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ME ENAMORE DEL CUÑADO DE MI HIJO

ME ENAMORE DEL CUÑADO DE MI HIJO

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Ella Mayor Que Él
Popularitas:11k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

A los cuarenta y cinco años, Raquel Sanromán lo perdió todo en una sola noche.
Su esposo Miguel murió en un accidente de tráfico... acompañado de su amante. Pero la traición no terminó ahí. El testamento reveló la verdad más devastadora: durante años, Miguel planeó huir del país con Valeria Ochoa, llevándose millones robados de la empresa familiar y dejando a Raquel en la bancarrota absoluta.
Ahora es madre soltera de cinco hijos, dueña del veinticinco por ciento de una empresa en ruinas, y tiene quince días antes de perder su casa. Su hijo mayor la culpa por la caída de la familia. Las deudas la ahogan. Y Valeria, la amante que sobrevivió, ahora es dueña del cincuenta por ciento de lo que alguna vez fue su vida... y no descansará hasta verla mendigando en la calle.
Pero en su cumpleaños, en una noche de máscaras y champán, Raquel decide olvidarlo todo. Solo por unas horas. Solo para sentirse viva de nuevo.
Y entonces conoce a él.
Julian Harrington. Veintisiete años. Multimillonario.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Reglas del Juego

Pov Raquel

Pasé el resto del día flotando en una especie de trance. Cada vez que miraba mi teléfono y veía la notificación del banco confirmando que mi hipoteca estaba saldada, sentía una mezcla de alivio y terror que me revolvía el estómago.

¿Qué acababa de hacer?

Me había vendido. Eso era lo que había hecho. Me había vendido a un hombre de veintisiete años por dinero, por seguridad, por salvar a mis hijos de la calle.

Y lo peor era que una parte de mí, esa parte oscura que había despertado en aquella suite, no se sentía mal por ello.

Ana llegó a mi oficina pasadas las cinco de la tarde con dos cafés y una expresión que me decía que sabía exactamente lo que había pasado.

—Cuéntame —dijo sin preámbulos, cerrando la puerta y sentándose frente a mí.

—No sé de qué hablas.

—Raquel, mi jefe acaba de pagar tu hipoteca completa. ¿En serio crees que soy idiota?

La miré por un largo momento, debatiendo si contarle o no. Pero Ana era mi única aliada en este mundo que se caía a pedazos.

—Hicimos un trato —dije finalmente, y mi voz sonó extrañamente calmada.

—¿Qué tipo de trato?

—El tipo de trato que me hace su amante a cambio de que salve mi vida financiera.

Ana dejó su café sobre el escritorio con cuidado, como si temiera que sus manos pudieran romperlo.

—Por favor dime que no estás hablando en serio.

—Dos noches a la semana —continué, necesitando decirlo en voz alta, necesitando que alguien más supiera para que fuera real—. Martes y viernes. Él paga mis deudas, compra las acciones de Valeria, salva la empresa. Yo le doy... me doy a mí misma.

—Dios, Raquel...

—No me juzgues —dije rápidamente—. Por favor, Ana. Eres la única persona que puede entender esto.

Ella se quedó en silencio por lo que pareció una eternidad. Luego suspiró y tomó mi mano sobre el escritorio.

—No te estoy juzgando. Estoy preocupada. Julián Harrington no es un hombre que hace nada sin razón. Y tú... tú acabas de salir de un matrimonio que te destruyó.

—Lo sé. Pero ¿qué más puedo hacer? Mis hijos iban a quedarse sin casa en quince días.

—¿Y qué pasa con tus sentimientos? ¿Con lo que tú quieres?

Esa pregunta me golpeó con más fuerza de la que esperaba.

—No sé lo que quiero, Ana. Solo sé que por primera vez en meses puedo respirar sin sentir que me ahogo.

Ella apretó mi mano.

—Está bien. Te voy a ayudar. Pero prométeme algo.

—¿Qué?

—Que si esto se vuelve demasiado, si él te lastima o si tú te lastimas, me lo dirás. Y saldremos de esto juntas.

—Lo prometo.

Esa noche llegué a casa con una historia preparada. Los niños estaban en la sala viendo televisión cuando entré. Marcela fue la primera en levantarse.

—Mamá, ¿estás bien? Te ves... diferente.

—Estoy bien, mi amor. De hecho, tengo buenas noticias.

Ángel apareció en las escaleras, todavía con expresión hosca pero al menos había salido de su habitación.

—¿Qué tipo de noticias? —preguntó con desconfianza.

Respiré profundo.

—Los abogados encontraron un seguro de vida de su padre que yo desconocía. Un seguro grande. Acaban de hacer el pago.

El silencio que siguió fue absoluto.

—¿Qué tan grande? —preguntó Ángel bajando las escaleras lentamente.

—Suficiente para pagar la hipoteca —dije, y la mentira salió sorprendentemente fácil de mis labios—. La casa es nuestra de nuevo. Y hay suficiente para mantener la empresa funcionando mientras encontramos inversionistas.

Marcela me abrazó con tanta fuerza que casi me quita el aire.

—¿En serio, mamá? ¿No vamos a perder la casa?

—No, mi amor. No vamos a perder la casa.

Los trillizos corrieron hacia mí gritando de felicidad. Sofía lloraba de alivio. Santiago y Salomón me bombardeaban con preguntas sobre si podrían volver a sus clases de natación.

Solo Ángel se quedó en las escaleras, mirándome con una expresión que no pude descifrar.

—Papá sí nos cuidó —dijo finalmente, y su voz se quebró—. Al final, sí lo hizo.

La culpa me atravesó como un cuchillo. Porque estaba dejando que creyera que Miguel, el hombre que planeó abandonarlos, era quien los había salvado. Cuando en realidad era yo quien había vendido su cuerpo para mantenerlos a salvo.

Pero no podía decirle eso.

—Sí —mentí—. Al final lo hizo.

Dos días después, un martes por la mañana, recibí el mensaje que había estado esperando y temiendo al mismo tiempo.

"Edificio Harrington Tower. Piso 45. Suite privada. 8 PM. El ascensor privado está al fondo del lobby, código de acceso 4587. Ven preparada, Raquel. Esta noche estableceremos las reglas. J."

Las manos me temblaron al leer el mensaje. Ana, que estaba almorzando conmigo en mi oficina, notó mi expresión.

—¿Es él?

Asentí sin poder hablar.

—¿Cuándo?

—Esta noche.

Ana respiró profundo.

—Está bien. Te voy a ayudar. ¿Qué les vas a decir a los niños?

—Que tengo una reunión de negocios importante. Con los posibles inversionistas.

—Yo les diré a los niños que pasaré a verlos esta noche. Así tienes una coartada adicional. Si preguntan, estabas conmigo revisando documentos.

—No tienes que hacer esto...

—Sí tengo —me interrumpió—. Eres mi mejor amiga. Y voy a cuidarte, aunque eso signifique mentirle a Ángel cuando me pregunte dónde estabas.

A las siete de la noche me encerré en mi habitación para prepararme. Me había duchado dos veces, cambiado de ropa cuatro veces, y ahora estaba frente al espejo cuestionando cada decisión que había tomado en los últimos días.

Finalmente elegí un vestido azul marino. Profesional pero femenino. Algo que pudiera justificar si alguien me veía entrando al edificio Harrington.

El maquillaje fue más difícil. ¿Mucho? ¿Poco? ¿Qué esperaba Julián?

Al final opté por algo natural con labios rojos. Si iba a venderme, al menos lo haría sintiéndome hermosa.

Bajé las escaleras a las siete y media. Marcela estaba ayudando a los trillizos con la tarea en el comedor.

—¿A dónde vas, mamá? —preguntó Sofía al verme.

—Tengo una reunión muy importante, mi amor. Pero Ana vendrá a visitarlos.

—¿Volverás tarde? —preguntó Santiago.

—Posiblemente. Pero Marcela estará con ustedes.

Ángel apareció en la puerta de la cocina, mirándome con el ceño fruncido.

—¿Una reunión a las ocho de la noche?

—Con inversionistas internacionales —mentí—. Diferentes zonas horarias.

Él no parecía convencido, pero asintió.

—Ten cuidado, mamá.

—Siempre.

El edificio era imponente. Todo vidrio y acero, elevándose hacia el cielo como un monumento al poder y al dinero. Me sentí pequeña mientras caminaba hacia la entrada, consciente de las miradas de los guardias de seguridad.

El ascensor privado estaba exactamente donde Julián había dicho. Marqué el código 4587 con dedos temblorosos.

Las puertas se abrieron revelando un interior de espejos y luces suaves. Solo tenía un botón: piso 45.

Lo presioné y el ascensor comenzó a subir suavemente.

Mi corazón latía tan fuerte que podía escucharlo en mis oídos. ¿Qué estaba haciendo? ¿En qué me estaba convirtiendo?

Las puertas se abrieron directamente en un vestíbulo privado. Piso de mármol negro. Una sola puerta de madera oscura al frente.

Antes de que pudiera tocar, la puerta se abrió.

Y ahí estaba él.

Julián Harrington. Sin saco. Camisa blanca con los primeros botones desabrochados. Pantalones de vestir negros. Descalzo. El cabello ligeramente despeinado como si hubiera pasado los dedos por él.

Y esos ojos. Esos malditos ojos que me desnudaban sin tocarme.

—Llegas a tiempo —dijo, haciéndose a un lado—. Pasa.

Entré a un apartamento que parecía sacado de una revista. Ventanales del piso al techo con vista panorámica de la ciudad. Muebles modernos en tonos grises y negros. Una barra de bar completamente surtida. Y al fondo, una puerta entreabierta que dejaba ver una cama enorme.

—¿Vino? —preguntó, dirigiéndose a la barra.

—Por favor.

Me sirvió una copa de vino tinto que probablemente costaba más que mi renta mensual antes de que Julián pagara mi hipoteca.

—Siéntate —dijo, señalando el sofá de cuero negro—. Tenemos que hablar.

Me senté en el borde del sofá, demasiado nerviosa para relajarme. Él se sentó a mi lado, no frente a mí, tan cerca que pude sentir el calor de su cuerpo.

—Las reglas son simples —comenzó, y su voz era puro terciopelo oscuro—. Dos noches a la semana. Martes y viernes. Llegarás a las ocho en punto. Si tienes algún compromiso con tus hijos, lo cancelas. Esas noches me perteneces.

Tomé un sorbo de vino para calmar los nervios.

—¿Y si realmente no puedo? ¿Si uno de mis hijos está enfermo?

—Entonces me avisas con anticipación y reprogramamos. Pero no aceptaré excusas de último minuto.

Asentí.

—Nadie puede saber de esto —continuó—. Ni tus hijos, ni tus amigos además de Ana, ni nadie en la empresa. Ante el mundo, soy tu socio de negocios. Nada más.

—Entendido.

—Durante esas noches, me perteneces completamente —dijo, y su mano subió para acariciar mi mejilla—. Tu cuerpo, tu tiempo, tu atención. Todo mío. Pero fuera de estas paredes, somos estrictamente profesionales. ¿Está claro?

—Sí.

—Y Raquel —su pulgar rozó mi labio inferior—, si alguna vez quieres terminar esto, solo tienes que decirlo. Pero mientras estemos en este acuerdo, no habrá nadie más para ti. Solo yo.

La posesividad en su voz debería haberme asustado. En cambio, me excitó.

—¿Y para ti? —pregunté, porque necesitaba saberlo—. ¿Habrá alguien más?

—No —respondió sin dudar—. Cuando algo es mío, es solo mío. Y tú, Raquel Sanromán, eres mía ahora.

Terminé mi copa de vino de un trago, necesitando el coraje líquido.

—¿Algo más?

Una sonrisa lenta, peligrosa, apareció en sus labios.

—Sí. Quítate el vestido.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué?

—El vestido —repitió, reclinándose en el sofá con una elegancia casual que era pura arrogancia—. Quítate lo. Despacio.

—Julián...

—Esa es otra regla, Raquel. Cuando estés aquí, harás lo que yo diga. Y ahora te estoy diciendo que te quites el vestido.

Me puse de pie con piernas temblorosas. Mis dedos encontraron el cierre en la espalda del vestido y lo bajé lentamente, consciente de cómo me miraba, de cómo sus ojos se oscurecían con cada centímetro de piel que revelaba.

El vestido cayó al suelo.

Me quedé frente a él en lencería negra. Vulnerable. Expuesta. Y extrañamente poderosa.

—Preciosa —murmuró, poniéndose de pie y acercándose—. Absolutamente preciosa.

Sus manos se posaron en mi cintura, atrayéndome hacia él.

—Ahora que conoces las reglas —susurró contra mi oído—, déjame mostrarte exactamente lo que significa pertenecerme.

Y entonces me besó, y todo pensamiento racional desapareció de mi mente.

Porque en ese momento, en esa suite en el piso 45, no era madre, ni viuda, ni empresaria.

Era solo una mujer que acababa de vender su alma.

Y que estaba descubriendo que tal vez, solo tal vez, el precio valía la pena.

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Maria Guevara Arbulu
cigüeña en camino un pequeño pasajero a bordo ❤️
Maria Guevara Arbulu
uy malos entendidos x andar husmeando a Raquel 😁
Mirtha Cabrera
Me parece muy bueno
Ledys Elena Socarraz Molina
me gusta la narrativa pero no demorar con la publicación de cada capítulo maravilloso de
Betty Saavedra Alvarado
Julián Diego solo es su amigo no piensen mal estás celoso
Betty Saavedra Alvarado
Mi mamá tuvo mi hna a los 46 años no estás en la menopausia así que cualquier cosa puede pasar como una sorpresa de nueve meses
Betty Saavedra Alvarado
Muchas veces mal interpretamos lo que vemos no preguntamos solo sufrimos ese le pasa a Julián con Raquel
Betty Saavedra Alvarado
Raquel te estás ahogando en un vaso de agua deja de ser cobarde y dile a Julián que lo amas todo se irá solucionando poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Raquel eres madre primero.despues mujer tienes miedo es natural a la reacción de tus hijos sobretodo la de Angel por la relación que tiene con Isabella La mamá de Julián no querrá una relación por la edad y los hijos el abuelo lo está apoyando y aconsejando el desea verlo feliz
Betty Saavedra Alvarado
Julián claro que no va ser fácil es una pequeña venganza contra Victoria ella también publicará tus fotos Raquel tendrá que ser fuerte para afrontar todo lo que viene
Betty Saavedra Alvarado
Todo el mal que pensabas hacer se revocó en tu familia Victoria ahora son delincuentes ante la sociedad
Maria Guevara Arbulu
Raquel eres presa de tus miedos de tu cobardía se hace las cosas bien dándole a conocer a tus hijos de tu amistad con tus ojos Julián que alterne con tus hijos porque él no es un peligro para ellos tiene la suficiente confianza con tus hijos ellos entenderán porque el callar y mentir eso sí no se perdona ahí sí vas a decepcionar y y urgente busca ayuda psicológica terapia para que puedas vencer esos miedos y esos perjuicios que tienes😁
Maria Guevara Arbulu
❤️❤️🥰
Maria Guevara Arbulu
fantástico capítulo palmas para Julián en que verdaderamente el sector de este casi triunfo es el abuelo adorable astuto Raquel tuviste la oportunidad de entablar una conversación cortita sobre Julián decir que sí que eran socios pero también estaban conociéndose como amigo por qué no vas allanando el terreno para que en algún momento tienes la oportunidad desde que ese amor se haga realidad que lo vivas libremente no sigas mintiendo no sigas ocultando y Victoria el que ríe al último ríe mejor te sentías vencedora ilusa😁
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Maria Guevara Arbulu
muy bien Julián que no te dejes vencer y que luches por el amor de Raquel porque a veces uno ama y el otro se deja amar en este caso Raquel se dio por vencida pero tú vas a luchar por ustedes❤️
Maria Guevara Arbulu
Raquel eres una cobarde dice llamar a Julián pero no te atreves a luchar con la felicidad tus hijos no son sus verdugos tus enemigos si ellos te aman y tú tienes la honestidad y la confianza 😁 puedes empezar una relación amical con Julián como amigos como socios y ellos vean el día a día de ustedes xq la mentira es lo que duele debes hablar lo antes posible.
Julián deja contarle a tu hermana de tus sentimientos de lo que estás pasando del calvario que estás viviendo y tenías una aliada🙏
Johann
🥺🥺🥺🥺🥺
Johann
🔥🔥🔥🔥
Johann
👏👏👏👏👏👏
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