Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.
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Capítulo 8 La crisis en pleno recreo
Habían pasado cinco meses desde la última crisis de Valeria. Desde aquella vez en el hospital, yo había intentado estar mucho más pendiente de ella.
Ese día estábamos en el colegio y era la hora del recreo.
Como siempre, aproveché para jugar fútbol con unos compañeros. El calor de Cali estaba fuerte, pero eso nunca me había impedido jugar.
—¡Steven, pasala!
—¡Ahí va!
Corrí detrás de la pelota, riéndome con mis amigos, hasta que escuché que alguien gritó mi nombre.
—¡Steven!
Volteé.
Era una de las amigas de Valeria.
Tenía una cara de preocupación que inmediatamente me hizo sentir que algo estaba mal.
—¿Qué pasó?
Ella corrió hacia mí.
—Steven, por favor, vení ya.
—¿Qué pasó con Valeria?
—Es ella.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Qué le pasó?
—Está en el salón… no puede respirar bien y se desmayó.
—¿Qué?
Salí corriendo detrás de ella.
Cuando llegamos, vi a varios estudiantes alrededor de Valeria.
Ella estaba en el suelo, inconsciente.
—¡Valeria!
Me acerqué, pero una profesora me pidió que me hiciera a un lado.
—Steven, tranquilo. La estamos ayudando.
—¿Qué le pasó?
—Tuvo una crisis respiratoria y perdió el conocimiento.
Sentí que las manos me empezaron a temblar.
—¿Está respirando?
—Sí, pero tenemos que llevarla a enfermería.
Entre la profesora y otros adultos ayudaron a trasladarla.
Yo fui detrás de ellos.
En la enfermería intentaron atenderla, pero la persona encargada negó con la cabeza.
—Necesita valoración médica urgente. Aquí no tenemos los equipos necesarios para manejar una crisis de esta gravedad.
—¿Entonces qué hacemos? —pregunté desesperado.
—Ya llamamos al hospital y a emergencias.
—¿La ambulancia viene?
—Sí.
Me quedé junto a la puerta esperando.
No podía dejar de mirar a Valeria.
—Por favor, despertate, princesa —murmuré.
Su amiga estaba llorando.
—¿Esto ya le había pasado?
—Sí —respondí—. Hace unos meses terminó hospitalizada.
La ambulancia llegó poco después.
Los paramédicos entraron rápidamente y comenzaron a atenderla.
Yo quería ir con ella.
—¿Puedo acompañarla?
—Si eres familiar, tendrás que esperar las indicaciones de su mamá.
—Soy su novio.
—Entonces mantente cerca, pero necesitamos trabajar.
Vi cómo se llevaban a Valeria.
Me quedé completamente paralizado.
Yuliana llegó poco después al hospital.
Cuando los médicos terminaron de estabilizar a Valeria, una doctora salió a hablar con ella.
—Señora Yuliana, necesitamos explicarle algo.
—¿Cómo está mi hija?
—Ahora está estable, pero la crisis fue bastante fuerte.
Yuliana respiró profundamente.
—¿Por qué le pasa esto?
La doctora habló con calma.
—Valeria tiene una enfermedad respiratoria crónica. Durante una crisis, las vías respiratorias pueden estrecharse y el flujo de aire disminuye. Eso provoca dificultad para respirar, opresión en el pecho, tos y agotamiento.
—¿Y por eso se desmayó?
—Probablemente. Cuando una crisis respiratoria es muy intensa y el organismo no recibe suficiente oxígeno, puede producirse pérdida del conocimiento. Por eso estas situaciones deben tratarse como una emergencia.
Yuliana comenzó a llorar.
—Pero ella estaba bien esta mañana.
—Una persona puede encontrarse estable y aun así presentar una crisis posteriormente. Hay diferentes factores que pueden desencadenarlas, como infecciones respiratorias, humo, polvo, ejercicio intenso, cambios ambientales o estrés, dependiendo de su condición.
—¿Esto se puede curar?
—Necesita tratamiento y seguimiento médico. Algunas enfermedades respiratorias pueden controlarse muy bien, pero no debemos asumir que han desaparecido solamente porque durante un tiempo no haya síntomas.
—¿Y ahora qué?
—Vamos a mantenerla bajo observación. Necesitamos controlar su respiración, sus niveles de oxígeno y comprobar cómo responde al tratamiento.
Yo escuchaba todo desde un lado.
—¿Puede volver a pasarle? —preguntó Yuliana.
La doctora asintió.
—Puede ocurrir otra crisis, por eso es fundamental que siga exactamente las indicaciones de sus médicos y que ustedes conozcan sus señales de alarma.
—¿Cuáles?
—Dificultad intensa para respirar, respiración muy rápida, confusión, desmayo, labios o rostro azulados, o incapacidad para hablar normalmente debido a la falta de aire. En cualquiera de esos casos hay que buscar atención de emergencia inmediatamente.
Yuliana asintió llorando.
Yo miré hacia la puerta de la habitación.
Cinco meses atrás había prometido que estaría pendiente de Valeria.
Y ahora, después de verla desmayada en el colegio, sentía que el miedo me volvía a apretar el pecho.
—Va a estar bien —dije, aunque en realidad estaba intentando convencerme a mí mismo.
Porque esta vez la crisis había sido más fuerte.
Y yo jamás iba a olvidar aquel momento en que escuché mi nombre durante el recreo y descubrí que mi novia estaba inconsciente.