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Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:526
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

9. Lo que no se puede controlar

Belvina arqueó una ceja apenas. —¿Y cómo es normalmente?

La pregunta fue ligera.

Seraphina la observó unos segundos. Sin defensiva. Sin filo. Volvió a sonreír.

—Normalmente... usted no disfruta mucho de mi presencia.

Belvina guardó silencio un instante. Luego exhaló con suavidad.

—La gente puede cambiar.

Seraphina la miró con más profundidad. —Un cambio bastante grande.

Belvina esbozó una sonrisa tenue. —¿Le decepciona?

—Todo lo contrario.

El tono de su voz era suave. Pero su mirada, no.

Belvina lo captó. Sin embargo, no respondió.

—¿No le preocupa? —preguntó Seraphina de pronto.

—¿Qué cosa?

—Su esposo.

—¿Mi esposo? ¿Qué tiene mi esposo?

Seraphina enmudeció una fracción de segundo. Esa pregunta no encajaba en el guion.

—Es un hombre que... atrae la atención con facilidad —continuó Seraphina con dulzura—. Muchas mujeres...

—¿Incluida usted? —cortó Belvina, casi sin pausa.

Por primera vez, hubo una grieta mínima en la expresión de Seraphina. Brevísima. Pero real.

Belvina volvió a cerrar los ojos. Como si la conversación careciera de importancia.

—Yo creo —prosiguió en voz baja— que si alguien puede ser arrebatado... es porque nunca fue tuyo en realidad.

Su tono permaneció sereno. Sin emoción de más. Pero aquella frase golpeó de la manera más sutil posible.

Seraphina no respondió de inmediato. Su mirada se sostuvo más tiempo del debido.

-

Mientras tanto...

La sala lounge VIP del spa se sentía más fría de lo habitual. No por el aire acondicionado. Sino por el hombre que estaba sentado allí.

Alden Virel.

Permanecía quieto, las piernas cruzadas, los dedos apoyados con ligereza en el reposabrazos. El rostro, impasible. Sin embargo, cada miembro del personal que pasaba inclinaba la cabeza más rápido que de costumbre.

El gerente del spa se mantenía de pie frente a él con actitud cautelosa.

—¿Necesita que le comunique algo, señor?

Alden por fin lo miró.

—¿Quiénes están adentro? —preguntó sin inflexión.

El gerente vaciló un instante. —La señora Belvina... y la señorita Seraphina, señor.

—Llame a mi esposa —dijo, escueto. No mencionó nombre alguno.

—Enseguida, señor. —El gerente se alejó a paso rápido.

Alden permaneció en su sitio. La mirada fija al frente. Pero su mente no descansaba.

Belvina. Seraphina. En la misma sala.

Y la actitud de esa mujer... desde la noche anterior.

Su dedo golpeó el reposabrazos una vez. Despacio. Medido.

—Quiero ver... cómo vas a comportarte ahora —murmuró en voz grave.

No le gustaba adivinar. Y en este momento, no le quedaba otra opción.

-

Dentro de la sala de tratamientos, una empleada entró con paso discreto.

—Señora Belvina. Disculpe la interrupción.

Belvina abrió los ojos.

—¿Sí?

—El señor Alden la espera afuera.

Belvina se quedó inmóvil una fracción de segundo. No por sorpresa. Más bien... no esperaba que fuese tan pronto.

—Oh —respondió al fin. Lacónica.

Se incorporó sin prisa. Pero esta vez, sus pasos fueron un poco más medidos.

Su movimiento se detuvo una fracción de segundo antes de recobrar la estabilidad.

Seraphina la observaba de reojo. En silencio. Sus ojos siguieron cada gesto de Belvina.

¿No se apresura...?

Normalmente, si Alden aparecía, esa mujer cambiaba de inmediato. Entusiasta. O nerviosa en exceso.

¿Pero ahora?

Calma. Demasiada calma.

Belvina se puso de pie y le lanzó una mirada fugaz a Seraphina.

—Me adelanto —dijo, breve.

El tono fue cortés. Neutro. Sin indirectas. Sin énfasis.

Seraphina sonrió con suavidad. —Adelante.

Pero sus ojos no se apartaron. Se entornaron ligeramente.

Sospechoso...

Belvina salió de la sala del spa. Sus pasos eran firmes. Sin acelerarse. Sin ralentizarse tampoco. Hasta que llegó al lounge. Y lo vio.

Alden.

Sentado allí. Como si la sala entera le perteneciera.

Sus miradas se encontraron. Varios segundos.

Belvina no sonrió. Tampoco bajó la vista. Solo se acercó caminando y se detuvo a una distancia prudente.

—¿Qué pasa? —preguntó directamente. Tono plano. Sin rodeos.

La ceja de Alden se movió apenas. Muy levemente.

Normalmente, esa mujer lo saludaba primero. Buscaba un pretexto para acercarse.

¿Ahora? Directo al grano.

Alden se enderezó un poco en su asiento. La recorrió con la mirada de arriba abajo. Observándola.

Detalles pequeños. Rostro sin maquillaje excesivo. Ropa nueva. Un aura... distinta.

—¿Lo disfrutaste? —preguntó al fin.

Belvina asintió levemente. —Más o menos.

Respuesta corta. Sin intención de alargar. Sin buscar una reacción de él.

Alden la miró más tiempo.

—¿Y crees... que puedes irte así como así por la mañana sin decir nada?

Su tono seguía siendo bajo. Sereno. Pero había presión debajo.

—Si eso es un problema, la próxima vez te aviso.

Una respuesta... demasiado simple. Sin defensiva. Sin culpa tampoco. Como si aquello fuera en verdad algo menor.

Los dedos de Alden se movieron apenas. Como conteniendo algo, o a alguien.

—A casa —dijo, seco. Esta vez sin dejar espacio para opciones.

No era una invitación. Una orden.

Belvina lo miró unos segundos. Luego asintió.

—Okey.

Sin protesta. Sin drama. Pero tampoco sin entusiasmo.

Se dio la vuelta primero. Hacia la salida. Sin esperarlo.

Alden se quedó inmóvil una fracción de segundo. Clavó la vista en aquella espalda que se alejaba. La mandíbula se le tensó. Después se levantó y la siguió.

Desde el fondo del pasillo, Seraphina estaba de pie. Fuera de su campo visual. Pero con visión suficiente para observarlo todo. Su mirada siguió a Belvina.

La forma de caminar. La distancia que mantenía. Su actitud hacia Alden. Ningún esfuerzo por acercarse ni por llamar la atención.

Las cejas de Seraphina se fruncieron despacio.

Imposible...

Su mente comenzó a armar algo. Rápido. Metódico.

Esto no es un cambio común, pensó.

Su mirada se desplazó hacia Alden. El hombre la seguía. Y aunque su rostro permanecía sereno, su enfoque era evidente.

En Belvina.

Algo incómodo se instaló en el pecho de Seraphina. Muy tenue. Pero real.

Su sonrisa seguía en su sitio. Perfecta. Sin embargo, detrás de ella, sus pensamientos giraban.

¿Retroceder para atraer...? ¿O... de verdad cambió?

Su mirada se entornó de nuevo. Más afilada.

Si esto es un juego... necesito conocer las reglas.

-

Los pasos de Belvina no se habían alejado mucho del lounge cuando...

—Alden.

Los pasos de Alden se detuvieron. No se volvió de inmediato. Su mirada siguió fija al frente. Pero la mandíbula se le tensó apenas.

El aire entre ellos cambió. Despacio. Pero con certeza.

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