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CEO Amargado Asistente Indómita.

CEO Amargado Asistente Indómita.

Status: En proceso
Genre:Diferencia de edad / CEO / Romance
Popularitas:10.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

Sigue a Valentina Márquez Santos, abogada humilde e hija ilegítima de un magnate. Tras ser traicionada en su boda y expulsada de su trabajo por defenderse de acoso, se convierte en asistente del amargado CEO Mateo Castellanos. Demuestra su valía al organizar el proyecto médico VidaPlus y salvar a su hija Sofía de un rapto, mientras enfrenta la envidia de Gitana, la hermana de la difunta esposa de Mateo. A pesar de que Mateo es insoportable, entre ellos surge una conexión, mientras Valentina lucha por su futuro y por hacer realidad un proyecto que cambiará vidas.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL DÍA QUE CAMBIÓ TODO

Pasaron tres días desde mi primer día en Castellanos Medical Tech, y aunque Mateo seguía siendo el hombre más cascarrabias y amargado que había conocido en mi vida, había logrado cumplir con mi trabajo a la perfección. Había organizado todos los documentos del proyecto VidaPlus en carpetas coloridas con índices detallados, preparado la presentación para la reunión con inversionistas y coordinado la agenda de Mateo con precisión milimétrica. Incluso había logrado hablar por teléfono con Daniela, su hija mayor de diecisiete años, y convencérla de que hablará con su padre sobre el festival —le expliqué que podía proponer ir acompañada de una tía o un amigo de la familia, lo que hizo que la joven cediera un poco.

Valentína:

Ese jueves por la tarde, tenía que recoger a Sofía, la hija menor de quince años, de su escuela: el Colegio Privado San Gabriel, ubicado en la zona norte de Metrolis. Llegué diez minutos antes, vestida con un traje pantalón gris claro, camisa azul y tacones bajos —había aprendido que para moverse con agilidad, no siempre eran buenos los tacones altos. Mientras esperaba junto a la puerta principal, una mujer se acercó a mí con paso seguro y una sonrisa que parecía más una mueca de superioridad.

Gitana Lombarde, hermana de la difunta esposa de Mateo, tenía 45 años, cabello rojo intenso —parecido al mío, pero más brillante por los tintes— y ojos azules que miraban con desdén. Medía casi lo mismo que yo, con una figura escultural que mostraba con vestidos de diseño y joyas que parecían valer más que mi alquiler anual. Vivía con Mateo y las niñas desde que su hermana falleció, y según la recepcionista del piso treinta, siempre había sentido algo más que cariño por su cuñado.

—¿Y tú quién eres? —preguntó, mirándome de pies a cabeza como si yo fuera un objeto desechable—. Supongo que eres la nueva asistente de Mateo. Ya veo que eligió a alguien... común. No tiene ni idea de elegancia, ¿verdad?

—Soy Valentina Márquez Santos, asistente ejecutiva del señor Castellanos —respondí con calma, extendiendo la mano para saludarla. Ella la ignoró, cruzando los brazos sobre su pecho.

—Gitana Lombarde, hermana de la madre de estas niñas y la única persona que realmente cuida de esta familia —dijo, poniéndose una melena detrás de la oreja con gesto narcisista—. Mateo es un hombre muy especial, no como los demás. Necesita alguien que lo comprenda, que venga de la misma clase social, que sepa de qué se trata el mundo de los negocios y la elegancia. No alguien que parezca haber salido de cualquier lado.

Sentí cómo mi fuego interior comenzaba a encenderse, pero me contuve. Había aprendido que a veces la mejor forma de ganar una batalla es con palabras, no con puños.

—La clase social no define la capacidad de una persona, señora Lombarde —dije con una sonrisa segura—. Yo he ganado mis logros con esfuerzo y dedicación, y eso me hace valerme más que cualquier prenda de diseñador o joya cara. Además, el señor Castellanos contratóme por mi trabajo, no por mi ropa. Y hasta ahora, he cumplido con todo lo que me ha pedido a la perfección.

Gitana frunció el ceño, molesta por mi respuesta.

—Ya verás cómo no duras mucho aquí, niña —murmuró—. Mateo necesita alguien que lo apoye en todo, no alguien que se cree más lista que los demás.

Justo en ese momento, las puertas de la escuela se abrieron y los estudiantes comenzaron a salir. Vi a Sofía: una niña delgada, con cabello rubio como el de su padre y ojos azules llenos de timidez. Llevaba un uniforme gris y azul, y cargaba una mochila enorme sobre su espalda. Se dirigía hacia nosotros cuando de repente tres hombres de aspecto sospechoso se acercaron a ella desde un callejón cercano.

—¿Eres Sofía Castellanos? —preguntó uno de ellos, un hombre alto y corpulento con una cicatriz en la mejilla—. Tu papá nos debe dinero, cariño. Vamos con nosotros y todo se arregla.

Sofía se quedó helada de miedo, sin poder gritar. Gitana dio un paso atrás, sacando su celular con las manos temblando.

—¡No me acerquen a ella! —grité, avanzando rápidamente hacia los hombres. Había estudiado artes marciales durante años —karate y kickboxing— para defenderme después de mis días en las calles, y ese entrenamiento ahora iba a servir para algo importante.

El primer hombre intentó agarrarme del brazo, pero le di un giro de muñeca que lo hizo gritar de dolor, seguido de un patada en el estómago que lo hizo caer al suelo. El segundo intentó golpearme con un puño, pero esquivé con agilidad y le di un golpe en la mandíbula con el borde de mi mano, dejándolo inconsciente en el adoquín. El tercero, más listo, intentó agarrar a Sofía desde atrás, pero yo me lancé hacia él, le di un codazo en la espalda y luego un puñetazo preciso en el pecho que lo hizo retroceder varios pasos. En menos de dos minutos, los tres hombres estaban en el suelo, inmóviles.

—Llámala policía, señora Lombarde —dije, agachándome para recoger la mochila de Sofía y ponerla sobre su hombro—. Y avísale al señor Castellanos lo que pasó.

Sofía se abrazó a mí, llorando de miedo.

—¡Gracias, gracias! —murmuró—. No sabía qué hacer...

—Estás a salvo ahora, cariño —dije, acariciándole la cabeza con ternura—. Nadie va a hacerte daño mientras yo esté cerca.

Mientras Gitana hablaba por teléfono con la policía y con Mateo, ayudé a Sofía a calmarse. Le dije que era fuerte, que no tenía por qué tener miedo y que siempre podría contar conmigo. La joven me miró con los ojos llenos de admiración, como si yo fuera una superheroína.

Al cabo de unos minutos, escuché el sonido de un coche deportivo azul oscuro que se detuvo a toda velocidad frente a nosotros. Mateo bajó del vehículo con la cara enojada, sus ojos azules cargados de furia y algo más —preocupación. Gitana se lanzó hacia él, abrazándolo con fingida ternura.

—¡Mateo, mi querido! —exclamó—. Fue terrible, estos hombres intentaron raptar a Sofía. Yo intenté ayudar, pero no pude... Afortunadamente, esta chica estaba aquí y se las arregló para detenerlos. Aunque no sé cómo, seguro que usó alguna técnica bruta de esas que aprenden en los barrios bajos.

Mateo:

Mateo la apartó suavemente y se acercó hasta donde estábamos. Miró a los hombres en el suelo, luego a Sofía —que seguía abrazada a mí— y finalmente a mí. Su mirada era difícil de leer: había enojo, pero también algo que parecía ser reconocimiento.

—¿Estás bien, Sofía? —preguntó, acariciándole la mejilla. La niña asintió, aún temblando.

—Está bien, papá —dijo—. La señorita Valentina me salvó. Fue muy valiente, le pegó a los tres como si fueran juguetes.

Mateo volvió a mirarme, esta vez con más atención.

—¿Cómo lo hiciste? —preguntó, con la voz seria—. No creí que supieras defenderte así.

—Aprendí a defenderme desde pequeña, señor Castellanos —respondí, ajustándome la coleta que se había soltado durante la pelea—. En el barrio donde crecí, no había nadie más que yo para cuidarme. Luego estudié artes marciales para perfeccionar mis técnicas. Nunca busco problemas, pero cuando alguien está en peligro, no me quedo de brazos cruzados.

Gitana se acercó de nuevo, intentando ganar su atención.

—Mateo, pero ¿te das cuenta? Esta chica usa la violencia como solución. Eso no es adecuado para alguien que trabaja contigo, que está cerca de nuestras hijas...

—La violencia fue la única solución en ese momento, señora Lombarde —interrumpí con firmeza—. Y aunque usted quiera humillarme y hablar de mí como si no valiera nada, lo que importa es que Sofía está a salvo. Usted se quedó atrás mientras yo defendía a su sobrina. Eso dice más de usted que de mí.

Gitana se puso roja de ira, pero no pudo decir nada más porque llegaron los policías. Se llevaron a los hombres y tomaron nuestras declaraciones. Sofía negó que conociera a sus agresores, y Mateo explicó que no debía dinero a nadie —parecía ser un intento de extorsión o un raptocidio ordenado por alguien con intereses en la empresa.

Cuando terminó todo, Mateo nos invitó a ir a casa para asegurarse de que Sofía estuviera completamente bien. Durante el trayecto en coche, la niña contó con entusiasmo cómo yo había derrotado a los tres hombres, haciendo gestos con las manos y sonriendo por primera vez desde que habíamos salido de la escuela.

Al llegar a su casa —una mansión blanca con jardines espectaculares en la zona más exclusiva de Metrolis—, Daniela estaba esperándonos en la puerta. Al ver a su hermana bien, la abrazó con fuerza. Luego miró a mí con curiosidad.

—¿Eres la señorita Valentina? —preguntó—. Sofía me dijo que te salvaste. Papá nunca ha contratado a alguien así... alguien valiente.

Gitana entró primero en la casa, murmurando algo sobre cómo era una vergüenza que un empleado tuviera que defender a la familia. Mateo se detuvo en la puerta, mirándome a los ojos.

—Hoy hiciste lo correcto, Valentina —dijo, con la voz menos seca de lo habitual—. Sofía está a salvo gracias a ti. Pero quiero que quede claro: esto no cambia nada en el trabajo. Aún tienes que demostrar que eres capaz de cumplir con tus responsabilidades sin problemas. Y no quiero que te metas en más peleas.

—Entiendo, señor Castellanos —respondí con una sonrisa—. Solo hice mi deber. Y no te preocupes, no busco problemas. Pero si alguien más intenta hacer daño a tus hijas o a alguien que me importe, haré lo mismo de nuevo.

Mateo frunció el ceño, como si no supiera si enojarse o sentirse agradecido. Luego, dio un paso hacia adentro.

—Entra, por favor —dijo—. Al menos toma un café antes de irte a casa. Las niñas quieren agradecerte personalmente.

Entré en la casa, sabiendo que ese día había cambiado las reglas del juego. Aún Mateo seguía siendo amargado y cascarrabias, Gitana seguía intentando humillarme y el trabajo seguiría siendo duro. Pero ahora tenía a las hijas de Mateo de mi lado, y eso valía más que cualquier cosa.

 

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Juana Pérez Pérez
este capítulo estuvo raro por los descubrimientos pero bonito a ka vez
Juana Pérez Pérez
ya veremos que hace la autora con Valeria t los demás
ShaLop
Vuelvo y digo Valentina estudió de todo caramba la mujer maravilla 👏
ShaLop
Valentina es multifacetica. Sabe de todoooo
Aleida Delgado Santana: Se tuvo que criar sin ayuda, solo con su abuelo.
total 1 replies
valeska garay campos
cada capítulo te deja con ganas de más 🤭
Aleida Delgado Santana: Muchas gracias.
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valeska garay campos
algún día podrá perdonarla?
Aleida Delgado Santana: Yo creo que sí. Gitana merece una oportunidad.
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valeska garay campos
la niña no se llama luna?🤔
Aleida Delgado Santana: Ya le cambié el nombre
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Ales🌷🍃
Estoy al tanto de tus otras historias que están saliendo. Te agradecería que las actualizaras también.
Aleida Delgado Santana: Claro.
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valeska garay campos
me perdí con la edad de las niñas
que pena que alejandro solo este con ella para hacer daño
valeska garay campos: pero no tenían que ir por ellas al colegio 🤔
total 3 replies
valeska garay campos
las hijas no eran pequeñas y no de 20 años?
karencitha
y Mateo un covarde por no luchar por la mujer que ama
karencitha
esa niña Sofia esta mal de la cabeza chantajear asu padre con quitarse la vida si se separa de la bruja de su madre esa niña necesita ayuda sipcologica urgente
danny Fernandez
hasta allí llega la historia
Aleida Delgado Santana: Casi le atinaste.
total 2 replies
Elena Rodriguez Welman
A la expectativa ,ni demores estoy ansiosa por saber que pasará
Juana Pérez Pérez: ya vernos como salen de esto mateo y sus hijas
total 3 replies
valeska garay campos
guauuu ojalá en la pelea que tuvo con Gitana la escuchara alguien de la familia
Aleida Delgado Santana: Lo bueno es que Giraba protegerá a su hija.
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valeska garay campos
sabía que era la bruja de la esposa muerta
valeska garay campos
yo creo que es la esposa muerta 🤔🤔
Aleida Delgado Santana: Adivinaste.
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Kayra Villavicencio
Daniela al principio salía que tenía 17 años, como pasaron tan rápido 3 años y no medio de cuenta 😳
Aleida Delgado Santana: Es un error, ya lo voy a corregir, tiene 20 años.
total 2 replies
Kayra Villavicencio
😳 La anaconda se la iba a comer.🫣🤭😂🤣😂🤣
Aleida Delgado Santana: ¡Qué risa! 🤣🤣
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valeska garay campos
también me gustan son sencillos y elegantes 🤭
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