Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.
NovelToon tiene autorización de Luis Fernando Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 17
Capítulo 17 — No voy a alejarme
Mateo permaneció despierto casi toda la noche.
El mensaje de Alexander seguía abierto en su teléfono.
Mi padre fue quien provocó la revisión de tu beca.
Mateo dejó el teléfono sobre la mesa de noche y cerró los ojos.
Intentó convencerse de que todo tendría solución.
Pero no podía dejar de pensar en una cosa.
Si perdía la beca, no podría continuar en aquella universidad.
Todo lo que había conseguido con años de esfuerzo podía desaparecer.
Y lo peor era que no había hecho nada malo.
Solo había conocido a alguien.
Solo había permitido que alguien entrara en su vida.
Alguien que ahora parecía importarle demasiado.
⸻
A la mañana siguiente, Mateo llegó a la universidad más temprano que de costumbre.
Se sentó en una banca frente al edificio de Arquitectura.
No tardó mucho en escuchar una voz.
—Mateo.
Alexander se acercó rápidamente.
—Hola.
Mateo lo miró.
—Hola.
Alexander se sentó junto a él.
—¿Dormiste?
Mateo sonrió ligeramente.
—No mucho.
—Yo tampoco.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Alexander finalmente habló.
—Lo siento.
Mateo frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque esto está pasando por mi familia.
—Tú no lo hiciste.
—Pero es mi padre.
Mateo negó con la cabeza.
—No eres responsable de sus decisiones.
Alexander respiró profundamente.
—Quiero arreglarlo.
—¿Cómo?
—No lo sé todavía.
Mateo lo miró.
—Entonces no prometas algo que no sabes si puedes cumplir.
Alexander asintió.
—Tienes razón.
Mateo bajó la mirada.
—Pero tampoco quiero que te alejes.
Alexander levantó los ojos.
—No pienso hacerlo.
⸻
Daniel llegó poco después.
—Buenos días.
Mateo y Alexander respondieron.
Daniel los observó.
—¿Pasó algo?
Mateo dudó.
Alexander miró a Mateo.
Finalmente habló.
—Mi padre está metiéndose con la beca de Mateo.
Daniel dejó de sonreír.
—¿Qué?
—La revisión no fue casualidad.
Daniel miró a Mateo.
—¿Estás seguro?
Mateo asintió.
—Sí.
Daniel apretó la mandíbula.
—Eso es grave.
—Lo sé —respondió Alexander.
Sophie llegó unos minutos después.
—¿Qué ocurre?
Daniel le explicó.
Sophie se quedó seria.
—¿Richard realmente hizo eso?
Alexander asintió.
—Sí.
Sophie miró a Mateo.
—¿Estás bien?
—No mucho.
Ella se sentó a su lado.
—No estás solo.
Mateo sonrió.
—Gracias.
⸻
Durante las siguientes horas, Mateo intentó concentrarse en sus clases.
Pero era difícil.
Cada vez que abría su computadora pensaba en la reunión.
Cada vez que recibía un correo pensaba que podía ser la universidad.
Finalmente, durante el descanso, recibió uno.
Mateo sintió que el corazón se aceleraba.
Lo abrió.
Era simplemente una notificación de una tarea.
Mateo soltó el aire.
Daniel, que estaba junto a él, lo notó.
—Estás muy nervioso.
—Sí.
—No dejes que esto te haga olvidar quién eres.
Mateo lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Llegaste aquí porque te lo ganaste.
Daniel señaló sus apuntes.
—Esa beca no define tu capacidad.
Mateo sonrió.
—Gracias.
—Para eso están los amigos.
⸻
Mientras tanto, Alexander estaba en la oficina de su padre.
—Quiero que canceles la revisión.
Richard levantó la mirada.
—No.
—Entonces voy a dejar de trabajar para ti.
Richard permaneció completamente serio.
—No tomarás decisiones impulsivas.
—No es impulsivo.
—Sí lo es.
—No.
Alexander se acercó al escritorio.
—Me pediste que trabajara contigo y lo hice.
—Porque es tu responsabilidad.
—Y ahora estoy poniendo una condición.
Richard soltó una pequeña risa.
—¿Crees que puedes negociar conmigo?
—Sí.
Richard se levantó.
—No sabes con quién estás hablando.
Alexander sostuvo su mirada.
—Sí sé.
Hubo silencio.
—Eres mi padre.
Richard asintió.
—Exactamente.
—Y por eso esperaba que entendieras.
—Entender qué.
Alexander respiró profundamente.
—Que Mateo no es una amenaza.
Richard no respondió.
—Es alguien que me hace bien.
La expresión de Richard cambió ligeramente.
Alexander continuó:
—Y si tienes un problema conmigo, enfréntame a mí. No lo uses a él.
Richard permaneció callado.
Finalmente dijo:
—Terminamos esta conversación.
Alexander se dio la vuelta.
—No.
Richard lo miró.
—¿Qué dijiste?
Alexander se volvió.
—Esto apenas empieza.
Y salió del despacho.
⸻
Al salir de la oficina, Alexander llamó a Emma.
—Necesito hablar contigo.
—¿Qué pasó?
—Mi padre.
—¿Otra vez?
—Sí.
Alexander le contó todo.
Emma permaneció en silencio.
—¿Qué piensas hacer?
—No lo sé.
—¿Y Mateo?
—No voy a alejarme de él.
Emma suspiró.
—Entonces prepárate.
—¿Para qué?
—Para que esto se ponga peor antes de mejorar.
Alexander guardó silencio.
Sabía que probablemente tenía razón.
⸻
Esa tarde, Mateo recibió una llamada de su madre.
—Hola, mamá.
—Hola, cariño. ¿Cómo estás?
Mateo dudó.
—Bien.
Elena notó inmediatamente el cambio.
—¿Seguro?
Mateo respiró profundamente.
—Hay un problema con la universidad.
—¿Qué pasó?
Mateo le explicó lo de la revisión.
Elena se preocupó.
—¿Necesitas algo?
—No.
—Mateo.
—De verdad.
—Si necesitas ayuda, nos dices.
Mateo sonrió.
—Lo sé.
Después de colgar, se quedó mirando el teléfono.
No quería preocupar a su familia.
No quería que Carlos y Elena sintieran que todo lo que habían sacrificado por él podía perderse.
⸻
Al final de la tarde, Alexander apareció frente al edificio de Arquitectura.
Mateo salió.
—¿Qué haces aquí?
—Quería verte.
Mateo sonrió.
—¿Cómo te fue?
Alexander suspiró.
—Mal.
—¿Qué pasó?
—Discutí con mi padre.
Mateo se preocupó.
—¿Por mí?
—En parte.
—Alexander…
—No me arrepiento.
Mateo permaneció callado.
Alexander se acercó.
—No quiero que esto te haga pensar que tienes que alejarte de mí.
—No lo estoy pensando.
—¿Seguro?
Mateo asintió.
—Sí.
Alexander sonrió.
—Bien.
Caminaron juntos.
Después de unos minutos, Mateo se detuvo.
—Tengo una pregunta.
—Dime.
—¿Qué somos?
Alexander quedó en silencio.
La pregunta que habían evitado durante semanas finalmente estaba frente a ellos.
—No lo sé —respondió.
Mateo asintió.
—Yo tampoco.
Alexander lo miró.
—Pero sé que no eres solo mi amigo.
Mateo sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Qué soy entonces?
Alexander dio un pequeño paso hacia él.
—No sé todavía.
Mateo sonrió.
—Está bien.
Alexander tomó su mano.
—Pero quiero descubrirlo.
Mateo entrelazó sus dedos con los de él.
—Yo también.
⸻
Esa noche, Daniel recibió un mensaje de Sophie.
Sophie: ¿Podemos hablar?
Daniel respondió:
Daniel: Claro.
Se encontraron cerca del campus.
Sophie llegó primero.
Daniel se acercó.
—¿Qué pasa?
Sophie respiró profundamente.
—He estado pensando en lo que hablamos.
—Yo también.
—Y creo que ya sé qué siento.
Daniel la miró.
—¿Y?
Sophie sonrió nerviosamente.
—Me gustas.
Daniel se quedó completamente quieto.
Sophie bajó la mirada.
—No tienes que decir nada ahora.
Daniel sonrió.
—No.
Sophie levantó la mirada.
—¿No?
—No necesito tiempo.
Daniel se acercó.
—Porque tú también me gustas.
Sophie sonrió.
Por primera vez ninguno tuvo dudas.
No se besaron.
No pusieron nombre a lo que tenían.
Simplemente permanecieron juntos.
Y por ahora, eso era suficiente.
⸻
Más tarde, Alexander llegó a su casa.
Richard no estaba en la sala.
Tampoco Victoria.
Subió las escaleras y entró en su habitación.
Dejó el teléfono sobre la cama.
Entonces recibió una notificación.
No era un mensaje de Mateo.
Era un correo.
Asunto: Información adicional — Mateo Rivera.
Alexander abrió el correo.
Su expresión cambió.
Había un archivo adjunto.
Alexander comenzó a leer.
Y entonces encontró algo que no esperaba.
Una fotografía.
Era Mateo.
Pero no estaba solo.
A su lado aparecía un hombre que Alexander no reconocía.
Debajo de la fotografía había una fecha.
Tres años atrás.
Alexander frunció el ceño.
No entendía quién era aquel hombre.
Y mucho menos por qué su padre había investigado algo que parecía no tener ninguna relación con él.
Abrió el documento completo.
En la última página había una nota escrita por Richard:
“Hay algo que Mateo Rivera no le ha contado a mi hijo.”
Alexander dejó de respirar por unos segundos.
Volvió a mirar la fotografía.
Y una sola pregunta apareció en su mente:
¿Qué estaba ocultando Mateo?