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Amantes?

Amantes?

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Vicky Aguirre

Solo había amado una vez en la vida, solo a ella, y después de mucho tiempo lo descubrí, verlos juntos causó en mi desesperación y debo ganar esta lucha.
Debo ganar su amor.

NovelToon tiene autorización de Vicky Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 8

Salí de la habitación con mi suegro y decidí cambiar el tema. Él ya sabía de la propuesta de la esposa de Cristopher y no estaba para nada de acuerdo.

—Pues tendrás que ir tú solo a la mentada firma. Igual Vero no tiene nada que ver con tu empresa, tú eres el dueño, ella no tiene nada que hacer allá —asentí con la cabeza—. No la quiero cerca de ese hombre ni de esa mujer, Mark. Esto no es normal, ¿ustedes cómo aceptaron algo así?

—Padre, la empresa está creciendo. Necesitamos reconocimiento y tener clientes de renombre.

—No creo eso, lo importante es la familia. Y este mentado proyecto no les dará tranquilidad. No me gusta; ya soy un viejo y sé de estas cosas. Anda con pasos de aplomo, que ese mequetrefe no quiera arrebatarte tu familia.

Mi suegro siguió caminando y nos sentamos en el patio. Aquel patio en el que estuvimos de fiesta muchas veces. Había venido aquí con Cristopher y otros amigos de la universidad; todos ellos siguieron siendo nuestros amigos y venían en ocasiones, cuando sus obligaciones sociales no los ocupaban tanto.

Y allí venía ella. Su rostro ya no denotaba furia, estaba más tranquila; nos sonrió y me dio un beso en los labios. Esos deliciosos labios... Siempre que veníamos de visita algo pasaba, mis ganas de ella volvían, o más bien nunca se iban, pero Vero era intocable.

Abrazó a su padre y se disculpó por la discusión. Su padre fue muy claro sobre la reunión que tendríamos mañana: ella no asistiría, y di gracias por su intervención. No quería a Vero cerca de ese hombre; él se la comía con los ojos.

—¿Hijo? —la voz de la madre de Vero me sacó de mis pensamientos retorcidos.

—Sé que ustedes son una pareja moderna; mi Vero trabaja y tú también lo haces, han hecho un excelente trabajo con mis nietas. Pero no olviden que son una pareja, un par de esposos. La discusión que tuvieron... bueno, es la primera vez que los escucho discutir, pero no puede ser por un tercero —volteó hacia su hija—. Y tú, mi niña, sé que amaste a ese hombre, pero tu esposo está aquí. Mark te ama, lo veo en sus ojos. No te dejes cautivar; ese ser es cruel y despiadado.

—Suegra... —quise interrumpir, pero Vero no me dejó. Puso su mano sobre la mía y la calidez se extendió. ¿Qué mierda me estaba pasando?

—Mamá, yo amo a Mark. Si no fuera así, ¿por qué nos habríamos casado? —dijo ella, y me sentí triste. Nos casamos porque tuvimos una noche loca y de allí vienen nuestras hijas—. Porque nos amamos. Eres un hombre maravilloso, Mark; he sido la mujer más feliz en estos años de matrimonio —sentí una punzada de dolor. ¿Maravilloso? Sí, claro, cómo no. Me sentía incómodo.

—Sé que se aman, por eso su padre y yo les tenemos un regalo —dijo mi suegra con picardía. Tomé lo que nos tendió—. Es una reserva para un muy buen restaurante. Sé que se la pasan muy ocupados y decidimos darles este regalo. Nosotros pagamos.

—No, suegra, no puedo permitirlo.

—Sí, sí puedes permitirlo. Nos visitan desde hace años y sabemos que es incómodo estar aquí y ser íntimos delante de nosotros; además, los siento tensos.

—¿Cuándo se te ocurrió esta idea, madre? —preguntó Verónica, intrigada.

—Desde que llegaron esta mañana. Los vi tensos, y cuando nos comentaron los posibles alcances de ese mal hombre, temí por ti, mi niña. Pero sé que amas a Mark —otra vez con eso—. Pero siempre hay que avivar la llama, no la dejen morir.

—Su madre tiene razón —intervino mi suegro—. Ambos trabajan mucho, se dedican a las niñas y merecen su tiempo solos. Vayan, aprovechen nuestro regalo.

Me sentí miserable. Sabía que no nos podíamos negar de ninguna manera; ellos sabrían si no íbamos a ese lugar. Así que, al mal tiempo, buena cara.

—Bueno, mi cielo, tus padres tienen razón. Así que vamos; vamos por el resto de nuestras cosas al hotel, te pones hermosa para la velada y yo un poco más presentable —extendí mi mano y ella la tomó, ¿ruborizada?

—Mis padres tienen razón, necesitamos un poquito más de tiempo en pareja.

Ella se despidió de las niñas y yo tomé el auto que habíamos rentado para venir hasta aquí. El hotel estaba pago hasta mañana en la noche, así que, como no sabíamos si ganaríamos o no la licitación, no nos adelantamos mucho a los hechos y tuvimos que rentar un auto para viajar con las niñas.

Como siempre, Verónica colocaba la vara en alto. Le di su tiempo para ducharse y hacer lo que necesitara, aunque sé que por mi comentario anterior no habría calor en la habitación, y no me equivoqué. Yo me había duchado en la habitación de las niñas y había recogido sus cosas. Me puse una ropa casual, sin dejar de ser elegante, claro está. No somos de la alta sociedad, pero tampoco somos pobres.

El valet bajó nuestras maletas y todos los ojos se posaron en mi esposa. Estaba hermosa: sencilla y elegante. Cuando llegamos a la dirección, casi me da un paro cardíaco. Era un lugar de auténtico lujo, un hotel con todos los servicios.

Los ojos de Vero se abrieron tanto que casi se le salen de las cuencas.

—Por Dios, ¿pero qué es esto?

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