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Sombra En El Altar

Sombra En El Altar

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Anibeth Arguello

Alessandro una muchacha con un triste pasado y un esposo que la odia.

NovelToon tiene autorización de Anibeth Arguello para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El amanecer de los justo.

​El agua de los canales subterráneos de los alrededores del Loira estaba helada, un recordatorio físico de que el mundo real no perdonaba. Alessandra y Julián emergieron de una esclusa de drenaje a varios kilómetros del castillo, justo cuando el primer rayo de sol de la mañana teñía el horizonte de un color púrpura herido. A lo lejos, una columna de humo negro se alzaba desde la colina donde el Château des Ombres se desmoronaba, llevándose consigo siglos de secretos y el linaje de los Valois.

​Julián se desplomó sobre la hierba húmeda. El efecto de la adrenalina había pasado, dejando paso a una debilidad que amenazaba con apagar su conciencia. Alessandra, con el vestido negro desgarrado hasta los muslos y el rostro manchado de hollín, se arrodilló a su lado.

​—Marcus está en camino con el equipo médico —susurró ella, presionando la herida de Julián con sus manos heladas—. Solo un poco más, Julián. Por favor.

​—Lo logramos... —jadeó él, mirando el cielo—. Ya no hay deudas. Ya no hay sombras.

​—Aún falta el juicio final, Julián. El mundo querrá respuestas por lo que pasó en esa cripta.

​El refugio del consulado

​Dos horas después, gracias a la red de contactos que Alessandra había mantenido en estricto secreto, fueron trasladados a una casa de seguridad bajo protección diplomática. No era un hotel de lujo, sino una villa austera donde el olor a café y desinfectante reemplazaba el perfume de la aristocracia.

​Mientras Julián era intervenido quirúrgicamente de urgencia en una habitación contigua, Alessandra se sentó frente a una mesa de madera rústica con Marcus y un equipo de tres abogados de élite que no pertenecían a ninguna corporación, sino a organizaciones de derechos humanos internacionales.

​—Señora —dijo el abogado principal—, el "Protocolo Ceniza" ha funcionado. La Orden de Valois está paralizada financieramente. Pero los registros de la constructora de su esposo siguen ahí. La fiscalía europea va a emitir una orden de arresto contra Julián Rossi en las próximas doce horas.

​Alessandra bebió un sorbo de agua, sintiendo cómo la determinación volvía a fluir por sus venas.

—No si yo me entrego primero.

​El sacrificio de la reina

​—¿Qué está diciendo? —Marcus se tensó—. Usted es la que desmanteló la red. Usted es la heroína de esta historia.

​—En el papel, yo soy la heredera de los Valois —respondió Alessandra con una frialdad ejecutiva—. Soy la que activó las claves. Si me presento ante la justicia con los discos duros que rescaté de la cripta y confieso que yo manipulé las cuentas de Julián sin su conocimiento, él quedará libre de toda sospecha. Yo asumiré la responsabilidad legal del lavado de dinero de los últimos dos años.

​—Eso significa años de prisión, o al menos un arresto domiciliario perpetuo —advirtió el abogado.

​—Significa que Julián recuperará su nombre —sentenció ella—. Él ya pagó sus errores con sangre. Ahora yo pagaré los míos con mi libertad. Es el único "contrato" que me falta por cumplir.

​El despertar y la confesión

​Cuando Julián despertó de la anestesia, Alessandra estaba sentada al borde de su cama. El sol de la tarde entraba por la ventana, iluminando las cicatrices de ambos. Eran, por fin, dos personas reales, despojadas de los disfraces de magnate y de víctima.

​—Ale... —Julián tomó su mano—. ¿Qué está pasando? He visto policías afuera.

​—He tomado una decisión, Julián —le dijo ella, con una voz suave pero inquebrantable—. Me voy a entregar. Voy a entregar las pruebas que incriminan a mi madre, a Isabella y a la red global. Pero para que tu nombre quede limpio, debo declarar que tú fuiste una víctima colateral de mis maniobras.

​Julián intentó incorporarse, pero el dolor lo frenó.

—¡No! No voy a dejar que te sacrifiques por mí otra vez. Si vamos a caer, caeremos juntos.

​—No vamos a caer —lo interrumpió ella, besando sus nudillos—. Yo tengo el poder de Blue Phoenix para luchar esta batalla legal. Tengo a los mejores abogados y tengo la verdad de mi lado. Pero necesito que tú estés fuera. Necesito que tú reconstruyas lo que es real. Prométeme que esperarás, Julián. No importa cuánto tiempo tome el proceso.

​Julián la miró a los ojos y vio a la mujer que había aprendido a amar: no la esposa sumisa, no la ejecutiva de hierro, sino la mujer que era capaz de darlo todo por la justicia.

​—Te esperaré toda la vida, Alessandra. Y cuando salgas de ese tribunal, no habrá más contratos, ni más apellidos. Solo nosotros.

​El último acto de presencia

​El capítulo termina con Alessandra saliendo de la villa, caminando hacia los coches de la Interpol que esperaban con las luces azules parpadeando en la penumbra. No bajó la cabeza. No ocultó su rostro. Caminó con la elegancia de una Valois y la fuerza de un Fénix.

​Mientras le ponían las esposas, miró hacia la ventana donde Julián la observaba. Ella sonrió ligeramente. El juego de sombras había terminado. La luz de la justicia era cegadora, pero por primera vez, no tenía miedo de quemarse.

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