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Café Amargo Y Miel Silvestre

Café Amargo Y Miel Silvestre

Status: Terminada
Genre:CEO / Yuri / Omegaverse / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda

En las frías calles de Ottawa, Alexandra Morozov es una fuerza de la naturaleza: una Alfa rusa, calculadora y letal, cuyo aroma a café amargo mantiene a todos a una distancia prudente. Ella no cree en el destino, solo en el control y en los negocios de su poderosa familia.
​Pero todo cambia en una noche de nieve espesa, cuando la voz de una chica rompe su armadura de hielo. Rosalie, una joven canadiense de espíritu libre e hiperactiva, emana un aroma a miel y vainilla que despierta los instintos más posesivos de la Alfa. Rosalie no es una Omega común; es una Gama, una jerarquía tan rara como impredecible, y su naturaleza rebelde no está dispuesta a doblegarse ante nadie.
​Alexandra ha decidido que Rosalie le pertenece, pero ¿podrá su amor tóxico y controlador atrapar a una chica que nació para ser libre? En este juego de poder, el café más amargo está a punto de mezclarse con la dulzura más peligrosa.

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capítulo 15

​La primera cena en la mansión Morozov no era un acto de convivencia; era un juicio sumario bajo la apariencia de etiqueta rusa. El comedor principal era una estancia gélida, decorada con tapices antiguos y un candelabro de cristal cuyas lágrimas de vidrio refractaban la luz como si fueran trozos de hielo. Rosalie estaba sentada en un extremo de la mesa de roble macizo, sintiéndose minúscula frente a la vajilla de porcelana fina y los cubiertos de plata grabados con el escudo familiar.

​El señor Morozov bebía su vino en silencio, con una mirada que ignoraba deliberadamente la presencia de Rosalie, mientras Anya, vestida con un vestido de seda azul que combinaba con sus ojos, mantenía una sonrisa de suficiencia. El aroma a tabaco caro y leche de almendras creaba una atmósfera pesada que dificultaba la respiración.

​De repente, el aire en la habitación cambió. Las pesadas puertas dobles se abrieron con un estruendo calculado. El sonido de unos tacones de aguja golpeando el mármol resonó como disparos en la quietud de la sala. Elena Morozova entró con la elegancia de una reina exiliada. Su cabello platino estaba recogido con tal perfección que ni un solo mechón se atrevía a rebelarse, y sus ojos —un espejo exacto de la mirada glacial de Alex— recorrieron la mesa con un juicio instantáneo.

​—Espero que no hayan servido el plato principal todavía. Sería una falta de respeto empezar sin la dueña de esta casa —dijo Elena. Su voz era como seda envolviendo una navaja.

​—Elena, querida. Llegaste antes de lo esperado —dijo el señor Morozov, levantándose ligeramente en un gesto de respeto que no le mostraba a nadie más.

​Elena no respondió a su esposo. Sus ojos se clavaron directamente en Rosalie. Caminó hacia ella con una lentitud depredadora, deteniéndose justo detrás de su silla. El aroma que desprendía era una mezcla de rosas antiguas y ceniza, un olor que hablaba de poder y de secretos enterrados.

​—Alexandra —llamó Elena, su voz descendiendo a un tono peligroso—, ¿no vas a presentarme a tu... nueva adquisición?

​—Es mi asistente personal, madre. Se llama Rosalie —respondió Alex. Su voz era firme, pero sus nudillos estaban blancos de tanto apretar los cubiertos.

​Elena soltó una risa seca, un sonido que no llegó a sus ojos.

—Asistente... qué palabra tan pintoresca. En mis tiempos se les llamaba de otra forma. Pero dime, niña —Elena se inclinó, dejando que su aliento rozara el oído de Rosalie—, ¿qué tiene una gama de club para que mi hija se haya arriesgado a traer una "mancha" a este comedor?

​—Tengo la capacidad de ver más allá de las apariencias, señora —respondió Rosalie, apretando los dientes para que no le temblara la voz—. Algo que, por lo visto, en esta casa es un pecado.

​La mirada de Elena brilló con una chispa de odio mezclado con curiosidad. Se enderezó y ocupó su lugar en la cabecera opuesta a su esposo.

​—Valiente. Me gusta la gente valiente, suelen ser los que más tardan en romperse —sentenció la matriarca. Luego, miró a Anya con una calidez fingida—. Anya, querida, lamento que hayas tenido que soportar este desplante. Recuerdo perfectamente cuando eran niñas... Alex no dejaba que nadie te tocara. Eran el uno para el otro mucho antes de que supieran lo que significaba la palabra "compromiso". ¿Recuerdas aquel verano en la dacha? Alex te prometió que tú serías la única que llevaría el apellido Morozov.

​Anya asintió, sus ojos brillando con una victoria silenciosa.

—Lo recuerdo, Elena. Alex siempre ha sido mi protectora. Ese vínculo no es algo que un viaje de un mes pueda borrar, por más "asistentes" que se crucen en el camino.

​El señor Morozov golpeó la mesa con su anillo de sello, marcando el final de la charla nostálgica.

—Basta de recuerdos. Es hora de hablar de realidades. En tres días celebraremos la gala en este mismo salón. Anunciaremos oficialmente la fecha de la boda entre Alexandra y Anya. El mundo entero verá que los Morozov no se dejan distraer por caprichos pasajeros.

​Miró a Rosalie con una sonrisa cruel.

—Rosalie, ya que eres tan eficiente, espero que ayudes a Anya con los preparativos de la boda. Será tu primera prueba de fuego. Si no puedes servirle a la futura esposa de tu jefa, no sirves para estar en esta casa.

​Alex se levantó de golpe, la silla raspando el suelo.

—¡Padre!

​—¡Siéntate, Alexandra! —rugió Elena—. Tu padre tiene razón. Si esta chica es tan valiosa como dices, que lo demuestre siendo útil.

​El resto de la cena fue una tortura de silencios y miradas cargadas de veneno. Rosalie sentía que el lujo de la mansión se cerraba sobre ella como una celda de mármol.

​Cuando la cena terminó, Alex escoltó a Rosalie hacia la zona de las habitaciones. El pasillo estaba en penumbra, iluminado solo por lámparas de pared que proyectaban sombras alargadas sobre los retratos de antepasados que parecían juzgar cada paso que daban.

​Al llegar a la puerta de Rosalie, Alex se detuvo. La tensión entre ambas era una cuerda tensada al límite. Alex se aseguró de que los guardias estuvieran al final del corredor antes de hablar.

​—Mi madre... ella es el verdadero peligro en este lugar —susurró Alex, su voz quebrada por la fatiga y la angustia—. No creas en sus historias del pasado. Anya siempre fue un plan de negocios para ellos, nada más.

​—Pero para Anya no lo es, Alex —respondió Rosalie, apoyándose contra la madera fría de la puerta—. Y tu madre la va a usar para destruirme. Me están obligando a organizar la boda de la mujer que amo con alguien que me odia. ¿Cuánto crees que puedo aguantar?

​Alex se acercó, invadiendo el espacio personal de Rosalie hasta que sus cuerpos casi se rozaban. El aroma a sándalo de Alex envolvió a la cantante, dándole una sensación de seguridad y peligro al mismo tiempo. Alex levantó la mano con lentitud, como si temiera romper el momento. Sus dedos rozaron apenas la mejilla de Rosalie, recorriendo el borde de su mandíbula con una delicadeza punzante.

​Rosalie cerró los ojos, inclinándose hacia el contacto. Podía sentir el calor de Alex, el ritmo acelerado de su corazón. Estaban tan cerca que sus alientos se mezclaban, a milímetros de un beso que ambos ansiaban pero que sabían que sería su sentencia de muerte en esa casa llena de espías.

​—No te voy a dejar sola en esto —susurró Alex contra sus labios, pero sin llegar a tocarlos—. Pero necesito que juegues el papel. Si ellos creen que te han quebrado, bajarán la guardia.

​Alex apoyó su frente contra la de Rosalie durante un segundo eterno, un contacto cargado de promesas silenciosas y desesperación. Luego, se obligó a sí misma a retroceder. El vacío que dejó el contacto físico dolió más que cualquier insulto recibido en la cena.

​—Vete a dormir, Rosalie —dijo Alex con voz ronca—. Mañana el infierno abre sus puertas temprano, y tendrás que estar lista para no quemarte.

​Rosalie entró en su habitación y cerró la puerta con llave, escuchando los pasos de Alex alejarse. Se sentó en la cama, mirando hacia la ventana donde la nieve de Moscú caía implacable. En la habitación contigua, Anya escuchaba el silencio del pasillo, apretando un pañuelo de seda entre sus manos.

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dora leidy Yara bonilla
y el resto de novela
{ᥣׁׅ֪υׁׅꪱׁׁׁׅׅׅ}:3: ya está n camino la segunda temporada 🥰
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