Morgana tiene 24 años y siente que su vida se detuvo entre los campos de soja de Entre Ríos. Cansada de la monotonía, del trabajo pesado y de la presión de un futuro trazado por su familia, decide armar las valijas y mudarse a la provincia de Buenos Aires en busca de una nueva oportunidad.
Sin embargo, el cambio de aire resulta ser más caótico de lo que esperaba. En medio del bullicio de la gran ciudad y durante una multitudinaria marcha manifestante, un choque fortuito cambia sus planes por completo: termina cara a cara con el hijo mimado de la presidenta de Argentina.
Entre el choque de dos mundos opuestos -la vida rural y humilde contra el privilegio y la política de alto nivel-, Morgana se verá envuelta en un torbellino de secretos, flashes de prensa y una tensión inesperada de la que no podrá escapar tan fácilmente.
NovelToon tiene autorización de Ana Luz Albarracín para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 12
Ya era domingo. Elian me había avisado de que el lunes fuera a la universidad; no me sentía muy cómoda al reconocer mis sentimientos hacia un chico tan amable como él, además de que él veía solamente una amiga en mí.
Me llegó un mensaje de un número sin agendar. Pensando que era Caín, lo iba a ignorar hasta que vi el primer párrafo:
—Hola, Morita. Me pregunto si querrías salir hoy conmigo a tomar un café.
Lo leí extrañada, ya que me preguntaba quién se permitía tratarme con ese apodo.
Respondí:
—¿Quién sos?
No tuve tiempo de dejar mi celular en la mesa cuando ya me había llegado una notificación:
—¿Quién sería si no la fantástica Hestia Wislow?
Miré la pantalla del celular unos segundos, sintiendo cómo se me apretaba el estómago. Que Hestia supiera mi número y encima usara ese apodo no me daba ninguna buena espina; era obvio que no me estaba buscando para hacer sociales ni para tomar un café amigable.
En el auto de camino a casa ya me había dejado claro de qué lado estaba, pero ignorarla no iba a hacer que desapareciera. Si algo había aprendido con esta gente, era que prefería saber de frente qué cartas jugaban antes de que me tomaran por sorpresa.
Le escribí rápido, marcando la cancha desde el primer carácter:
—Decime dónde y a qué hora.
La respuesta de Hestia llegó casi al instante, con la ubicación de una cafetería elegante en Recoleta.
Bloqueé el teléfono y dejé escapar un suspiro. No sabía qué buscaba, pero si pensaba que me iba a intimidar tan fácil como Caín, se iba a llevar una sorpresa. Me cambié de remera, agarré la campera y salí a la calle dispuesta a escuchar lo que tuviera para decirme.
El aire acondicionado de la cafetería en Recoleta chocó contra mí en cuanto empujé la puerta de vidrio. El lugar olía a café tostado y pastelería fina, repleto de pequeñas mesas de mármol y un murmullo constante de tazas chocando contra platos de porcelana.
No me costó nada encontrar a Hestia. Estaba sentada junto a un ventanal que daba a la calle, impecable, cruzada de piernas y mirando la pantalla de su teléfono con una compostura ensayada. Sobre la mesa tenía un expreso casi intacto.
Avancé entre las mesas con la barbilla en alto y me senté en la silla frente a ella sin esperar invitación. El roce del metal de la silla contra el piso hizo que levantara la vista.
—Puntual. Me gusta —dijo Hestia, dejando el celular sobre la mesa con la pantalla boca abajo. Su sonrisa era elegante, pero no llegaba a sus ojos—. Gracias por venir, Morita.
—Prefiero que me llames Morgana —respondí sin rodeos, apoyando las manos sobre la mesa—. Y dudo que me hayas citado en Recoleta solo para alabar mi puntualidad. Decime qué querés.
Hestia soltó una risita suave, inclinándose apenas hacia adelante mientras sostenía la taza de café con delicadeza.
—Qué carácter. Se nota que no sos de acá —comentó, midiéndome de pies a cabeza con la mirada—. Fui directa porque me pareció que necesitás una advertencia amistosa. Estás jugando en un terreno que no conocés, Morgana, y los Capell no son el tipo de gente con la que te conviene enredarte.