—¿La tienes grande?
Nieves jamás se atrevería a hacerle semejante pregunta a un hombre cara a cara. Pero detrás de su cuenta anónima de TikTok puede decir todo lo que desea… incluso confesar las cosas más sucias que le gustaría hacer con un desconocido irresistible que nunca muestra el rostro.
Lo que no sabe es que ese hombre es Gael.
El chico más deseado de la universidad.
Y el compañero que está sentado justo a su lado.
Gael descubre su identidad cuando cada uno de sus mensajes hace vibrar el celular de Nieves sobre la mesa. Ella no sospecha nada, así que continúa provocándolo, preguntándole por su cuerpo y revelándole fantasías que jamás admitiría en persona.
Él podría decirle la verdad.
En cambio, decide seguirle el juego.
Porque ahora conoce cada uno de sus deseos secretos… y está dispuesto a cumplirlos todos.
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Capítulo 8
Capítulo 8
Mi madre llevaba diez minutos preguntando dónde estaba. Como no contesté, decidió llamar por video.
Yo: Estoy en una librería. No puedo hablar.
Mamá: Solo quiero verte. ¿Fuiste sola?
Yo: Estoy con Renata.
Mamá: ¿Solo ustedes dos? Contesta; no voy a decir nada.
Si me negaba, pensaría que ocultaba algo. Si aceptaba y veía a Gael, descubriría que había mentido.
—¿La computadora volvió a fallar? —preguntó él.
—No. ¿Podrías cambiar de lugar con Renata un momento? Mi mamá quiere verme y empezará a interrogarme si te descubre aquí.
Le enseñé la pantalla.
—Por favor.
Gael comprendió. Renata ocupó su asiento y tomó un libro con expresión solemne. Contesté, mostré mi cara, el local y finalmente a mi amiga. Renata saludó como si acabáramos de interrumpir una sesión de estudio intensiva.
Mi madre quedó satisfecha.
Mamá: Regresa temprano a la residencia. Esta noche llamaré con tu papá.
Después añadió:
Y cambia ese nombre de WhatsApp. “Nieves, pero no tan santa” es una vergüenza.
Lo había elegido durante una pelea. Unos días antes, Bruno se acercó mientras mi madre me vigilaba por video y ella decidió que era mi novio. Aunque lo negué, terminó dándome un sermón sobre reputación, embarazo y “respetarme”.
En respuesta cambié mi antiguo nombre, “Nieves”, por aquel desafío.
Ahora acepté la tregua y lo dejé como “Nieves bebé”.
Mi madre envió dos audios más. Dijo que podía tener novio, siempre que ella investigara primero a la familia, y que debía limitar el contacto físico a tomarse de la mano. Seguía traumatizada porque una prima había abandonado temporalmente la universidad después de quedar embarazada.
Cuando Gael regresó, me miró.
—¿Tu mamá te vigila cada semana?
—Sí. Entre semana está más tranquila porque conoce mi horario y la residencia tiene acceso controlado. Los fines de semana llama varias veces.
—Está bien.
—¿Hablas en serio?
—Es responsable. Una relación demasiado joven puede distraerte.
—Tengo diecinueve.
—Aun así.
—¿Tu mamá te vigila?
—No. Evidentemente es irresponsable.
Lo miré, incapaz de decidir si bromeaba.
—Entonces ¿nunca tuviste novia?
—Nunca.
No le creí. Con aquella cara y tantos años viviendo en Estados Unidos, parecía imposible.
Antes de que pudiera explicarse, recibió una videollamada de Valeria.
La rechazó y escribió:
Gael: ¿Qué pasa?
Valeria: Tu mamá y yo terminamos en el spa. Ven a comer.
Elena Cárdenas acababa de convertirse en socia de un despacho internacional y dirigía una nueva práctica de operaciones entre México y Estados Unidos. Llevaba semanas trabajando sin descanso.
El restaurante quedaba cerca.
Gael guardó la laptop.
—Tengo que irme. Mañana termino mi parte. Escríbeme para la próxima reunión.
—Está bien.
Yo había estado buscando cómo invitarlo a comer para agradecerle, así que me alegré de no haber alcanzado a decirlo.
—Adiós.
Sus ojos bajaron un instante hacia mis labios.
—Nos vemos.
***
Renata, Mateo y yo subimos al área de restaurantes. Elegimos un local de hamburguesas artesanales recién abierto, pero la espera era de cuarenta minutos. Para celebrar la inauguración, habían instalado una cabina de fotos y una mesa para hacer pulseras de cuentas.
Renata me arrastró hacia las cuentas.
Desde allí se veía el interior del restaurante.
Dos chicas cercanas señalaron hacia una mesa.
—Mira a ese hombre. Está guapísimo.
Seguí sus ojos.
Gael comía frente a una mujer atractiva.
—Debe ser la novia —dijo una—. Hacen bonita pareja.
Así que su “compromiso” era almorzar con su novia.
Recordé la bolsa, el desayuno y el popote compartido. Mi admiración se convirtió en rechazo.
—¿Ese no es Gael? —susurró Renata—. ¿Tiene novia?
—Parece que sí.
***
Dentro del restaurante, la realidad era distinta. Elena tuvo que irse por una llamada de trabajo y Valeria salió a hablar con su novio. Gael quedó frente a Camila Ortega, amiga de su prima y estudiante de tercer año.
Camila intentó invitarlo al club de basquetbol.
—No me interesa, gracias.
—Puedes ir solo a jugar. Valeria dijo que estabas en el equipo de tu escuela en Estados Unidos.
—Era un pasatiempo.
Camila cambió de tema y finalmente le pidió que le tomara una foto. Gael aceptó por cortesía, devolvió el celular y se limpió los dedos con una toallita con alcohol.
***
Desde afuera solo vimos a un hombre fotografiando a una mujer.
—Retiro todo lo que dije —murmuró Renata—. Si juega con varias, mejor aléjate.
Mi celular vibró.
Gael: ¿Sigues en la librería?
Yo: No.
Gael: ¿Ya regresaste?
No respondí.
Lo vi mirando el teléfono mientras la supuesta novia estaba frente a él. La idea de ser una más entre muchas me revolvió el estómago.
Renata propuso irnos al restaurante de mariscos de al lado. Nos marchamos antes de que Gael pudiera vernos.
***
Gael esperó una respuesta que no llegó.
Escribió otra frase y la borró. Era la primera vez que el silencio de alguien lo inquietaba.
Valeria regresó y propuso ir al cine, pero él dijo que tenía cosas que hacer y se marchó.
Después, Camila confesó que le parecía atractivo.
—Inténtalo —la animó Valeria—. Nunca ha tenido novia. Una chica rubia lo persiguió todo el verano y él ni siquiera quiso hablarle en inglés.
Camila sonrió.
—Entonces quizá le gustan las mujeres mayores.
***
Por la tarde, Gael nadó durante una hora en la alberca de un hotel. Llevaba solo un traje de baño negro. El agua recorría los hombros, el pecho y los abdominales antes de perderse en las líneas de su cintura.
Se lanzó al agua y dejó que el sonido del mundo desapareciera.
Super recomendable.
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solo una observación no lo tomes a mal en este capítulo y en el interior repetiste párrafos. Deberías checar porque se confunde la lectura ☺️☺️☺️