Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
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Capítulo 19. No vas a ir..
El reloj de la pared marcaba poco después de las cuatro de la tarde y mi paciencia comenzaba a agotarse. El tic-tac constante resonaba en mis oídos como un recordatorio incómodo del tiempo que se me escapaba entre los dedos. En mi vida pasada, a esa hora ya estaría en la oficina de Robert, suplicándole que me dejara quedarme a su lado, inventando excusas para no irme, para no soltarlo.
Ahora, en cambio, ni siquiera se había dignado a llamarme.
—Mierda… —murmuré, apretando los labios.
No quería hacerlo. En verdad no quería. Pero debía hacerlo.
Tomé el USB donde había reunido toda la información del proyecto, una carpeta con documentos irrelevantes para disimular mis verdaderas intenciones y salí de mi oficina directo hacia la de Robert. Como era mi costumbre —y quizá también un acto inconsciente de desafío— entré sin anunciarme.
—Robert, yo… —empecé, pero las palabras se atascaron en mi garganta.
Me detuve en seco.
Había tres hombres y una mujer sentados frente a su escritorio. Todos vestían con un porte impecable, trajes a medida, miradas afiladas y una presencia que gritaba profesionalismo y poder. No era una reunión cualquiera. No era mi reunión.
Robert levantó la vista y frunció el ceño al verme ahí, inmóvil.
—Estoy un poco ocupado. Vuelve en otro momento —dijo con frialdad, al notar que no me movía.
Pero no fue solo la sorpresa lo que me dejó clavado en el umbral. Ni siquiera el hecho de entender, demasiado tarde, que esa podía haber sido mi oportunidad perfecta para huir sin enfrentarme a nada.
Era él.
Los cuatro giraron a verme, evaluándome con curiosidad, pero mis ojos se posaron únicamente en uno de ellos. Y, por su expresión, supe que también me había reconocido.
—Oh… eres tú —dijo, poniéndose de pie.
Caminó hacia mí con pasos seguros, su cabello platinado moviéndose apenas con cada movimiento, dándole un aire sofisticado, elegante… peligrosamente atractivo. Se detuvo frente a mí y sonrió con genuino interés.
—Mi salvador.
Dominick Voss extendió su mano en un saludo cordial. La estreché casi por reflejo, sintiendo un nerviosismo extraño al quedar atrapado en esa mirada grisácea que muy pocos podían presumir tener.
—El domador —murmuré, con un deje burlón que no pasó desapercibido.
Él soltó un pequeño bufido, claramente divertido.
—¿Me perdí de algo?
La voz de Robert nos sobresaltó a ambos. Ni siquiera me di cuenta de en qué momento se había acercado, pero ahí estaba, demasiado cerca. Pasó su brazo alrededor de mi cintura con descaro, como si estuviera reclamando algo que le pertenecía.
Dios, lo odio.
Mi cuerpo se tensó al instante. Estaba en clara desventaja y lo sabía. Tenía que mantener la compostura frente a los clientes; después de todo, ese proyecto era mi boleto de salida. No podía darme el lujo de explotar.
—Nada en particular, señor Ashford —respondió Dominick con tranquilidad. Metió las manos en los bolsillos y nos observó a ambos antes de volver a mirarme—. No soy muy bueno enviando obsequios, pero espero que las flores hayan sido de tu agrado.
—Pues, para no ser muy bueno, hizo una excelente elección —le sonreí.
Mientras hablaba, intenté apartar discretamente la mano de Robert de mi cuerpo, pero el cabrón solo se aferró con más fuerza, como si el gesto fuera deliberado.
Dominick sonrió, pero su mirada se deslizó lentamente de mí hacia Robert. Chasqueó la lengua y dio un paso atrás.
—Cierto, señor Ashford, nos conocimos cabalgando —comentó con una sonrisa ladina—. O, al menos, yo lo intentaba.
La imagen de él tirado en el polvo cruzó fugazmente por mi mente.
—Si ya se conocen, no hace falta presentaciones —intervino Robert con voz tensa—. Ni tampoco que Elijah se quede aquí.
Por fin soltó mi cintura… solo para tomar mi mano y apretarla con fuerza suficiente para doler.
—Sal.
Levanté la barbilla.
—No. De hecho, vengo por este proyecto —dije con firmeza—. Dominick, si buscan lo mejor, soy yo. En toda la empresa, soy su mejor opción.
Las palabras salieron sin titubeos, impulsadas por una certeza que no sabía que tenía. ¿Qué carajo estaba pasando? ¿Por qué Robert no me había llamado para esta reunión?
—Elijah, tú no irás…
—Si eres lo mejor —interrumpió Dominick—, no dudaría en elegirte ni un segundo.
Volví la mirada hacia Robert.
Su expresión era un espectáculo contenido de furia: cejas fruncidas, mandíbula rígida, la vena del cuello marcada como si fuera a estallar. Miraba a Dominick como si quisiera atravesarlo con los ojos.
Definitivamente estaba conteniendo su rabia.
Y por primera vez en mucho tiempo…
no era yo quien estaba perdiendo el control.
—A menos, claro… —Dominick se alejó un poco más. Su mirada pasó fugazmente por mi mano, aún atrapada con fuerza entre los dedos de Robert— que usted, señor Ashford, tenga algún impedimento profesional para no dejarlo ir.
Mis ojos fueron directamente a Robert.
Él me sostuvo la mirada y, por un instante, el brillo en sus ojos me confundió. Hubo algo ahí —algo demasiado parecido a la desesperación— que casi me hizo dudar. Pero no. No me dejé engañar. Arrugué las cejas y esperé su respuesta, firme, preparado para lo que viniera.
—Aún estás trabajando en el proyecto de Manhattan —dijo finalmente—. No puedes irte. Son dos años y medio…
Hizo una breve pausa y se acercó un poco más a mí. Demasiado cerca. Sus ojos, fieros y tensos, me obligaron a tragar en seco.
—No vas a irte, Elijah —añadió.
Su voz fue fría. No había rastro de negociación en ella. No era una sugerencia; era una orden.
Di unos pasos hacia atrás y retiré mi mano con fuerza, sin el menor intento de disimulo. No me importó que todos vieran la repulsión involuntaria que me provocaba su contacto, ni la manera en que mis dedos temblaron al liberarme de él. Levanté la mano donde sostenía el USB junto a la carpeta.
—Solo faltan tres meses para finalizar el contrato —dije, mirando primero a los clientes y luego a Robert—. No lo estoy abandonando. Aquí está toda la información que necesitan.
Extendí ligeramente la mano, marcando el peso del dispositivo.
—No soy indispensable ya. Mi trabajo está hecho, Robert. Cualquiera puede finalizarlo.
El silencio se instaló en la sala como una presencia densa y opresiva. El aire comenzó a sentirse pesado, casi irrespirable. Nadie habló. Nadie se movió.
Robert apretó la mandíbula con fuerza y su mirada furiosa se clavó en mí como una advertencia muda. Sentí un temblor breve en las piernas, una debilidad momentánea que me obligué a controlar.
No iba a ceder. No esta vez.
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Holaaa una disculpa por actualizar tan noche, apenas termine mi chamba 🫠 esto es muy complicado jajaja
Y Feliz cumpleaños a Vanessa, que sigas cumpliendo muchos años más y espero que te la hayas pasado muy bien. gracias por todos tus comentarios, tqm 💓
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard