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Mi esposo, el Dr. Hielo

Mi esposo, el Dr. Hielo

Status: Terminada
Genre:Doctor / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:177
Nilai: 5
nombre de autor: elaretaa

Kayla apenas tiene veintitrés años cuando su padre le arregla un matrimonio con un desconocido: Arturo, un neurocirujano brillante al que todo el hospital conoce como el "Dr. Hielo" por su temperamento implacable. En cuestión de semanas pasa de ser una estudiante de medicina libre a convertirse en la esposa secreta del hombre más temido del quirófano.

Las reglas son claras: en el hospital, él es su superior y ella una simple interna. Nadie puede saber que están casados. De día, Arturo la interroga sin piedad frente a sus compañeros y le exige perfección con una frialdad que congela. De noche, es el mismo hombre quien le deja notas manuscritas, le besa la frente mientras duerme y la abraza hasta que el miedo desaparece.

Pero mantener una doble vida tiene un precio. Entre rivales que acechan, secretos que amenazan con salir a la luz y una separación que pondrá a prueba todo lo que sienten, Kayla descubrirá que detrás del hielo arde algo mucho más intenso de lo que jamás imaginó.

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Episodio 1

—Kay —llamó Mona.

—¿Qué pasa, Mon? —preguntó la joven llamada Kayla.

—Yo ya me inscribí para el internado en el otro país. ¿Tú qué vas a hacer?

—Quiero buscar algo cerca de aquí, pero creo que mi papá quiere que haga el internado allá en casa —dijo Kayla.

—Entonces volverías a tu país.

—Llevo tres años sin ir. Seguro por eso mi papá quiere que haga el internado allá.

—No te preocupes, hazlo allá. Además, tu papá seguro te conseguirá un buen hospital.

—Sí, pero no quiero irme. Me gusta más estar aquí —dijo Kayla.

—¿Y entonces?

—Pues eso, que no sé qué hacer —respondió Kayla.

—Tienes que decidirte pronto porque hay fecha límite de inscripción este año. Si se te pasa el plazo, tendrás que esperar al siguiente periodo y encima te pueden sancionar.

—Por eso estoy tan indecisa. ¿Tú qué harías? ¿Le hago caso a mi papá o no?

—Si me preguntas a mí, yo le haría caso a tu papá —aconsejó Mona.

—Bueno… Entonces ya no nos vamos a ver —dijo Kayla.

—Claro que nos vamos a extrañar. Yo la semana que viene ya me voy.

—¿Tan pronto? —preguntó Kayla.

—Sí, la verdad me inscribí hace bastante. Pero hoy fue la primera vez que te vi, así que hasta hoy te lo digo.

—Pues mucha suerte. Que todo te salga bien y pronto tengas tu título —dijo Kayla.

—Amén, para ti también. Lo importante es que decidas ya.

—Sí, creo que lo voy a decidir mañana, Mon. Necesito tiempo para pensarlo bien. Es algo demasiado importante para mi futuro —dijo Kayla con un suspiro.

Mona le dio una palmadita suave en el hombro.

—Ya, no le des tantas vueltas, Kay. Hagas lo que hagas, yo te apoyo. Además, los dos países no están tan lejos. Todavía podemos hacer videollamadas —la animó Mona con una sonrisa.

Kayla sonrió apenas.

—Gracias, Mon. Eres la mejor.

—Lo sé. Bueno, ya me voy, Kay. Tengo que empacar y preparar todo para el viaje —se despidió Mona mientras se ponía de pie.

—Ten cuidado, Mon. Avísame cuando llegues.

—¡Claro! ¡Nos vemos, Kay! —exclamó Mona agitando la mano, y se alejó por la cafetería del campus.

Kayla la siguió con la mirada hasta que desapareció en la esquina. Volvió a quedarse pensativa, sopesando las palabras de su padre y sus propios sentimientos. Su país natal era donde estaba su familia. Hacer el internado allá significaba reencontrarse con ellos después de tres años de verse solo a través de la pantalla del celular. Pero se sentía más cómoda y a gusto donde estaba. Los hospitales de aquí también eran reconocidos por tener un excelente programa de formación.

Esa noche, mientras Kayla estaba en su apartamento, sonó el timbre de improviso. Se apresuró a abrir la puerta y se quedó boquiabierta al ver a su familia ahí.

—¿Papá? ¿Qué haces aquí? —preguntó Kayla, y abrazó a su padre.

—Tu mamá y yo te extrañábamos —dijo Demián.

—Pero si viniste el mes pasado.

—Es que te extrañamos, cariño —insistió Demián.

—¿Cuánto tiempo se van a quedar?

—Una semana, más o menos —respondió Demián, y Kayla asintió.

La noche, que solía ser silenciosa, se llenó de risas y conversaciones con Demián y Ana. La vida de Kayla era perfecta: tenía una familia unida, todo lo que necesitaba estaba cubierto, jamás había pasado penurias, y ella estaba profundamente agradecida por eso.

—Kayla —la llamó Demián.

—Dime, papá.

—Hay algo que quiero hablar contigo.

—¿Qué cosa?

—¿Conoces al tío Sebastián, verdad?

—Sí —respondió Kayla.

—Quiero presentarte al hijo del tío Sebastián. Se llama Arturo.

—¿El hijo del tío Sebastián? Pero si él solo tiene a Joana.

—Tiene otro hijo, un varón. Es el hermano mayor de Joana, se llama Arturo.

—¿Solo es para conocernos, verdad? —preguntó Kayla.

—Sí, solo para conocerse —respondió Demián.

—Bueno, está bien —aceptó Kayla.

—Mañana vamos a cenar con ellos, así de paso conoces a Arturo.

—¿Mañana ya? ¿No es muy pronto, papá?

—No, cariño. Entre más pronto, mejor.

—Pensé que sería después de que empezara el internado.

—No te preocupes, es solo para conocerse —insistió Demián, y Kayla asintió.

.

Al día siguiente, Kayla ya estaba arreglada con un conjunto de dos piezas: una blusa corta con cuello, mangas cortas, botones grandes al frente y detalles texturizados en los hombros, combinada con una falda acampanada de cintura alta que le daba una silueta clásica y femenina.

—Qué bonita está mi hija —dijo Ana.

—Hasta ahora te das cuenta de que tienes una hija tan guapa como yo —bromeó Kayla.

—Siempre tan modesta. Anda, vámonos. Tu papá ya está esperando en el auto —dijo Ana, y Kayla asintió.

Kayla siguió a Ana fuera del apartamento hasta el auto. Demián ya las esperaba al volante.

—¿Listas? —preguntó Demián con una sonrisa.

—Lista, papá —respondió Kayla, algo nerviosa.

Sabía que solo era una presentación, pero por alguna razón sentía que iba camino a una entrevista de trabajo importante.

El trayecto al restaurante fue bastante corto, amenizado por la charla ligera entre Demián y Ana. Kayla estuvo callada casi todo el camino, mirando de vez en cuando por la ventana, con la mente dividida entre la decisión sobre el internado y el encuentro que le esperaba.

Llegaron a un restaurante elegante de muy buen nivel. Demián encabezó el paso, seguido por Ana y Kayla. Los recibió un mesero que los guió hasta un salón privado.

Adentro, una pareja de mediana edad ya estaba de pie para recibirlos.

—¡Demián! ¡Ana! Qué alegría que ya llegaron —los saludó Sebastián con una sonrisa amplia, y abrazó de inmediato a Demián.

—Nosotros también estamos contentos, Sebastián. Hace mucho que no cenábamos juntos —respondió Demián.

Sebastián saludó a Ana y luego posó la mirada en Kayla.

—Vaya, esta debe ser Kayla, ¿verdad? Ya está grande y muy bonita. La última vez que la vi todavía estaba en secundaria —la elogió.

—Buenas noches, tío Sebastián, tía Emma —saludó Kayla con cortesía, estrechándoles la mano.

Después de los saludos iniciales, todos tomaron asiento. Sebastián y Emma eran personas cálidas y cercanas, lo cual hizo que el ambiente no resultara demasiado tenso.

—Arturo llegará en cualquier momento. Tuvo un asunto urgente que no podía dejar —explicó Emma.

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Continuará…

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