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PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Helena ha vivido dos veces… y en ambas terminó muerta.

En su primera vida eligió a Menelao, creyendo que un rey podía ofrecerle amor y protección. Descubrió demasiado tarde que detrás de su corona había un hombre celoso, posesivo y cruel, capaz de convertir el matrimonio en una prisión.

En su segunda vida huyó de él y creyó en las promesas de París. Fue otro error. París solo quería presumir de su belleza, beber, divertirse y convertirla en un trofeo. Cuando Troya cayó, Helena volvió a morir.

Pero la tercera vez será diferente.

Cuando llega el momento de escoger esposo, Helena recuerda a un joven que una vez le ofreció un pañuelo mientras lloraba: Héctor, príncipe de Troya. Un hombre que todavía es soltero, noble y libre.

Sin dudarlo, Helena lo elige.

Ahora deberá conquistar su corazón… y desafiar una historia que sabe que terminará con Héctor muerto en batalla.

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El juramento ante Troya

El sol se alzó sobre Troya bañando las murallas de oro, y con él llegó el día de la boda. Toda la ciudad respiraba un aire de fiesta: guirnaldas de laurel y rosas colgaban de los arcos, el pueblo se agolpaba en las calles, y el sonido de flautas y cantos llenaba el aire. No era una boda cualquiera: era la unión del príncipe más amado del pueblo y de la mujer cuya belleza se decía que había descendido de los dioses.

 

💛 La ceremonia

Helena se miró en el espejo de bronce pulido. Llevaba un vestido de lino blanco, bordado con hilos de oro que formaban ramas de olivo, y sobre su cabeza una corona de laurel entrelazada con rosas blancas. Sus damas la miraban con asombro: jamás habían visto a una novia tan radiante. Pero ella no miraba su belleza. Miraba hacia la puerta, hacia él. Sabía que en unos minutos todo sería oficial, ante los dioses, ante el pueblo, ante todos. Y esta vez no era un deber, ni un tratado, ni una imposición. Era su elección.

—Estás lista —le dijo una de las damas, con voz emocionada—. El príncipe te espera.

Helena asintió, tomó una profunda respiración y salió. El camino hacia el templo estaba cubierto de pétalos de rosa, y al final, bajo las columnas de mármol, lo vio. Héctor, de pie, vestido con su túnica real bordada en rojo y oro, la espada ceñida al costado, esperándola. Y cuando la vio avanzar, el mundo pareció detenerse. No le importó la multitud, ni los dioses, ni el rey. Solo le importó ella.

Caminó hacia él despacio, y cada paso era un adiós a su pasado, un saludo a su futuro. Cuando llegó a su lado, él le tomó la mano con tanta suavidad como si tocara algo sagrado.

—Eres la cosa más hermosa que mis ojos han visto —le susurró, solo para ella.

—Y tú eres el hombre que mi alma esperó toda la vida —respondió ella, sin apartar la vista de él.

Príamo, situado ante el altar de los dioses, alzó la voz para que todos escucharan:

—Hoy, ante Zeus y ante todos los dioses, ante el pueblo de Troya y ante esta familia, unimos a Héctor, hijo de Príamo, y a Helena, princesa de Esparta, como esposos. Que su unión sea eterna, que se respeten, se protejan y se amen, mientras la vida los mantenga juntos.

El sacerdote les acercó la copa sagrada, llena de vino mezclado con miel. Héctor la tomó primero, bebió, y se la entregó a ella con la mirada fija en sus ojos. Helena bebió también, y al entregarle la copa, sus dedos se rozaron, un contacto que les recorrió el cuerpo entero.

—Ahora —dijo Príamo—, dad vuestro juramento el uno al otro. Que sea vuestra palabra lo que os una, más fuerte que cualquier lazo de sangre.

Héctor tomó ambas manos de Helena entre las suyas, y su voz, firme y conmovida, resonó en todo el templo:

—Yo, Héctor, te elijo a ti, Helena, como mi esposa, mi igual y mi refugio. Te doy mi palabra de que jamás te alzaré la mano, jamás te haré sentir menos, jamás te trataré como una posesión. Te respetaré, te escucharé, te defenderé de todo mal. Compartiré contigo mis alegrías y mis penas. Y si algún día la sombra llega, seré tu luz, así como tú eres la mía. Esto te juro, ante los dioses y ante mí mismo.

Helena sintió que las lágrimas le subían a los ojos, lágrimas de felicidad, de alivio, de gratitud. Porque él no prometía riquezas ni gloria. Prometía lo que ella más había anhelado: respeto, bondad, seguridad. Y con voz clara, firme, llena de todo lo que había vivido y todo lo que ahora empezaba, respondió:

—Yo, Helena, te elijo a ti, Héctor, como mi esposo, mi compañero, mi hogar. Te doy mi palabra de que jamás te ocultaré la verdad, jamás te daré menos que todo mi corazón. Te acompañaré en la paz y en la guerra. Seré tu descanso cuando el mundo te pese. No te pediré que seas perfecto, solo que seas tú, el hombre bueno y valiente que eres. Y mi corazón, que fue herido tantas veces, ahora es tuyo, completo, sin reservas. Esto te juro, con toda mi alma.

Príamo colocó sus manos una sobre la otra, y dijo con voz solemne:

—Entonces, sois uno ante los dioses. Nadie podrá separaros. Que Troya celebre su unión. ¡Vivan el príncipe y la princesa!

—¡Vivan! —gritó el pueblo, y el grito se elevó hasta las torres, hasta el cielo, como si los dioses mismos lo escucharan.

 

💍 El banquete y la noche

La fiesta duró hasta el atardecer. Hubo música, danzas, vino, manjares que olían a especias y miel. Todos se acercaron a felicitarlos, y Héctor nunca soltó la mano de Helena. París se acercó al final, con una copa en la mano, mirándolos con una sonrisa melancólica pero sincera.

—Hermano —le dijo a Héctor—, te envidio, lo confieso. Pero veo cómo te mira… y sé que ella te eligió bien. Cuídala, porque no hay mujer igual.

—Lo haré —respondió Héctor, con firmeza—. Con mi vida, si es necesario.

Cuando la fiesta terminó, se retiraron a sus aposentos, la misma habitación que sería su hogar desde entonces. Al entrar, la puerta se cerró tras ellos, y por fin, solos, sin miradas, sin títulos, sin ceremonias. Solo ellos dos.

Héctor la tomó de la cintura y la atrajo hacia sí, despacio, con infinita ternura.

—Ahora eres mía —le susurró contra sus labios—. Y yo soy tuyo. Nadie más. Nada más.

—Sí —respondió ella, abrazándolo por el cuello—. Tuyo soy, y tú eres mío. Para siempre.

Se besaron entonces, despacio, profundamente, sellando no solo su boda, sino dos vidas que habían esperado demasiado tiempo para encontrarse. Esa noche, no eran príncipe ni princesa. Eran solo dos almas que por fin habían encontrado el lugar donde pertenecían.

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Carolina💖
Mi hermana no nos dejaba dormir con su llanto. Fueron 7 meses eternos hasta que una noche increible durmió hasta la madrugada. Fue un regalo invaluable
EspirituCreativo: Jajaja
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Carolina💖
🎼Ta ta ta taaaannnn!!!🎶
EspirituCreativo: Cha cha chaaaa
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Elba Lucia Gomez
a ver casi Diosa y protegida por Apolo y es tonta agggg😝
Carolina💖
Ya en el primer capítulo di mi voto. Aguante Helena!! Elige tu propio destino
EspirituCreativo: Dale helena no nos defraudes
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Dora Guzman Pacherres
Ojalá no suceda nada, la envidia es mala consejera. Espero y puedan ser felices realmente.
EspirituCreativo: Continúa leyendo, jeje
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