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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

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Capítulo 4

Capítulo 4

Camila y Lucía seguían bebiendo cuando el celular volvió a sonar.

En la pantalla apareció el nombre de Teresa Zamora: «Mamá».

Camila observó el nombre y el cansancio regresó de golpe a sus ojos.

—Contesta y pon el altavoz —dijo Lucía, dejando la lata de cerveza sobre la mesa para acercarse al teléfono.

Camila aceptó la llamada.

—Camilita —saludó Teresa con esa voz suave que parecía miel sobre papel de lija—. ¿No interrumpo tu descanso a estas horas?

—No.

La falsa dulzura desapareció de inmediato.

—Mauricio me llamó. Dijo que terminó en el hospital con la cabeza abierta. ¿Tú le pegaste? ¿Cómo pudiste hacerle eso? ¡Es tu esposo!

—¿No le dijo por qué le pegué?

Teresa vaciló.

—Me contó que discutieron. En todos los matrimonios hay pleitos, pero eso no te da derecho a golpearlo. Un hombre tiene orgullo, Camila. Debes aprender a tratarlo con cariño, a consentirlo. Si eres tan agresiva, no puedes sorprenderte de que busque a otra mujer.

Camila soltó una risa seca.

—¿Que buscó a otra mujer? ¿Mauricio se lo contó?

Qué curioso.

Él mismo le había exigido que no dijera nada para evitar que Teresa se alterara. Sin embargo, ya había corrido a presentarse como la víctima.

—Valeria me dijo que ustedes están pensando en divorciarse —respondió Teresa después de una pausa.

Camila lo entendió.

Valeria temía que ella no dejara libre el camino, así que había buscado el apoyo de Teresa.

—Mauricio llevó a una mujer a nuestra casa —dijo Camila—. Estaban en mi cama. En la cama que yo compré. Ninguno de los dos llevaba pantalones. Y esa mujer era Valeria Beltrán.

Al otro lado de la línea cayó un silencio prolongado.

—¿Sigue ahí? —preguntó Camila, impaciente—. Si no va a decir nada, voy a colgar.

—Eso que dices… no puede ser. Valeria no es esa clase de muchacha.

—Usted debe saber mejor que yo qué clase de muchacha es.

—Valeria y Mauricio se conocen desde niños. Las dos familias siempre han sido cercanas… No tomes una decisión impulsiva. Todo puede hablarse. Los hombres a veces cometen una tontería fuera de casa. Tú tienes que ser más comprensiva.

Lucía puso los ojos en blanco y movió los labios sin emitir sonido.

Camila entendió perfectamente:

«Comprensiva tu madre».

—Su hijo me engaña y usted me pide que sea comprensiva.

—Llevan siete años casados. ¡No pueden tirar todo por la borda de un día para otro! Mauricio tiene una empresa cada vez más grande. Si a él le va bien, a ti también. Tener un esposo con dinero te da posición. Hay demasiada gente pendiente de ustedes. Si armas un escándalo, perjudicarás su reputación y también la de tu familia.

Camila comprendió el mensaje oculto.

Mi hijo ahora tiene dinero. Más te vale no causar problemas.

—Cuando Mauricio inició su empresa, vendí parte de la herencia que llevé al matrimonio para darle capital. ¿Se acuerda?

La voz de Teresa se volvió cautelosa.

—¿Por qué sacas eso ahora? Ese dinero se usó para el bienestar de los dos.

—Entre las cosas que vendí había una joya que mi abuela me dejó. Era el único recuerdo que conservaba de ella.

—¿Y qué? Eran marido y mujer. ¿Qué tiene de malo que lo ayudaras? Además, si tiene a alguien afuera, pues la tiene. No dijo que fuera a abandonar su hogar ni a dejar de mantenerte. Llevas siete años en esta familia y sabes perfectamente cómo te he tratado. Mauricio no es malo. Solo es inquieto. Como esposa, debes perdonar ciertas cosas.

—¿Perdonar?

La palabra sonó especialmente repugnante en boca de Teresa.

—Sí, perdonar. A un hombre hay que quererlo y atenderlo. Pregúntate si cumpliste con tus deberes de esposa. Si hubieras cuidado bien a Mauricio, ¿habría buscado a alguien más?

Teresa suspiró, como si ella fuera quien soportaba una gran decepción.

—Además, llevas tantos años casada y no le diste un hijo a la familia Zamora. Mauricio nunca te lo reprochó, ¿verdad? Si tiene aventuras, cierra los ojos y déjalo pasar. Una mujer necesita estabilidad. Si te divorcias a los treinta, ¿qué clase de hombre va a querer casarse con una divorciada?

Su voz se volvió cada vez más venenosa.

—La gente se burlará de ti. Serás la esposa abandonada que nadie quiere. También humillarán a tus padres. Aunque no te importe tu propia reputación, deberías pensar en la de ellos. Si te divorcias de mi hijo, te convertirás en mercancía usada. ¿Con qué cara van a salir Ernesto y Elena a la calle?

Al oír que Camila no había tenido hijos, Lucía abrió mucho los ojos. Apretó la lata con tanta fuerza que el aluminio crujió entre sus dedos.

—Teresa —dijo Camila en un tono más bajo—, usted conoce la verdad sobre los hijos.

Teresa entendió la advertencia.

Durante el tercer año de matrimonio, como Camila no quedaba embarazada, se sometió a toda clase de estudios. Los médicos confirmaron que estaba sana.

Teresa la llevó después con curanderas y le dio infusiones de hierbas durante meses. Camila las bebió hasta enfermarse del estómago, pero nunca quedó embarazada.

Más tarde, un especialista recomendó que Mauricio también se realizara pruebas. Para concebir no bastaba con revisar a la esposa; la fertilidad del marido también importaba.

Camila intentó convencerlo varias veces.

Él siempre encontró una excusa.

Como todos los estudios de ella eran normales, Mauricio no soportaba la posibilidad de recibir un resultado desfavorable. Le aterraba descubrir que el problema podía ser suyo y tener que cargar con la culpa.

Solo cuando Valeria quedó embarazada se atrevió a responsabilizar a Camila de todo.

—Mauricio jamás te trató mal por eso —insistió Teresa—. ¿No puedes mostrar la misma generosidad? Ya sabe que se equivocó. Dale otra oportunidad.

—¿Él le dijo que estaba arrepentido?

—Valeria me contó que Mauricio ha llorado mucho. Ella estuvo acompañándolo en el hospital. Tú mandaste a tu esposo a urgencias y otra mujer tuvo que cuidarlo. ¿Cómo quieres que no se conmueva por ella?

Así que Teresa todavía no sabía toda la verdad.

Valeria ya había revelado la infidelidad para obligarla a retirarse. Camila no tenía ninguna razón para guardar el resto del secreto.

—¿Valeria cuidó a Mauricio? Será al revés. Ella es quien está hospitalizada para evitar que pierda el embarazo.

—¿Perder el embarazo? —La voz de Teresa se elevó—. ¿Valeria está embarazada?

—Sí. ¿Mauricio no se lo dijo?

Camila estuvo a punto de añadir que corriera a cuidarla y dejara de fastidiarla, pero no alcanzó a hacerlo.

—No. Yo… luego hablamos.

Teresa colgó sin esperar respuesta.

Camila soltó el aire y bebió varios tragos largos de cerveza.

—¿Para qué se lo dijiste? —preguntó Lucía mientras masticaba un trozo de carne asada.

—¿Y por qué no? En cuanto sepa que Valeria está embarazada, apoyará el divorcio. Prefiero eso a seguir escuchando sus sermones.

—Tienes razón. Acabas de eliminar a otra persona que podría oponerse.

Lucía chocó su lata contra la de Camila.

—Sí. Además, Valeria todavía no conoce a la verdadera Teresa. Lo interesante apenas empieza.

Nadie conocía mejor que Camila el carácter de su suegra.

Quería ver cuánto tardaba Valeria en dejar de llamarla una mujer maravillosa.

A las siete de la mañana siguiente, la alarma despertó a Camila.

Lucía ya se había marchado para llevar a Nico al preescolar.

Camila se incorporó con la cabeza zumbándole por todo lo que había bebido. Tomó el celular y encontró diecisiete mensajes de Mauricio.

El último había llegado a las dos con trece minutos de la madrugada.

«Camila Sandoval, ¿eres una estúpida? ¿Por qué le dijiste a mi mamá que Valeria está embarazada?»

«Lo hiciste por rencor. Ahora mi mamá quiere mudarse con nosotros. ¿Era eso lo que buscabas?»

«Eres una mujer venenosa. Valeria lloró durante horas cuando supo que mi mamá vendría. Ella solo quiere vivir conmigo. ¿Por qué tenías que meter a mi madre en esto?»

«No abuses. Ya te dije todo lo que tenía que decirte. Si quieres divorciarte, adelante, pero no vas a sacarme ni un peso extra».

«Sé que te lastimé, pero me gustan los niños y quiero ser padre. ¿Eso también es un crimen? No aceptaré lo que pusiste en el convenio. Voy a contratar a un abogado para que se repartan de nuevo los bienes».

«Deja de hacerte la muerta. Eres una desgraciada. Si le pasa algo a Valeria o a mi hijo, te voy a destruir».

Camila leyó la última amenaza con la calma de quien por fin ve a una persona tal como es.

Cerró la conversación, abrió sus contactos y buscó el número que Lucía le había enviado la noche anterior.

Junto al contacto había dejado una nota:

«Carlos Méndez, el abogado que destroza a los maridos tramposos en el juzgado. Tranquila, tu amiga de toda la vida está contigo. En cuanto te divorcies, nos vamos de viaje y luego te acompaño a hablar con tus papás».

Camila sonrió.

Con una amiga así, no necesitaba pedirle más a la vida.

Marcó.

El abogado contestó al segundo timbrazo.

—Despacho Méndez, buenos días. ¿Con quién tengo el gusto?

—Licenciado Méndez, soy Camila Sandoval, amiga de Lucía Salas.

—Ah, sí. Lucía me habló anoche. La cita estaba programada para las nueve. ¿Necesita venir antes?

—Quisiera llegar a las ocho.

—La recibo a las ocho. Le enviaré la dirección. Traiga su INE, el acta de matrimonio, copias de las escrituras y…

—¿Qué más?

—¿Ya decidió qué quiere obtener?

Camila guardó silencio durante dos segundos.

—Sí. Quiero hasta el último peso que me corresponde y una indemnización por el daño que me causó.

—Perfecto. Nos vemos a las ocho.

Camila colgó y entró a la regadera.

El agua caliente corrió por su cuerpo. Al bajar la mirada, vio el anillo en su dedo.

Era una alianza delgada de platino. En el interior estaba grabada la fecha de su matrimonio:

«09-11-2017».

Se la quitó y la dejó sobre el lavabo.

Salió de la regadera, se secó y se vistió.

No miró atrás.

A las ocho en punto llegó al despacho de Carlos Méndez.

Era una oficina pequeña, pero impecable. Una maceta con un poto verde adornaba la recepción. En la pared colgaba un letrero:

«No todos los matrimonios deben romperse. Pero cuando deben romperse, hay que abrirle la puerta a una vida nueva».

Camila no pudo evitar sonreír.

Carlos salió de su oficina.

Tenía poco más de cuarenta años, cabello corto y un saco negro. Parecía listo para entrar a una audiencia y enfrentar a cualquiera que se interpusiera.

Sin embargo, cuando sonrió, las líneas finas junto a sus ojos le dieron un aire amable.

—¿Camila Sandoval?

Le tendió la mano.

—Pase, por favor.

Sobre el escritorio había varios expedientes abiertos y una taza de café.

Carlos le indicó que tomara asiento, rodeó la mesa y abrió una libreta.

—Lucía me explicó lo esencial, pero necesito escucharlo de usted.

Camila respiró hondo y comenzó.

Habló con calma. Le contó cómo descubrió los mensajes, qué vio al regresar a la casa, cómo reaccionó Mauricio, el embarazo de Valeria y las amenazas que él había enviado durante la madrugada.

Carlos no la interrumpió.

Escribió sin parar y, cuando terminó de escucharla, levantó la vista y se ajustó los lentes.

—Mencionó que Mauricio no le contó a su madre sobre el embarazo. ¿Existe alguna duda sobre la paternidad? ¿Él reconoció que el bebé es suyo?

—Lo reconoció cuando los sorprendí.

Camila le entregó las pruebas.

Carlos asintió y marcó una línea en su libreta.

—Ahora, sobre la infidelidad. ¿Tiene evidencias?

Camila sacó el celular, buscó los archivos y se lo tendió.

—Guardé capturas de sus conversaciones. También tomé fotografías.

El abogado revisó todo sin cambiar de expresión. Después le devolvió el teléfono.

—Es suficiente para documentar la relación, el uso del domicilio conyugal y las amenazas posteriores. También podemos rastrear el dinero del matrimonio que él gastó en Valeria. Respecto a la indemnización por daño moral, podemos reclamarla, aunque el monto final dependerá de lo que logremos acreditar y de la decisión del juzgado.

Camila asintió.

—Dice que contratará a otro abogado para cambiar la repartición de bienes —continuó Carlos—. Entonces debemos inmovilizar las pruebas antes de que reaccione. En cuanto salga de aquí, reúna todos los estados de cuenta a los que tenga acceso, información de propiedades, vehículos, inversiones y documentos de la empresa. Revisaremos qué medidas cautelares podemos solicitar para impedir que esconda o transfiera activos.

—De acuerdo.

—Y otra cosa. Informarle a su suegra que Valeria está embarazada no constituye ninguna falta. No tiene por qué sentirse culpable.

Camila sonrió ligeramente.

—No me siento culpable.

Carlos la observó durante dos segundos. La comisura de su boca se levantó.

—Mejor.

Se puso de pie, caminó hasta la impresora y regresó con dos documentos.

—Este es el contrato de prestación de servicios y esta es la autorización para representarla. Léalos con calma. Si está de acuerdo, los firma y hoy mismo iniciamos el procedimiento.

Camila revisó cada página.

Al llegar al final, tomó la pluma y firmó con su nombre.

Carlos guardó un ejemplar y le entregó una tarjeta junto con una lista.

—Estos son los documentos que necesito. Llámeme si tiene cualquier duda.

Camila ya estaba junto a la puerta cuando se volvió.

—Licenciado, ¿cree que puedo ganar?

Carlos se apoyó en el marco.

—No se trata de ganar. Se trata de recuperar lo que siempre fue suyo.

Cuando Camila salió del edificio, el sol ya estaba alto.

Sacó el teléfono y encontró un mensaje de Lucía.

«¿Cómo te fue? ¿A poco el licenciado Méndez no da miedo? En audiencia es peor. La última vez hizo llorar a un tipo en pleno interrogatorio, jajajaja».

Camila respondió:

«Es muy amable. Todo salió bien. Es más confiable que tú».

Lucía contestó al instante:

«¿¿¿Cómo que más confiable???»

«Está bien, está bien. Tú eres la mujer de acero. Tenerte en mi vida es una bendición».

«Eso está mejor. ¿Dónde vas a dormir esta noche? ¿Piensas regresar a esa casa?»

«No. Me quedaré en un hotel. Ayúdame a buscar un departamento amueblado por unos meses, mientras resuelvo todo».

«Entendido. ¿Ya desayunaste?»

«Todavía no».

«Come algo. No te quedes con el estómago vacío. Sabes que luego te duele».

En ese momento, un Maybach se detuvo frente a ella.

La ventanilla descendió y Camila reconoció a Gabriel Beltrán.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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