Rosaly es una loba Alfa de pura sangre, primogénita de la manada Tierra de Fuego. Sin embargo, para huir de las guerras y de la presión por encontrar a su pareja ideal, se exilia en la ciudad y abre el Spa Serenidad Azul junto a su mejor amiga Thais. Su pacífica vida de oficina cambia por completo cuando dos hombres imponentes vestidos de traje entran exigiendo un masaje VIP.
Al cruzar miradas, su loba ruge una palabra: «¡MATE!». El cliente de ojos carmesí es Asmodeo Vane, el mismísimo Rey del Inframundo. Él busca a unos demonios traidores compinchados con brujas oscuras y con el tío rebelde de Rosaly para destruir a su familia.
Rosaly no es una sumisa damisela en apuros y Asmodeo no acepta un «no» por respuesta. En medio de un sensual tira y afloja entre la CEO de la ciudad y el Soberano del Abismo, se sellará la alianza más peligrosa de sus vidas. ¿Podrá el fuego del infierno domar el orgullo de la manada?
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CAPITULO 1. DE ALFAS, CEOS Y EXILIOS VOLUNTARIOS
Me llamo Rosaly. Soy una cambiaformas de treinta años y, aunque pertenezco a la manada Tierra de Fuego, actualmente vivo entre los humanos. Soy la CEO de un Spa situado en plena ciudad; un centro que ofrece servicios de descanso y belleza que funciona a las mil maravillas, lo que me permite vivir con total comodidad. Mi mejor amiga, Thais, también pertenece a mi manada y hemos estado juntas desde que éramos niñas. Ella es la hija de Thomas, el Beta y mejor amigo de mi padre. Ambas somos las primogénitas de nuestras familias y, por supuesto, yo soy una Alfa poderosa y mi amiga una superbeta.
Como imagino que os estaréis preguntando cómo dos lobas con esos rangos y ese nivel de poder terminaron viviendo entre humanos en lugar de hacerse cargo de su manada, os lo voy a explicar.
Por un lado, la verdad es que el liderazgo tradicional nunca me ha interesado. Ojo, no me refiero a la manada; nada de eso. La manada es mi adoración, mi lugar perfecto de siempre. Lo que nunca me ha gustado son las guerras. Aunque como líder no tengo precio (léase de nuevo que soy una CEO y eso, al fin y al cabo, es como dirigir una manada), pensar en tener que luchar me pone la carne de gallina. No me gusta hacer daño ni ver cómo se lo hacen a otras personas, y eso, a ojos de los demás, me convierte en alguien débil y vulnerable ante lo que se espera de un Alfa.
Por eso, desde pequeña siempre deseé tener un hermano que pudiera tomar el mando en mi lugar. La Diosa Luna al final escuchó mis plegarias y, cuando yo tenía nueve años, mis padres tuvieron a mi hermano Saúl. Estoy más que segura de que será un gran Alfa para la manada. Mi padre lleva preparándolo desde que cumplió los doce años; es muy fuerte, incluso diría que más que yo, y no le tiembla la mano a la hora de impartir justicia sea como sea. Doy fe de que mi padre ha hecho un trabajo excelente con él. Además, Saúl encontró a su Luna desde que cumplió los dieciocho. Él la reconoció enseguida, pero ella tardó un año más porque todavía tenía diecisiete, no había recibido a su loba y aún no podía sentir el lazo. Durante ese primer año, mi hermano se convirtió en su mejor amigo y, en cuanto ella recibió a su loba, de inmediato formalizaron su unión. Por cierto, resulta que ella es la hermana pequeña de Thais... ¡Jejeje! Para que veáis lo pequeño que es el mundo.
Y ahora viene el motivo por el cual me marché de la manada. Bueno, realmente no es que me haya ido para siempre, simplemente decidí no vivir allí. Me mudé a Ciudad Azul, que está a unos cuarenta kilómetros del territorio lobuno. Marcharme no fue fácil; yo vivía muy a gusto y feliz en mi hogar, pero se dieron dos circunstancias que me obligaron a tomar las maletas.
Por una parte, desde que cumplí los dieciocho años, mis padres se pusieron pesadísimos con que tenía que encontrar a mi pareja destinada. Me mandaban a todos los bailes de la Luna, pero nada: yo siempre volvía sola. Y la verdad es que me sentía feliz así. No me faltaba de nada: tenía un hogar amoroso, unos padres que me adoraban, un hermano que siempre estaba ahí para escucharme y, por supuesto, a mi mejor amiga, que vivía exactamente el mismo problema ya que su dichoso mate tampoco aparecía. Aunque con una sutil diferencia: ella tiene un hermano mayor, Tobías, que es un año mayor que yo y será el Beta de mi hermano. Como Tobías y Saúl son mejores amigos y se apoyan incondicionalmente, Thais no recibía tanta presión familiar como yo por el tema del emparejamiento.
Lo que nosotras desconocíamos era la política interna de la manada. Para que mi hermano pudiera ser el Alfa algún día, yo tenía que marcharme, morir o, en su defecto, asumir primero el cargo de Alfa para después transferírselo legalmente a él. ¿Cuál era el único inconveniente? Que al ser mujer, las leyes antiguas me obligaban a tener a mi mate a mi lado para poder tomar el puesto de Alfa de forma provisional. Como mi pareja no aparecía, el comité de ancianos empezó a presionar duramente a mi padre. Yo veía día a día lo mucho que él me defendía. Incluso intentó cambiar esa dichosa norma obsoleta, pero es algo que solo puede hacer el consejo o el Rey Alfa en persona. El consejo se negó en rotundo y el Rey Alfa debe de estar muy ocupado, porque jamás respondió a ninguna de las peticiones de mi padre. Así que, viendo la situación y para evitar que mis padres sufrieran más, decidí irme de la manada. No les dije nada hasta unos días después de mi marcha.
Mi mejor amiga me apoyó desde el primer segundo y decidió venir conmigo. Juntas "a full", como solemos decir nosotras. Empezamos a elaborar nuestro plan desde el momento en que terminamos los estudios. Yo me gradué en Administración y Dirección de Empresas (ADE) y mi amiga se convirtió en una experta en belleza y tratamientos de Spa. Decidimos unir ambos mundos y nos preparamos para abrir nuestro primer centro en la ciudad. A nuestros padres les colamos la mentira de que nos íbamos un par de meses a recorrer el mundo para buscar a nuestros mates en otras manadas, pero la realidad es que nos metimos de cabeza en la ciudad para levantar el negocio. Cuando nos hubimos instalado y el Spa empezó a remontar, les mandamos unas cartas explicándoles que no íbamos a volver. Aunque al principio fue muy doloroso para ellos, al final lo aceptaron al comprender que mi ausencia ayudaba a que mi hermano Saúl pudiera tomar el lugar que le correspondía por derecho.
Ahora, una vez al mes, todos vienen a la ciudad y nos reunimos para comer, celebrar y disfrutar de nuestros reencuentros. Sin embargo, la verdad es que es duro no poder tenerlos cerca en el día a día.
Para colmo, llevamos un par de meses en los que no hemos podido vernos en persona y estamos muy preocupadas. Hablamos a través de la pantalla del ordenador, pero no es lo mismo. Además, la manada está pasando por una guerra muy cruenta con "la manada de los demonios", como ellos mismos se hacen llamar. Es una facción rebelde liderada por el hermano gemelo de mi padre, mi tío Gustav. Él siempre pensó que sería el Alfa legítimo y que mi padre sería su Beta. Pero mis abuelos supieron desde que ambos eran pequeños que mi tío tenía el corazón negro; siempre le ponía la zancadilla a mi padre para hacerlo caer en todos los aspectos, y con el resto del mundo no era mejor. Era como si siempre estuviera enfadado y volcara esa frustración en hacer daño a los demás.
Cuando llegó el momento de que mi abuelo cediera el puesto para tomarse un merecido descanso junto a mi abuela, nombraron a mi padre como el nuevo Alfa. Mi tío no lo aceptó y lo retó a un combate a muerte ante los ojos horrorizados de mis abuelos quienes, a pesar de saber que Gustav era malo, no esperaban una reacción tan extrema. El caso es que se midieron en duelo y mi padre ganó, demostrando que era el Alfa legítimo, no solo por derecho de nacimiento, sino porque era el más fuerte de los dos. Pero a pesar de ser un combate a muerte, mi padre tiene un corazón enorme y no pudo matar a su propio hermano; simplemente lo desterró.
Lo que mi padre nunca imaginó fue que Gustav formaría su propia manada oculta y que llegarían al extremo en el que están ahora. Por lo que nos han contado, todos estos años mi tío se ha dedicado a someter a varias manadas más pequeñas, matando a sus Alfas para reclutar a sus miembros y formar un gran ejército. Pero lo peor no es eso: los rumores dicen que le ha vendido su alma al mismísimo diablo para que este les otorgue poderes oscuros y así poder vencer a mi padre. Tanto Thais como yo estamos con los nervios a flor de piel. Sabemos que nuestros padres irán a la batalla en la línea de frente y dejarán a nuestros hermanos resguardando la manada. No queremos perder a ninguno de ellos, pero la cuenta atrás ya ha empezado.