Al despertar descubre que está casado con otro, con el cual no se lleva muy bien y ahora resulta que es un omega... Joy tendrá que ser valiente y superar los obstáculos.
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Lágrimas
El aire se sentía pesado, casi irrespirable. Joy sentía que los pulmones le quemaban con cada bocanada de aire en este nuevo entorno. Todo era demasiado estresante; apenas llevaba unas horas en este mundo y sentía que el suelo bajo sus pies se desmoronaba. Cada ruido, cada olor y cada mirada ajena le recordaban que no pertenecía a ese lugar. Era un caos silencioso que amenazaba con romperlo en cualquier momento.
Quince minutos después, tras un trayecto que se le hizo eterno, Khalil estaba sentado en la misma mesa que Joy en aquel restaurante tranquilo. Las luces bajas y el murmullo de las otras mesas no lograban calmar los nervios del omega. Khalil, por el contrario, lo observaba con una mezcla de preocupación genuina y esa chispa de intensidad que parecía ser parte de su personalidad.
-¿Qué sucede?- Preguntó Khalil finalmente, rompiendo el hielo -Estoy seguro de que tiene que ver con ese alfa que tienes de esposo, ¿verdad? ¿Es que acaso no se cansa de ser un idiota? ¿Otra vez amenazó con llevar a alguna de sus amantes a la mansión?-
Joy no respondió de inmediato, simplemente bajó la mirada hacia el mantel. Khalil continuó, intentando aligerar el ambiente con un humor un tanto oscuro:
-No, ya sé... lo mataste y necesitas que te ayude a ocultar el cadáver. Sabes que haría lo que fuera por ti, cariño. Solo dime dónde está la pala.-
Al decir esto, Khalil estiró las manos y sostuvo las de Joy con firmeza. El gesto, cargado de un cariño que Joy aún no terminaba de procesar, le arrancó una breve risa. Era increíble, pensó Joy, pero a pesar de la confusión y el miedo, Khalil ya le caía bien. Había algo en su lealtad ciega que resultaba reconfortante en medio de tanta locura.
-Esto es difícil de decir...- Logró articular Joy, sintiendo un nudo en la garganta.
Khalil lo observó con detenimiento, analizándolo como si buscara una pista en sus ojos que le explicara el cambio en su comportamiento. Al notar la angustia de su amigo, su expresión se suavizó y sonrió con dulzura.
-No te preocupes, mi cielo. Yo estoy aquí y no me iré a ningún lado. Sea lo que sea, lo resolveremos. ¿Te parece si ordenamos algo de comer primero? No puedes pensar con el estómago vacío.-
Cenaron casi en silencio, un silencio que no era incómodo, pero sí cargado de preguntas pendientes. Luego de terminar, ambos se dirigieron al apartamento del omega menor. Necesitaban un lugar seguro, un refugio donde hablar sin ser molestados y, sobre todo, sin ser escuchados por algún tercero que pudiera malinterpretar lo que estaba por confesarse.
Una vez dentro del apartamento, la atmósfera cambió. Khalil se sentó en el sofá y comenzó a jugar con sus pies de forma inquieta mientras no le quitaba la vista de encima a Joy, quien caminaba de un lado a otro por la pequeña estancia.
-¿Y bien? ¿Me dirás qué te sucede?- Insistió Khalil -¿Por qué estás tan pensativo? Somos amigos, Joy. Puedes decirme lo que sea, lo que sea que esté pesando en tu corazón.-
Joy se detuvo en seco. Su mente trabajaba a mil por hora buscando las palabras correctas, pero lo único que su cuerpo le pedía en ese momento era un pequeño respiro antes de soltar la bomba.
-Pues... Quiero té.- Respondió Joy de repente.
Khalil soltó un suspiro dramático y se llevó las manos a la cabeza.
-¡Haaaa! Me vuelves loco, cariño. De verdad que tienes una forma única de evitar las cosas. Está bien, no te muevas, ya te lo traigo.-
Khalil lo observó fijamente un segundo más, como tratando de adivinar el misterio tras su mirada, y se levantó para ir a la cocina. Joy escuchó el tintineo de las tazas y el sonido del agua hirviendo. El olor del té comenzó a inundar el apartamento; era un aroma dulce y herbal que ayudó a relajar un poco sus hombros tensos. Luego de unos minutos, Khalil regresó con dos tazas enormes, humeantes y con un aroma delicioso que prometía calma.
-Ya suéltalo.- Dijo Khalil mientras le entregaba su taza y se acomodaba de nuevo -Dime qué te sucede.-
Joy tomó un sorbo del líquido caliente, sintiendo cómo el calor le bajaba por el pecho. Dejó la taza sobre sus rodillas y miró directamente a los ojos de Khalil.
-Esto sonará loco, descabellado y raro, pero debes escucharme sin interrumpir.- Advirtió con voz temblorosa. Khalil, al ver la seriedad en su rostro, asintió en silencio.
-Okay... No soy el Joy que conoces. Soy otra persona. No sé cómo llegué a este lugar y mucho menos el motivo. Tengo la misma apariencia, la misma edad y el mismo nombre aquí que en mi mundo. También tengo la mayoría de los recuerdos del anterior Joy, como si estuvieran grabados en este cuerpo, pero yo no soy él. No entiendo qué sucede, cuál es mi propósito en este sitio, pero estoy casi seguro de que puedo confiar en ti.-
Lo había dicho. No había vuelta atrás. Las palabras flotaban en el aire del apartamento como una confesión prohibida. Khalil se quedó petrificado, con la taza a medio camino de su boca. El silencio se prolongó durante varios segundos que parecieron horas.
-¿Me dices... que mi amigo Joy ya no existe?- Preguntó Khalil con un hilo de voz.
-No sé qué sucedió con él y menos dónde está.- Respondió Joy, rascándose la frente con nerviosismo -Es todo lo que sé. Necesito una salida, Khalil. Quiero volver a casa. Alguien me espera allá, tengo una vida, tengo... personas que me importan.-
Khalil dejó su taza en la mesa de centro con cuidado, como si temiera que se rompiera. Su mirada se volvió sombría.
-¿Me cuentas todo esto aun sabiendo que puedo encerrarte en una clínica para enfermos mentales?- Preguntó Khalil con voz ronca -Eres consciente de que tengo el poder para hacerlo. Que cualquier persona normal pensaría que has perdido el juicio.-
Se aferró a su propia taza, procesando la magnitud de lo que acababa de escuchar. Sin embargo, a pesar de sus palabras, no se alejó. Joy inhaló profundamente y se armó de valor para mostrar la prueba final.
-Estoy seguro de que puedes hacerlo...- Admitió Joy -pero también sé que en el fondo puedes creerme y ayudarme. Te necesito, Khalil. Ayúdame a cuidar el lugar de Joy hasta que él vuelva o hasta que yo encuentre la forma de irme. Además... hay algo que no sabes.-
Con manos temblorosas, Joy comenzó a subirse las mangas de su ropa, revelando las vendas blancas que cubrían sus muñecas. El blanco de la tela contrastaba dolorosamente con la piel.
-¡No puede ser, Joy! ¿Qué fue lo que hiciste?- Exclamó Khalil, poniéndose de pie de un salto, con el rostro desencajado por el horror.
-No fui yo.- Dijo Joy rápidamente, intentando calmarlo -Fue el dueño de este cuerpo. Cuando desperté aquí, ya tenía esto. Si no fuera por la señora Sofía, creo que yo tampoco estaría hablando contigo justo ahora. Ella fue quien me ayudó a limpiar este desastre.-
Khalil no pudo contenerse más. El impacto de ver las heridas, sumado a la confesión fantástica que acababa de escuchar, rompió su compostura. Comenzó a llorar de una manera amarga y profunda, un llanto que nacía de la impotencia y del cariño que sentía por la persona que habitaba ese cuerpo. Era difícil de creer, casi imposible de aceptar, pero en el fondo de su alma, Khalil sabía que esta persona, este "nuevo Joy", no mentía. Había una honestidad cruda en sus ojos que el antiguo Joy rara vez mostraba.
Se aferró a Joy, rodeándolo con sus brazos en un abrazo desesperado, y lloró durante largo rato. Joy, aunque se sentía como un extraño en un cuerpo ajeno, no pudo evitar conmoverse. Solo podía abrazarlo de vuelta, dándole pequeñas palmadas en la espalda, intentando ofrecerle un consuelo que él mismo necesitaba. También quería llorar, sentía las lágrimas agolpándose tras sus párpados, pero se contuvo. Alguien tenía que mantener la calma.
Después de un tiempo, Khalil se separó y fue al sanitario. Regresó minutos después con el rostro lavado y renovado, aunque su nariz seguía colorada y sus ojos estaban hinchados y rojos por el llanto. Tomó asiento frente a Joy y, con una determinación que no tenía antes, le sujetó la mano con firmeza.
-Dime tu nombre, tu edad y tu ocupación.- Ordenó Khalil, como si necesitara asentar las bases de esta nueva realidad.
-Mi nombre es Joy Smith, tengo 24 años y administro una pequeña clínica veterinaria.- Respondió Joy sin dudarlo ni un segundo.
Khalil asintió, asimilando la información. Luego, hizo la pregunta que Joy sabía que vendría tarde o temprano en este mundo de jerarquías.
-Dime tu género secundario en "tu mundo".-
Khalil seguía sosteniendo su mano, buscando quizás una reacción física que lo delatara. Joy suspiró y se rascó la frente con la mano que tenía libre.
-Alfa, beta y omega en mi mundo no existen.- Explicó con calma -Solo existen hombre y mujer. No hay género secundario, no hay celos, ni aromas que te controlen. Y antes de que lo preguntes, este mundo y el mío son muy similares en casi todo lo demás; lo único que cambia radicalmente es este asunto del subgénero.-
Khalil guardó silencio, tratando de imaginar un mundo donde los instintos biológicos no dictaran el destino de las personas. Parecía una utopía o un lugar sumamente aburrido, pero explicaba por qué este Joy se veía tan perdido y abrumado por todo.
-De acuerdo.- Dijo Khalil finalmente, apretando su mano -Cuéntame qué fue lo último que hiciste en tu mundo antes de despertar aquí. ¿Cómo fue ese último momento?-
Joy fijó su mirada en el omega. Los recuerdos de su verdadera casa, del olor de su clínica, de los ladridos de los perros y de la persona que lo esperaba para cenar inundaron su mente. Sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente y, esta vez, no pudo evitar que un par de gotas resbalaran por sus mejillas.
-Estaba...- Empezó a decir con la voz quebrada, mientras las imágenes de su última noche antes del caos se proyectaban en su memoria como una película agridulce.
Damon: LLAMEN AL DACTOIIOR 😭😭👏👏👏