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Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Juego de roles / Completas
Popularitas:192k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

El día de su boda, Alegra Valdés descubre que Sebastián Girón, el hombre por quien renunció a su apellido y a su fortuna, lleva meses engañándola.
Pero Alegra no piensa llorar frente al altar.
Delante de todos los invitados, revela la traición, cancela la boda y recupera la identidad que había ocultado: no es una mujer sin recursos, sino la verdadera heredera de una de las familias más poderosas de Santa Aurelia y una brillante investigadora farmacéutica.
Mientras Sebastián pierde su prestigio, su empresa y todo aquello que creyó tener asegurado, Alegra vuelve a empezar. Entonces aparece Damián Montero, su frío e insoportable director, con una propuesta inesperada: un matrimonio por conveniencia.
Lo que ella no sabe es que Damián lleva diez años protegiéndola en silencio.
Entre secretos familiares, conspiraciones científicas, enemigos dispuestos a destruirlos y un contrato que empieza a parecerse demasiado al amor, Alegra tendrá que decidir si está preparada para confiar de nuevo… esta vez en el hombre que nunca dejó de elegirla.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Cap 2: El show comienza

Caminé por el pasillo central de la iglesia y el silencio me recibió como una ola.

Trescientos invitados conteniendo el aliento. Los flashes de las cámaras. El crujido suave de la tela de mi vestido rojo contra el mármol. A cada paso, sentía los ojos clavándose en mí, en el escote, en las piedras que brillaban bajo la luz de los vitrales, en el color que nadie esperaba.

«Mira ese vestido».

«¿Rojo? ¿En una boda?»

«Parece una estrella de cine».

Los murmullos me envolvían como música. Que hablaran. Que miraran. Iban a tener mucho más que mirar antes de que terminara la tarde.

Ricardo caminaba a mi lado con paso firme, la mano sobre la mía en su brazo. Pude sentir la tensión en sus dedos, mi padre siempre fue un hombre de pocas palabras pero muchas intuiciones. Sabía que algo andaba mal. Pero no preguntó. Los Valdés somos así: primero actuamos, después hablamos.

A mitad del pasillo, una tía de Sebastián se llevó la mano al pecho con gesto teatral. Dos señoras del club de Rosalía cuchicheaban detrás de sus programas de ceremonia. Una prima lejana me sacó una foto con el flash encendido, sin disimular. Todo el mundo tenía una opinión sobre mi vestido rojo, y a mí no podía importarme menos. Cuando terminara esta tarde, el color de mi vestido iba a ser lo último que recordaran.

Al final del pasillo, Sebastián me esperaba con su mejor sonrisa.

Lo estudié mientras me acercaba. La mandíbula cincelada. Los ojos oscuros que alguna vez me parecieron profundos y ahora me parecían vacíos. Las manos cruzadas al frente, temblando casi imperceptiblemente. ¿Nervios de novio? ¿O miedo de que yo hubiera descubierto algo?

Lo miré como se mira una fórmula que no cuadra. Durante tres años creí que este hombre era la variable más importante de mi ecuación. Resultó que era un error de cálculo.

Cuando llegué al altar, Ricardo me soltó el brazo. Me besó la frente.

—Cuídate, hija —susurró. No «sean felices». No «te la encargo, Sebastián». Solo: cuídate. Como si supiera que iba a necesitarlo.

—Gracias, papá.

Sebastián me tomó las manos. Las suyas estaban húmedas.

—Estás increíble —dijo, inclinándose hacia mi oído—. El rojo fue buena idea.

Le sonreí. La sonrisa que le di durante tres años: cálida, confiada, ligeramente enamorada. Era la última vez que iba a usarla.

El sacerdote comenzó la ceremonia con la voz pausada de alguien que ha casado a cientos de parejas y ya no cree en ninguna.

Palabras sobre el amor eterno. Sobre la fidelidad. Sobre dos almas que se unen ante Dios para caminar juntas hasta que la muerte las separe. Cada frase era tan perfecta en su ironía que tuve que concentrarme en la textura de las flores del altar para no reírme.

Fidelidad. Qué concepto tan interesante para un hombre que tiene una amante embarazada sentada en la tercera fila.

Porque sí, la vi. Paz Blanco, lado derecho, casi al fondo, como si pudiera esconderse entre trescientas personas usando un vestido blanco. Blanco. En mi boda. La audacia de esta mujer era casi admirable.

Se había maquillado con cuidado, lo reconozco. Labios nude, pestañas largas, el pelo suelto sobre los hombros como si acabara de salir de un anuncio de champú. Sentada con las piernas cruzadas y la espalda recta, proyectando esa seguridad de mujer que cree que tiene al hombre y solo necesita esperar a que la otra se quite del camino. Me pregunté si se habría puesto el perfume que Sebastián le regaló en su cumpleaños, el mismo perfume que él me dijo que era «para una clienta».

Nuestras miradas se cruzaron un instante. Paz levantó la barbilla con esa expresión que yo había aprendido a reconocer en los últimos meses: la de alguien que cree que ya ganó. Tenía las manos sobre el regazo, cubriéndose el vientre con un bolso pequeño de diseñador, probablemente comprado con el dinero que Sebastián sacó de las ganancias de mis fórmulas.

Le sostuve la mirada. Sonreí.

Ella parpadeó, confundida. No era la reacción que esperaba.

«Disfruta el espectáculo, Paz. Lo preparé especialmente para ti».

Llegó el momento de los votos.

Sebastián sacó una hoja doblada del bolsillo interior de su saco. La desplegó con las manos temblando, carraspeó, y empezó a leer con esa voz profunda que usaba para las presentaciones de negocios:

—Alegra. Desde el día que te conocí, supe que eras la mujer de mi vida. Has sido mi compañera, mi apoyo, mi razón para seguir adelante. Prometo amarte, respetarte y cuidarte todos los días que nos queden juntos. Prometo que nunca te voy a fallar.

Lo dijo mirándome a los ojos. Sin parpadear. Con la sinceridad ensayada de alguien que lleva tres años mintiendo y ya no sabe cuál es la diferencia.

«Mi compañera». La que le diseñó cada fórmula que Laboratorios Aurora vendió. «Mi apoyo». La que financió el restaurante de su madre. «Mi razón para seguir adelante». Seguir adelante hacia la cama de otra, supongo.

Los invitados aplaudieron. Alguien al fondo gritó «¡bravo!» con el entusiasmo de quien ya lleva tres copas de champaña. Rosalía, su madre, se secó una lágrima en la primera fila, la misma mujer que el mes pasado me llamó «esa muchacha» cuando creía que yo no la oía. Ernesto, su padre, asentía con la rigidez de quien ya calcula los beneficios del enlace: el contrato con Hospital Corazón, la entrada al círculo de Grupo Valdés, todo el futuro que mi trabajo les iba a construir.

Y Gracia, la hermana, sonriendo desde su asiento con los brazos cruzados. Me pregunté si ella sabía lo de Paz. Probablemente sí. La familia Girón era un equipo, y el deporte favorito del equipo era usarme.

Ahora me tocaba a mí. El sacerdote esperaba. Sebastián esperaba. Trescientas personas esperaban.

Podría haber preparado algo bonito. Podría haber escrito votos llenos de promesas falsas para que combinaran con los suyos. Pero ya había terminado de actuar.

El sacerdote se volvió hacia mí.

—Alegra, ¿deseas tú recibir a Sebastián como esposo, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida?

Trescientas personas conteniendo la respiración. El silencio más denso que había escuchado en mi vida. Podía oír el zumbido de los focos, el tic-tac del reloj sobre la puerta lateral, el latido de mi propio corazón, tranquilo, firme, completamente bajo control.

Sebastián me apretó las manos. Sonreía. La sonrisa del hombre que cree que ya tiene todo asegurado.

Yo también sonreí.

—Padre —dije, soltando las manos de Sebastián con toda la suavidad del mundo—, antes de responder, me gustaría compartir algo con todos los presentes.

El murmullo creció como una ola. El sacerdote levantó las cejas. Rosalía se inclinó hacia adelante en su asiento. Ernesto frunció el ceño.

Y Sebastián, Sebastián me miraba como si acabara de ver una grieta en la pared de un edificio que creía perfecto.

—¿Qué haces? —susurró, apretando los dientes detrás de su sonrisa.

No le contesté.

Me volví hacia los invitados. Trescientos rostros expectantes, curiosos, algunos preocupados. Saqué el control remoto de entre los pliegues de mi ramo, Fermín lo había escondido ahí con la precisión de un cirujano, y apunté hacia la pantalla gigante detrás del altar. La misma pantalla que Sebastián pidió instalar para proyectar un montaje de fotos de nuestra «historia de amor».

Iba a ser una historia, sí. Solo que no la que él esperaba.

—Los invité a una boda —dije al micrófono, con una calma que me sorprendió a mí misma—. Lo justo es que conozcan al verdadero novio.

Apreté el botón.

La pantalla se encendió.

Lo primero que apareció fue una fotografía. Sebastián Girón, en una suite de hotel, besando a una mujer que no era yo. La imagen era nítida, tomada con la cámara frontal de un celular, probablemente por la misma Paz en uno de esos momentos en que una se siente tan segura que quiere guardar el recuerdo. No había forma de negar quiénes eran. No había forma de inventar una explicación.

El silencio duró exactamente dos segundos. Después, la iglesia estalló.

Gritos. Murmullos. El sonido de trescientas personas girando la cabeza entre la pantalla y el novio, tratando de entender lo que veían. Rosalía se puso de pie con la boca abierta. Ernesto cerró los ojos como si pudiera desaparecer la imagen con fuerza de voluntad. Y en la tercera fila, Paz Blanco se hundió en su asiento con las manos sobre el vientre y la cara blanca como su vestido.

El color desapareció de la cara de Sebastián como si alguien le hubiera arrancado la piel.

—¡Apaga eso! —gritó, lanzándose hacia mí con las manos extendidas—. ¡Alegra, apaga eso AHORA!

Pero el control remoto no estaba en sus manos.

Estaba en las mías.

Continuará...

1
Maigualida Ramirez
se están enterando de que es un hdp
Luz Mary Ramirez Duarte
Es una historia interesante, sin embargo parece escrita por varias personas que no siguen un hilo conductor. Los personajes inician con una historia, una profesión, una edad y después... ES COMO SI LA.METIERAN EN UNA CAJA LA MEZCLARAN y todo una confusión los científicos se vuelven abogados, los hijos únicos aparecen con hermanos, los hermanos se vuelven primos, las edades cambian de un capitulo a otro.
Aveces me pregunte que se fumaba la escritora de capitulo en capitulo...porque las pérdidas que se pego son barbaras
..
Mila
ay no! otra vez cambiando la trama de los personajes de científico a abogado , o sea vas cambiando las edades y oficios de los personajes de acuerdo a lo que presente la historia
Mila
También le quitaste la mamá a Damian escritora, que le hiciste a Paloma la eliminarte como eliminarte el cuarto de invitados del apartamento de Damian y lo hiciste dormir en el estudio
Mariana Romano
Wooooooiw excelente. 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼. Buenísimo claro con sus detalles, pero simplemente buenísimo. Felicidades escritora 👍🏼😉
Lucy Ralo
me cambia muchas cosas y me confunde
Edith Valenzuela
Genial, muy interesante está historia, ahora que lo hunda a él y familia
Mariana Romano
Ohhhhh sigamos leyendo con que lo que fue al principio ya jajaja
Mariana Romano
Está re buena 👍🏼pese a ciertos detallitos jajajaja
Luz Mary Ramirez Duarte
🤣🤣🤣 esta novela es una locura🤣🤣🤣 ahora Rubi la hija de la amante (celina) que empezó como adulta y ahora es una niña sobrina de Alegra, hija de Rodrigo🤣🤣🤣
Luz Mary Ramirez Duarte
Buenas la historia, sin embargo parece escrita por varios autores que NO siguen el hilo de la trama... Rubi la hija ilegítima empezó teniendo 17 años y asistía a colegio, unos capítulos después tenía 23 años, estudiaba
enfermería y trabajaba en un hospital. cuando termina el divorcio de la sr Valdes , Rubi tenía 8 años y la sra Valdes literal la adoptó.... La sra Valdes en un capítulo cumplió 53 años y dos más adelante tenía 63 y 30 de matrimonio, Nunca supe si Celina fue amante de Ricardo Valdes 12 0 20 años.... Damián hay mi Damián de ser un científico farmacéutico genio que creo el instituto de investigación más destacado e impprtante paso desde el capitulo 100 hacer un prominente abogado que trabajaba en en bufete.... y Gabriel que realmente no se si es el hermano de alegra que estudiaba medicina unas veces era empresario, otras ingeniero y en el capítulo 115 parece que es investigador farmaceutico ahora es el director del centro de investigación que creó Damián.
IMPORTANTE QUE LOS DIFERENTES AUTORES SE PONGAN DE ACUERDO.☺️
Porque de esta manera pierden credibilidad
Kathita Anfecris Cortes
Buuu ahora el papá está muerto, muy buena historia pero muchos cambios eso la va arruinando, en fin ya queda poco
Mariana Romano
Mmmmm rubí no tenia 23 años ???? Digo nomas es pregunta jajajajaja👍🏼. Me gusta la verdad
Marisol Grillo
escribis muy bien preo se te estan mezclando las profesiones. las edades y los momentos . es capítulos anteriores demian fue a buenos aires teniendo 33 años a una conferencia. en este capítulo ya esta diciendo q fue cuando tenia 19.
Marisol Grillo
q paso ahora es abogado demian
Marisol Grillo
como rubi paso de ser enfermera de 23 años a una niña de 8 año, y como paso demian de tener una mana q cerro un ala de la casa xq su marido la abandono a estar fallecida. no se sigue el hilo de la historia
Kathita Anfecris Cortes
De viva a muerta y de muerta a viva, pero aun es interesante la novela
Kathita Anfecris Cortes
Muy buena historia pero con mucha incoherencia ya sea en edades de los personajes y nombres, de científico bajo a abogado 🤭🤭
Isabel Brondino
Larga como esperanza de un pobre nace con uno y pasa la. vida rsperando y no termina😂😂😂
Isabel Brondino
Me canse de leer casi todo repetido no narran bien la historia los personajes estan muertos despues estan vivos ,cansadora 😂
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