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PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Mafia / Amor prohibido
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Un golpe familiar, una traición lleva a Maya Velini a la quiebra, literal casi a la calle. Pero un hombre más que peligroso le propone un trato. Un matrimonio, la Joven rica de apellido aristocrático lavaría la sangre de un mafioso salido de la nada. Dante Caruso

¿Quien gana? ¿Quien pierde?

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5 EL DOLOR EN LA POBREZA

El segundo día, aprendió a usar una lavadora por primera vez en su vida.

En la mansión Velini, la ropa la lavaba una empleada doméstica llamada Sofía, que sabía exactamente qué temperatura usar para cada tejido, qué cantidad de detergente echar, cómo evitar que los colores se destiñeran.

Maya nunca había tenido que preocuparse por eso. La ropa simplemente aparecía limpia y planchada en su armario, como por arte de magia.

Ahora, frente a la lavadora del edificio (una máquina comunitaria que funcionaba con monedas y estaba en el sótano, junto a las calderas), Maya se sintió como una exploradora en tierra desconocida.

Leyó las instrucciones. Las leyó tres veces. Metió la ropa. Echó detergente. Metió las monedas. Cerró la tapa. La máquina empezó a rugir, un ruido violento, amenazante, como si estuviera triturando piedras en lugar de lavar camisetas.

Media hora después, sacó la ropa.

Estaba gris. No gris como el elefante o la ceniza. Gris como la mugre, como el fango, como algo que debería haber sido blanco y ahora parecía sucio para siempre. Y olía a humedad. Un olor denso, penetrante, que se pegaba a las fibras y no se iba ni con el viento.

Maya se sentó en el suelo del sótano, rodeada de ropa húmeda y gris, y se rió.

No era una risa alegre. Era una risa amarga, nerviosa, la risa de alguien que ha llegado tan al fondo que ya no le queda otra opción que reírse para no llorar.

Una vecina que bajaba a lavar su propia ropa la miró con extrañeza y dio media vuelta. La rubia nueva está loca, pensaría después. Y quizá tenía razón. Quizá Maya estaba un poco loca. Quizá era la única manera de sobrevivir a todo aquello.

*_*

El tercer día, su madre tuvo la primera crisis.

Hasta ese momento, Renata había sido un fantasma. Se levantaba, se sentaba en la cama, miraba la televisión apagada, se acostaba.

No hablaba. No comía. No lloraba. Solo existía, reducida a una función biológica mínima, como una planta que se niega a morir pero tampoco se atreve a vivir.

Maya le había llevado comida. Renata no comía. Le había llevado agua. Renata bebía a sorbos pequeños, casi a escondidas, como si tuviera vergüenza de necesitar algo tan básico.

Maya se sentaba a su lado algunas horas, le sostenía la mano, le hablaba de cosas insignificantes (el clima, los vecinos, el precio del pan). Renata no respondía.

Sus ojos claros, aquellos ojos que Maya había heredado, miraban un punto fijo en la pared, un punto que solo ella podía ver.

Esa tarde, todo cambió.

Renata estaba sentada en el sofá, frente al televisor de catorce pulgadas que Maya había apoyado sobre una caja de cartón. No había nada programado.

Solo estática. Ese ruido blanco, ese chirrido electrónico que a Maya le ponía los dientes de punta. Pero Renata lo miraba como si fuera la película más fascinante del mundo.

De repente, sus manos empezaron a temblar. Al principio, solo un poco. Luego, el temblor se extendió a sus brazos, a sus hombros, a todo su cuerpo.

Sus uñas, largas y cuidadas (el único vestigio de su antigua vida), se clavaron en el brazo de Maya con una fuerza que la joven no sabía que su madre poseía. Y luego, la boca de Renata se abrió. Se abrió como una herida, como un abismo, y de ella no salió ningún sonido.

Un grito mudo.

—Mamá —dijo Maya, aterrada—. Mamá, respira.

Pero Renata no podía. El aire se le escapaba como agua entre los dedos, como arena en un reloj roto.

Su pecho subía y bajaba en movimientos erráticos, descoordinados, como si sus pulmones hubieran olvidado cómo funcionaban. Sus ojos se abrieron demasiado.

El blanco de sus ojos se enrojeció. Parecía una poseída, una mujer luchando contra un demonio invisible.

Maya no sabía qué hacer. Nunca le había dado un ataque de ansiedad a nadie.

En sus clases de primeros auxilios, en el colegio privado al que había asistido, jamás le enseñaron cómo se detenía un pánico que se come vivo a quien lo sufre.

—Mamá —repitió, esta vez con la voz rota—. Mamá, soy yo. Soy Maya. Estás en casa. Estás a salvo.

Pero Renata no la escuchaba. O quizá sí, pero no podía responder.

Su cuerpo estaba en guerra consigo mismo, y el enemigo era implacable.

Maya marcó el número de emergencias. El teléfono sonó. Y sonó. Y sonó. Mientras esperaba, mientras escuchaba esa musiquita de espera que parecía una burla, Maya miró la cartera vacía sobre la mesa.

La última tarjeta de crédito, cancelada. El último billete, gastado en la mudanza. La cuenta bancaria, congelada. El efectivo, reducido a monedas sueltas en el fondo de un bolsillo.

Si la llevan al hospital, pensó con una claridad que le heló la sangre, ¿quién paga la ambulancia?

Colgó.

No supo bien por qué. El dedo se movió solo, presionó el botón rojo, y la llamada se cortó. La musiquita dejó de sonar. El silencio fue atronador.

Maya dejó el teléfono a un lado, se arrodilló frente a su madre y le sujetó la cara con ambas manos. Las mejillas de Renata estaban húmedas, calientes.

No había lágrimas. Solo sudor. O quizá sí había lágrimas y se mezclaban con el sudor y era imposible distinguirlas.

—Respira conmigo, mamá —dijo Maya, inhalando exageradamente—. Mira. Así. Adentro. Afuera. Adentro. Afuera.

No funcionó al principio. Ni al segundo. Ni al tercero.

Pero al cuarto intento, Renata imitó el gesto. Una inhalación temblorosa, entrecortada, como si cada bocanada de aire fuera un ladrillo que cargara sobre sus hombros. Luego otra. Luego otra.

Diez minutos después, el temblor cesó.

Renata dejó de luchar. Su cuerpo se rindió, se derrumbó hacia adelante, y Maya la sostuvo. Su madre pesaba menos de lo que recordaba. Mucho menos. Los días sin comer la habían reducido a un esqueleto cubierto de piel, a un pájaro con las alas rotas.

Renata se durmió. No un sueño tranquilo, sino un sueño agotado, la inconsciencia de quien ha gastado todas sus energías en una batalla interna. Respiraba. Al menos respiraba.

Maya la recostó en el sofá, le puso una manta sobre el cuerpo y se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en el brazo del mueble. El televisor seguía encendido, llenando la habitación con su estática blanca.

El callejón, afuera, estaba en silencio. Por una vez, nadie tiraba basura.

Maya lloró en silencio.

No lloró por el dinero. Eso habría sido demasiado simple. Demasiado fácil.

Lloró porque no sabía cómo salvar a nadie.

Lloró porque su madre se estaba muriendo de a poco, y ella no tenía las herramientas para detenerlo.

Lloró porque su padre estaba en una celda, solo y asustado, y ella no podía hacer nada por él. Lloró porque el mundo se había vuelto de repente un lugar hostil, lleno de puertas cerradas y manos vacías, y ella no estaba preparada para caminar por él.

Lloró hasta que no le quedaron lágrimas. Lloró hasta que sus ojos ardieron y su garganta se secó.

Y entonces, cuando ya no pudo llorar más, se secó la cara con el dobladillo de su camiseta, se levantó del suelo y fue a la cocina.

Había que preparar la cena.

Nadie más lo iba a hacer.

1
𝔻𝔾
Excelente
Nancy Garcia
Maya, demasiado exigente 🤭
Suleima Dominguez Guzman
excelente novela
Suleima Dominguez Guzman
felicitaciones autora excelente novela me encanta
Gabriel Jiménez Carrera
¿Literal o metafórico? 🤔
Gabriel Jiménez Carrera
Teniendo una vida así es fácil dar por sentado las cosas importantes.
Gabriel Jiménez Carrera
Impresionante!!!
Pepe miau 2 el regreso xd
Es una novela?
Suleima Dominguez Guzman
te felicito excelente novela gracias por escribir
Kimm
La Mejor Autora Lean Sus Novelas No Se Van A Arrepentir
Elvira Fretes
excelente!
Elvira Fretes
wow, excelente historia bella Adrianex, me encanta una historia diferente como todas, pero intensa y llena de escrucijada como todas ☺️, felicitaciones bella Adrianex ❤️
Elvira Fretes
Maya, es hora que aprendas a defenderte porque esto recién comienza
Elvira Fretes
wow, creo que Dante esperaba ese ataque
Elvira Fretes
Bueno algo está comenzando, Maya demostró ser fuerte y Dante estuvo a su lado
Elvira Fretes
Maya, no te queda de otra, la frente bien alta, para que esos hipócritas sepan que a un Velini nadie lo derrota
Elvira Fretes
Mateo es una basura, espero que Dante esté un paso adelante
Elvira Fretes
Dante, Maya te gusta más de lo que podés admitir
Elvira Fretes
Alejandro, tiene razón, Dante no es la persona que creían, a pesar de ser un mafioso, los está tratando bien
Elvira Fretes
Maya y su padre querían salir lo más rápido posible del registro civil, Maya tendrás que aprender, ya no eres la niña caprichosa de mamá y papá
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