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Reencarné Como La Esposa Del Emperador Que Quiere Matarme

Reencarné Como La Esposa Del Emperador Que Quiere Matarme

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Romance
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Morir fue inesperado.

Despertar dentro de una novela fue absurdo.

Pero reencarnar como Serena Valmont, la villana destinada a morir a manos de su propio esposo, fue una completa pesadilla.

Conozco esta historia.

Sé que el emperador Kael Draven jamás amará a Serena. Sé que muy pronto conocerá a la verdadera protagonista. Y sé que, cegada por los celos, Serena cometerá una serie de crímenes que terminarán llevándola al cadalso.

Pero yo no soy Serena.

Y no pienso seguir su destino.

Mi plan es simple: alejarme de la protagonista, pedirle el divorcio al emperador y desaparecer antes de que la historia comience.

Solo hay un problema.

—Quiero el divorcio.

Kael alzó la mirada hacia mí.

—No.

...¿Cómo que no?

Se suponía que esta historia ya estaba escrita.

Entonces, ¿por qué está empezando a cambiar?

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: La protagonista NO conocerá a mi esposo.

La historia estaba viva.

No en sentido metafórico.

No en ese sentido bonito de los libros viven mientras alguien los recuerda.

No.

La maldita historia estaba cambiando fechas delante de mi cara.

Eso era diferente.

Y considerablemente más aterrador.

Me quedé frente al escritorio durante varios minutos, mirando las palabras:

La historia debe continuar.

Salem estaba sentado a mi lado.

—¿Lo ves?

Miau.

—Perfecto. Entonces no estoy loca.

Miau.

—No hagas una pausa tan larga antes de responder.

Volví a mirar el papel.

La tinta permanecía inmóvil.

La fecha del encuentro entre Elena y Kael ahora era mañana.

Eso significaba que tenía menos de veinticuatro horas para impedirlo.

No sabía exactamente qué pasaría si lo hacía.

Pero sí sabía una cosa.

En la novela original, aquel encuentro era importante.

Muy importante.

Kael encontraba a Elena en los jardines.

Se había cortado la mano mientras entrenaba.

Ella no reconocía inmediatamente al emperador.

Él quedaba fascinado porque Elena no lo trataba como a un soberano.

Ella vendaba su mano con aquel pañuelo de rosas.

El pañuelo que...

Sonreí.

—Ya no tiene porque alteramos esa parte.

Salem parpadeó.

—Se lo devolví.

Eso tenía que significar algo.

Si eliminaba suficientes pequeñas piezas... quizá la escena no podría ocurrir.

Agarré otra hoja.

Escribí:

OPERACIÓN: EVITAR EL ROMANCE

Me detuve.

Demasiado dramático.

Taché.

OPERACIÓN: CONSERVAR MI CABEZA

Mucho mejor.

Número uno.

Mantener a Elena lejos de los jardines.

Número dos.

Mantener a Kael lejos de los jardines.

Número tres.

Evitar heridas en las manos.

Miré el tercer punto.

¿Cómo demonios iba a impedir que un emperador se cortara?

Podía prohibir objetos afilados.

No.

Era el emperador.

Tenía una espada prácticamente pegada a la cintura.

Podía distraerlo.

Eso sonaba peligroso.

Podía...

—Necesito ayuda.

Miau.

—No la tuya.

Salem me dio la espalda.

—No te ofendas.

Necesitaba a alguien que conociera el horario de Kael.

Alguien cercano.

Alguien confiable.

Alguien fácilmente manipulable.

Sonreí.

—Lucien.

...****************...

—No.

Me quedé mirándolo.

—Ni siquiera terminé.

Lucien continuó caminando.

—No importa.

—¿Por qué todos los hombres de este palacio tienen una relación tan tóxica con esa palabra?

—Porque generalmente apareces con una idea terrible.

—Solo llevamos conociéndonos de verdad dos días.

—Han sido suficientes.

Lo seguí por el patio de entrenamiento.

Era temprano.

Demasiado temprano.

El sol apenas había salido y ya había soldados golpeándose con espadas.

Gente extraña.

—Necesito que mantengas a Kael ocupado hoy.

Lucien se detuvo.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—Argumento convincente.

—Es importante.

—¿Cuánto?

—Vida o muerte.

Su expresión cambió.

Maldición.

Otra vez.

—Serena.

—Metafóricamente.

—No creo que sepas qué significa esa palabra.

—¿Puedes hacerlo o no?

Lucien cruzó los brazos.

—¿Qué intentas evitar?

—Nada.

—Entonces ¿por qué debo mantener a Kael ocupado?

—Porque necesito que no vaya a los jardines.

Silencio.

Lucien me observó.

Después sonrió lentamente.

No me gustó.

—Entiendo.

—No entiendes nada.

—Claro que sí.

—¿Qué entiendes?

—Lady Rosenthal.

Mi corazón dio un salto.

—¿Qué tiene que ver Elena?

—Tú dime.

—Nada.

—Serena.

—Lucien.

—Esto empieza a parecer una enfermedad contagiosa.

—¿Qué cosa?

—Responder nombres.

Fruncí el ceño.

Maldito Kael.

—No quiero que Elena y Kael se encuentren hoy.

Lucien quedó callado.

Después:

—¿Por celos?

—¡NO!

Varias cabezas se giraron.

Bajé la voz.

—No.

Lucien estaba intentando no reír.

—Claro.

—No estoy celosa.

—Por supuesto.

—Puede casarse con ella si quiere.

Eso consiguió borrar su sonrisa.

—¿Qué?

Ups.

—Más adelante.

—Serena.

—Era hipotético.

—Sigues casada con él.

—Detalles administrativos.

Lucien me miró como si estuviera intentando decidir cuál de mis frases era la más preocupante.

Había mucha competencia.

—Solo necesito que Kael no vaya a los jardines.

—¿Durante cuánto tiempo?

Recordé la escena.

En la novela ocurría cerca del mediodía.

—Hasta las dos.

—¿Y qué recibo a cambio?

Abrí la boca.

—¿Perdón?

—Si voy a secuestrar diplomáticamente al emperador durante medio día, quiero algo.

—Eres su mejor amigo.

—Precisamente. Mi tiempo con él ya es excesivo.

Pensé.

—Puedo darte dinero.

—Tengo dinero.

—Tierras.

—También.

—Un gato.

—No quiero tu gato.

Salem se habría ofendido.

—Entonces ¿qué quieres?

Lucien se inclinó ligeramente hacia mí.

—Una cena.

Parpadeé.

—¿Una qué?

—Cena.

—¿Contigo?

—Preferiblemente. Sería extraño que te invitara y luego cenara solo.

Me quedé mirándolo.

—¿Es una cita?

Su sonrisa apareció.

—¿Quieres que lo sea?

—¡No!

—Entonces no.

Ese hombre era peligroso.

No como Kael.

Kael parecía peligroso.

Lucien te hacía olvidar que podía serlo.

Peor.

—Bien.

—¿Bien qué?

—Cena.

—¿Hoy?

—No abuses.

—Mañana.

—Lucien.

—Pasado.

—Trato.

Extendió la mano.

La miré.

—¿Qué?

—Sellamos el acuerdo.

Agarré su mano.

—Mantén a Kael lejos de los jardines.

—Hasta las dos.

—Hasta las dos.

Sonrió.

—Un placer hacer negocios contigo, Serena.

—Si pregunta, yo no participé.

—Naturalmente.

—Y no puedes decirle que fue por Elena.

—Naturalmente.

Me alejé.

—Serena.

Giré.

—¿Qué?

—¿Qué harás con Elena?

Sonreí.

—Secuestrarla también.

Lucien soltó una carcajada.

—Estoy empezando a entender por qué Kael está nervioso.

Me detuve.

—¿Kael está nervioso?

—No dije eso.

—Sí dijiste.

—Adiós, Serena.

—¡Lucien!

Ya se había marchado.

Sospechoso.

Muy sospechoso.

Pero tenía cosas más importantes.

Necesitaba encontrar a Elena.

...****************...

La encontré desayunando.

Por supuesto.

Estaba sentada junto a una ventana, leyendo un libro y comiendo pan con mermelada.

Parecía una ilustración diseñada específicamente para demostrar pureza.

Cuando me vio, casi dejó caer la taza.

—¡Su Majestad!

Se puso de pie.

—No.

Elena se congeló.

—¿No?

—No te levantes.

—Oh.

Volvió a sentarse.

Me senté frente a ella.

Elena parecía aterrada.

Excelente comienzo.

—¿Dormiste bien?

—Sí, Su Majestad.

—¿Te gusta tu habitación?

—Muchísimo.

—¿La comida?

—También.

—Perfecto.

Silencio.

Elena esperó.

Yo sonreí.

Necesitaba mantenerla ocupada hasta las dos.

Solo faltaban...

Miré un reloj enorme.

Cinco horas.

...

No había pensado aquello correctamente.

—¿Tienes planes hoy?

—Pensaba recorrer los jardines.

NO.

—Qué mala idea.

Elena parpadeó.

—¿Por qué?

Mi cerebro trabajó.

—Abejas.

—¿Abejas?

—Muchas.

—Pero estamos en primavera.

—Precisamente.

—Me gustan las abejas.

¿Quién decía eso?

—También hay...

Pensé.

—Serpientes.

Los ojos de Elena se abrieron.

—¿Serpientes?

—Enormes.

Una criada cercana me miró.

La fulminé con los ojos.

No contradigas a tu emperatriz.

—Entonces quizás visite la biblioteca.

Perfecto.

—Excelente.

Elena sonrió.

—¿Le gusta leer?

Me sentí atacada personalmente.

—Muchísimo.

—¿De verdad?

—Sí.

—Creí que...

Se detuvo.

—¿Qué?

—Nada.

—Dilo.

—Había escuchado que no le gustaban los libros.

Serena.

En serio.

¿Había alguna cualidad que compartiéramos?

—He descubierto nuevos intereses.

—Comprendo.

No comprendía nada.

Yo tampoco.

—¿Quieres que te enseñe la biblioteca?

Elena pareció sorprendida.

—¿Usted?

—Yo.

—Sería un honor.

Perfecto.

Operación iniciada.

...****************...

La biblioteca imperial era maravillosa.

Tres pisos.

Escaleras móviles.

Ventanas enormes.

Miles de libros.

Por primera vez desde que había muerto pensé:

Quizá puedo vivir sin internet.

Después recordé los memes.

No.

Seguía siendo difícil.

—Es preciosa —susurró Elena.

—Sí.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

Elena comenzó a hablar.

Mucho.

Sobre libros.

Autores.

Historias.

Romances.

Mitos.

Y descubrí algo terrible.

Nos gustaban las mismas cosas.

—¿También leíste El príncipe de ceniza? —preguntó.

—Sí.

Sus ojos brillaron.

—¡El final fue horrible!

Me quedé inmóvil.

—¿Verdad?

—¡Ella debía quedarse con Aleric!

—¡EXACTAMENTE!

Dos bibliotecarios nos hicieron callar.

Bajamos la voz.

—Todo el mundo dice que Darion era mejor —susurró Elena.

—Darion no tenía personalidad.

—¡Eso digo yo!

La miré.

Ella me miró.

Esto era malo.

No debía gustarme Elena.

Bueno.

No necesitaba odiarla.

Pero tampoco podía convertirme en su amiga.

Era la protagonista.

La protagonista alrededor de quien sucedían asesinatos, secuestros y accidentes cada doce capítulos.

Persona peligrosa.

Narrativamente peligrosa.

—Su Majestad...

—Serena.

Salió antes de que pudiera impedirlo.

Elena abrió mucho los ojos.

Yo también.

¿Por qué había dicho eso?

—¿Puedo llamarla Serena?

No.

No.

Mala idea.

—Cuando estemos solas.

Sonrió.

—Entonces usted puede llamarme Elena.

Genial.

Había hecho una amiga.

Me iba a morir.

...****************...

Pasamos casi dos horas en la biblioteca.

Después conseguimos comida.

Después le enseñé una galería.

Después inventé una exposición artística que descubrí que sí existía por pura suerte.

Todo funcionaba.

Miré el reloj.

Una y cuarenta y cinco.

Quince minutos.

Solo quince.

—¿Quieres ver las cocinas? —pregunté.

Elena parpadeó.

—¿Las cocinas?

—Son...

Pensé.

—Históricas.

—¿Históricas?

—Muy antiguas.

La chica aceptaría cualquier cosa.

La adoraba.

—Claro.

Empezamos a caminar.

Entonces una sirvienta apareció corriendo.

—¡Su Majestad!

No.

Cuando la gente corría en las novelas, nunca era por algo bueno.

—¿Qué ocurre?

—El duque Raventhal solicita verla.

Lucien.

Perfecto.

Quizá había terminado.

—¿Dónde?

—En el patio sur.

Me relajé.

—Bien.

Elena y yo fuimos hacia allí.

Error.

Error monumental.

Lo supe en cuanto cruzamos las puertas.

Lucien estaba allí.

Pero no solo.

Kael también.

Y tenía una espada en la mano.

—No.

Elena me miró.

—¿Qué?

—Nada.

Kael y Lucien estaban entrenando.

Eso era bueno.

Kael estaba ocupado.

Perfecto.

Solo faltaban diez minutos.

Podía llevarme a Elena.

—Vamos.

Agarré su brazo.

—Pero...

—Cocinas históricas.

—Serena.

Kael.

Me detuve.

No.

No me había escuchado.

No.

El universo no podía odiarme tanto.

Giré lentamente.

Kael bajó la espada.

—¿Qué haces aquí?

—Caminando.

Lucien miró el reloj.

Después me miró.

Hijo de...

Él sabía perfectamente lo que ocurría.

—Estaba enseñándole el palacio a Elena.

Kael la miró.

Elena hizo una reverencia.

—Majestad.

No.

No se miren.

Prohibido.

—Lady Rosenthal.

Perfecto.

Frío.

Distante.

Nada de química.

Me relajé.

Entonces Lucien atacó.

Kael bloqueó.

Sus espadas chocaron.

Una deslizó sobre la otra.

Y Kael hizo una mueca.

Vi una línea roja.

En su mano.

Mi alma abandonó mi cuerpo.

—¡NO!

Todos se detuvieron.

Corrí hacia él.

Kael frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

Agarré su mano.

Había un pequeño corte en la palma.

Exactamente.

Exactamente como en la novela.

—No.

—Serena.

—No puedes estar herido.

—Es un corte.

—¡Ese es el problema!

Lucien me observaba con atención.

Elena se acercó.

No.

—Majestad, yo puedo...

Me giré.

—¡NO!

Elena se detuvo.

Silencio.

Todo el patio quedó callado.

Respiré.

Demasiado.

—Quiero decir...

Sonreí.

—No es necesario.

Elena miró la sangre.

—Tengo un pañuelo.

Por supuesto.

CLARO QUE TENÍA OTRO.

—No.

Agarré mi propia falda.

Rasgué una tira.

Kael me miró horrorizado.

—¿Qué haces?

—Salvándote.

—De un corte.

—No entiendes la gravedad.

Envolví su mano.

Lucien estaba mordiéndose el labio.

—No te rías.

—No estoy riéndome.

—Tus ojos están riéndose.

Kael miró el trozo arrancado de mi vestido.

—Ese vestido cuesta más que un caballo.

—Tienes muchos caballos.

Elena levantó lentamente su pañuelo.

—Realmente puedo...

—¡GUÁRDALO!

Silencio.

Elena bajó la mano.

—Perdón.

Me sentí terrible.

—No, perdóname tú.

Respiré.

—Estoy...

¿Cómo se explicaba aquello?

—Tensa.

Lucien soltó una risa.

—Mucho.

Lo ignoré.

Miré el reloj del patio.

Dos y tres.

Habíamos pasado la hora.

Lo había logrado.

El encuentro había sucedido.

Pero no como debía.

Elena no había curado a Kael.

No había pañuelo.

No había momento romántico.

No había conexión.

Yo había intervenido.

Sonreí.

—Funcionó.

Kael frunció el ceño.

—¿Qué funcionó?

—Nada.

Solté su mano.

—Ya pueden continuar.

Lucien me miró.

—¿Eso era todo?

—Sí.

—¿Todo qué? —preguntó Kael.

—Nada —respondimos Lucien y yo.

Kael nos miró alternativamente.

No parecía feliz.

Eso me alegró inexplicablemente.

Tomé a Elena del brazo.

—Vamos.

—¿A las cocinas?

—Exactamente.

Nos alejamos.

Habíamos recorrido unos metros cuando escuché un sonido.

Ding.

Me detuve.

Elena siguió un paso.

—¿Serena?

Miré alrededor.

Nadie había reaccionado.

—¿Escuchaste eso?

—¿Qué cosa?

Ding.

Frente a mí...

aparecieron letras.

Suspendidas en el aire.

Transparentes.

Imposibles.

Mi corazón dejó de latir.

[HISTORIA PRINCIPAL ALTERADA]

No.

Elena me miraba confundida.

—¿Estás bien?

No respondí.

Las palabras cambiaron.

[EVENTO CLAVE 004 INCOMPLETO.]

El vínculo entre los protagonistas no se ha establecido.

Sentí un escalofrío.

Otra línea.

[CORRECCIÓN NARRATIVA EN CURSO.]

Retrocedí.

—No.

Elena intentó tocarme.

—Serena...

Otra frase apareció.

El evento será restaurado.

—No.

Las letras comenzaron a desaparecer.

—¡Espera!

Elena miró hacia donde yo estaba mirando.

—¿Qué ves?

Nada.

Ella no podía verlo.

Solo yo.

La última frase apareció.

Más grande.

Más oscura.

[NO INTERFIERAS.]

Se desvaneció.

El patio volvió a quedar normal.

Los soldados entrenaban.

Kael hablaba con Lucien.

Elena seguía frente a mí.

Todo parecía exactamente igual.

Pero no lo era.

Porque ahora ya lo sabía.

La historia no solo estaba corrigiendo acontecimientos.

Me estaba observando.

Y acababa de advertirme que dejara de interferir.

Tragué saliva.

Después miré a Kael.

A Elena.

Mi futuro.

Mi ejecución.

No.

Sonreí lentamente.

—¿Sabes qué?

Elena parpadeó.

—¿Qué?

Miré hacia donde las palabras habían desaparecido.

Si aquella historia esperaba que me quedara quieta mientras me llevaba directamente al cadalso...

había elegido a la mujer equivocada.

—Nada.

Tomé a Elena del brazo.

—Vamos a conocer esas cocinas.

Porque si la historia quería una pelea... yo acababa de aceptar.

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Georgetth Rosemary
Más
Laura Pérez
👏👏👏👏
Is Cantil
Será que lucien,está implicado….…¿
Darcalie: No podremos saberlo aún 🤭
total 1 replies
Laura Pérez
que bonito 🙂!!
Laura Pérez
👏👏👏
Laura Pérez
👏👏👏👏👏👏👏
Laura Pérez
El autor de está historia tiene un don , para escribir maravillosas historias 😊
Laura Pérez
👏👏👏😊
Laura Pérez
que lindo
Laura Pérez
👏👏👏👏
Laura Pérez
que emocionante!!
Laura Pérez
que fantástico 👏
Laura Pérez
me encanta!!😊
Laura Pérez
que interesante ☺️👏
Georgetth Rosemary
Más
Georgetth Rosemary
Más capitulos
Georgetth Rosemary
Maaaasss capitulo
Darcalie: Hola! Muchas gracias por tu apoyo 🥰 Seguiré subiendo capítulos diariamente. De verdad agradezco enormemente que te esté gustando
total 1 replies
Erika1999
QUEEEEEEEE, QUÉ QUIERE DECIR ESTO? OMG
Darcalie: Sorpresas que se vienen 🤭
total 1 replies
NovelToon
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