Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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INICIO
INTRODUCCIÓN
--¡Pastelito! ¡Pastelito, ¿dónde te metiste ahora?!
Charlotte estaba a punto de irse a la universidad, pero su gato siamés se negaba a aparecer. Había revisado debajo de la cama, dentro del armario y hasta detrás del sofá, aunque a esas alturas ya no sabía si estaba buscando a su gato o tratando de descubrir qué otra cosa había decidido esconderle.
Lo peor no era que Pastelito hubiera vuelto a desaparecer, sino el nuevo problema al que podría enfrentarse si no conseguía encontrarlo antes de salir.
Una vez había tenido que comprarle nuevas flores a su gruñona vecina después de que el gato decidiera que las que adornaban su balcón no combinaban con el resto de la decoración. En otra ocasión, recibió una queja de su vecino porque Pastelito, con su pequeña apariencia angelical y sus decisiones cuestionables, había trepado por sus cortinas y las había destrozado. Charlotte todavía consideraba que, en aquel caso, su gato había actuado con buen criterio, porque aquellas cortinas eran un verdadero crimen contra el buen gusto. Nunca había entendido cómo alguien podía considerar que el verde musgo, combinado con rayas verticales y horizontales en naranja fluorescente y amarillo, era una excelente elección decorativa.
La última vez incluso había recibido una queja formal en la junta de vecinos debido a los constantes maullidos de Pastelito, que aparentemente no soportaba quedarse solo cada vez que ella se marchaba a estudiar. Charlotte había intentado explicarle a la administración que no podía controlar las emociones de un gato, pero la expresión del encargado le dejó claro que, para ellos, aquella excusa no era suficiente.
Ahora había desaparecido otra vez y, si no aparecía pronto, Charlotte llegaría tarde a la universidad y probablemente terminaría enfrentándose a un problema nuevo con alguno de sus vecinos.
--¡Pastelito!-- volvió a llamarlo mientras revisaba debajo de una mesa-- Te advierto que, si vuelves a meterte en el apartamento de alguien, esta vez no pienso pagar por tus travesuras
Un maullido lejano llegó desde algún lugar.
Charlotte se quedó quieta y miró alrededor.
--¿Eso fue una respuesta?
No tuvo tiempo de seguir buscando porque su teléfono comenzó a sonar. Al ver el nombre de su padre en la pantalla, contestó mientras continuaba recorriendo el apartamento.
--¿Papá? Buen día
Joshua Walkins escuchó su voz agitada y sonrió.
--¿Se perdió de nuevo?
--No está. No sé qué puede estar haciendo ahora, pero seguro uno de los vecinos vendrá a golpearme la puerta en cualquier momento para reclamarme
--Eso puedo apostarlo
Charlotte soltó una pequeña risa mientras tomaba su bolso.
--Bueno, lo que sea que esté haciendo tendrá que esperar. Llegaré tarde a un examen y no pienso reprobar por culpa de ese pequeño delincuente. Afortunadamente, solo me quedará uno más y después podré ayudarte con lo que necesitas
Charlotte sonrió al decirlo, aunque la expresión de su padre cambió al otro lado de la línea.
--En realidad, llamaba para invitarte a cenar esta noche. Quiero que conozcas a alguien
--Está bien, papá. Pero espero que no intentes conseguirme un novio porque no me interesa
Lo dijo en tono de broma, esperando escuchar alguna protesta de su padre, pero Joshua permaneció en silencio durante unos segundos.
--Nos vemos esta noche, cariño. Avísame cuando termines, aunque sé que lo harás bien como siempre.
--Eso no fue una negación
--Te quiero
--Yo también
La llamada terminó y Charlotte observó el teléfono durante un instante antes de guardarlo.
Su padre definitivamente estaba ocultándole algo.
No le dio demasiada importancia. Tenía un examen que rendir y, después de todo, Joshua solía invitarla a cenar desde que había enviudado. Quizás simplemente quería presentarle a algún conocido, aunque la forma en que había evitado responder a su comentario sobre conseguirle novio le resultaba sospechosa.
Charlotte jamás había tenido problemas con sus estudios. Desde que comenzó la carrera de administración, no había reprobado una sola materia y estaba a punto de terminar otro año académico. Había comenzado la universidad un poco más tarde que muchos de sus compañeros, pero nadie podía decir que aquello hubiera afectado su desempeño.
Al terminar la preparatoria había perdido a su madre.
Nadie sabía que ella padecía una afección cardíaca hasta que fue demasiado tarde, y aquella pérdida había sido un golpe devastador tanto para Charlotte como para su padre. Durante un año tuvo que alejarse de los estudios porque su estado emocional no le permitía continuar con normalidad. Vivir en el penthouse familiar tampoco ayudaba. Cada habitación estaba llena de recuerdos felices que, después de la muerte de su madre, parecían haberse convertido en una forma de tortura.
Por eso, cuando decidió empezar la universidad, Joshua compró un apartamento cercano al campus para ella. Charlotte necesitaba independizarse y, al mismo tiempo, creía que comenzar una nueva etapa lejos de tantos recuerdos podía ayudarla a reconstruir su vida.
Y, hasta aquel momento, todo había funcionado bastante bien.
Estaba a pocos días de cumplir veintitrés años y entonces recibiría la herencia que su madre le había dejado. La edad no era una coincidencia, pues en su familia el número veintitrés parecía haber adquirido un significado especial. Sus padres se habían conocido un día veintitrés, se habían casado un veintitrés y Charlotte también había nacido un veintitrés. Tristemente, un veintitrés fue también el día en que su madre había fallecido.
Charlotte no podía imaginar que aquel mismo número terminaría marcando el acontecimiento que cambiaría su vida para siempre.
En la universidad rindió su examen sin pensar demasiado en la cena que tendría aquella noche con su padre. Estaba acostumbrada a que Joshua la invitara después de sus jornadas de estudio y, aunque la conversación telefónica le había dejado cierta curiosidad, decidió que no valía la pena preocuparse hasta saber qué estaba tramando.
que locura está novela
Gracias por estos capítulos 💕💕💕💕