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Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4

—No me voy —dijo Ángela con una sonrisa, como si hubiera previsto la respuesta de Luna—. Me quedaré un rato en el invernadero. Si te preocupa que Gael te culpe por dejarme sola, puedes acompañarme.

Luna se hizo a un lado de inmediato. Sabía perfectamente que aquella mujer era el punto débil de su jefe. Mientras Ángela no intentara salir de la residencia, nadie se atrevería a detenerla aunque pusiera la casa de cabeza.

En el invernadero, Ángela armó un pequeño caballete. Sin embargo, en lugar de comenzar a pintar, le pidió unas tijeras al jardinero.

Luna se tensó al verla con un objeto afilado.

—Señorita Ángela, deje las tijeras. Si no lo hace, tendré que llevarla de regreso a la recámara.

—No voy a hacerme nada —respondió ella, divertida—. Solo quiero podar un poco las flores mientras encuentro una idea para el cuadro. Tranquila.

La escolta no bajó la guardia. Caminó medio paso detrás de ella, preparada para arrebatarle las tijeras al menor movimiento sospechoso.

Ángela podó los rosales durante un rato, tarareando por lo bajo. Cuando por fin se sentó ante el caballete, sus trazos comenzaron a llenar el lienzo con una seguridad que no había sentido en mucho tiempo.

Al caer la tarde, se puso de pie para estirar la espalda y cubrió la pintura con una tela. Luego recogió las ramas que había cortado, arregló dos ramos y los colocó en sendos floreros: uno sobre la mesa del comedor y otro en la recámara.

Mientras tanto, la sala de juntas del Grupo Montenegro estaba sumida en un silencio opresivo.

Los ejecutivos apenas respiraban. Gael, sentado a la cabecera, escuchaba el informe de un gerente con el rostro sombrío. El hombre que exponía tenía gotas de sudor en las sienes.

En medio de aquella tensión sonó la notificación de un celular.

Todos compadecieron en silencio al imprudente que se hubiera atrevido a interrumpir la junta. Pero Gael tomó su teléfono con calma. En cuanto miró la pantalla, la dureza de su expresión se desvaneció.

La fotografía mostraba a Ángela en el invernadero, con unas tijeras en una mano y un ramo de rosas entre los brazos. La luz del sol le acariciaba el rostro y su sonrisa serena la hacía parecer un hada entre las flores.

Gael rozó con el pulgar la imagen.

—Se termina la junta.

Los presentes lo miraron sin comprender.

—¿No me escucharon?

La sala se vació en segundos. Raúl Vega fue el único que entendió que el cambio de humor de su jefe solo podía estar relacionado con Ángela.

Gael volvió a su oficina pensando en regresar temprano a la residencia, pero Raúl lo alcanzó con una carpeta.

—Señor Montenegro, estas son las empresas inscritas en la licitación del proyecto de Santa Fe. Por ahora hay dos competidores que debemos vigilar: el Grupo Segovia y el Grupo Sarmiento.

Gael levantó la vista.

—El Grupo Sarmiento ha concentrado sus operaciones en el extranjero durante los últimos años —continuó Raúl, cada vez más cauteloso—. Que participe justo ahora podría ser decisión de la señorita Ángela.

La mirada de Gael se oscureció.

¿Ángela había movilizado a su familia por Fabián?

No respondió. Hizo un gesto para que Raúl se retirara, encendió un cigarro y permaneció solo en la oficina toda la noche.

En la residencia, Ángela esperaba frente a una mesa servida. Había decidido explicárselo todo esa misma noche. Y si Gael seguía creyendo que ella quería ayudar a Fabián, quizá la solución más sencilla fuera deshacerse de ese miserable de una vez por todas.

Ella solo quería estar bien con Gael.

La comida se enfrió, pero él no regresó. Desde que Ángela vivía en la residencia Montenegro, era la primera vez que Gael faltaba a la cena. Antes, por más ocupado que estuviera o por más crueles que hubieran sido sus peleas, siempre volvía. A veces permanecían sentados uno frente al otro sin decir una palabra, pero volvía.

Luna terminó por acercarse.

—Señorita Ángela, coma un poco y vaya a descansar. El señor Montenegro tiene mucho trabajo estos días.

Ángela esbozó una sonrisa cansada.

—Si una persona ha amado a alguien durante mucho tiempo y, de pronto, te asegura que ya no lo ama y que ahora te ama a ti, ¿te sentirías feliz o desconfiarías?

Luna comprendió que no hablaba de una situación hipotética. Guardó silencio.

Ángela tampoco tenía apetito. Se levantó y regresó sola a la recámara.

Durante los días siguientes, Gael pareció evitarla a propósito. Casi nunca coincidían, y Ángela se volvió más callada. Su calma se parecía demasiado al silencio que precede a una tormenta.

Una mañana volvió al invernadero. En el lienzo ya se distinguía el rostro de un hombre apuesto, sobre todo aquellos ojos oscuros que podían arrastrarla al fondo de un abismo.

Nada le salía bien ese día. Después de añadir unos cuantos trazos sin convicción, dejó el pincel y se levantó para cambiar las flores marchitas de los floreros.

El mundo comenzó a girar.

Cuando Gael recibió la llamada de la residencia, estaba revisando la propuesta para Santa Fe. Abandonó la oficina sin dar explicaciones, dejando a su equipo desconcertado. Raúl apenas alcanzó a decirles que se tomaran un descanso.

Gael llegó a la casa y encontró a Ángela pálida sobre la cama, con una vía intravenosa en el brazo. Le tocó la frente: estaba ardiendo.

La furia lo cegó. Se volvió hacia Luna y le dio una patada que la hizo trastabillar.

—¿Así es como la cuidas? Lárgate y preséntate para recibir tu castigo.

Luna agachó la cabeza, avergonzada. Ya iba a retirarse cuando Gael añadió:

—Dile a Leonardo que me espere en el estudio.

Leonardo Salas, médico privado de Gael y uno de sus pocos amigos, lo esperaba recostado con descaro en el sofá.

—¿Cómo está? —preguntó Gael sin saludar.

—Tranquilo. Es una fiebre común.

La ligereza de su tono irritó aún más a Gael.

—Entonces, ¿por qué no le baja? Eres un inútil.

Leonardo dejó de bromear al ver la tensión en todo su cuerpo.

—Gael, ¿qué tiene esa gatita que no puedes soltarla?

—Todo en ella es perfecto.

Leonardo suspiró ante aquel hombre completamente perdido por amor.

—La temperatura podría volver a subir durante la noche. No parece grave, pero si después de veinticuatro horas sigue con fiebre, llámame.

Cuando Gael regresó a la recámara, Ángela estaba encogida bajo las cobijas, con el ceño fruncido. De pronto comenzó a agitarse.

—¡Gael! ¡Gael, no te vayas!

Él se sentó a su lado y la tomó entre sus brazos.

—Estoy aquí, Ángela. No voy a irme.

Creyó que su ausencia de los últimos días le había dejado aquella angustia. La abrazó con cuidado y le besó las mejillas, intentando sacarla de la pesadilla.

Pero Ángela estaba atrapada en su vida anterior.

Las escenas se amontonaban en su mente. Se veía a sí misma como una espectadora incapaz de intervenir mientras Gael caminaba, paso a paso, hacia la muerte. Por más que gritaba, no lograba detenerlo.

Se revolvió y lloró en los brazos de Gael, repitiendo su nombre hasta perder el conocimiento.

A él se le partió el corazón. ¿Qué podía haberle hecho, aunque fuera dentro de un sueño, para que llorara de esa manera?

La fiebre cedió poco antes del amanecer. Gael no durmió ni un minuto. La temperatura había subido y bajado varias veces; en más de una ocasión estuvo a punto de llevarla al hospital, pero volvía a estabilizarse.

Le limpió el cuerpo con una toalla húmeda y se maldijo por haberla dejado sola mientras se ahogaba en sus propios celos.

Cuando se levantó para buscar el medicamento, Ángela abrió los ojos de golpe y se incorporó. Miró al frente, desorientada, hasta que escuchó su voz.

—Ángela, ¿te duele algo?

Ella volvió el rostro. Le acarició la mejilla y, al recordar todo lo ocurrido en la otra vida, la culpa terminó de romper sus defensas. Se lanzó a sus brazos.

—Gael, ¿podemos empezar de nuevo?

Él no respondió, pero la estrechó con tanta fuerza que ella sintió el temblor contenido de su cuerpo.

Gael había esperado gritos, amenazas y otra exigencia de libertad. Jamás imaginó que Ángela le pediría una nueva oportunidad. Era como si, después de caminar durante años en la oscuridad, por fin hubiera aparecido una luz.

Ya no le importaba si ella tenía algún plan oculto. Quería creerle.

Sin embargo, al no recibir una respuesta, la esperanza en los ojos de Ángela comenzó a apagarse. No podía culparlo. Después de todo lo que le había hecho, un cambio tan repentino parecía imposible.

Intentó girarse para abrazarlo mejor, pero el brazo alrededor de su cintura se cerró todavía más.

Gael le mordió suavemente el lóbulo de la oreja. Su aliento cálido le rozó la piel.

—Ángela, ¿sabes lo que estás diciendo?

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Ella se volvió para mirarlo de frente.

—Gael, ¿podemos empezar de nuevo? —repitió con firmeza.

La expresión de él se endureció.

—Soy un hombre posesivo. Todavía puedes arrepentirte. Pero si de verdad empezamos otra vez y vuelves a enredarte con alguien más, te romperé las piernas para que no puedas alejarte de mí.

Ángela se quedó rígida. La amenaza tocó la herida más dolorosa de su vida anterior.

Gael percibió su reacción y sonrió con amargura. Pensó que la había asustado, o que ella todavía no podía sacar a Fabián de su corazón. Se apartó antes de perder el control y hacerle daño.

Ninguno dijo nada más. Los dos se consolaron con la misma idea: tenían tiempo; podían avanzar despacio.

Después de recuperarse, Ángela volvió al invernadero todos los días. Gael, por su parte, comenzó a regresar con pequeños pasteles para ella.

El personal de la casa creyó que, por fin, la tormenta entre ambos había terminado. Solo ellos sabían que su relación seguía siendo una capa de hielo suspendida sobre un abismo.

Una semana después, Ángela terminó el retrato al óleo. Pensaba guardarlo y entregárselo a Gael como regalo cuando dos visitantes inesperados llegaron a la residencia.

Selene Sarmiento y Fabián Segovia.

Al escuchar sus nombres, Ángela sintió una oleada de repulsión. Quería destruirlos, pero acabar con ellos de inmediato sería demasiado fácil. Esta vez los vería caer poco a poco.

Antes de recibirlos, llamó a un miembro del equipo de seguridad.

—Activa las cámaras de la sala y avísale al señor Montenegro que tenemos visitas.

El hombre la miró con sorpresa. Había supuesto que intentaría ocultar la presencia de Fabián. En cambio, ella misma estaba llamando a Gael.

Selene llevaba días buscando un pretexto para ir a verla. Estaba convencida de que Gael habría reaccionado con violencia después de llevársela de la fiesta. Sin embargo, cuando Ángela entró en la sala no parecía humillada ni herida. Al contrario, irradiaba más seguridad que antes.

Los celos quemaron a Selene, aunque su rostro mostró una preocupación impecable.

—Hermana, ¿ya te sientes bien? El abuelo y yo estábamos muy preocupados. Fabián tampoco podía quedarse tranquilo, así que vinimos a verte.

—Ya estoy bien —respondió Ángela con indiferencia.

Sabía que Selene no se había presentado solo para disfrutar de su desgracia. Debía de querer algo.

—En realidad vine a despedirme —continuó Selene, tirando con timidez de su ropa—. Me voy al extranjero. El abuelo cree que Santiago tiene demasiado trabajo y quiere que yo lo ayude. Pero no quiero irme. No quiero dejarte y, además, solo soy una hija adoptiva. ¿Cómo podría ayudar a tu hermano a administrar la empresa?

Ángela se quedó inmóvil.

¿La situación se había adelantado por las decisiones que ella había tomado desde su regreso?

En la otra vida, su abuelo había enviado a Selene fuera del país como castigo. Selene lo presentó como una oportunidad para incorporarse al negocio familiar, y Ángela fue tan ingenua que llamó a Santiago para pedirle que cuidara de ella.

Así consiguió entrar al Grupo Sarmiento. Más tarde aprovechó una grieta en las operaciones para involucrar a Santiago y a su abuelo en acusaciones de evasión fiscal.

El desprecio de Ángela se hizo más profundo.

Selene no pondría un solo dedo sobre la empresa en esta vida.

—Me alegra que entiendas cuál es tu lugar —dijo con una sonrisa burlona—. No te preocupes. Hablaré con el abuelo por ti.

Selene no esperaba esa respuesta. Bajó la cabeza y murmuró un agradecimiento, aunque por dentro hervía de rabia. Entonces notó que Fabián no apartaba los ojos de Ángela.

—Fabián, ¿no querías decirle algo a mi hermana?

Él nunca había reparado en lo hermosa que era Ángela. Siempre había querido utilizarla para afianzar al Grupo Segovia en Ciudad de México, pero ahora deseaba algo más: quería poseer a la mujer y someter también su corazón.

—Ángela, supe que estabas enferma. Me preocupé mucho.

Extendió la mano para tomar la de ella, pero Ángela retrocedió.

—Señor Segovia, fíjese dónde está. No me toque, a menos que ya no necesite las manos.

Fabián retiró el brazo con torpeza.

—Ven conmigo. Yo puedo cuidarte. Gael está demasiado ocupado para hacerlo.

En su oficina, Gael observaba la transmisión de las cámaras con una presión oscura creciendo en el pecho. Al escuchar que Fabián quería llevársela, se puso de pie, bajó al estacionamiento y aceleró hacia la residencia.

Llamó a seguridad desde el auto.

—Si Ángela intenta salir, enciérrenla en la recámara principal. Al hombre llévenlo al sótano.

Pisó todavía más el acelerador.

Ángela no podía irse. Si volvía a escoger a Fabián, Gael temía cumplir la amenaza que acababa de hacerle.

Ella seguía sentada frente a sus visitantes, escuchando sus mentiras con una paciencia cada vez menor. Se preguntaba por qué Gael no volvía si estaba viendo las cámaras.

Iba a ordenar que los echaran cuando escuchó un frenazo afuera. Unos pasos firmes cruzaron la entrada.

Ángela se levantó, pero Selene llegó primero hasta Gael.

—Señor Montenegro, mi hermana y Fabián se conocen desde niños. El amor no puede imponerse. Usted tiene poder y dinero; puede tener a la mujer que quiera.

Con cada palabra, el rostro de Gael se volvía más frío.

—Señorita Sarmiento, si no fuera hermana de Ángela, en este momento estaría hundida en el fondo de un río.

Después clavó los ojos en Ángela.

—¿Tú qué opinas?

Ella le regaló una sonrisa perfecta, caminó hasta él y le rodeó la cintura con ambos brazos.

—Yo opino que lo que se consigue a la fuerza puede ser lo más dulce.

Gael le acarició el cabello. Una risa baja vibró en su pecho mientras la sujetaba por la cintura.

—¿Escuchó, señor Segovia? Todavía no he probado eso de conquistar a alguien a la fuerza. Pero sí sé que intentar meterse en una relación ajena es repugnante.

Entrelazó los dedos con los de Ángela y miró de Selene a Fabián.

—Don Octavio ya debió informarles de nuestro compromiso. Así que no necesitamos su preocupación. Bravo Uno, acompáñalos a la salida.

Bajo la luz de la tarde, Gael parecía tan hermoso como peligroso.

Ángela no pudo evitar inclinarse y darle un beso en la comisura de los labios.

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maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
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