¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?
NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LOS OTROS TRONOS.
Zero no era el más bravo, era el más cansón. El man cuando se le metía algo en la cabeza no paraba hasta joder a todo el mundo.
Y el caso de Némesis no le cuadraba ni a bala.
Estaba en su aparta en Bogotá, todo vuelto nada, con tres tablas de corcho. Tenía las fotos de los cinco sin rostro de Ibagué, tenía la foto de La Esmeralda que todo el mundo creía que era la base principal, y tenía una foto que Héctor le mandó sin querer: el interior de El Diamante con dos tronos de piedra.
—Nos vieron la cara —dijo solo—. Esmeralda era la fachada. Diamante era la principal.
Llamó a Héctor.
—Rivas, caiga a Bogotá mañana. Es sobre La Esmeralda y sobre un chino que usted conoce.
—¿Qué chino?
—Jonás Marín. El hijo de Elías.
Héctor se quedó frío.
—¿Qué pasa con Jonás?
—Que ya sé que él es el blanco. El líder de los sin rostro. Lo tengo grabado en La 21 mandando a 23 huecos. No me crea tan güevón. Mañana nos vemos.
Y le colgó.
Héctor no sabía que Mateo justo se había volado de la casa para ir a ayudar a Jonás, porque los huecos se le habían volteado.
En el galpón de La 21, Jonás estaba jodido.
La número 7, la señora que había olvidado hasta a la hija, se arrodilló y empezó a escribir en la tierra con el dedo: ME ACORDÉ. USTED ME VENDIÓ LA CAJA.
Y el 12 escribió también: YO TAMBIÉN.
Los 23 huecos ya no lo miraban como jefe, lo miraban como si lo quisieran linchar. Jonás les tenía envidia porque ellos no sufrían, pero ahora les tenía miedo.
Salió corriendo y llamó a Mateo:
—¡Marica, se me voltearon! ¡Vienen detrás!
Mateo se puso una chaqueta pa taparse la marca negra que ya le llegaba a la boca y arrancó pa' La 21.
A las 5 de la mañana en una panadería de la terminal de Bogotá, Héctor llegó. Zero ya estaba con una carpeta negra.
—Siéntese —le dijo Zero—. Le voy a contar la verdad que no le contaron en La Esmeralda.
Abrió la carpeta. Fotos viejas, 2009. Doce bebés en incubadoras. Cada uno con una mancha de color. Blanca, negra, roja, azul...
—Proyecto Umbral no eran dos pelados, eran doce —dijo Zero—. Elías hizo doce en probeta. El 6 era Jonás, marca blanca. El 7 era el negro. Los otros diez los mandaron a otras bases y dijeron que se murieron. Paja. Nueve se murieron de verdad, pero una quedó viva. La Roja, en Medellín. 21 años, 40 sin rostro. Y viene bajando pa' Ibagué porque cuando dos tronos se prenden, los otros lo sienten. Es un imán.
Héctor tragó saliva.
—¿Y por qué me cita?
—Porque usted y Elías eran los papás del proyecto. Y tengo a Jonás fichado. Lo vi. Sé que él maneja a los sin rostro. Lo que no sé es quién es el negro. El que está matando gente en Ibagué. El tal Némesis. Porque Némesis no es blanco, Némesis mata, borra caras. Eso es del negro.
Zero le mostró una foto borrosa tomada con dron. Era el galpón de La 21. Se veía a Jonás gritando y a lo lejos, en la entrada, a otro chino con capucha negra.
—Anoche seguí a Jonás. Y este otro chino llegó a ayudarlo. —Zero le hizo zoom a la foto. Se veía un pedacito de la mandíbula de Mateo con la mancha negra—. Rivas, ¿usted conoce a ese man?
Héctor miró la foto y se le fue la sangre a los pies. Era Mateo.
Zero lo pilló en la cara.
—Lo conoce. Se le nota.
Héctor no dijo nada.
Zero se recostó.
—Ahí está pues. El negro. Es un pelado de la Universidad del Tolima, ¿cierto? Va con Jonás. Siempre supe que Jonás no trabajaba solo.
Y entonces Zero entendió todo en un segundo, atando cabos ahí mismo.
—Espere... usted es tombo. En La Esmeralda decían que el negro siempre es hijo de tombo, para que odie la ley. Y el blanco hijo de científico. Elías científico, usted tombo. —Se quedó mirando a Héctor—. No me diga que...
Se paró de la silla.
—Rivas, ¿ese chino de la foto es su hijo?
Héctor se paró también, ya con los ojos aguados.
—Zero, no lo toque. Es un niño.
—No es un niño, es Némesis. Y Jonás es el que maneja a los sin rostro. Ya los tengo a los dos.
Zero sacó el celular y lo puso en la mesa.
—Ahora sí me va a escuchar bien, Héctor. Porque voy a amenazar a los tres de una vez, a usted, a Jonás y a su chino.
Héctor se quedó tieso.
—Primera dijo Zero mirándolo fijo.
Si su chino y Jonás no se presentan mañana en El Diamante, yo mismo subo a redes el video de Jonás mandando a los sin rostro y le digo a toda la policía que el hijo del agente Rivas es Némesis. Su hijo termina en un búnker y usted termina preso por encubridor.
—Segunda siguió.
Si Jonás no controla a sus 23 huecos, yo entro al galpón de La 21 con gasolina y los prendo a todos. Me importa un culo que no tengan cara. Los vuelvo ceniza.
—Y tercera
le señaló el pecho a Héctor—. Si usted me vuelve a mentir, yo cierro La Esmeralda y El Diamante como usted me dijo y digo que todo fue un invento suyo. Usted queda como el loco del Tolima que se inventó monstruos para tapar que su hijo mata gente. ¿Me entendió?
Héctor apretó los puños. Quería pegarle, pero Zero tenía razón y tenía las pruebas.
—¿Qué quiere entonces?
—Que los lleve a El Diamante. A los dos. Al blanco y al negro. Porque si no los junto allá, llega La Roja de Medellín y ahí sí se nos abre la puerta grande. La de verdad. La que está debajo de El Diamante. Y si esa puerta se abre, no salen 23, salen cientos. Y ahí sí ni usted ni yo ni Dios los para.
En ese momento le entró otra llamada a Héctor. Era Mateo, agitado, corriendo:
—¡Pa! ¡Estamos en La 21! ¡Los sin rostro de Jonás se voltearon y nos persiguen! ¡Vamos pa' El Diamante!
Zero escuchó y sonrió.
—Conteste y dígale que ya vamos para allá. Que lo estamos esperando.
Héctor, con la voz quebrada, le dijo a Mateo:
—Mateo, soy yo. No vaya solo a El Diamante. Espérenos allá. Voy con Zero. Ya sabe quién es Jonás y ya sabe quién es usted.
Del otro lado, Mateo se quedó callado. Entendió que lo habían pillado.
Y colgó.
Los tres caminos iban pal mismo hueco: Jonás con su ejército rebelado, Mateo con la marca negra ya en la boca, y La Roja bajando de Medellín.
Y ahora Zero, que ya no solo sabía del blanco, sino que acababa de descubrir al negro, y que acababa de amenazar a los dos y al propio Héctor para obligarlos a ir a donde todo empezó.
A El Diamante.
CONTINUARA.