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Tras el divorcio, el millonario me eligió a mí

Tras el divorcio, el millonario me eligió a mí

Status: Terminada
Genre:Hijo/a genio / Traiciones y engaños / Casada con el millonario / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante siete años, Estela Ríos fue la esposa perfecta.
Renunció a una carrera prometedora, cuidó sola de su hijo y hasta quedó marcada por el accidente en el que salvó la vida de Adrián Valadez, su famoso marido. A cambio, recibió indiferencia, desprecio y un arete de perla que cayó del bolsillo de él la noche en que su amor de juventud regresó al país.
Entonces Estela vio el futuro.
Vio su propia muerte. Vio a Adrián casarse con otra mujer. Y vio a su pequeño Mateo crecer abandonado hasta convertirse en un hombre condenado a un final terrible.
Lo que Estela jamás imaginó fue que su hijo de cuatro años también recordaba aquella vida.
Esta vez, ella no permitirá que nadie escriba su destino. Pedirá el divorcio, luchará por la custodia de Mateo y recuperará la carrera que dejó enterrada durante años. Pero mientras intenta comenzar de nuevo, aparece Maximiliano Alarcón: el multimillonario más codiciado del país, un hombre frío ante el mundo y sorprendentemente dulce con ella y con su hijo.
Max conoce sus flores favoritas, recuerda sus pequeños hábitos y siempre aparece cuando más lo necesita. Estela no entiende por qué… hasta que descubre que él lleva quince años amándola en secreto.
Mientras Adrián comprende demasiado tarde a qué mujer dejó escapar, Estela deberá enfrentarse a una verdad aún más peligrosa: el futuro que vio no fue una casualidad, y alguien alteró su destino mucho antes de que ella pudiera elegir.
Una vez entregó su vida al hombre equivocado.
Esta vez, amará únicamente a quien ella decida.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7: El sabor de gastar su dinero

El lunes empezó a trabajar. El martes abrió una cuenta de banco a su nombre. El miércoles hizo algo que no había hecho en siete años de matrimonio: usó la tarjeta negra de Adrián para ella misma.

No por capricho. Por cuentas claras.

Durante siete años esa tarjeta había pagado de todo menos a Estela: las tandas de doña Ofelia, los viajes de la familia, los caprichos de medio Valadez, mientras ella pedía autorización hasta para comprarle zapatos a Teo. Se había convencido de que eso era ser generosa. No era generosa. Era invisible, otra vez.

Así que entró a la tienda del centro comercial con Teo de la mano y, por primera vez, no vio los precios. Le compró al niño el abrigo bueno, el que siempre le negaban por caro. Se compró ella dos trajes de trabajo, zapatos que no le sacaran ampollas, una maleta chica. Cosas suyas. Cosas para empezar.

Había algo casi obsceno en el placer que sentía. No era codicia; era justicia. Cada vez que la vendedora deslizaba la tarjeta y la maquinita la aceptaba sin chistar, Estela pensaba en las tandas de la suegra que esa misma tarjeta había pagado sin pestañear, en los relojes de Adrián, en los siete años en que ella había pedido permiso para todo. Firmó cada recibo con letra tranquila y pensó, con una satisfacción fría y limpia, que después de siete años por fin le estaba cobrando algo a esa tarjeta. No todo. Apenas los intereses.

—Mamá —dijo Teo, muy serio, mirando las bolsas—. ¿Papá no se va a enojar?

—Que se enoje. —Estela le acomodó el gorro del abrigo nuevo—. Este dinero también es de tu abuelo, del papá de tu papá, que trabajó para que a esta familia no le faltara. No para que a ti te faltara un abrigo. —Le dio un besito en la frente—. Y aunque no lo fuera: siete años de mi vida valen mucho más que un abrigo, mi amor. Ya va siendo hora de cobrarlos.

Adrián se enojó, sí. Esa noche, con el estado de cuenta en la mano.

—¿Se puede saber qué es esto? —Aventó el papel sobre la mesa—. ¿Te volviste loca?

—Me compré ropa para trabajar. Y a Teo, un abrigo. —Estela no levantó la voz—. Adrián, tenemos que hablar. En serio. De nosotros. De lo que sigue.

Él suspiró, como quien le sigue la corriente a un berrinche.

—Ya sé qué es esto. Estás resentida porque he estado ocupado. —Se aflojó la corbata—. Se te va a pasar. Siempre se te pasa. Mañana hablamos.

—No se me va a pasar. —Estela lo miró largo, casi con curiosidad, como se mira a alguien a quien ya no se le tiene miedo—. Pero tienes razón en una cosa: mañana hablamos.

Adrián frunció el ceño. Por un segundo, algo cruzó su cara: no eran celos, no era amor, era el desconcierto del que siente que una silla en la que se sentaba desde siempre acaba de moverse un centímetro. La miró como si la viera por primera vez en mucho tiempo. Después el gesto se le borró, porque a los hombres como él les cuesta creer que el mundo cambie sin su permiso.

Ya no la escuchaba. Se había ido al estudio con el teléfono en la mano, y por el reflejo del ventanal Estela vio la pantalla iluminársele con un mensaje, y vio su cara al leerlo. Esa cara. La de la luz de luna.

Doña Ofelia, en cambio, sí la había escuchado. Y esa mujer olía las cosas antes de que pasaran.

La interceptó al día siguiente, sin bastón esta vez, con la voz muy baja y muy dura.

—Estás pensando en dejarlo. —No era pregunta—. Se te nota. El trabajito, la cuenta, la ropa. Crees que ya tienes con qué. —Se acercó un paso—. Óyeme bien, mensa. Cuando se casaron firmaron separación de bienes. ¿Te acuerdas? Tú no aportaste nada a esta casa y por escrito no te toca nada. Si te vas, te vas como llegaste. Sin un peso. Y sin el niño, que lleva el apellido Valadez y aquí se queda.

Estela sintió el golpe. Lo dejó pasar por encima, como el charco de aquella tarde.

—Gracias por el aviso, señora —dijo, tranquila—. Es bueno saber contra qué juego.

Fue esa misma tarde, mientras ordenaba la tableta de la casa —la que compartía la cuenta de Adrián, la que él nunca revisaba— cuando los mensajes se reflejaron solos en la pantalla, uno tras otro, sincronizados desde su teléfono. Estela no los buscó. Aparecieron. Pero cuando aparecieron, no apartó la vista.

Meses de mensajes. Fotos. Una perla, la pareja de la que había caído del saco. "Cuando ella no esté, iremos." "Siempre fuiste tú, tú lo sabes." Fechas. Horas. Todo lo que un juez necesita para entender qué clase de matrimonio había sido ese por dentro.

La Estela de hacía una semana habría llorado. Habría cerrado la tableta, se habría metido a la cama a hacerse chiquita, se habría tragado la evidencia como se había tragado todo lo demás durante siete años. Esta Estela, no. Esta Estela pensó, con una frialdad que casi la asustó: "Esto vale oro en un juzgado."

Conectó la tableta, respaldó cada conversación en su cuenta nueva, en dos lugares distintos, con calma de contadora. Guardó las fechas. Ordenó las capturas por día, como quien arma un expediente. Las manos no le temblaron ni una vez.

Fue entonces cuando tocaron el timbre. Era Vale.

Valeria Valadez, la hermana chica de Adrián, la única de esa familia que a veces la había tratado como persona. Entró con una bolsa de pan dulce y una cara de circunstancias.

—Vengo a advertirte —dijo, en voz baja, sentándose en la cocina—. Mi mamá anda diciendo cosas. Que te va a dejar en la calle. Que ya habló con un abogado. —Bajó todavía más la voz—. Estela, yo... yo sé cómo es mi hermano contigo. Lo he visto todos estos años. Y sé lo de esa mujer; todos lo saben menos tú, o eso creíamos. —Le tomó la mano—. Me daba vergüenza no decirte nada. Callarme como todos. Pero ya no.

—¿Y por qué me ayudarías? —preguntó Estela, no con desconfianza, sino porque necesitaba entenderlo—. Es tu familia.

Vale se encogió de hombros, y por un segundo se vio muy joven y muy cansada.

—Porque tú fuiste la única que me trató bien cuando llegué a esta casa. La única. —Apretó los labios—. Si de verdad te vas, cuenta conmigo. Con lo que pueda. Me caes mejor tú que ellos, la neta.

Estela le apretó la mano, conmovida a pesar de todo.

—Gracias, Vale. De verdad. No lo voy a olvidar.

Cuando la muchacha se fue, Estela se quedó sola en la cocina con la tableta apagada y el respaldo a salvo en dos servidores. Afuera había vuelto a lloviznar. Guardó el aparato, apagó la luz, y se detuvo un momento en la oscuridad, repasando la lista mental que crecía como una estrategia de campaña: trabajo, cuenta propia, aliada dentro, pruebas.

—Quieres terminar en buenos términos —murmuró, para nadie, para sí misma, con una media sonrisa que no tenía nada de amable—. Muy bien, Adrián. Entonces veremos quién de los dos llega mejor preparado.

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Blanca Montero Angulo
😍😍😍😍😍😍😍😍😍insisto lo amooooooo 😭😭😭😭😭😭😭
Blanca Montero Angulo
Tan bello Emi 😭😭😭😭😭😭.es un gran hermano 😭😭😭😭
Blanca Montero Angulo
Mae lloró por él. no es justo que él siga sufriendo 😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Estúpida 😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Blanca Montero Angulo
😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Blanca Montero Angulo
Pobresito mi hermoso amor
Mile
No encuentro calificativos lo suficientemente apropiados para insultar a esa vieja cdsm 🤬🤬🤬🤬🤬
Guimelis Chaparro
Excelente!
Mile
Vieja 🤬🤬🤬🤬🤬
Mile
Lo que se aprende y se deja de usar solo está dormido, cuando se decide usar de nuevo ésos conocimientos, salen solos, con pasión, con rebeldía 🥰🥰🥰
Mile
Está es la realidad de muchas mujeres que se apagan por el que dirán, porque dejaron de verse en el espejo... Porque simplemente nos rendimos 😩😩😩
Blanca Montero Angulo
🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀
Blanca Montero Angulo
😍😍😍😍😍😍😍espectacular capítulo. gracias escritora bendiciones infinitas 🙏 🙌 💕
Mile
Theo que hermosura de niño 🥰🥰🥰 l
Blanca Montero Angulo
Tenía que ser la suripanta barata 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡.
Pany Rojas
tiene una Alma vieja.
Blanca Montero Angulo
Éste engendro si que es cínico de verdad. le monto cuernos y la minimizó. Y ahora viene a dársela de dignó 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Blanca Montero Angulo
Cuando llamaste a malaya,malaya esta largo 🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔🤔😡😡😡😡😡😡😡😡
Flor María Rivas
Muchas gracias escritora por tan bella historia que trasnochada me di por terminarla ,la verdad tiene un hilo que te engancha no te suelta ,deja una gran enseñanza para todos casadas no casadas a luchar por los sueños que están suspendidos,por cada proyecto que dejamos en pausa . Bendiciones espero seguir encontrando obras tuyas tan majestuosas..
Blanca Montero Angulo
Insisto lo amooooooo. ojalá existiera un hombre así 😍😍😍😍😍😍😍💕💕💕💕💕💕💕
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