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La Esposa De Mí Jefe

La Esposa De Mí Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Mafia
Popularitas:864
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Él tenía una sola misión: protegerla.
Ella tenía una sola regla: no enamorarse de él.

Victoria Bennett tiene el matrimonio que cualquier mujer envidiaría.

Un esposo millonario. Una mansión de ensueño. Una vida rodeada de lujos.

Pero detrás de las puertas cerradas, su matrimonio es una pesadilla.

Su esposo, Alexander Blackwood, es un hombre poderoso, controlador y posesivo que se ha encargado de destruir poco a poco la seguridad y la autoestima de Victoria. Para el mundo son una pareja perfecta. Para ella, él es la razón por la que cada noche tiene miedo de volver a casa.

Hasta que Alexander contrata a Fernando Ferrara, un exmilitar convertido en guardaespaldas, para proteger a su esposa.

Fernando sabe perfectamente cuáles son sus límites.

Victoria es su jefa.

La esposa de su jefe.

Una mujer prohibida.

Pero también es la mujer que intenta esconder sus lágrimas cuando cree que nadie la está mirando.

Él comienza protegiéndola de peligros externos...

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23: El rostro de un desconocido

Fernando

No podía apartar los ojos de la pantalla.

El hombre de la fotografía estaba de espaldas.

Pero yo conocía aquella silueta.

La postura.

La manera de mantener los hombros ligeramente inclinados.

Incluso la cicatriz que asomaba por debajo de la manga.

Era como verme a mí mismo.

—Eso no es posible —murmuré.

Daniel amplió la imagen.

—La fotografía fue tomada hace cuarenta y siete minutos.

Victoria se acercó.

—¿Dónde?

—Frente al hospital Saint Mary's.

Miré la hora.

—Entonces ese hombre está allí ahora.

Adrián negó.

—No necesariamente.

—¿Qué quieres decir?

—La imagen puede haber sido preparada.

—¿Preparada?

—Una fotografía no demuestra que esa persona siga allí.

Daniel abrió otro archivo.

—Tenemos algo mejor.

Aparecieron varias fotografías.

La misma persona.

En distintos lugares.

Frente al hospital.

En una estación de tren.

En una cafetería.

En el estacionamiento de una empresa.

Todas tomadas durante las últimas semanas.

Sentí un escalofrío.

—¿Me ha estado siguiendo?

Daniel negó.

—No.

—Entonces ¿qué?

—Te está reemplazando.

Victoria lo miró.

—¿Qué significa eso?

Daniel señaló las fotografías.

—Alguien está utilizando tu identidad.

Me quedé en silencio.

—¿Para qué?

Daniel respondió:

—Para que todos crean que tú estás haciendo cosas que nunca hiciste.

Adrián intervino:

—Y para que cuando aparezcas en público, nadie sepa cuál de los dos es el verdadero.

Sentí que la rabia me recorría el cuerpo.

—¿Desde cuándo?

Daniel abrió otro documento.

—Desde antes de que conocieras a Victoria.

Victoria lo miró.

—¿Por qué?

Daniel dudó.

—Porque Fernando debía desaparecer.

***

Victoria

Aquella frase me golpeó.

—¿Desaparecer?

Daniel asintió.

—El Fernando Ferrara que conoces no debía existir.

Miré al hombre que estaba a mi lado.

Fernando parecía devastado.

—¿Entonces quién soy?

Daniel respondió:

—Eso es lo que estamos intentando descubrir.

—¿Y Samuel?

Daniel negó.

—Samuel es otra identidad.

—¿La mía?

—No.

—Entonces, ¿quién es Samuel?

Daniel guardó silencio.

—¡Dímelo!

Daniel miró a Adrián.

Adrián bajó la cabeza.

—Tu hermano.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Nicholas?

—No.

—¿Entonces quién?

Adrián respiró profundamente.

—Samuel era el nombre de un niño que desapareció de la familia Ferrara.

Fernando lo miró.

—¿Yo?

Adrián negó.

—No.

Fernando quedó inmóvil.

—Entonces ¿quién?

Adrián señaló la pantalla.

—El Sujeto 03.

Miré la fotografía.

—Pero ahí dice Samuel Ferrara.

—Exactamente.

Fernando frunció el ceño.

—¿Y por qué mi madre dijo que era Samuel Ferrara?

Adrián respondió:

—Porque ella también está confundida.

Mi madre levantó la voz.

—¡No estoy confundida!

Adrián se volvió hacia ella.

—Mamá, tú no estuviste allí.

—Sí estuve.

—No.

—Yo vi lo que hicieron.

—Viste una parte.

Mi madre quedó en silencio.

Adrián continuó:

—Todos fuimos engañados.

***

Fernando

Había llegado al punto en el que ya no sabía qué creer.

Entonces Daniel conectó el dispositivo que había salido de mi muñeca.

La pantalla comenzó a mostrar archivos.

Uno.

Dos.

Tres.

Hasta que apareció un video.

Fecha:

14 DE NOVIEMBRE — OPERACIÓN 17-B.

Daniel presionó reproducir.

La imagen era borrosa.

Pero reconocí el lugar.

Un almacén.

Yo aparecía en pantalla.

Llevaba uniforme.

Tenía un arma.

Frente a mí había un hombre.

Nicholas.

Sentí que el corazón se me detenía.

Nicholas estaba arrodillado.

Herido.

Yo tenía el arma apuntándole.

Victoria soltó un sollozo.

—No...

La grabación continuó.

Una voz detrás de la cámara habló.

—Sujeto dos, confirma la extracción.

Mi yo del pasado respondió:

—Objetivo asegurado.

Sentí que las piernas me fallaban.

—No...

La voz volvió a hablar.

—¿Y la mujer?

Mi versión más joven respondió:

—Escapó.

Daniel detuvo el video.

—¿Quién era la mujer?

No podía hablar.

Mi madre sí.

—Yo.

Miré a la pantalla.

—Entonces te dejé escapar.

Mi madre asintió.

—Sí.

—¿Por qué?

Ella respondió:

—Porque Nicholas te pidió que lo hicieras.

Miré nuevamente el video.

Mi yo del pasado se acercaba a Nicholas.

Parecía decirle algo.

Pero el audio estaba dañado.

Daniel consiguió recuperar unos segundos.

La voz de mi antiguo yo apareció entre interferencias.

—Corre.

Nicholas respondió:

—¿Y tú?

—Yo me encargo.

El video terminó.

Sentí lágrimas en los ojos.

—Yo lo ayudé.

Daniel asintió.

—Sí.

—Entonces ¿por qué borraron mi memoria?

Daniel respondió:

—Porque después de ayudarlo cometiste un error.

—¿Cuál?

Daniel me miró.

—Recordaste demasiado.

***

Victoria

Me acerqué a Fernando.

—No fue culpa tuya.

Él negó.

—No sabes eso.

—Sí lo sé.

—Victoria...

—Si hubieras querido hacerle daño a Nicholas, no lo habrías dejado escapar.

Fernando bajó la mirada.

—Tal vez.

—No.

Tomé su mano.

—No voy a dejar que te conviertan en el monstruo que necesitan.

Fernando levantó los ojos.

Durante unos segundos, ninguno habló.

Sentí su mano cerrarse alrededor de la mía.

No como guardaespaldas.

No como empleado.

Como un hombre que estaba asustado.

—Tengo miedo —confesó.

—Yo también.

—No sé quién soy.

—Entonces lo descubriremos.

—¿Aunque no te guste lo que encuentres?

Lo miré.

—Aunque duela.

Fernando se acercó.

Nuestros rostros quedaron a centímetros.

Por un instante olvidé el túnel.

El Círculo.

Alexander.

Mi hermano.

Todo.

Solo existíamos nosotros.

Pero antes de que pudiera decir algo, Daniel golpeó la mesa.

—Tenemos que irnos.

Fernando se apartó.

—¿Qué pasa?

Daniel señaló el monitor.

—Acaban de entrar al hospital.

La imagen mostraba cámaras de seguridad.

Un grupo armado ingresaba al edificio.

Y en medio de ellos...

Nicholas.

Victoria se quedó sin aire.

—¡Es él!

Daniel negó.

—No.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque tengo otra cámara.

Cambió de imagen.

Apareció un hombre entrando por una puerta lateral.

El verdadero Nicholas.

Lo reconocí inmediatamente.

Victoria también.

—Está solo —dijo Daniel.

—Entonces vamos por él.

Adrián negó.

—Es una trampa.

Fernando tomó su arma.

—Puede ser.

—Fernando...

—Pero es mi hermano.

Victoria lo miró.

—Voy contigo.

Fernando negó.

—No.

—No voy a quedarme aquí mientras mi hermano está en peligro.

—Es demasiado peligroso.

Victoria se acercó.

—Toda mi vida ha sido peligrosa.

Lo miré.

—Esta vez no voy a esconderme.

Fernando sostuvo mi mirada.

Finalmente asintió.

—Entonces no te separes de mí.

Victoria sonrió débilmente.

—Nunca lo hago.

Alexander se acercó.

—Yo también voy.

Fernando lo miró con desprecio.

—No confío en ti.

Alexander respondió:

—No necesito que confíes en mí.

Señaló la pantalla.

—Necesitas que conozca el hospital.

Fernando dudó.

—¿Por qué?

Alexander respondió:

—Porque Saint Mary's pertenece a una de las empresas del Círculo.

Daniel palideció.

—Entonces ya saben que vamos.

Alexander asintió.

—Sí.

De repente todas las pantallas se apagaron.

Una sola permaneció encendida.

Apareció una transmisión.

Nicholas.

Estaba en una habitación oscura.

Tenía sangre en la frente.

Miró directamente a la cámara.

—Victoria...

Ella se acercó.

—Nicholas.

Él respiró con dificultad.

—No vengas.

—¿Dónde estás?

—No importa.

—¡Dime dónde estás!

Nicholas miró hacia un punto fuera de cámara.

Después volvió a mirar al objetivo.

—El hombre que está contigo...

Fernando se tensó.

Nicholas continuó:

—...no es quien crees.

Victoria miró a Fernando.

—¿Fernando?

Nicholas negó.

—No.

Su voz se quebró.

—No hablo de Fernando.

Silencio.

Nicholas miró directamente a Victoria.

—Hablo de Alexander.

Alexander quedó completamente inmóvil.

Nicholas susurró:

—Él sabe dónde está nuestro padre.

La transmisión se cortó.

Alexander cerró los ojos.

Fernando levantó el arma.

—Ahora sí vas a hablar.

Alexander abrió los ojos.

—Está bien.

Respiró profundamente.

—Gabriel está vivo.

Fernando quedó inmóvil.

—¿Dónde?

Alexander miró a Victoria.

—En el mismo lugar donde está tu hermano.

Fernando apretó el arma.

—¿Dónde?

Alexander respondió:

—Debajo del hospital Saint Mary's.

Y entonces las alarmas comenzaron a sonar.

El hospital acababa de entrar en cierre total.

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