jovencita y terriblemente tímida, ella es acosada dúrate toda su estadía en palacio y su final es aún más macabro, Lina quien ahora es Tomara, debe sobrevivir y cambian su terrorífico destino, pero las trampas la rodean y acorralan.
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Cap. 9 Fue la primera concubina
En cuanto vio su espalda casi se desmaya, realmente no lo puede creer, la novena concubina está arruinada, tiene cicatrices y eso es imposible para un emperador tener una esposa con marcas en la piel.
Salió de ahí y fue al baño a vomitar del estrés que le acaba de dar. La madre emperatriz va a enfurecer cuando se entere, pero debía dejar las cosas claras, ahora es cuando pondría ordenen en ese harem, si la emperatriz se molesta, debería saber que todo eso es su culpa.
Tamara se sorprendió un poco, no esperaba esa reacción, estaba un poco asustada, esperaba que las cosas no se pongan feas para ella.
La Dama Lau salió del baño y se acercó a Tamara, las concubinas permanecían silenciosas en la mesa, todas habían dejado de comer.
—Novena concubina, ¿quién ordenó el castigo? —dijo la mujer aún pálida.
Tamara, como se esperaba, cantaría como un pajarito teniendo semejante protección.
—Fue la primera concubina, fui a su jardín un día, solo quería ver lo lindo que es, pero para mi mala suerte, ella estaba teniendo una fiesta de té con la 4ta y 5ta concubina, las interrumpí, fue mi culpa —dijo bajando la cabeza.
Aly, la primera concubina, se puso de pie asustada y corrió hacia la Dama Lau, si esa mocosa sigue hablando, ella estará en grandes problemas.
—Dama Lau, no fue así, fue un malentendido, los guardias exageraron cuando pedí que la saquen, no sabía que la azotaron con látigos y…
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Aly se tambaleó al sentir el golpe, realmente la mujer tenía fuerza, además, hasta la emperatriz le teme a esa mujer, ella no puede replicar.
—¿Primera concubina Aly, te atreves a mentirme?, desde cuando los guardias tendrían el coraje de ejecutar un castigo que no se fue ordenando?
—Lady Tamara no solo fue golpeada, sino que también le privaron de su dinero, su vestimenta, su joyería, ¿acaso eso pasa sin que tú, como la primera concubina no lo sepas?, no entiendo tu mala voluntad con la novena concubina, es una niña y no ha hecho nada más que admirar los jardines de las otras concubinas.
—Primera concubina, ¿sabe usted cuál es el castigo por marcar a otra concubina de forma maliciosa? —dijo la mujer mirando a Aly.
Todas se sobresaltaron y se pusieron de pie en una lines para mostrar respeto, claro que saben cuál es el castigo, y es el peor que les puede pasar.
Aly negó con la cabeza, miró a su doncella quién estaba pálida, y sí, su doncella sería sentenciada a muerte.
Claro que parece injusto que apague por lo que hizo su ama y no significa molestia en la concubina, sin embargo, la doncella jugaba un gran papel en la vida de la concubina, usualmente se habían criado juntas, estuvieron casi toda su vida a su lado, era en quien más confiaban, sus hijos serían criados por su doncella a salvo de la maldad, eran sus confidentes, sus cómplices y paños de lágrimas.
La perdida es irreparable, además las dejaba a expensas de que pongan a alguien en su lugar, que podría estar de aparte del enemigo y acabar con todos sus sueños desde adentro.
—No…, no, por favor Dama Lau, se lo ruego, además, la novena concubina…, ella… —Aly estaba por mentir alegando que Tamara le había robado, pero si descubre la verdad, obviamente la matarían. Ya tiene dos hijos para el emperador, uno de tres y otro de 5 años, sería una locura caer por esa desgraciada.
Aly miró a Gema, la segunda concubina, si se pone a explicar lo que no ha recibido Tamara, ambas estarían en problemas, así que debía ayudarla a salir de esto.
Gema entendió, con una mirada ordeno que todas las concubinas pidan clemencia.
—Dama Lau, por favor, le rogamos perdone a la doncella de la primera concubina, fue un malentendido —dijeron todas casi al unísono, sin embargo, esto agrava todo.
La Dama Lay dio una risita burlona, realmente se estaban portando como unas idiotas.
—Oh, creo que me siento un poco molesta, todas ustedes lo sabían, pero ninguna hizo nada, ustedes realmente estuvieron ahí y no hicieron nada, ¿acaso debo castigarla a todas? —dijo mirando a las concubinas quienes dieron un paso atrás, nadie quiere perder a su doncella, más ahora que la mayoría tienen niños pequeños, ¿quién cuidaría a los niños?
Aly se puso a llorar, la Dama Lau dio una orden y dos guardias entraron y se llevaron a la doncella de Aly, ella lloró amargamente, pero no había nada que hacer.
Tamara, por otro lado, tomó la mano de Nelly y la apretó, saber que podrían algún día hacerle daño a Nelly, la llena de dolor, es como su hermana, no como esa que tenía, con quien tenían un odio profundo, pero Nelly es esa hermana que se hace querer y adorar.
Todas miraron a un lado, la primera concubina fue confinada a su habitación durante 5 días para que reflexione sobres sus actos y debería devolver todo lo que no le había entregado a Tamara.
Las otras concubinas estaban mudas, miraba a Tamara con sorpresa, había destrozado a la primera concubina en una sola reunión.
Todas se sentaron a seguir desayunando, el silencio era tan grande que hasta los parpadeos se escuchaban.
Gema miraba a Támara con resentimiento, realmente pensó que podría deshacerse de esa mosquitera muerta en cualquier momento, pero parecía más astuta de lo que su prima Nora le había dicho.
La segunda hija de Marqués Benz es prima de Gema, y le pidió que le haga la vida, lo más miserable, que no quiera levantar la cabeza por nada del mundo y si se suicida, mejor aún.
Más tarde vinieron las clases de piano y pintura, todas deberían saber tocar un instrumento, además de poder leer poemas, conocer de obras literarias.
Tamara se veía expectante y feliz, Las otras concubinas solo podía hacer su trabajo, unas leían, otras tocaban el piano y Tamara hizo lo mismo, pero entonces todas se quedaron mudas cuando Tamara fue hacia el gran y hermoso piano apostado en el gran salón. Sus ágiles dedos se desplazaron por las teclas bancas y negras haciendo melodías y arpegio que llegaban al corazón.