Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #7: Isla del destino
Nuestra primera parada en el viaje fue una isla cubierta por una tormenta que era mucho peor de lo que creía que sería. El agua nos golpeaba con tanta fuerza que apenas podía ver y mantenerme en pie en el barco. Más que nada porque, por si fuera poco, la marea estaba muy agresiva, tanto que golpeaba con fuerza el barco y lo hacía moverse con una brutalidad que pensaba que nos íbamos a hundir en el fondo.
—¡Adam! —le grité a Adam, abrazando a mi dragona e intentando mantenerme en pie en el barco—.
—¡Capitán Adam!, Eva. Es Capitán y tranquila, no nos hundiremos. Dudo que el dios del mar quisiera matarnos hoy —me respondió caminando con tranquilidad por el barco y con una manzana dorada en su mano—.
—¡Capitán! ¡Tierra a la vista!
—Además, es una bienvenida de mis viejas amigas, las Moiras, Eva.
—¿Qué? ¿Tus viejas amigas?
No entendía del todo qué relación tenía mi hermano con esas brujas del destino, que tenían un solo ojo. Aun así, una parte de mí confiaba en que ese idiota tenía un plan y que nos había hecho llegar a una con tan solo una cueva y solo tres árboles.
—Ustedes quédense aquí. Solo iremos mi primer oficial, su ardiente capitán y no lo sé, ahm… —con su dedo apuntó a Caín, el cual estaba poniéndose su mochila—. El chico de ahí y su hermano. Caín parece muy familiar y leal. Tanto que me inspira confianza. Creo que si fuera su padre le dejaría a cargo de su hermano Abel para que no lo maten.
—Solo vámonos ya —le gruñí, tirándolo de su oreja—. O vamos a llegar tarde con tus novias de un solo ojo.
—¡Bien! Caín, Abel. Por favor, vengan con papá y mamá.
—Ugh, no nos llames así. Es raro, siendo que somos hermanos —me quejé girando los ojos para ponerlos en blanco—.
Con la compañía de esos chicos, bajamos a la pequeña isla de las brujas del destino para reunirnos con ellas. Su cueva, a diferencia de lo que parecía, era más grande vista desde dentro, aparte de oler tanto a azufre que te mareaba un poco.
—¿Crees que esas mujeres nos den la ubicación de la entrada? ¿O por qué traemos nuestras armas? —le pregunté a mi hermano sin apartarme de su lado y notando cómo él apoyaba su mano en el oxidado mango de su espada—.
—Digamos que exageré un poco al llamarlas mis amigas y me odian por vender sus ojos a un burdel —lo volteé a ver con una mueca y la ceja levantada—. Viejos hábitos. Antes de conocer a mi hermosa diosa, Lily.
—Sin duda te hacía falta una novia.
—¿Qué? ¿Por qué?
Cuando llegamos con las mujeres sin ojos, y que solo tenían un solo ojo para las tres, ellas se acercaron al Capitán para darle, cada una, una cachetada.
—¡¿Cómo se te ocurre regresar?! —le gritó una, dándole una cachetada más—. Después de dejarnos ciegas.
—¿Qué? ¡Oye! ¡Rialy! Esa última no me la merezco —gruñó indignado por esa cuarta cachetada—.
—Esa fue como advertencia, si nos vuelves a traicionar. Juro que voy a arrancarte los ojos.
—¿Qué te trae a nosotras? Hija de la diosa Deméter.
—¿Eh? Sa-Saben el nombre de mi segunda mamá.
—Sabemos todo de ti. Fuiste raptada, engañada para comer las seis semillas de granada, absorbiste a la verdadera princesa de Almecna para salvarla en tu interior, mataste a la reina de Almecna, Yellow, tomaste el puesto de reina, te casaste con el Rey del infierno, llevas incluso a una bebé en tu vientre y ahora has venido por tu destino… —cantaron las Moiras en un coro, tocando mi cabello y mis manos—.
—¡Tu corona! —chillaron tocando mi cabello con delicadeza—.
—La corona de la serpiente… es tu destino tenerla…
—Tu corona… ¡La corona de la reina del infierno!
—Diosa Perséfone… —repitieron las Moiras en sintonía rodeándome—.
—Así que mi buen primer oficial, ¿es la que está destinada a poseer esa corona? Chicas.
—Oh… es más que eso. Su destino es borroso, es complicado de ver.
—Pueden decirnos dónde está esa corona para así llevar a mi amada primer oficial a su destino, háganlo por ella.
—Meses para salir…
—Meses para entrar, y otros… para amar, pero…
—¿Cuántos meses se necesitan para amar? Perséfone.
—Esa es la ubicación que necesitas, Perséfone.
—¡Oigan! No pueden ser más específicas, señoras, no soy muy bueno con los acertijos.
—¡Tú deja de hablar! ¡Y lleva a Perséfone a su destino!
—¡Y ahora váyanse! El tiempo se les agota, más cuando la maldición dicta que ella debe volver con el Rey demonio en menos de seis meses.
—¿Qué? Oi… —las Moiras le metieron otra cadena de cachetadas—. Entiendo el mensaje, todos —siguió tambaleándose por los golpes que había recibido—. ¡A mi bella Pan! —gritó para después caerse—.
En el camino de regreso no dejaba de pensar en la respuesta a dicho acertijo que nos podía dar la ubicación de la entrada al Inframundo de Infernus. Mis compañeros, en cambio, estaban comiéndose las manzanas doradas de mi diadema, que se regeneraba a los pocos minutos de quitarle una manzana.
—¿Y bien? ¿Ya lo resolviste?
—Meses para entrar…
—Meses para salir… ¿Cuántos meses se necesitan para amar?
—¡Oye! ¡Idiota creído! Yo estaba intentando resolver el acertijo —gruñó Caín indignado con su hermano—.
—N-no es tu acertijo, así que deja de quejarte.
—¡No me respondas!
—Tú solo tienes envidia de que sea más listo que tú.
—¡¡Oigan!! ¡¡Basta!! —los regañó el capitán para que dejaran de pelear—. ¡Y tú! Primer oficial, dame la respuesta. Ya que no soy muy bueno para los acertijos.
—Seis meses para entrar, seis meses para salir y cero para amar —murmuré con mi mano en mi barbilla—.
—Seis, seis y cero ¿No?
—¿Huh? ¿Conoces el lugar?
—He escuchado de ese sitio cuando era un niño. Por desgracia, para llegar hay que cruzar algunas islas —él apoyó su mano en mi hombro para animarme—. ¡Y no te preocupes! Solo mantente a mi lado, y llegaremos al fin del mundo sin morir ninguno de los dos. ¡Solo piénsalo! ¡Adam, Eva, Len y Jen! Los cuatro piratas que viajaron al Inframundo y volvieron vivos.
—Oye, yo no soy un pirata.
—¿No? Entonces ¿por qué veo a una pirata aquí conmigo?
—Eres un idiota —le dije riendo y acelerando el paso—.
—¡Bueno, tripulación! Hay que rezarle a la diosa Vin para que nos cuide y guíe en esta aventura, si es que no queremos morir en el camino —les pidió Adam comiéndose una manzana—.
“Eva…” me dijo alguien por telepatía.
—¿Huh? ¿Hermana eres tú? —volteé a los alrededores, logrando ver un mochuelo en lo alto de un árbol. Ese lindo animal tenía los ojos brillosos—. Tranquila, no voy a morir aquí, Vin. Después de todo, también tengo la sangre de ese dios promiscuo —añadí viendo al mochuelo—.