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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17

Camila dejó de respirar por un instante.

Seguía inclinada frente a Gabriel, con la espalda rígida y la mente en blanco.

Cuarenta y cinco años, ¿y eso lo convertía en un hombre mayor?

Él había recordado cada palabra del insulto de Teresa.

—Señor Beltrán, está bromeando.

Camila apartó la mirada. La voz le salió entrecortada.

—Mi exsuegra solo decía cosas hirientes porque estaba enojada. No tiene por qué tomarlas en serio.

La diversión en los ojos de Gabriel se intensificó al verla tan nerviosa.

Se inclinó un poco más, apoyando un codo sobre la rodilla.

—No suelo bromear con asuntos que no me interesan.

Camila retrocedió por instinto. La parte posterior de sus piernas chocó con el sofá y terminó sentándose.

El corazón le latía con demasiada fuerza.

La razón le advertía que aquella mirada no tenía nada de juguetona.

Gabriel no se acercó más. Permaneció en la misma posición, contemplándola con una emoción imposible de descifrar.

—¿Te asusté?

Se enderezó.

Camila respiró profundamente y se obligó a recuperar la calma.

No debía imaginar cosas.

Tal vez solo estaba divirtiéndose a su costa.

—Un hombre con su posición debería tener cuidado al decir algo así. Es fácil provocar un malentendido.

—No hay ningún malentendido.

La sonrisa diplomática de Camila se congeló.

El aire de la sala pareció volverse más pesado.

Ella apretó la correa del bolso hasta que las uñas se hundieron en la piel.

—No comprendo lo que quiere decir. Entre nosotros solo debería existir una relación cordial.

Gabriel la observó durante varios segundos.

Después soltó una risa suave.

—Podría existir una relación mucho más cercana.

Camila se humedeció los labios.

—Durante el divorcio renunciaste incluso a la casa y tu exsuegra todavía se permitió humillarte —continuó Gabriel con voz más grave—. Teresa dijo demasiadas cosas en el juzgado. Si las uno con lo que gritó tu amiga, puedo imaginar cómo te trataron durante esos años.

El rostro de Camila perdió un poco de color.

—¿Por qué habla de esto? ¿Quiere verme avergonzada?

Bajó las pestañas.

Los dedos le temblaron.

Aquellos años eran la parte más oscura de su vida.

Las críticas de Teresa. La indiferencia de Mauricio. Las noches en que lloró sola y se tragó cada agravio, convencida de que soportar un poco más traería paz a su casa.

Al final, todo terminó con Mauricio y Valeria desnudos en su cama.

—No me malinterpretes. Quiero entender quiénes son realmente esos dos —dijo Gabriel—. Cuéntame cómo viviste durante tu matrimonio.

Parecía tranquilo, pero una sombra cruzó sus ojos.

Camila lo miró con desconfianza.

—¿Lo pregunta por Valeria?

Gabriel se limitó a inclinar la cabeza. Camila lo tomó como prueba de que no estaba interesado en ella y se relajó.

Quería averiguar en qué clase de familia se estaba metiendo su hija.

—Lo siento, pero no puedo ayudarlo.

La respuesta fue firme.

El divorcio ya había terminado. Hablar mal de la familia de su exesposo a sus espaldas le parecía innecesario. Además, Gabriel seguía siendo el padre de Valeria. Una palabra mal entendida podía provocar nuevas represalias de Mauricio o Teresa.

—Valeria eligió esa vida. Tendrá que conocerla por sí misma.

—Eres más interesante de lo que imaginaba.

Camila parpadeó.

Gabriel se levantó.

—No me gusta dar rodeos. Valeria cometió un error y yo acepto mi responsabilidad por no haberla educado mejor. El departamento es una compensación, eso es verdad. Sin embargo, había muchas formas de compensarte y elegí una de las más costosas.

Se detuvo frente a ella, a un paso de distancia.

—¿Sabes por qué?

Camila no contestó.

El corazón golpeaba como un tambor.

—Porque quiero que entiendas que, conmigo, mereces recibir lo mejor.

Gabriel sostuvo su mirada.

—Tu exsuegra dijo que una mujer divorciada pierde su valor y que solo podría encontrar a un viejo. Entonces voy a enseñarte lo que un hombre mayor puede darte.

La respiración de Camila se aceleró.

La manera de hablar de Gabriel era peligrosa.

No se declaraba con el entusiasmo impulsivo de un muchacho.

Usaba una calma casi dominante para erosionar su razón, palabra por palabra. Parecía limitarse a exponer hechos, pero cada frase encerraba una insinuación imposible de ignorar.

Camila fingió no entender.

—Ya firmé los documentos y no le causaré problemas con la propiedad. Le agradecería que tampoco tomara medidas contra Lucía por lo ocurrido.

Se obligó a hablar con serenidad.

—Gracias por la donación. No olvidaré su ayuda. Ahora debo dejarlo trabajar.

Tomó la carpeta y la apretó contra el pecho.

Solo quería salir cuanto antes de aquella habitación.

Había avanzado dos pasos cuando una mano tibia y firme rodeó suavemente su muñeca.

—Ven.

La voz de Gabriel sonó detrás de ella.

Camila se detuvo.

—Firmaste el contrato, pero todavía no te entrego las llaves.

Él la soltó despacio.

Sus dedos rozaron la piel de Camila y dejaron un cosquilleo persistente.

Gabriel se acercó al escritorio, tomó un juego de llaves y regresó.

Del aro colgaba un pequeño caballo de plata, sencillo y elegante.

—Aquí están las llaves del acceso al residencial, de la puerta principal y de la cerradura de seguridad. El código inicial es una combinación personal que Daniela te entregará por escrito. Cámbialo cuando te mudes.

Camila extendió la mano.

—Gracias.

La voz apenas le salió.

Guardó las llaves y volvió a dirigirse hacia la puerta sin mirar atrás.

—Le pediré a Daniela que te acompañe.

Camila quedó inmóvil un segundo.

Quería responder, pero temía decir algo torpe.

Gabriel interpretó su silencio como aceptación y presionó el intercomunicador.

—Daniela, acompaña a la señora Sandoval al vestíbulo.

La asistente apareció enseguida y le indicó la salida.

Camila respiró hondo y salió junto a ella.

Gabriel observó su huida apresurada.

En las yemas de sus dedos parecía permanecer la suavidad de aquella muñeca.

La sonrisa de sus ojos no desapareció.

Antes de que el elevador se cerrara, Camila miró atrás sin pensarlo.

Gabriel estaba de pie en la entrada de la sala, con una mano en el bolsillo.

Sus miradas se encontraron.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

Las puertas se cerraron.

Mientras los números descendían, Camila se apoyó contra la pared del elevador y cerró los ojos.

Su corazón se negaba a recuperar el ritmo normal.

Teresa seguía furiosa por la humillación sufrida frente al juzgado.

Durante el camino al hospital apretó con tanta fuerza el bolso que los nudillos se le pusieron blancos.

—¿Viste la cara de Camila? —se quejó—. Se quedó con una fortuna después del divorcio y caminaba como si hubiera ganado la lotería. Una mujer divorciada con dinero seguramente saldrá a seducir al primer hombre que encuentre. Y esa Lucía, una mujer que tuvo un hijo sin casarse, todavía se atrevió a gritarme delante de todos.

La voz comenzó a temblarle.

—Todo lo que hago es por ti. ¿Y cómo me pagas? Me regañaste frente a desconocidos. No te importó dejarme en ridículo.

Mauricio miraba la calle con expresión sombría.

Los dedos se cerraron sobre el volante.

Aflojó la corbata con un tirón.

—Ya basta, mamá. ¿No fue suficiente el espectáculo que hiciste afuera del juzgado? Llevas todo el camino hablando. Quédate callada un momento.

Él también estaba lleno de rabia.

¿Con qué derecho Camila se había marchado con tanta ligereza?

Creía conocerla.

Antes era insegura, paciente y fácil de convencer. Cuando llevó a Valeria a la casa, sabía que existía la posibilidad de ser descubierto.

Imaginó que, al proponer el divorcio, Camila lloraría, perdería la dignidad y le rogaría que no la abandonara.

Pensó que soportaría la infidelidad con tal de conservar el matrimonio.

La realidad lo golpeó: Camila sonreía con una libertad que la hacía parecer radiante.

Mauricio sintió que algo escapaba para siempre de su control.

Teresa lo observó de reojo. Al ver la tensión de su mandíbula, decidió guardar silencio.

Valeria estaba recostada en la habitación del hospital cuando llegaron.

Una cuidadora le había preparado un licuado con el suplemento recomendado para el embarazo. El vientre ya empezaba a notarse y el reposo le había devuelto el color al rostro.

—¿Qué dijo el médico? —preguntó Mauricio mientras se acercaba y la abrazaba.

—Mañana me dan de alta, Mau.

Valeria se apoyó dócilmente contra su pecho.

—¿Ya terminó todo, mi Mau?

Mauricio sacó del portafolio una copia certificada de la sentencia y del convenio ratificado.

Valeria revisó los documentos varias veces.

Luego recostó la cabeza en su hombro. Una sonrisa secreta curvó sus labios.

—Mau, soy tan feliz. Por fin podemos estar juntos sin escondernos.

La alegría tembló en su voz.

Un segundo después, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

Mauricio sacó un pañuelo y se las secó con cuidado.

—No llores, mi amor. Verte llorar me destroza.

—Lloro de felicidad. Mi papá siempre me trató como a una princesa y ahora te tengo a ti y a tu mamá. Soy la mujer más afortunada del mundo.

Mauricio tardó varios minutos en calmarla.

Entonces Valeria vio entrar a Teresa con los ojos rojos.

—Mamá, ¿qué pasó? ¿Quién la hizo enojar?

Mauricio miró a su madre.

No había notado que ya lloraba.

Teresa se dejó caer en una silla junto a la cama y se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

—Valeria, perdóname.

—¿Por qué dice eso?

—Hoy, en el juzgado, Lucía… esa amiga indecente de Camila… me insultó frente a toda la gente. Dijo que Mauricio vive del dinero de una mujer rica y que nosotros no tenemos vergüenza. También dijo…

Teresa se interrumpió con un sollozo.

Valeria dejó el vaso sobre el buró.

—¿Qué más dijo?

—Que si algo te pasaba a ti o al bebé, la familia Zamora perdería la oportunidad de emparentar con los Beltrán.

El rostro de Valeria se encendió.

—Qué mujer tan cruel. ¿Cómo se atreve a desearle algo malo a mi hijo?

Mauricio frunció el ceño, cansado.

No quería seguir hablando de Camila. El matrimonio había terminado y deseaba concentrarse en su nueva vida.

Teresa continuó:

—También se burló de que Mauricio no puede darte una boda digna ni una casa adecuada. Dijo que tendrían que vivir en el mismo lugar donde se veían a escondidas. Según ella, eres una niña caprichosa y la familia Beltrán nunca aceptará a mi hijo.

Mauricio miró a su madre con dureza.

Ni Camila ni Lucía habían dicho aquello.

Teresa estaba inventando cada frase para provocar a Valeria.

—Mamá.

—Lo hago por tu bien —lo interrumpió.

Valeria apretó las sábanas. La respiración se volvió agitada.

—Esa maldita no sabe con quién se metió. ¿Quién se cree para hablar de mí y maldecir a mi bebé?

Teresa ocultó su satisfacción.

—No te alteres. Solo necesitaba desahogarme. Estás embarazada y no debes hacer corajes. Además, quizá tengan razón. Mauricio no puede darte una boda grandiosa y nuestra familia no se compara con la tuya. Lamento que tengas que soportar tantas carencias.

—Camila Sandoval.

Valeria pronunció el nombre con una calma inquietante.

—Creí que tendría el buen gusto de aceptar el divorcio y desaparecer. Ahora veo que fui demasiado amable.

Teresa percibió la promesa de una venganza y se inclinó con entusiasmo.

—¿Qué piensas hacer?

Valeria tomó el celular y llamó a Daniela.

Cuando la asistente contestó, cambió de inmediato a su voz más dulce.

—Daniela, soy Valeria. Necesito un favor.

Hizo una pausa.

—Camila trabaja en el área de mercadotecnia de Grupo Altavista. Quiero que la despidan de inmediato. Y, a partir de hoy, cualquier empresa de Ciudad de México que la contrate estará enfrentándose a Grupo Beltrán. Asegúrate de que nadie vuelva a darle trabajo.

Hubo unos segundos de silencio.

—Señorita, para hacer algo así necesito informarle al señor Beltrán.

—No. Esto debe quedar entre nosotras.

La dulzura desapareció.

—Si le cuentas a mi papá, haré que te despida. Sabes perfectamente cuánto me quiere.

Daniela terminó cediendo.

—Entendido. Hablaré con Grupo Altavista y transmitiré sus instrucciones.

—Gracias. Te invitaré a comer.

Valeria colgó con una sonrisa.

Teresa estaba maravillada.

—Eres increíble. Camila se buscó su propia desgracia.

Valeria volvió a tomar su bebida.

—No permitiré que ustedes sufran humillaciones. Quiero ver cuánto dura su arrogancia cuando no tenga empleo ni ingresos.

Levantó la voz con decisión:

—La boda será grande y yo pagaré todo. También hablaré con mi papá para que entregue el departamento de Residencial Los Encinos a nombre de Mauricio. Nadie volverá a mirarnos por encima del hombro.

Teresa sonrió hasta que le dolieron las mejillas.

—¡Exactamente! Mauricio tuvo una suerte extraordinaria al encontrarte.

Valeria acarició su vientre con satisfacción.

Mauricio observó en silencio.

Vio la actuación torpe de su madre.

Vio la facilidad con que Valeria se dejó manipular.

Y, sin querer, recordó a Camila.

Ella podía parecer dócil, pero siempre conservaba sus límites. Detectaba las maniobras de Teresa de inmediato. Algunas veces cedía; cuando su suegra intentaba aprovecharse demasiado, Camila sabía detenerla.

Miró a Valeria.

Por primera vez surgió un pensamiento incómodo:

Qué tonta era.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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